════════════════════════════════════════════════════════
AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
════════════════════════════════════════════════════════
──────────────────────────────────────────────────────
CAPÍTULO 5
La caligrafía azul y el primer registro de la noche
──────────────────────────────────────────────────────
La noche en el distrito de Mapo se asentaba con una pesadez húmeda. En su habitación,
Han Seo Yun permanecía sentada frente al escritorio de madera clara, iluminada
únicamente por la lámpara de brazo flexible que proyectaba un círculo de luz blanca sobre
el cuaderno azul. Las persianas estaban completamente cerradas, aislando el zumbido
lejano de la avenida exterior y el parpadeo de los carteles de neón.
Sobre la mesa, además del diario, se encontraban tres bolígrafos de gel azul idénticos,
alineados en paralelo, y un pequeño reloj digital que marcaba las once y cuarenta y cinco de
la noche. Quedaba poco tiempo antes de que el cansancio físico la obligara a cerrar los
ojos, activando ese mecanismo implacable en su cerebro que borraría cada fragmento de la
tarde.
Tomó el bolígrafo. Sus dedos, largos y pálidos, se tensaron alrededor del plástico
transparente. Miró la página en blanco que correspondía a la fecha de hoy, sintiendo el peso
muerto de tener que resumir su propia existencia en unas pocas líneas para una extraña
que heredaría su cuerpo a la mañana siguiente.
—Tengo que escribirlo todo —murmuró para sí misma, con una voz que se perdió de
inmediato en las esquinas de la habitación vacía. —No puedo dejar lagunas. Si falto a la
verdad, la Seo Yun de mañana se perderá.
Comenzó a escribir con una caligrafía pequeña, apretada y sumamente prolija. Registró
primero los datos objetivos del instituto: las notas de la clase de literatura, el examen de
matemáticas que se aproximaba y el recordatorio de cambiar los zapatos del casillero. Sin
embargo, al llegar al bloque de la tarde, su mano se detuvo de forma abrupta. La punta del
bolígrafo flotó un milímetro por encima del papel, dejando caer una minúscula gota de tinta
azul que comenzó a expandirse lentamente.
[ ¿Cómo le explico a la chica de mañana lo que sentí cuando él recogió esa hoja del suelo?
No es un dato que se pueda archivar en un casillero mental. Su mirada… la forma en que
pronunció mi amnesia sin rastro de lástima o miedo… es algo que las palabras escritas no
pueden contener por completo. ]
Apretó los dientes y reanudó la escritura. Forzó a su mano a mantener el tono clínico que Ji
Min siempre le recomendaba: "Kim Jae Won descubrió la verdad sobre tu memoria en el
parque del río Han. Encontró una hoja suelta de tus notas escritas. No reaccionó con
desprecio ni con compasión. Dijo que su propia enfermedad cardíaca hace que su situación
sea similar a la tuya. Cree que salir juntos es un estreno absoluto cada día".
Al terminar el párrafo, Seo Yun dejó el bolígrafo sobre el escritorio y se reclinó en la silla,
entrelazando las manos sobre el regazo. Miró fijamente las palabras en el papel. El texto
era claro, pero se sentía plano, desprovisto de la vibración sorda que había experimentado
junto a la barandilla de hormigón frente al agua teñida de rojo.
Se inclinó hacia adelante una vez más. Tomó un bolígrafo de tinta roja y, en el margen
inferior de la hoja, justo debajo de la última línea, añadió una anotación pequeña y
subrayada: "Nota importante para mañana: Aunque no recuerdes su rostro al despertar,
confía en él. Su caminar es lento, pero sus pasos son seguros. No le des muestras de
lástima por su corazón; él no te las dio por tu mente".
Cerró el cuaderno azul con un golpe seco que resonó en el silencio de la medianoche. Se
puso de pie, se cambió el uniforme por el pijama de algodón gris y se deslizó bajo las
mantas de la cama. Mientras miraba las sombras alargadas del techo, sintió el avance lento
pero inevitable del sueño, esa marea negra que subía desde los tobillos y que, en cuestión
de minutos, se llevaría consigo el color del río Han, el crujido de las hojas amarillas y el
sonido exacto de la voz de Kim Jae Won.
Apoyó la mejilla en la almohada, cerrando los ojos con una resignación antigua.
── La tinta se seca rápido en el papel, pero el miedo a olvidar se queda suspendido en el
aire hasta que la primera luz de la mañana vuelve a encender la habitación.
── Continúa en el Capítulo 6: El saludo prohibido y la sombra de Tae Hun

Comment
Lo siento, debes estar registrado para publicar un comentario.