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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 38
La víspera de la intervención y la transferencia crítica
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La noche del catorce de noviembre se asentó sobre el complejo clínico de Yeouido con una
helada severa que cubrió de una fina capa de escarcha los parabrisas de los coches
aparcados en el recinto exterior. El silencio en el cuarto piso del ala este era absoluto,
interrumpido únicamente por el roce metálico de los carros de medicación y el zumbido
amortiguado de los calefactores eléctricos. Al día siguiente, a primera hora de la mañana,
Kim Jae Won sería trasladado al bloque quirúrgico central para la sustitución de su válvula
mitral.
En la habitación 408, la luz principal estaba apagada. La única iluminación provenía de la
pantalla de fósforo verde del monitor cardíaco, que proyectaba un resplandor tembloroso y
fantasmagórico sobre las sábanas blancas y las facciones translúcidas del joven. Jae Won
permanecía con los ojos abiertos, mirando fijamente el techo liso, con el teléfono móvil
apoyado sobre el pecho inclinado a cuarenta y cinco grados.
Sus dedos, entumecidos por el efecto de los vasodilatadores intravenosos, se movían con
lentitud sobre el teclado digital. No estaba redactando un mensaje ordinario; estaba
dictando la transferencia crítica que Choi Ji Min debía transcribir en la primera página del
cuaderno verde oliva de Seo Yun antes del amanecer.
—Dile que el circuito de Mapo ha entrado en una fase de suspensión técnica —susurró Jae
Won, y su propia voz se disolvió de inmediato en el pitido rítmico del aparato clínico—. Dile
que las tres baldosas de distancia ya no son necesarias en la estación porque el modelo del
taller se ha trasladado provisionalmente a los márgenes del papel escrito. Pero, sobre todo,
Ji Min… asegúrate de que borre cualquier adjetivo que denote espera. Si la Seo Yun de
mañana despierta sintiendo la necesidad de contar las horas que faltan para el final de la
cirugía, la estructura se romperá bajo el peso de una angustia que no sabrá de dónde
procede.
[ Mañana a esta hora, mi pecho estará cruzado por una cicatriz quirúrgica real o mi válvula
mitral habrá dejado de emitir señales en esta pantalla de fósforo. No tengo miedo del bisturí
ni de la anestesia total; lo que me aterra es la imprecisión del papel. Si el cirujano comete
un error milimétrico y mi nombre deja de ser un dato operativo, Ji Min tendrá que entrar al
taller de arte con una esponja húmeda para limpiar el bastidor antes de que el óleo se
convierta en piedra. Estoy transfiriendo mi propia existencia a un bloque de texto resumido,
reduciendo diecisiete años de vida a tres condiciones estrictas en tinta roja para que ella
pueda seguir desayunando en paz. ]
La puerta de la habitación se abrió suavemente y la enfermera de guardia entró con una
jeringuilla de plástico cargada con el sedante preoperatorio. Jae Won no opuso resistencia;
dejó caer el teléfono sobre la mesita de noche, permitiendo que la aguja fría penetrara en la
vía de su brazo izquierdo.
Mientras el fármaco comenzaba a enfriar el flujo de sus venas, disminuyendo el compás
errático de su ventrículo izquierdo, Jae Won miró por última vez el parpadeo verde del
monitor. Pensó en el cuaderno verde oliva que reposaba bajo las mantas del armario de
Seo Yun, deseando con una fijeza desesperada y contenida que la tinta de la mañana
siguiente fuera lo suficientemente densa para resistir el invierno profunda que se deslizaba
tras los cristales de la clínica.
── La víspera fija los plazos con la frialdad de los fármacos preoperatorios, reduciendo la
presencia física a un dictado digital que espera el veredicto del amanecer.
── Continúa en el Capítulo 39: El amanecer frío en la sala de espera y las manos de Ji Min

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