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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 36
La habitación 408 y la disciplina de las paredes blancas
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El ala este del Hospital General de Seúl permanecía bajo una atmósfera de silencio
higiénico y regular a las cuatro de la tarde. El olor a desinfectante industrial, a suero
fisiológico y a sábanas lavadas con cloro llenaba los pasillos del cuarto piso. El único sonido
constante era el zumbido amortiguado del sistema de climatización central y el eco
esporádico de los pasos de las enfermeras sobre el suelo de terrazo blanco.
En la habitación 408, Kim Jae Won se encontraba recostado en la cama clínica, con el
respaldo elevado a cuarenta y cinco grados para facilitar la mecánica de su respiración.
Vestía el pijama holgado de algodón azul pálido del centro médico, que hacía que la
delgadez de su cuello y la palidez de sus muñecas resultaran aún más pronunciadas. De su
brazo izquierdo partía una vía intravenosa conectada a un soporte metálico donde un gotero
dosificaba de forma constante un supresor de presión arterial.
A su derecha, junto a la ventana que daba a los tejados grises del distrito de Mapo, un
monitor cardíaco emitía un pitido sutil, rítmico y electrónico que dibujaba la trayectoria de su
ventrículo izquierdo en una pequeña pantalla de fósforo verde.
—El ritmo de hoy es más estable, Jae Won —observó el doctor Park, anotando unos datos
en la carpeta clínica digital mientras permanecía al pie de la estructura de metal—. El suero
está reduciendo la resistencia periférica. Si mantenemos esta fijeza durante las próximas
dos semanas, la válvula mitral llegará al día de la intervención con el menor nivel de fatiga
estructural posible.
Jae Won giró la cabeza lentamente hacia el cristal, contemplando cómo los primeros copos
de nieve fina se disolvían antes de tocar el vierteaguas de la ventana.
—La fijeza es una buena estrategia para los monitores, doctor —respondió Jae Won con su
tono pausado y regular, aunque su voz sonaba un grado más opaca debido a los
fármacos—. Pero el instituto sigue su curso abajo. Hoy es el primer lunes de noviembre.
Seo Yun debe haber encontrado el casillero vacío hace unas horas.
El doctor Park levantó la vista de la pantalla, observando al joven con una mezcla de
severidad y lástima profesional.
—Tu única responsabilidad en este momento es la física de tu recuperación, muchacho —le
recordó en un tono firme pero compasivo—. Has forzado tus reservas al límite durante todo
el mes de octubre para mantener ese circuito de paseos. Ahora el perímetro se reduce a
estas cuatro paredes blancas. No hay espacio para diarios ni para lienzos en este pabellón.
Jae Won no replicó. Esperó a que el médico abandonara la habitación para deslizar su
mano derecha debajo de la almohada de la clínica, comprobando la presencia del pequeño
bloc de notas donde registraba los horarios de los turnos de enfermería y los mensajes que
Ji Min le enviaba a través del teléfono móvil.
[ El doctor Park cree que el aislamiento es una forma de protección, una manera de
conservar la energía que le queda a mi ventrículo izquierdo. No entiende que el silencio de
esta habitación es el verdadero peligro. Si dejo de pensar en la estructura de las tardes de
Mapo, si permito que las paredes blancas borren el contorno del lienzo gris que dejamos en
el taller, estaré aceptando el final antes de que el cirujano tome el bisturí. Tengo que
mantener la mente fija en el papel verde oliva de Seo Yun, asegurándome de que cada
pitido de este monitor sea un recurso que invierto en sostener su mañana, incluso si mi
cuerpo tiene que permanecer inmóvil bajo este suero de noviembre. ]
Cerró los ojos, sintonizando el latido de su pecho con el sonido electrónico del aparato de
fósforo verde, transformando la disciplina de la clínica en un metrónomo mudo que seguía
contando las horas que le restaban al otoño antes de la llegada definitiva del frío invernal.
── Las paredes blancas aíslan el cuerpo pero no pueden bloquear el avance de un registro
que busca mantener sus líneas operativas más allá de los plazos médicos.
── Continúa en el Capítulo 37: El informe de Ji Min y el peso del invierno en el taller

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