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Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche – Capítulo 3

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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 3
El reflejo en el papel y la memoria de Ji Min
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La luz de la mañana siempre entraba con una frialdad distinta en la habitación, como si el
sol tuviera que pedir permiso para iluminar los objetos familiares que la rodeaban. Lo
primero que Han Seo Yun vio al abrir los ojos fue el techo blanco, liso, un lienzo
completamente vacío que no le decía absolutamente nada. No sabía qué día de la semana
era, qué edad tenía en ese instante preciso ni qué se supuesta que debía hacer a
continuación. La conocida sensación de vacío en el estómago era la misma de cada
mañana: un abismo negro, silencioso y flotante que amenazaba con devorar su identidad
antes de que pudiera ponerse de pie y calzarse las pantuflas.

Giró la cabeza lentamente hacia la mesita de noche de madera clara. El cuaderno de tapas
azules y el teléfono móvil estaban ubicados exactamente en el mismo lugar de siempre,
alineados con una precisión geométrica que delataba un hábito grabado a fuego.

Tomó el cuaderno con dedos ligeramente temblorosos. En la primera página, con letras
grandes, claras y firmes escritas por su propia mano en un pasado que no lograba registrar,
leyó la advertencia que regía y limitaba su existencia: "Sufres amnesia anterógrada a causa
de un accidente automovilístico. Cada noche, al conciliar el sueño, tus recuerdos del día se
borran por completo. Lee este diario desde el principio para saber quién eres y cómo debes
actuar hoy".

[ La chica que escribió estas líneas anoche era yo. Pero hoy, al despertar, yo no la conozco.
No comparto sus sentimientos ni sus emociones. Tengo que confiar ciegamente en las
notas de una extraña para poder simular que tengo una vida normal durante las próximas
horas. ]

Seo Yun pasó las hojas con un movimiento mecánico, devorando las líneas de texto,
reconstruyendo su identidad a marchas forzadas mientras el reloj de la pared avanzaba.
Pasó las páginas que describían su rutina escolar diaria, los nombres y rostros de sus
padres mediante fotografías pegadas, los informes médicos del accidente, hasta llegar
finalmente a las últimas hojas del cuaderno, donde un nombre completamente nuevo
aparecía subrayado dos veces con tinta negra: Kim Jae Won.

En la entrada registrada la noche anterior, su propia caligrafía detallaba: "Hoy salí de la
escuela y comí un helado de vainilla en un local cerca de la estación de Mapo con un chico
llamado Kim Jae Won. Me confesó que su corazón está enfermo, que sufre de una
insuficiencia hereditaria. No parece una mala persona; de hecho, su silencio es cómodo.
Acepté salir con él de manera simulada bajo tres condiciones estrictas para mantener la
distancia".

Seo Yun cerró el cuaderno de golpe y se llevó una mano fría a la frente, apretando las
sienes. Intentó con todas sus fuerzas buscar el sabor dulce de la vainilla en su memoria
biológica, o la forma exacta del rostro de ese chico, Jae Won. No había absolutamente nada
en su mente. Solo una neblina espesa, silenciosa e impenetrable que borraba cualquier
rastro de la tarde anterior.

· · ·

En la azotea del Instituto Hansung, durante el segundo receso del almuerzo, el viento de
primavera soplaba con una fuerza inusual, alborotando el cabello corto y oscuro de Choi Ji
Min. Ella sostenía un pequeño cartón de leche de fresa entre las manos mientras observaba
de reojo a Seo Yun, quien masticaba su almuerzo de forma pausada y silenciosa, con la
mirada completamente perdida en el horizonte de los edificios de la ciudad.

—Ayer por la tarde me hablaste de él durante cuarenta minutos exactos —dijo Ji Min de
repente, rompiendo la densa quietud del espacio y obligando a las palomas a apartarse de
la barandilla.

Seo Yun la miró, parpadeando un par de veces como si regresara de un letargo profundo.

—¿De quién estás hablando, Ji Min?

—De Kim Jae Won, por supuesto —Ji Min dejó escapar un largo suspiro, colocando el
cartón de leche a un lado sobre la superficie de concreto y cruzándose de brazos—. Me
llamaste a las siete de la tarde para repasar los detalles de tu jornada y actualizar el archivo,
como siempre acordamos hacer desde el año pasado, pero esta vez tu tono de voz fue
diferente. No te limitaste a recitar datos numéricos o descripciones de las clases. Hablaste
extensamente de lo que él te confesó sobre su corazón, del color exacto de sus zapatillas
gastadas, de la forma en que se apoya en los ventanales para mirar el tráfico… Cuarenta
minutos, Seo Yun. Tuve que tomar notas adicionales en mi propia libreta para asegurarme
de que no olvidáramos ningún matiz importante hoy.

Seo Yun bajó la vista hacia el recipiente de su almuerzo, removiendo el arroz con los palillos
de madera. Ji Min había sido su memoria externa, su ancla con la realidad durante los
últimos dos años, guardando celosamente cada fragmento de vida que el cerebro de Seo
Yun se negaba a retener tras el accidente. La protegía con una fiereza silenciosa y
constante, pero con la suficiente delicadeza para no asfixiarla, permitiéndole experimentar
esos pequeños y artificiales espacios de normalidad escolar.

—¿Qué más dije sobre él ayer? —preguntó Seo Yun en un susurro, sintiendo una punzada
de curiosidad que no venía registrada en el papel.

—Dijiste que se sentía extrañamente cómodo estar a su lado porque él tampoco parece
tener un mañana en el cual pensar —respondió Ji Min, mirándola con una profunda mezcla
de preocupación fraternal y ternura—. Dijiste que, por primera vez en mucho tiempo, el
silencio compartido con alguien no te dio miedo.

Seo Yun apretó los dedos alrededor de los palillos metálicos. Abrió sutilmente la cremallera
de su bolso escolar y tocó la superficie rugosa del cuaderno azul. La Seo Yun del pasado, la
chica que existió ayer, le estaba pidiendo explícitamente a través de la tinta que confiara en
ese desconocido de salud frágil.

[ Si la Seo Yun de ayer insistió tanto en registrar cada uno de sus gestos en el papel…
significa que él es alguien que no quiero perder el día de hoy, aunque mi cerebro sea
incapaz de recordarlo por cuenta propia. ]

── Mañana volveré a ser una página en blanco, pero hoy he decidido que tu nombre
permanezca escrito en los márgenes de mi vida.
── Continúa en el Capítulo 4: Las hojas amarillas y la deducción del río

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