BloomScans

Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255

All chapters are in Campos Marchitos (Novela)
A+ A-

Capítulo 255
El amanecer llegó envuelto en una niebla gris que se filtraba por las rendijas de la ventana.

Talia abrió los ojos con lentitud, sintiendo cómo la resaca del analgésico le pesaba en los párpados como plomo fundido. Su cuerpo estaba entumecido, y su mente flotaba en una bruma espesa donde los pensamientos tardaban en formarse.

Giró la cabeza y encontró a Kan dormido junto a ella, con la cabeza apoyada sobre su brazo. Su respiración era profunda y regular, pero incluso en sueños, sus orejas permanecían ligeramente erguidas, atentas a cualquier sonido que proviniera de ella.

Ella extendió la mano y acarició suavemente su pelaje, sintiendo el calor reconfortante de su presencia.

«Gracias», susurró, aunque él no podía escucharla.

En ese momento, la puerta se abrió con un chirrido suave y Teuran entró llevando una bandeja con agua tibia y paños limpios.

«Buenos días, Su Alteza. ¿Cómo se siente hoy?»

Talia intentó incorporarse, pero un mareo repentino la obligó a recostarse de nuevo. Cerró los ojos y respiró hondo antes de responder:

«Mejor que ayer… pero aún me siento débil».

La sanadora asintió con comprensión y se acercó para humedecer un paño. Con movimientos delicados, comenzó a limpiarle el rostro y las manos, eliminando el sudor frío que había quedado de la noche anterior.

«Marisin ha preparado un nuevo tónico para fortalecer su organismo sin sobrecargarlo», dijo Teuran mientras trabajaba. «Espero que pueda tolerarlo mejor que el analgésico».

Talia asintió débilmente, agradecida por la consideración. Sabía que su cuerpo ya no podía soportar los remedios agresivos de antes, y que cada dosis era un equilibrio precario entre el alivio y el daño irreversible.

Cuando terminó de asearla, Teuran le ofreció un vaso de agua. Talia bebió con cuidado, sintiendo cómo el líquido fresco aliviaba la sequedad de su garganta.

Luego, miró hacia la ventana y preguntó con voz apenas audible:

«¿Puedo… salir al jardín hoy? Solo un momento».

Teuran dudó, intercambiando una mirada preocupada con Kan, quien se había despertado y la observaba con ojos llenos de cautela.

«Su Alteza, el aire está húmedo y frío esta mañana. Quizás sea mejor esperar a que el sol suba más».

Pero Talia negó con la cabeza, mostrando una determinación silenciosa.

«Necesito sentir la luz. Aunque sea poca».

Kan se levantó y se acercó a ella, presionando suavemente su cabeza contra su mano. No era un gesto de oposición, sino de apoyo. Estaba dispuesto a acompañarla, sin importar las condiciones.

Teuran suspiró con resignación afectuosa y fue a buscar un abrigo grueso y una manta.

«Muy bien. Pero solo quince minutos, y si siente algún malestar, regresaremos de inmediato».

Talia sonrió con gratitud y permitió que la ayudaran a vestirse. Cada movimiento requería esfuerzo, pero la promesa de la luz exterior le daba fuerzas que su cuerpo ya no poseía por sí solo.

Salieron al jardín envueltos en silencio.

El aire frío mordió sus mejillas, pero también trajo consigo el aroma limpio de la tierra mojada y las hojas nuevas. El sol apenas comenzaba a atravesar la niebla, pintando el cielo con tonos pálidos de rosa y dorado.

Talia se detuvo bajo un árbol y cerró los ojos, dejando que la luz tibia besara su rostro.

Kan se sentó a su lado, vigilante pero tranquilo, compartiendo con ella ese instante de paz frágil.

Y en medio de la quietud del amanecer, Talia sintió algo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo:

No era alivio del dolor, ni euforia artificial provocada por medicamentos.

Era simplemente… presencia.

La certeza de estar viva, aquí y ahora, acompañada por alguien que la amaba más allá de su utilidad o su sufrimiento.

Abrió los ojos y miró a Kan, cuyos ojos azules reflejaban la misma luz tenue del cielo.

«Estamos aquí», murmuró, más para sí misma que para él.

Y él, como si entendiera perfectamente, apoyó su cabeza contra su rodilla y permaneció inmóvil, anclándola a ese momento perfecto e imperfecto.

Porque a veces, la sanación no venía en frascos ni hechizos.

A veces, solo necesitaba la luz del amanecer y el peso cálido de un corazón leal junto al tuyo.

Tags: read novel Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255, novel Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255, read Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255 online, Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255 chapter, Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255 high quality, Campos Marchitos (Novela) – Capítulo 255 light novel,

Comment

Chapter 255