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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 6
El saludo prohibido y la sombra de Tae Hun
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El pasillo del segundo piso estaba inusualmente abarrotado durante el primer descanso de
la mañana debido a una entrega urgente de materiales de arte en las aulas del fondo. El
aire se sentía denso, saturado de risas, gritos cruzados y el ruido de las puertas de metal de
los casilleros que se abrían y cerraban de golpe.
Kim Jae Won caminaba pegado a la pared izquierda, manteniendo su ritmo pausado y
constante para no forzar la válvula de su pecho. Sostenía un par de libros de texto contra el
costado, con la mirada fija en el suelo de linóleo para evitar los tropiezos con los alumnos
de los cursos inferiores que corrían sin mirar.
De pronto, la marea de uniformes se abrió sutilmente a unos diez metros de distancia.
Han Seo Yun avanzaba en dirección opuesta. Su uniforme estaba impecable, como si
acabara de salir de casa, y sostenía su cuaderno azul contra el pecho con la misma rigidez
defensiva de siempre. Jae Won detuvo el paso sutilmente al verla. Recordó la segunda
regla que ella misma había establecido en el aula de música: "Dentro del instituto somos
extraños. No me busques, no camines conmigo y no saludes si nos cruzamos de frente".
Seo Yun continuó avanzando en línea recta. Sus ojos claros se fijaron en el rostro de Jae
Won cuando la distancia entre ambos se redujo a tres metros. Fue una mirada fría,
desprovista de cualquier rastro de reconocimiento, la misma mirada vacía que le había dado
el primer día antes de la apuesta. Pasó a su lado sin disminuir la velocidad, dejando tras de
sí un leve aroma a jabón neutro y una corriente de aire frío que erizó los vellos de los brazos
de Jae Won. No hubo un pestañeo, ni un desvío de la línea de sus labios, ni el menor indicio
de que ayer por la tarde habían compartido el crepúsculo frente al río Han.
Jae Won se quedó estático un segundo, girando la cabeza ligeramente para verla
desaparecer entre la multitud de estudiantes que se dirigían a la cafetería.
[ Es una sensación extraña saber que la persona que estuvo a tu lado ayer hoy te mira
como si fueras un mueble más del pasillo. Sé que es debido a su enfermedad, sé que leyó
sobre mí esta mañana en su diario, pero la realidad física de su indiferencia se siente como
un golpe sordo en las costillas. ]
—Te dije que era una causa perdida, Jae Won —dijo la voz ruidosa de Jeong Tae Hun,
quien apareció de la nada colocándole un brazo pesado sobre los hombros, obligándolo a
dar un paso en falso que le causó un leve pinchazo en el pecho.
Jae Won se zafó del agarre con un movimiento seco, ajustándose la correa de su bolso.
—No empieces, Tae Hun. Estoy bien.
—No pareces bien —insistió Tae Hun, frunciendo el ceño mientras miraba en la dirección
por la que se había ido Seo Yun. Su tono jovial disminuyó un grado, adoptando esa
seriedad protectora que solía ocultar tras sus bromas. —Te quedaste congelado mirándola
como si hubieras visto un fantasma. Sé que perdiste la apuesta y tuviste que declararte,
pero no te lo tomes en serio. Esa chica… Han Seo Yun… vive en un planeta diferente al
nuestro. Nadie en este instituto ha logrado sacarle una palabra que no sea para pedir un
borrador. No vale la pena que te desgastes por ella. Tu corazón no está para estos trotes,
recuerdalo.
Jae Won caminó hacia su aula sin responder, escuchando las pisadas pesadas de Tae Hun
a su lado. Su amigo hablaba desde la ignorancia completa, creyendo que el silencio de Seo
Yun era simple orgullo o altanería de estudiante modelo. No sabía nada del cuaderno azul,
ni del diario, ni de la batalla diaria que ella libraba cada mañana para reconstruir los
pedazos de su propia mente.
—Solo fue una coincidencia, Tae Hun —mintió Jae Won en voz baja, deteniéndose en el
umbral de la clase de literatura. —No estaba mirándola a ella. Estaba pensando en la cita
médica del próximo viernes.
Tae Hun lo observó durante un largo momento, intentando detectar el engaño en sus ojos,
pero finalmente suspiró y le dio una palmada suave en la espalda.
—Está bien. Si tú lo dices, te creo. Pero ve despacio. No quiero tener que cargarte hasta la
enfermería otra vez porque te dio por acelerar el paso.
Jae Won entró al aula y se sentó en su pupitre junto a la ventana, mirando hacia el patio
vacío. El sol de la mañana comenzaba a calentar los cristales, pero él seguía sintiendo los
dedos fríos, marcados por la certeza de que, para la chica del tercer piso, él volvía a ser un
lienzo en blanco que requería ser pintado desde cero cada tarde.
── El pasillo escolar es un territorio de reglas invisibles, donde el mayor secreto se guarda
manteniendo los ojos fijos en el suelo.
── Continúa en el Capítulo 7: El boceto en el lienzo y la perspectiva de las manos

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