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Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche – Capítulo 4

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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 4
Las hojas amarillas y la deducción del río
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El parque lineal que bordeaba el río Han a la altura de Mapo estaba salpicado de árboles
cuyas hojas apenas comenzaban a teñirse de un verde pálido, aunque algunas del invierno
anterior, secas y amarillentas, todavía se resistían a caer, crujiendo bajo las ráfagas
intermitentes del viento de la tarde. A esa hora, el rumor del tráfico de la autopista elevada
se mezclaba con el siseo constante del agua chocando contra los pilotes de hormigón. Era
un espacio amplio, frío y expuesto, el tipo de lugar donde las personas acudían para
perderse en la inmensidad del paisaje urbano.

Kim Jae Won caminaba con las manos profundamente hundidas en los bolsillos de su
abrigo coreano, manteniendo un paso lento e irregular. A su lado, separada por una
distancia exacta de dos baldosas, Han Seo Yun avanzaba con la misma cadencia,
sosteniendo su bolso con ambas manos por delante. Habían acordado encontrarse allí tras
el toque de queda de las actividades extracurriculares, lejos de las miradas del instituto.

Jae Won la observaba de reojo. Había algo en su forma de interactuar con el entorno que lo
desconcertaba desde el primer día. Seo Yun no miraba el río como lo haría cualquiera; sus
ojos fijos se detenían en los carteles de señalización, en los números de los postes de luz y
en las placas de los monumentos con una fijeza casi obsesiva, como si estuviera verificando
una y otra vez que el mundo real seguía estando en su sitio.

De pronto, una ráfaga más fuerte hizo que el cuaderno de notas que ella llevaba
entreabierto en el bolsillo lateral de su bolso amenazara con salir volando. Una hoja suelta,
cubierta de anotaciones apretadas con bolígrafo azul, se desprendió y rodó por el
pavimento, deteniéndose justo al lado de una pila de hojas amarillas acumuladas junto a un
banco de madera.

Jae Won se agachó con rapidez para recogerla antes de que el viento la arrastrara hacia el
agua. Sin embargo, al extender los dedos, sus ojos captaron inevitablemente las primeras
líneas escritas en el papel: "Instrucciones para la tarde: Si Kim Jae Won te pide ir al río,
acepta. Recuerda que su caminar es lento debido a su enfermedad. No menciones el diario
frente a él".

Seo Yun se quedó congelada a pocos pasos, con la mano extendida y el rostro pálido,
desprovisto de su habitual máscara de indiferencia. Había un rastro genuino de pánico en
sus pupilas claras, una vulnerabilidad tan cruda que Jae Won sintió un vuelco doloroso en el
pecho, uno que no tenía nada que ver con su insuficiencia cardíaca.

Él se incorporó lentamente, sosteniendo la hoja por los bordes. No se la entregó de
inmediato. Miró el texto, luego miró el cuaderno azul que asomaba en el bolso de ella, y
finalmente clavó sus ojos en los de Seo Yun, uniendo las piezas de un rompecabezas que
llevaba días dando vueltas en su cabeza.

—La forma en que me miraste en el pasillo el primer día… —comenzó Jae Won, con la voz
más baja y pausada que de costumbre, dejando que el sonido del viento llenara los huecos
entre sus palabras—. No me estabas evaluando. Estabas intentando descifrar quién era yo.
Y hoy, cuando nos encontramos en la estación, esperaste a que yo te saludara primero para
saber qué nombre usar.

Seo Yun no respondió. Dio un pequeño paso atrás, apretando el bolso contra su pecho de la
misma manera en que lo hacía en la escuela, usando el objeto como un escudo biológico.
Su respiración se había vuelto sutilmente errática.

—No te acuerdas de mí, ¿verdad? —dedujo Jae Won, dando un paso hacia el frente, con
un tono en el que no había enfado, sino una profunda y melancólica comprensión—. No te
acuerdas del helado de vainilla de hace dos días, ni de las tres condiciones que me pusiste
en el aula de música. Tienes que leer ese cuaderno cada mañana para saber quién soy.

El silencio que siguió a sus palabras fue el más denso que habían compartido hasta ahora.
Una hoja amarilla cayó del árbol cercano, golpeando suavemente el hombro de Seo Yun
antes de deslizarse hacia el suelo. Ella bajó la cabeza, dejando que su cabello lacio ocultara
sus facciones por completo.

[ No es que no tenga futuro porque no quiera tenerlo. Es que su pasado se desvanece cada
vez que cierra los ojos. Ella vive en un presente perpetuo, atrapada en una habitación sin
ventanas donde cada mañana tiene que aprender a deletrear su propio nombre. ]

—Amnesia anterógrada —dijo Seo Yun finalmente, levantando la vista. Su voz ya no era la
máscara perfecta del instituto; temblaba sutilmente en los márgenes—. Mi cerebro no puede
consolidar nuevos recuerdos desde el accidente del año pasado. Cada noche, cuando me
duermo, todo lo que experimenté durante el día se borra. Despierto siendo una extraña para
mí misma.

Jae Won miró la hoja de papel que aún sostenía en la mano. La tinta azul detallaba sus
propios defectos, su ritmo cardíaco lento, sus zapatillas gastadas. La Seo Yun de ayer había
gastado minutos de su tiempo limitado en describir a un chico enfermo para que la Seo Yun
de hoy pudiera caminar a su lado sin tropezar.

Caminó hacia ella, rompiendo por primera vez la distancia de seguridad de las dos
baldosas, y le tendió el papel con delicadeza, asegurándose de que sus dedos no se
tocaran para respetar sus límites.

—Entonces, mañana por la mañana volveré a ser un desconocido —dijo Jae Won, forzando
una sonrisa sutil y contenida que buscaba quitarle peso a la tragedia de la situación—.
Supongo que eso hace que nuestra apuesta sea aún más justa. Mi corazón puede

detenerse en cualquier momento, y tu memoria se detiene cada noche. Ninguno de los dos
tiene un mañana garantizado.

Seo Yun tomó la hoja, guardándola con cuidado dentro del cuaderno azul antes de cerrar la
cremallera de su bolso. Miró a Jae Won con una fijeza distinta, una mirada que por primera
vez parecía registrarlo no como un dato que debía memorizar, sino como una presencia real
en medio de su neblina constante.

—¿No te da miedo? —preguntó ella en un susurro, mirando cómo el sol comenzaba a teñir
el río Han de un rojo crepuscular y violáceo—. Estar saliendo con alguien que te olvidará
mañana.

Jae Won metió las manos de nuevo en los pockets, sintiendo el latido pausado y defectuoso
de su propio pecho contra la tela de su uniforme.

—Al contrario —respondió él, mirando el horizonte de la ciudad—. Significa que cada día
que pasemos juntos será un estreno absoluto. No tendremos la oportunidad de aburrirnos el
uno del otro.

── Las hojas amarillas caen porque su tiempo ha terminado, pero algunas se quedan
grabadas en el papel para recordarnos que el viento no puede borrarlo todo.
── Continúa en el Capítulo 5: La caligrafía azul y el primer registro de la noche

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