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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 39
El amanecer frío en la sala de espera y las manos de Ji Min
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El amanecer del quince de noviembre llegó al Hospital General de Seúl sin rastro de sol,
envuelto en una luz cenicienta, gélida y opaca que parecía congelar los cristales de la gran
cristalera del ala este. A las seis y media de la mañana, la sala de espera del tercer piso
permanecía sumida en una quietud de iglesia desierta. Las hileras de asientos de plástico
azul estaban vacías, a excepción de una figura solitaria que ocupaba la esquina más
cercana a las puertas de doble hoja del quirófano central.
Choi Ji Min se encontraba sentada con las rodillas juntas, vistiendo su abrigo escolar oscuro
sin los distintivos del instituto. Sostenía sobre el regazo su pequeña libreta de tapas negras,
la que utilizaba como archivo de duplicación para el caso de Seo Yun. Sus manos,
desprovistas de guantes, estaban tan frías que sus nudillos presentaban un tono
blanquecino y rígido, dificultando el movimiento del bolígrafo con el que repasaba las líneas
de transferencia que Jae Won le había dictado la noche anterior.
Un sonido sordo y rítmico anunció la apertura de las puertas batientes del fondo del pasillo.
Una camilla metálica, rodeada por dos asistentes de anestesia y un técnico de cardiología,
avanzó de forma pausada sobre el suelo de terrazo. Sobre el colchón estrecho, la silueta de
Kim Jae Won se recortaba bajo una sábana clínica de color verde pálido. Su rostro tenía la
fijeza inalterable de una escultura de yeso, con los ojos cerrados bajo los efectos del
sedante mayor y un tubo de silicona flexible conectado a la comisura de sus labios.
Ji Min se levantó a medias, pero sus zapatos no dieron ningún paso al frente. Recordó la
regla estricta de la distancia operativa y la advertencia implacable que Jae Won le había
repetido en la azotea: "No rompas el perímetro frente al personal médico, Ji Min. Si los
enfermeros ven que hay un lazo ajeno a la familia, el informe de la mañana incluirá
preguntas que el diario de Seo Yun no podrá contener".
[ Lo están introduciendo en el quirófano como si fuera un objeto defectuoso que requiere
una reparación en el taller mecánico. Su pecho está tranquilo ahora, forzado por las
máquinas a mantener un compás artificial que no le pertenece. Y yo estoy aquí sola,
sosteniendo la libreta negra que contiene el destino de dos personas que no pueden
recordarse a sí mismas sin la mediación de mis anotaciones. Si el monitor del cirujano se
apaga dentro de dos horas, mi única función será regresar a la residencia de los Han, abrir
el armario de ropa y arrancar las hojas verdes donde el nombre de Jae Won aparece escrito
en rojo, devolviendo la mente de Seo Yun a un vacío limpio donde el dolor no tenga un texto
al que aferrarse. Es una tarea horrible, una disciplina que me convierte en la verdugo de su
propia historia. ]
La camilla cruzó el umbral del bloque quirúrgico y las pesadas puertas de madera se
cerraron con un golpe seco, neumático y definitivo que devolvió el pasillo al silencio de las
luces halógenas. Ji Min se sentó de nuevo en el asiento de plástico azul, apretando la
libreta contra el pecho con tanta fuerza que las esquinas del cartón se clavaron en sus
dedos fríos, iniciando la larga espera de un amanecer que amenazaba con congelar los
márgenes de todas las hojas disponibles.
── El pasillo clínico separa los territorios con la frialdad de las puertas automáticas, dejando
a la memoria externa la tarea de custodiar el texto mientras el cuerpo entra en el silencio de
la anestesia.
── Continúa en el Capítulo 40: El despertar de Seo Yun y la fijeza del cuaderno verde

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