════════════════════════════════════════════════════════
AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
════════════════════════════════════════════════════════
──────────────────────────────────────────────────────
CAPÍTULO 37
El informe de Ji Min y el peso del invierno en el taller
──────────────────────────────────────────────────────
La tarde del miércoles de la primera semana de noviembre cayó sobre el Instituto Hansung
con una oscuridad rápida y helada que vació los patios exteriores antes de las cinco de la
tarde. En el taller de artes plásticas del bloque oeste, la única iluminación provenía del gran
radiador de hierro que emitía un calor denso, casi sofocante, en la esquina de los
caballetes.
Choi Ji Min permanecía de pie frente al lienzo terminado de Han Seo Yun, el retrato al óleo
gris que mostraba la silueta fija de Kim Jae Won bajo la luz de octubre. Sostenía su libreta
de apuntes abierta entre las manos, pero sus ojos no revisaban las fechas de los
exámenes, sino las anotaciones que había realizado tras conversar con la madre de Seo
Yun durante el almuerzo.
La puerta del taller se abrió de forma pausada. Han Seo Yun entró en el recinto portando el
cuaderno verde oliva en la mano izquierda. No llevaba la paleta de colores ni los pinceles;
su mirada recorrió el espacio vacío con una mezcla de fijeza y extrañeza biológica.
—Ji Min —dijo con su voz regular, deteniéndose a la distancia reglamentaria de las tres
baldosas de la chica—. Al despertar esta mañana, la instrucción de transferencia decía que
debía venir aquí después de la última hora. El texto indica que el cuadro está terminado y
que no debo añadir más capas de óleo. ¿Por qué insistió la Seo Yun de anoche en que
viniera a mirar este fondo gris si el modelo ya no está en el taburete?
Ji Min cerró su libreta con un clic seco, volviéndose hacia su amiga con una expresión
contenida.
—Vienes a verificar la estructura, Seo Yun —explicó Ji Min en un tono suave pero firme—.
Jae Won está ingresado en el hospital del ala este desde el lunes, tal como indican las
notas rojas de tu primera página. Tu mente necesita ver la pintura seca para entender que
su ausencia en la estación de Mapo no es un error de tu registro, sino un plazo previsto en
el contrato del verano.
Seo Yun caminó dos pasos hacia el frente, quedando justo en el límite de la marca de
seguridad. Miró el rostro pintado de Jae Won, analizando la densidad del pigmento gris que
recortaba sus hombros negros.
[ Ella mira la tela húmeda con la misma fijeza con la que consulta el plano de una ciudad
que nunca ha visitado. Su cerebro borra el sabor de las tardes de octubre, pero sus dedos
se mueven con una sutil agitación al rozar el bastidor de madera. El invierno está entrando
en el taller a través de las rendijas del cristal, y yo tengo que sostener la fachada de su
rutina diaria mientras Jae Won permanece conectado a los monitores del cuarto piso. El
peso de este secreto se está volviendo más espeso que el óleo; si sus notas empiezan a
registrar mi cansancio, la estructura que él construyó con sus pasos lentos se desmoronará
antes de que termine el mes. ]
—El gris es muy denso —observó Seo Yun en un susurro, pasando la yema del dedo índice
a un milímetro de la superficie barnizada—. Al mirarlo fijamente, da la impresión de que el
chico del jersey negro se quedó encerrado dentro de la tela antes de que el frío bloqueara
los caminos. Las notas dicen que debo confiar en su regreso para el cierre del tomo verde,
pero el papel se siente extrañamente ligero cuando lo sostengo frente a este cuadro.
—El cuadro es real, Seo Yun —aseguró Ji Min, dándole la espalda al caballete para recoger
su bolso—. Y el cuaderno también lo es. Cumple la instrucción de salida de hoy. Mañana
habrá una nueva página limpia y el informe del hospital estará actualizado en tu mesa. No
dejes espacios vacíos en el inventario de esta noche.
Seo Yun asintió lentamente, cerrando el cuaderno verde oliva con un movimiento preciso
que dio por concluida la sesión del taller, dejando que el retrato al óleo gris permaneciera en
la penumbra invernal como el único testigo tridimensional de un lazo que la mente borraba
pero que el lienzo se negaba a soltar bajo el frío de noviembre.
── El peso del invierno se asienta en el taller a través del óleo seco, fijando una presencia
que desafía el vacío de los pasillos escolares mientras la cuenta regresiva de la clínica
sigue su curso.
── Continúa en el Capítulo 38: El Arco 7: La víspera de la intervención y la transferencia
crítica

Comment
Lo siento, debes estar registrado para publicar un comentario.