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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 12
El helado derretido y la fragilidad del tiempo
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La pequeña heladería cercana a la estación de Mapo se había convertido en un punto de
referencia fijo en las hojas del diario de tapas azules. Los azulejos blancos del local, que en
primavera se sentían impersonales y fríos, ahora resultaban refrescantes bajo la intensa luz
de la tarde de junio. El zumbido del aparato de aire acondicionado de la ventana era más
ruidoso que antes, vibrando contra el cristal y cubriendo las conversaciones de las pocas
personas que ocupaban las mesas centrales.
Kim Jae Won y Han Seo Yun ocupaban el asiento de la esquina más alejada, el mismo
espacio junto al ventanal que daba a la avenida principal. Sobre la superficie de la mesa de
fórmica, dos envases de cartón que contenían helado de vainilla comenzaban a ceder ante
el calor que se filtraba a través del vidrio, transformando los bordes firmes en un líquido
espeso, blanco y dulce.
Seo Yun sostenía la pequeña cuchara de plástico entre los dedos, pero no la utilizaba para
comer. Se limitaba a observar cómo una gota solitaria se deslizaba por la pared exterior del
cartón, acumulándose en la base sobre la fórmica.
—Si no lo comes rápido, se convertirá por completo en agua —observó Jae Won,
señalando el envase con la mirada antes de llevarse una porción pequeña a la boca.
Seo Yun levantó los ojos, mirándolo con una fijeza que parecía desprovista de urgencia.
—Estaba pensando en la velocidad —dijo ella en un susurro, manteniendo su habitual tono
plano—. En el cuaderno de esta mañana leí que compartimos este mismo sabor dos veces
por semana. La Seo Yun de ayer insistió en que el sabor de la vainilla es el único residuo
físico que permanece en mi paladar de un día para otro, como una marca invisible en la
lengua. Pero al verlo derretirse así, entiendo lo frágil que es el registro. Si tardo demasiado
en leer las notas por la mañana, o si el helado pasa más de cinco minutos bajo este sol de
verano, la forma original desaparece y solo queda una mancha dulce que no significa nada.
Jae Won dejó la cuchara a un lado, apoyando los antebrazos en el borde de la mesa. Sintió
la vibración del motor del aire acondicionado recorrer la madera y transmitirse a sus propios
huesos.
[ Su mente funciona como este envase de cartón expuesto al sol. El calor del sueño
nocturno derrite las estructuras que construimos durante la tarde; disuelve las esquinas de
nuestras conversaciones, la perspectiva de mis manos en el taller de dibujo y la trayectoria
de nuestras caminatas junto al río. Para cuando abre los ojos a las seis de la mañana, todo
lo que fuimos se ha convertido en un líquido homogéneo de datos clínicos que Ji Min y ella
tienen que volver a congelar en el papel. ]
—La fragilidad es lo que le da valor al formato —respondió Jae Won de manera pausada,
mirando la gota blanca sobre la mesa—. Si el helado no se derritiera, sería de plástico, un
objeto de utilería en una vitrina comercial que nadie querría probar de verdad. El hecho de
que cambie de forma y desaparezca es lo que nos obliga a prestarle atención mientras dura
en la cuchara.
Seo Yun bajó la vista hacia su envase, tomó una porción del centro que aún conservaba la
consistencia original y se la llevó a los labios. Saboreó el frío dulce en silencio, dejando que
el contraste térmico la devolviera por completo al presente de la heladería.
—La Seo Yun de ayer tenía razón —murmuró ella tras un largo momento, limpiándose la
comisura de los labios con un pañuelo de papel—. No es el dato escrito lo que importa en
esta mesa; es el frío que se siente en los dientes. Eso es algo que la tinta no puede
describir con exactitud, por mucho que Ji Min insista en limpiar el lenguaje de las notas.
Jae Won sonrió de manera sutil, mirando cómo el sol comenzaba a descender detrás de las
líneas de los edificios opuestos, cambiando el tono de la luz sobre los azulejos de blanco a
un amarillo denso y maduro. Sabía que al caer la noche, esa sensación térmica
desaparecería de la mente de la chica, pero en ese instante preciso, dentro del círculo
ruidoso del aire acondicionado, el helado de vainilla era el centro absoluto del mundo para
ambos.
── El tiempo se consume como el hielo bajo el vidrio del verano, dejando solo un rastro
dulce y efímero que desafía la fijeza de la memoria escrita.
── Continúa en el Capítulo 13: El secreto de Ji Min y el inventario del armario

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