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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 14
El festival de verano y la primera fotografía
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El patio central del Instituto Hansung se había transformado por completo para la
inauguración del festival cultural de verano. Hileras de bombillas de luz cálida cruzaban el
espacio de lado a lado, colgadas entre los postes de luz y las ramas de los grandes
plátanos, proyectando un brillo tembloroso sobre los puestos de comida y los juegos
tradicionales organizados por los clubes. El aire estaba saturado del olor a brochetas de
pollo asado, frituras y el vaho espeso de la humedad nocturna que caracterizaba al mes de
julio en Seúl.
Kim Jae Won caminaba con las manos en los bolsillos, sorteando los grupos de estudiantes
que reían y se tomaban fotografías con sus teléfonos móviles. Su pecho se sentía
inusualmente pesado esa noche; el ruido ensordecedor de los altavoces de la banda del
club de música y la densidad de la multitud obligaban a su corazón a mantener un ritmo
acelerado que no le resultaba cómodo. Se detuvo un momento junto al estanque de carpas
del jardín lateral, buscando una zona de penumbra donde el aire corriera con un poco más
de libertad.
Fue en ese instante cuando la vio. Han Seo Yun se encontraba de pie a unos metros de
distancia, vistiendo el uniforme de verano reglamentario pero sin la chaqueta, con las
mangas de la camisa blanca pulcramente dobladas. Sostenía una pequeña cámara
fotográfica digital de diseño antiguo —un objeto compacto y plateado que Ji Min le había
prestado esa tarde— colgada de una fina correa alrededor de su muñeca derecha.
Siguiendo la estricta regla de pasar como extraños dentro de la escuela, Jae Won no se
acercó ni hizo ningún gesto de saludo. Se limitó a quedarse inmóvil, observando cómo ella
levantaba el dispositivo para capturar el reflejo de las luces artificiales en la superficie
oscura del estanque. Sin embargo, al bajar la cámara, los ojos claros de Seo Yun se
encontraron directamente con los de él a través del espacio vacío que los separaba.
No hubo una sonrisa, ni un cambio en la línea de sus labios. Seo Yun dio un paso al frente,
cruzando la línea invisible de las dos baldosas por primera vez en un evento público, y
deteniéndose justo delante de él. Levantó la cámara a la altura de sus ojos con un
movimiento lento y deliberado.
—Quédate quieto un segundo, Kim Jae Won —dijo ella en un susurro que el eco de los
tambores lejanos casi devoró.
Antes de que él pudiera responder o apartar la mirada, el obturador de la cámara emitió un
sonido seco y digital, acompañado por un destello breve que iluminó los rostros de ambos.
Seo Yun bajó el dispositivo de inmediato, fijando la vista en la pequeña pantalla de cristal
líquido donde la imagen fija de Jae Won —con su rostro pálido, los hombros sutilmente
caídos y la luz dorada del festival recortando su silueta— permanecía estática.
—Las notas de esta mañana decían que los datos del cuaderno son demasiado planos
—explicó ella, deslizando el dedo por el borde de la cámara sin mirarlo—. Decían que la
Seo Yun de ayer pasa demasiado tiempo intentando imaginar la forma exacta de tus ojos
basándose solo en adjetivos escritos. Una fotografía es diferente. No es un texto que deba
interpretar al despertar; es una prueba física e inmediata de que estuviste allí.
Jae Won miró la pantalla digital, viendo su propio reflejo capturado en ese fragmento de
segundo. Sintió un latido torpe, sordo y profundo en el centro de su pecho.
[ Ella está buscando un ancla que no dependa de las palabras de Ji Min ni de las
descripciones clínicas de su propio diario. Quiere que la chica de mañana tenga un rostro
real al que mirar antes de salir por la puerta de casa, una imagen fija que resista la marea
negra de la medianoche. Pero al hacerlo, está dejando un rastro demasiado visible, una
marca que ni el diario ni el olvido podrán contener si las cosas empiezan a complicarse. ]
—Es una buena foto —dijo Jae Won de manera pausada, dando un paso atrás para
restablecer la distancia de seguridad—. Pero asegúrate de guardarla en la carpeta correcta
del teléfono o de pegarla en la última página del cuaderno azul. Si tu madre o los profesores
encuentran esto sin el contexto de las notas, las líneas paralelas se romperán antes de que
termine el verano.
Seo Yun asintió lentamente, apagando la pantalla de la cámara con un clic seco que
devolvió el espacio a la penumbra del jardín lateral.
── El destello de la cámara fija un segundo en el tiempo, creando una prueba visual que el
olvido de la noche no podrá borrar de la tarjeta de memoria.
── Continúa en el Capítulo 15: El secreto del acuario y el color del agua profunda

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