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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 22
El peso del secreto y la advertencia de la biblioteca
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El aula de estudio del tercer piso de la biblioteca municipal permanecía sumida en una
penumbra fresca y silenciosa a última hora de la tarde. Las grandes mesas de madera de
roble oscuro estaban semi vacías, separadas por altas estanterías llenas de enciclopedias y
repertorios jurídicos que amortiguaban cualquier sonido exterior. Las lamas de madera de
las ventanas estaban inclinadas, proyectando franjas alternas de luz dorada y sombra
densa sobre el suelo de parqué gastado.
Kim Jae Won y Han Seo Yun ocupaban los asientos del extremo izquierdo, compartiendo la
misma mesa de estudio pero separados por el espacio reglamentario de los dos asientos
vacíos intermedios para cumplir con la distancia de seguridad. Frente a ellos, varios tomos
abiertos sobre historia del arte y anatomía técnica servían como cobertura formal frente a
los encargados del recinto.
De pronto, una silueta conocida apareció por el pasillo de los archivistas. Choi Ji Min
caminaba a paso rápido pero silencioso, sosteniendo una carpeta de plástico azul bajo el
brazo. Al verlos sentados en la esquina, detuvo la marcha, observó la palidez del rostro de
Jae Won y la fijeza concentrada de Seo Yun, y se acercó a la mesa con una expresión de
profunda y contenida gravedad.
Se inclinó sobre el espacio entre los dos, apoyando las palmas de las manos sobre la
madera con un movimiento controlado.
—Seo Yun —dijo Ji Min en un susurro que apenas superaba el siseo del sistema de
ventilación—, tu madre llamó a mi casa hace media hora. Estaba buscando tu horario
exacto de regreso del taller de arte porque notó que no habías dejado el registro de salida
en el teléfono doméstico. Tuve que decirle que nos habíamos desviado a la biblioteca para
consultar unos tomos que no se pueden retirar a domicilio. Tienes que enviar el mensaje de
confirmación ahora mismo antes de que decida llamar a la dirección del instituto.
Seo Yun parpadeó lentamente, regresando de su letargo analítico. Sacó el teléfono móvil de
su bolso, tecleó una línea corta con dedos rápidos y precisos, y volvió a guardar el
dispositivo en el bolsillo de su blusa.
—Ya está enviado —respondió Seo Yun con su habitual tono plano—. Gracias, Ji Min. El
cuaderno de esta mañana decía que tu confirmación telefónica es el único filtro que
mantiene a mis padres tranquilos durante las vacaciones.
Ji Min asintió sutilmente, pero no se retiró de la mesa. Giró la cabeza hacia la izquierda,
clavando sus ojos oscuros directamente en el rostro de Kim Jae Won. Había notado de
inmediato el frasco de pastillas adicionales que asomaba en el bolsillo lateral de su bolso y
la forma en que el chico mantenía la mano izquierda apretada sobre el regazo para
disimular el temblor de la fatiga.
—Jae Won, necesito hablar contigo un momento en el pasillo de los catálogos —dijo Ji Min
con un tono que no admitía réplicas, haciendo una seña hacia la puerta de vidrio del ala
norte.
Jae Won se levantó lentamente, asegurándose de no forzar el pecho, y siguió a la chica a
través del umbral de vidrio, dejando a Seo Yun concentrada de nuevo en la lectura del tomo
de arte.
Al llegar al pasillo de los catálogos, una zona desierta y rodeada de ficheros metálicos
antiguos, Ji Min se dio la vuelta de golpe, cruzándose de brazos mientras lo miraba con una
mezcla de enfado y dolor reprimido.
—Estás empeorando, Kim Jae Won —sentenció ella en voz baja, y su voz tembló sutilmente
en los márgenes—. No intentes mentirme a mí también. Conozco los síntomas de la
insuficiencia congestiva; mi tío abuelo murió de lo mismo. Tu palidez de hoy no es por el sol
de julio, es porque tu corazón no está oxigenando lo suficiente. ¿Qué te dijeron esta
mañana en el hospital clínico?
Jae Won apoyó el hombro contra la estructura metálica de un fichero, manteniendo la
respiración pausada.
—Me dijeron lo que ya sabía, Ji Min —respondió él con tranquilidad—. Que la válvula está
perdiendo elasticidad y que el otoño será difícil si no paso por el quirófano. Quieren que
ingrese en agosto, pero no voy a hacerlo. No puedo dejar el circuito de las vacaciones a la
mitad.
—¡Eres un egoísta! —le recriminó Ji Min en un susurro sibilante, apretando los puños a los
lados de su cuerpo—. Crees que estás siendo un héroe al regalarle tardes perfectas a Seo
Yun, pero lo que estás haciendo es preparar una trampa mortal para ella. Si tu corazón se
detiene en medio de una de tus caminatas por el río Han, ¿tienes alguna idea de lo que
pasará con su mente al día siguiente? Despertará leyendo que el chico con el que salía
murió en sus brazos, un chico del que su cerebro no retiene un solo recuerdo biológico. La
vas a romper de una manera que ningún diario azul podrá reparar jamás. Detén esto ahora,
Jae Won. Ingresa en el hospital y deja que el papel se borre de forma limpia antes de que
sea demasiado tarde.
Jae Won miró a través del cristal del pasillo hacia la mesa del fondo, donde la silueta de
Seo Yun permanecía estática bajo la franja de luz dorada, pasando una hoja de su
cuaderno con la delicadeza de quien cuida un objeto de cristal.
[ Ji Min habla desde la lógica de la supervivencia, la misma lógica del doctor Park y de mis
padres. Tienen razón en cada una de sus palabras escritas. Pero no entienden el pacto que
firmé con Seo Yun en el pasillo del tercer piso. Ella aceptó salir conmigo bajo la condición
de no enamorarse, de mantener el sentimiento al margen de los datos. Mi muerte no la
romperá porque para ella, yo soy un estreno diario, una anécdota de catorce horas que se
desvanece a la medianoche. Si mi tiempo termina, solo seré un párrafo que dejará de
escribirse, una línea que Ji Min podrá borrar del diario con una goma antes de que ella abra
los ojos en la mañana. Ese es el verdadero peso de mi secreto. ]
—No se va a romper, Ji Min —dijo Jae Won finalmente, volviendo a mirar a la chica con una
sonrisa sutil, contenida y profundamente melancólica—. Porque cuando ese día llegue, tú
estarás allí para asegurarte de que el cuaderno de la mañana siguiente empiece con una
página completamente limpia, donde mi nombre nunca haya estado escrito en los
márgenes.
── La advertencia de la biblioteca fija el límite de la seguridad familiar, pero el verdadero
peso del secreto radica en saber que el olvido final será el único escudo que protegerá a la
otra persona del dolor de la pérdida.
── Continúa en el Capítulo 23: La última página del cuaderno azul y la decisión de agosto

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