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Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche – Capítulo 34

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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 34
El lienzo terminado y la fijeza del óleo gris
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La tarde del treinta y uno de octubre cerró el arco del mes con una neblina blanquecina y
densa que bajó desde las colinas de Namsan, envolviendo las calles del distrito de Mapo en
una atmósfera de quietud irreal. Las luces de las farolas públicas se encendieron antes de
tiempo, proyectando conos dorados y difusos sobre el asfalto frío.

En el taller de artes plásticas del bloque oeste, el silencio era casi sólido. Han Seo Yun dio
dos pasos hacia atrás, apartándose del caballete de madera de roble. Sostenía el pincel
plano número seis entre los dedos, con la punta manchada de un último matiz de gris de
Payne combinado con blanco de titanio. Tenía la ropa manchada de pequeñas salpicaduras
secas y el cabello recogido en un moño bajo que dejaba al descubierto una nuca pálida.

Frente a ella, en el taburete alto, Kim Jae Won permanecía inmóvil en la postura clásica del
contrato. Su jersey negro de cuello vuelto parecía absorber la escasa luz que entraba por el
ventanal norte.

—Ya está —dijo Seo Yun en un susurro que rompió el siseo del radiador de hierro—. El
lienzo está terminado, Jae Won. He sellado la última sombra del fondo gris hace un minuto.

Jae Won bajó los hombros de manera lenta, permitiendo que sus músculos se relajaran tras
casi dos horas de rigidez defensiva. Se levantó del taburete con su habitual parsimonia,
caminó los tres pasos que correspondían a la nueva distancia de seguridad y se colocó en
paralelo al caballete para observar la obra finalizada.

El cuadro era un retrato tridimensional, detallado y profundo. El óleo gris del fondo creaba
una atmósfera de bruma estival que recortaba con una nitidez casi fotográfica el rostro
pálido de Jae Won: la línea exacta de su mandíbula tensa, la simetría de sus ojos tranquilos
y la forma en que sus manos se entrelazaban sobre el regazo. La pintura tenía una
densidad física, una costra espesa de material que brillaba levemente bajo el barniz final.

Seo Yun miró el lienzo y luego miró el rostro real del chico, comparando las facciones con
una fijeza analítica que rozaba la obsesión.

—Es un molde exacto —murmuró ella, pasando los dedos a un milímetro de la superficie
húmeda—. En las notas del cuaderno verde oliva leí que este retrato ha ocupado nuestras
últimas diez tardes de octubre. La Seo Yun de ayer insistió en que el óleo es la única
estructura que resistirá el paso del tiempo dentro de esta habitación. Al verlo terminado,
entiendo el motivo de su urgencia. Las palabras en el papel se sienten delgadas cuando

despierto, pero este gris… este gris tiene un peso que mis ojos pueden verificar sin
necesidad de leer las instrucciones de transferencia.

Jae Won contempló su propio reflejo pintado, sintiendo un latido sordo, profundo y definitivo
en el centro de su pecho. Comprendía perfectamente el trasfondo del lienzo. El lunes por la
mañana comenzaría su ingreso hospitalario, y la línea de sus pasos físicos desaparecería
del instituto y de la estación de Mapo de forma permanente.

[ El cuadro es la memoria física que le dejo en el taller. Las hojas de su cuaderno verde
oliva se borrarán con la marea negra de la medianoche, y las anotaciones en tinta azul
pasarán a ser documentos muertos en el fondo del armario. Pero este lienzo se quedará
aquí, apoyado contra la pared del bloque oeste, siendo el testigo tridimensional de que
estuvimos juntos en octubre. Cada vez que ella entre a este taller y mire este óleo gris, su
cuerpo recordará la física de mis pasos lentos, incluso si su cerebro ha olvidado por
completo mi nombre. ]

—Has hecho un trabajo perfecto, Seo Yun —dijo Jae Won de manera pausada, dando el
paso atrás para restablecer las tres baldosas antes de recoger su cartera—. Guarda los
pinceles. El frío de la noche está bajando muy rápido por la avenida, y la chica que escribió
la nota de esta mañana no querría que dejes el registro de salida incompleto en el teléfono
de tu casa.

Seo Yun asintió lentamente, apagando la lámpara del caballete con un clic seco que
devolvió el retrato a la penumbra gris del taller, fijando la imagen en la tela como un ancla
definitiva que esperaba la llegada inminente del invierno.

── La pintura al óleo sella las facciones bajo una costra permanente, creando un refugio
visual que resistirá el vacío de las mañanas cuando los pasos reales dejen de sonar en el
pasillo.
── Continúa en el Capítulo 35: El inicio del Arco 6: El primer lunes de noviembre y el
casillero vacío (Cierre del otoño)

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