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AUNQUE ESTA NOCHE EL MUNDO OLVIDE NUESTRO AMOR
오늘 밤, 세계에서 이 사랑이 사라진다 해도
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CAPÍTULO 10
Diez días
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Diez días exactos habían transcurrido desde que el dado de la cafetería escolar cayó en el
número cuatro, sellando la apuesta absurda en el pasillo del tercer piso. Diez mañanas en
las que Han Seo Yun había despertado con la mente completamente limpia, viéndose
obligada a leer el cuaderno azul desde la primera página para enterarse de que tenía un
novio de salud frágil llamado Kim Jae Won. Diez tardes en las que Jae Won había tenido
que iniciar la conversación desde cero, ganándose de nuevo el derecho a caminar al lado
de ella manteniendo la distancia reglamentaria de las dos baldosas.
Esa tarde, el cielo sobre el distrito de Mapo estaba cubierto por un manto espeso de nubes
grises que amenazaban con una tormenta de primavera inminente. El aire era pesado,
cargado de electricidad y del olor a tierra mojada que subía desde los jardines inferiores del
instituto.
Jae Won y Seo Yun se encontraban en el mirador abandonado del bloque oeste, un balcón
de hormigón cubierto de hiedra seca que daba directamente a los campos de entrenamiento
deportivos. El timbre de salida ya había sonado, y el eco lejano de los silbatos de los
entrenadores era el único sonido que competía con el viento rítmico que agitaba las faldas
del uniforme de ella.
—Hoy es el décimo día —dijo Jae Won, apoyando las palmas de sus manos sobre la
barandilla de metal oxidado. Su tono era tranquilo, desprovisto de la urgencia que el clima
parecía imponer al resto de la escuela—. Si sumamos todas las horas que hemos pasado
compartiendo el silencio en este mirador, en el río Han y en la heladería, ya acumulamos
casi quince horas completas de datos en tu diario azul.
Seo Yun permanecía de pie a su lado, con la espalda recta y el cuaderno apretado contra el
pecho. Miró hacia las canchas vacías antes de girar la cabeza sutilmente para observar el
rostro de él.
—Quince horas de texto escrito —corrigió ella con precisión clínica—. Para la Seo Yun que
despertó esta mañana, esos diez días son solo un prólogo detallado. Sé que te gusta el café
templado, sé que usas el autobús número 14 para regresar a casa y sé que tu corazón
trabaja a la mitad de velocidad que el mío. Pero cada vez que te veo aparecer en la esquina
del pasillo, mi pulso experimenta una fracción de segundo de incertidumbre. Mi cerebro
tarda exactamente tres pasos en emparejar el texto del papel con la persona física que se
detiene frente a mí.
Jae Won sonrió de lado, una mueca sutil y contenida que desapareció de inmediato. Sintió
un pinchazo leve en el pecho, ese aviso sordo de que las presiones barométricas de la
tormenta también afectaban el ritmo de su propia válvula defectuosa. Llevó una mano al
bolsillo de su chaqueta, tocando el frasco de pastillas que siempre llevaba consigo.
—Es un buen ritmo —respondió Jae Won, mirando cómo las primeras gotas de lluvia
comenzaban a marcar el hormigón del balcón con puntos oscuros—. Tres pasos es una
distancia corta. Podría ser peor; podrías tardar todo el pasillo en recordar que se supone
que estás saliendo conmigo por culpa de una apuesta de Tae Hun.
Seo Yun no apartó la vista de sus ojos. El viento le alborotó el cabello lacio, rompiendo por
un segundo la simetría perfecta de sus hombros.
—La apuesta ya no importa, Kim Jae Won —dijo ella en un susurro que el trueno distante
casi logró amortiguar—. Las notas de anoche incluían una advertencia muy clara escrita en
tinta roja. Decían que, a pesar del olvido inevitable de la medianoche, este espacio junto a
la barandilla se siente diferente al resto del instituto. No sé cómo explicarlo con datos
lógicos, pero la Seo Yun de ayer dejó asentado que no quiere que el prólogo termine
todavía.
Jae Won la miró fijamente, registrando la fijeza de sus pupilas claras bajo la luz plomiza de
la tormenta. Comprendió en ese instante que el Arco 1 de su acuerdo mudo había
concluido. Ya no eran solo un chico enfermo y una chica sin memoria cumpliendo las
cláusulas de una broma escolar; se habían convertido en los guardianes de un territorio
intermedio, una franja de tiempo suspendida donde el mañana no existía para ninguno de
los dos, pero donde el presente se defendía con la misma fiereza con la que la tinta se
aferraba a las hojas del cuaderno azul.
[ Diez días han sido suficientes para aprender las reglas de su olvido. Ahora viene la parte
difícil: asegurarme de que el papel no se borre cuando la tormenta ruede de verdad sobre
nosotros y el tiempo empiece a correr en contra de mi propio pecho. ]
Una gota gruesa de lluvia golpeó el centro de la barandilla de metal, salpicando entre sus
manos entrelazadas pero separadas. La tormenta de primavera había comenzado
oficialmente, borrando el horizonte de los edificios de Seúl detrás de una cortina gris y
densa.
── El primer arco se cierra bajo el agua de mayo, dejando diez páginas escritas que el
olvido de la noche intentará borrar en vano.
── Continúa en el Capítulo 11: El inicio del Arco 2: Las líneas paralelas del verano

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