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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 7
El boceto en el lienzo y la perspectiva de las manos
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El taller de artes plásticas del bloque norte siempre estaba inundado de un olor penetrante a
aguarrás, óleo viejo y arcilla seca. Era el único espacio de la escuela que conservaba los
ventanales de madera originales, lo que permitía una entrada de luz natural mucho más
difusa y suave, ideal para los trabajos de perspectiva y dibujo técnico que se realizaban a
última hora de la tarde.
Han Seo Yun se encontraba de pie frente a un caballete de madera manchado de pintura
acrílica, sosteniendo un carboncillo entre el índice y el pulgar. Tenía las mangas de la
camisa del uniforme sutilmente remangadas hasta los antebrazos, revelando la piel pálida y
unas venas delgadas que se dibujaban como líneas azules bajo la luz del crepúsculo.
Frente a ella, sentado en un taburete bajo de madera sin respaldo, Kim Jae Won posaba en
silencio. Había aceptado la invitación de ella tras el timbre de salida, formalizada mediante
una nota breve que Ji Min le había entregado en mano durante el almuerzo. La condición
era simple: mantenerse inmóvil durante cuarenta minutos mientras ella practicaba el dibujo
de anatomía para el proyecto del festival cultural.
El único sonido en el taller era el raspar rítmico, seco y pausado del carboncillo contra la
superficie rugosa del papel de alto gramaje. Jae Won mantenía las manos entrelazadas
sobre el regazo, con la mirada fija en un punto indeterminado de la pared opuesta, donde
colgaban varios bocetos de bodegones empolvados.
Seo Yun movía los ojos con rapidez, alternando la vista entre el rostro de Jae Won y el
lienzo en blanco. Su mirada ya no tenía la frialdad vacía del pasillo de la mañana; ahora
estaba concentrada, activa, llena de una intensidad técnica que parecía registrar cada
relieve, cada sombra debajo de los ojos de él y la forma en que el cuello de su abrigo se
asentaba sobre los hombros.
[ Ayer escribí en el diario que debía confiar en él. Hoy, al ver las notas por la mañana, mi
mente no podía darle una forma real a su nombre. Pero ahora, al trazar la línea de su
mandíbula con el carbón… mis manos parecen recordar algo que mi cerebro borró. Hay una
familiaridad extraña en la forma en que sostiene los hombros, como si mi cuerpo tuviera una
memoria secundaria que no depende de las neuronas dañadas. ]
Seo Yun detuvo el trazo un segundo. Usó la yema de su dedo corazón para difuminar la
sombra debajo del pómulo de Jae Won en el papel, dejando una mancha grisácea en su
propia piel.
—Puedes moverte un poco si estás cansado —dijo ella, sin levantar la vista del dibujo. Su
voz sonó suave en medio del taller vacío. —Sé que mantener la postura es molesto, más en
tu condición.
Jae Won exhaló un suspiro corto, relajando los hombros pero sin deshacer el entrelazado
de sus manos.
—Estoy bien. No es un esfuerzo físico real. Estoy acostumbrado a quedarme quieto sin
hacer nada durante horas; es lo que mejor sé hacer desde que me diagnosticaron la
insuficiencia.
Seo Yun levantó los ojos del lienzo, mirándole las manos fijamente.
—Tus manos son grandes —observó ella de manera directa, casi clínica. —Pero tus dedos
están quietos. No se agitan. Cuando dibujo a los demás chicos de la clase, siempre están
moviendo los pies o tamborileando con los dedos porque tienen prisa por irse. Tú pareces
tener todo el tiempo del mundo.
Jae Won miró sus propias manos sobre el regazo, viendo los nudillos marcados por la luz
dorada del ventanal.
—No tengo prisa porque no hay un lugar urgente al que deba llegar —respondió con una
sonrisa contenida y melancólica. —Cuando sabes que tu futuro es corto, dejas de correr
para alcanzar las cosas. Te limitas a sentarte y observar cómo pasan los demás. Supongo
que por eso soy un buen modelo para tus bocetos.
Seo Yun no respondió de inmediato. Volvió a bajar la mirada hacia el papel, aplicando
trazos más suaves y espaciados en la zona del pecho del dibujo, justo donde se ubicaba el
corazón defectuoso de Jae Won. El carboncillo dejó una línea densa, oscura, una marca
que unía la silueta con el fondo de sombras del taller.
[ Su tiempo se agota hacia adelante, y el mío se borra hacia atrás. Estamos atrapados en
dos direcciones opuestas, pero en este taller, mientras la luz no termine de caer, parecemos
estar detenidos en el mismo punto exacto de la línea. ]
── El carbón puede fijar las líneas del rostro en el lienzo, pero ninguna pintura es lo
suficientemente densa para retener el calor de una mirada que se perderá al caer la noche.
── Continúa en el Capítulo 8: El secreto de las dos baldosas y el café frío

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