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Tu nombre – Capítulo 6

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Capítulo 6

Recreación is ojos se abren. En ese instante, estoy seguro.

Me levanto de golpe, mirando a mi cuerpo. Dedos delgados. Un pijama familiar. El peso de los pechos.

—Es Mitsuha…

Las palabras se me escapan. Esta voz también. Esta estrecha garganta. Su sangre, su carne, sus huesos, su piel. Todo en Mitsuha es cálido y está justo aquí.

—… ¡Está viva…!

Envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo, abrazándome a mí mismo. Las lágrimas se me escapan. Caen de los ojos de Mitsuha, como si una presa se rompiera. Su calor trae su propia alegría, y yo lloro aún más fuerte. Dentro de mis costillas, mi corazón salta. Abrazo las rodillas, presionando mis mejillas contra ellas. Me hago tan pequeña como puedo, queriendo abrazar todo su cuerpo.

Mitsuha.

Mitsuha, Mitsuha.

Es un milagro: uno que podría haberme sido negado para siempre, uno que se saltó toda posibilidad.

—Hermana, ¿qué haces?

Alzo mi cabeza ante el sonido de la voz.

Yotsuha está de pie allí, con la puerta abierta.

—Oh… Hermanita… —Murmuro, los sollozos atragantando mis palabras.

Yotsuha está viva también. Mira, aturdida, a su hermana mayor, que está llorando y moqueando, sintiéndose a sí misma.

—¡Yotsuhaaaaa!

Corro hacia ella, conducido por la urgencia de tocarla.

—¡Yeep! —Ella salta, cerrando la puerta corredera en mi cara—. ¡Abuela! ¡Hey, abuela! —Grita, y oigo pasos bajando corriendo las escaleras—: ¡Mi hermana se ha roto finalmente! ¡Está completamente embrujada! —Su voz hace eco desde el piso de abajo mientras ella corre directa hacia la abuela.

… Vaya una niña más maleducada. ¡Después de que haya cruzado el tiempo y el espacio para salvar a este pueblo!

La chica de la NHK está muy alegre. Acabo de ponerme mi uniforme escolar y bajar al piso de abajo. Ha pasado tiempo desde que mi mitad inferior se siente tan vulnerable, y para sacudirme la sensación, me mantengo alto y firme, mirando la televisión.

—El Cometa Tiamat será visible a simple vista durante una semana. Pasará más cerca a la Tierra a aproximadamente las 7:40 de esta tarde, momento en que se espera sea más brillante. El espectáculo astronómico que solo ocurre una vez cada 1.200 años ha alcanzado su clímax, y varias festividades tendrán lugar…

—¡Esta noche! ¡Aún hay tiempo! —Murmuro. Estoy temblando de los nervios y la excitación.

—Buenos días, Mitsuha. Yotsuha se ha ido ya.

Me giro, y la anciana está de pie allí.

—¡Abuela! ¡Pareces estar bien! —Sin pensarlo, corro hacia ella.

Lleva una tetera, probablemente planeando disfrutar de algo de té en el salón.

—¿Huh?… Tú eres… —Se quita sus gafas de leer y me da un vistazo a la cara. Sus ojos se entrecierran suavemente—. No eres Mitsuha, ¿no?

—¿Qué…?

¡¿Cómo?! Me siento culpable, como si algún crimen que yo supiera que nunca vería la luz, fuera expuesto… Espera. Esto podría facilitar las cosas.

—Abuela… ¿lo sabías?

No hay ningún cambio particular en la expresión de la anciana. Mientras habla, se sienta en una silla sin piernas.

—No. Pero al observarme últimamente, lo recordé. Cuando era niña, también tuve algunos sueños extraños.

¡¿Escuchas eso?! Eso es asombroso, entonces debería ser una conversación rápida.

Justo lo que esperaría de una familia de cuentos populares japoneses. Me uno a ella en la mesa, y la anciana me llena una taza también. Bebiendo su té, ella continúa su historia.

—Eran sueños muy extraños. Más que sueños, de verdad. Eran otra vida. Me convertí en un chico que no conocía en una ciudad que nunca había visto antes.

Trago fuerte. Exactamente como nosotros…

—Pero un día, terminaron, así como así. Todo lo que recuerdo ahora es que tuve sueños extraños. Mis recuerdos de en quién me convertí en ellos desaparecieron por completo.

—Desapareció…

Mi corazón da un vuelco, como si me hubieran dicho el nombre de una enfermedad que estoy destinada a contraer. Ella está en lo correcto. Por un momento, olvidé el nombre de Mitsuha. Traté de convencerme de que todo era una ilusión. La cara arrugada de la anciana adquiere un toque de soledad:

—Así que atesora quién eres ahora y las cosas que estás viendo. No importa cuán especial sea, un sueño es un sueño. Desaparecerá seguro algún día, una vez que te despiertes. Todos pasamos un momento así, ya sabes: mi madre, yo y tu madre.

—Eso es… ¡¿Qué pasa si…?!

De repente, me golpea. Este podría ser un papel transmitido a través de la familia Miyamizu: la capacidad de comunicarse con alguien que viva unos años en el futuro para escapar del desastre que ocurre cada 1.200 años. El papel de una doncella del santuario. Algo que la línea de sangre Miyamizu adquirió en algún momento… Un sistema de advertencia heredado de generación en generación.

—¡Tal vez los sueños de los Miyamizu fueron todos por hoy! —Miro a la anciana a los ojos, hablando firmemente—: Abuela, escucha.

Ella levanta la cabeza. Por su expresión, no puedo decir cómo tomará lo que estoy a punto de decir.

—Esta noche, un meteorito golpeará la ciudad de Itomori, y todos morirán.

Esta vez, las cejas de la anciana se fruncen en una duda inconfundible.

— Nadie creería boquiabierto de esa manera . —Esa vieja dice algunas cosas sorprendentemente normales.

Corro colina abajo hacia la escuela secundaria, meditando en silencio para mí.

Ella cree en los sueños de intercambio, pero no en el impacto del meteorito. ¿Qué tipo de equilibrio tiene ella, de todos modos?

Llego muy tarde y casi no hay nadie alrededor. Las llamadas de los faisanes de cobre hacen eco, piichik paachik , y es solo otra mañana pacífica en la ciudad. Tendremos que hacerlo nosotros mismos , pienso.

—¡No hay forma de que deje morir a nadie! —Lo grito en voz alta, enfáticamente, como si martilleara la resolución en mi propia mente. Corro aún más rápido. No queda ni medio día hasta que ese meteorito caiga.

—Mitsuha, ¿qué…? ¡T-Tu pelo…!

—¡Chica, ese pelo! ¡¿Qué demonios?!

En el momento en que entro al aula, Teshigawara y Saya miran mi cara (la de Mitsuha), estupefactos.

—Oh sep, ¿el pelo? Era mucho mejor antes, ¿cierto?

Mientras hablo, aparto el pelo hasta los hombros lejos de la parte posterior de mi cuello. Ahora que lo pienso, Mitsuha cortó la mayor parte de su largo cabello en algún momento, ¿no? Prefiero el pelo largo y negro, así que no soy fanático de esto… ¡No, eso no es lo importante ahora!

—¡Olvidad eso!

La boca de Teshigawara está tan abierta que prácticamente puedo escuchar el efecto de sonido del shock. Saya me examina inquisitivamente. Miro de un lado a otro entre ellos.

—¡Si nada cambia, todos morirán esta noche!

El zumbido en el aula se detiene en seco. Todos los ojos de nuestros compañeros están sobre mí.

—E-espera, Mitsuha. ¿Qué estás diciendo?

Saya se levanta apresuradamente y Teshigawara me agarra del brazo y tira de mí. Mientras me sacan del aula, mi cabeza finalmente se enfría un poco. Supongo que es natural que no me crean. Tal vez sea como dijo la anciana, y no es razonable esperar que la gente compre algo como esto de la nada. Estaba tan entusiasmado con el intercambio por primera vez en mucho tiempo que me convencí de que las cosas funcionarían de alguna manera.

Hmm… Esto podría ser más difícil de lo que esperaba.

… O eso pensaba, pero en lo que respecta a Teshigawara, esa era una preocupación desperdiciada.

—Mitsuha, ¿es eso real?

—¡Sí, es de verdad! Esta noche, el Cometa Tiamat se dividirá y se convertirá en un meteorito, y es muy probable que llegue a este pueblo. No puedo revelar mis fuentes, pero obtuve la información a través de un canal confiable.

—¡Eso es… una emergencia total!

—Vamos, Tesshi, ¿para qué estás tan serio? ¿Eres realmente tan tonto? —Naturalmente, Saya no pilla nada de eso—. ¿Cuál es esta fuente tuya, de todos modos? ¿La CIA? ¿NASA? ¿De qué estás hablando? ¿"Canales confiables"? ¿Pretendes ser espía ahora? Honestamente, Mitsuha, ¿qué te pasa? —Ella no podría ser más sensata.

Desesperado, vuelco todo el dinero de la billetera de Mitsuha.

—¡Saya, por favor! ¡Pagaré, así que toma esto y ve a comprar lo que quieras! ¡Entonces al menos escucha lo que tengo que decir!

Estoy rogando, y mi expresión es muy seria. Sorprendida, Saya me mira larga y duramente.

—Pero siempre vas corta de dinero… ¿De verdad vas tan lejos?

¿Eh? ¿Es así? ¡Pero ella quemó mi dinero como loca!

Saya suspira, como si se hubiera resignado a sí misma:

—… Supongo que tendré que hacerlo, entonces. Nada de esto tiene sentido, pero está bien, al menos escucharé. Tesshi, dame la llave de tu bicicleta. —Ella se dirige a la entrada principal, gruñendo— : Esto no es suficiente para más de un par de dulces baratos.

Bueno. Parece que la cantidad no fue suficiente, pero ella cree que lo digo en serio ahora.

—Voy a ir a la tienda de conveniencia. Tesshi, vigila de cerca a Mitsuha. No está en sus cabales.

Y entonces Teshigawara y yo nos colamos en una habitación en el edificio del club que ya nadie usa y elaboramos un plan de evacuación para la ciudad. El objetivo es sacar a las 188 familias, unas quinientas personas, de la zona de peligro antes de que caiga el meteorito. Lo primero que pensamos es transmitir una orden de evacuación.

Después de analizar las inevitables ideas ridículas: ¡Nos haremos cargo de la residencia oficial del primer ministro! ¡O el edificio de la Dieta 6 ! ¡O la NHK!

¡El Centro de Radiodifusión de Shibuya , o al menos la sucursal de NHK Gifu-Takayama! Comenzamos a hablar sobre cómo no todos en la ciudad estarán en casa con sus televisores o radios encendidos y cómo incluso más personas estarán fuera debido al Festival de Otoño esta noche. Luego nos quedamos en silencio, pensando.

—… ¡El sistema de alerta de desastres! —Grita Teshigawara de repente.

—¿Sistema de alerta de desastres?

—¿Hunh? No me digas que no lo sabes. Hay altavoces por todo el pueblo, ¿recuerdas?

—Oh… ¿Esa cosa que comienza a hablar de la nada todas las mañanas y las tardes? ¿Quién nació, quién tiene un funeral, ese tipo de cosas?

—Sep. Puedes escuchar eso por todo el pueblo con seguridad, ya sea que estés dentro o fuera. ¡Si enviamos la orden por eso…!

6 La Dieta sería equiparable al Parlamento en Japón.

—¿Huh? Pero, eh… ¿cómo? Eso viene del ayuntamiento, ¿no? ¿Nos dejarían transmitir cosas si lo pidiéramos?

—Pssh. No.

—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Secuestro del Ayuntamiento? Quiero decir, creo que tendríamos una mejor oportunidad para eso que para tomar NHK, pero…

—Heh-heh-heh. —Con una sonrisa espeluznante, Teshigawara escribe algo en su teléfono. Caray, este chico se ve feliz—. ¡Podemos hacer esto!

Me tiende su teléfono.

Frecuencias superimpuestas , leo, y abajo una explicación.

—¿Qué…? ¿En serio?

Teshigawara ensancha sus fosas nasales y asiente con orgullo.

—Uh, Tesshi… ¿Por qué sabes cosas como esta?

—Bueno, siempre fantaseo antes de dormirme, ¿sabes? Acerca de destruir el pueblo, asolar el instituto, cosas así. ¿No lo hacen todos?

—¿Eh…? —Eso me asusta un poco. Pero no, esto es…

—Esto es asombroso, Tesshi! ¡Podría funcionar!

Sin pensarlo, paso un brazo por los hombros de Teshigawara.

—¡H-hey, no te acerques demasiado!

—¿Huh?

Whoa. Incluso sus orejas son rojas.

—¿Qué es esto? Tesshi, ¿estás avergonzado?

Alzo la mirada hacia la cara de Teshigawara desde abajo, sonriéndole. Bueno, bueno, Mitsuha, no vas a dejar que te tomen a la ligera, ¿no? ¡Venga, venga! Presiono mi cuerpo contra el suyo un poco más. Aquí vamos… ¡toma regalo! Nos sentamos lado a lado en un viejo sofá, y Tesshi ya está pegado a la pared, así que no tiene a donde huír.

—¡Hey, Mitsuha, para ya! —Teshigawara se resiste, sus gran cuerpo temblando. Es un tío, seguro… Bueno, y yo. Entonces, abruptamente, salta, subiéndose a la espalda del sofá, y grita—: ¡Te lo dije, para! Una soltera a tu edad… ¡no es apropiado!

—Ja…

Incluso su cuero cabelludo está rojo. Está sudando balas y sus ojos se ven casi llorosos.

—¡Jajajaja! ¡Tesshi, eres…! —A pesar de mí mismo, rompo a carcajadas.

Es realmente un buen tipo. Estoy seguro de que puedo contar con él.

Pensé en él como en un amigo antes, pero me gustaría conocerlo a él y al resto en persona y hablar con ellos como un chico pronto. Mitsuha, Teshigawara, Saya y yo. Si Tsukasa, Takagi y Okudera- senpai estuvieran ahí también, sé que sería genial.

—Lo siento, Tesshi. Solo estaba feliz porque me creyeras… —Contengo la risa, y Teshigawara está malhumorado—: ¿Me ayudarás a pensar en el resto del plan de evacuación? —Le sonrío.

La cara de Tesshi sigue roja aún, pero incluso así, asiente seriamente.

Una vez se acabe esto, vendré a ver a este también , pienso, sintiéndome un poco deslumbrado.

—¡¿U-u-u… una bomba?! —Saya grita. Ella está comiendo una mini tarta con una envoltura de plástico transparente.

—Técnicamente, se llaman explosivos acuáticos de gel. Son como dinamita. —Teshigawara le explica, sonando orgulloso. Él está machacando unas patatas fritas, y yo estoy comiendo gotas de chocolate. Saya compró una tonelada de comida en una tienda de conveniencia y la extendió por todo el escritorio, por lo que parece que estamos teniendo una fiesta.

Teshigawara y yo estamos parados detrás de un mapa, delineando nuestro plan de evacuación cuidadosamente diseñado para Saya. Casi quiero tocar música enérgica para preparar el escenario. Algo percusivo y un poco desquiciado, algo que suena como una reunión de estrategia. Tomando un trago de leche de café de un paquete del tamaño de una pinta, Teshigawara continúa:

—Hay muchos explosivos en el almacén de la compañía de mi padre, para cosas de construcción. Si no tengo que preocuparme de que me atrapen después, puedo arrebatar todo lo que necesitemos.

—Entonces, a continuación… —Digo, abriendo una envoltura de pan de melón. Tengo mucha hambre y, por alguna razón, todo lo que como cuando estoy en el cuerpo de Mitsuha sabe muy bien.

—¡¿Y-y-y… vas a secuestrar la señal?! —Se quebra la voz de Saya.

Comiendo pan de curry, explica Teshigawara:

—Los sistemas inalámbricos de alerta de desastres inalámbricos como el nuestro son fáciles de controlar, siempre que conozcas la frecuencia de transmisión y la de activación superpuesta. Los altavoces están hechos para que se activen siempre y cuando se coloque una frecuencia específica sobre el audio.

Pan de melón en una mano, retomo donde lo dejó él:

—Eso significa que podemos enviar la orden de evacuación a toda la ciudad desde la sala de transmisión de la escuela. —Señalo el mapa de Itomori. Hay un círculo con un diámetro de poco menos de una milla, centrado en el Santuario Miyamizu, y trazo su borde con el dedo—. Esta es el área que se supone que reciba el daño del meteorito. Como puedes ver, el Instituto de Itomori está fuera. —Toco la ubicación del instituto de secundaria—. En otras palabras, solo necesitamos evacuar a las personas aquí, al patio de la escuela.

—Pe-pero eso es… —Saya comienza a tartamudear nerviosamente—. ¡Eso es un crimen en toda regla! —Incluso mientras tartamudea, se pone la fresa, que guardó para el final, en la boca.

—Nunca conseguiremos que la gente de aquí se mueva sin cometer un delito. —Le digo fríamente, barriendo las gotas de chocolate que había esparcido por el mapa. Así es. Siempre y cuando las personas dentro de este círculo se salven, no importa si es un delito o no.

—Ya sabes, Mitsuha, es como si fueras una persona diferente.

Sonrío y tomo un gran bocado de pan de melón. Cuando estoy en este cuerpo, inconscientemente empiezo a hablar un poco como una niña, pero he abandonado por completo el intentar actuar como Mitsuha. Mientras estos muchachos estén seguros cuando todo termine, nada más importa. Mientras todos estemos vivos, las cosas saldrán bien.

—… Entonces. Tú eres la encargada de la transmisión, Saya. —Le digo alegremente.

—¡¿Por qué?!

—Bueno, estás en el Club de Radio, ¿cierto?

—Además, tu hermana mayor está a cargo de la radio en el Ayuntamiento. Consigue que te diga la frecuencia. —Dice Teshigawara.

—¿Huh? No puedo…

Ignorando la protesta de Saya, Teshigawara se señala felizmente a sí mismo:

—¡Soy el chico de los explosivos!

—Y yo voy a hablar con el alcalde. —Digo, señalándome.

—¡¿Huh?! —Saya está muda, y Teshigawara retoma la explicación:

—Probablemente podamos organizar la evacuación por nuestra cuenta con el plan del que acabamos de hablar. Pero si el ayuntamiento y los bomberos no salen al final, no hay forma de que todos en las ciento ochenta y ocho familias se muevan, ¿sabes?

—Por eso necesitamos convencer al alcalde. —Le digo—. Soy su hija. Si puedo explicárselo racionalmente, estoy seguro de que lo entenderá.

Teshigawara cruza los brazos y asiente, dándose palmaditas en la espalda.

—¡Es una estrategia perfecta!

Así es exactamente como me siento. Es cierto, nuestros métodos son un poco difíciles, pero no creo que haya otra forma de hacerlo.

—Jaaaaaah… —Saya nos mira con la boca abierta, aunque no puedo decir si está asombrada u horrorizada—. Bueno, estoy impresionada de que lo hayais pensado hasta ahora, pero… Todo esto es solo en caso de que ocurra algo, ¿no?

¿Huh?

No esperaba esa pregunta tan tarde en el juego, y estoy sin palabras.

—Uh… no exactamente…

Si Saya no se sube a bordo, este plan no funcionará. No sé qué decirle, y busco algo que decir.

—¡Eso no es necesariamente así! —Bruscamente, Teshigawara salta, sacando la pantalla de su teléfono—. ¿Sabes cómo se hizo el Lago Itomori?

Saya y yo miramos de reojo la pantalla. Es un sitio que se parece a la página de inicio de la ciudad, con un encabezado que dice: Los Orígines del Lago Itomori. Luego las palabras: “ Un lago originado por un meteorito hace 1.200 años, e increíblemente raro en Japón”.

—¡Es un lago de meteorito! ¡Este lugar ya ha sufrido al menos un impacto de meteorito!

Mientras Teshigawara dice esto, una mirada triunfante en su cara, algo hace click en mi mente. Empiezo a hablar antes de saberlo siquiera:

—Eso es… ¡Tiene razón! ¡Es por eso!

Por eso hay una imagen del cometa en un lugar como ese, me doy cuenta. El Cometa Tiamat tiene un ciclo de 1.200 años. El Lago Itomori es un lago meteórico de 1.200 años. El meteorito golpea el suelo cada tanto tiempo, cuando el cometa pasa. Un desastre presagiado. Eso significa que sería inevitable. Esa imagen era tanto un mensaje como una advertencia.

Me siento como si me hubiera ganado un inesperado aliado. Ya no puedo contenerme más.

¡Los preparativos para esto fueron dispuestos hace mil años!

—¡Muy buena, Tesshi! —Sin pensarlo, lanzo mi puño, y Teshigawara lo choca.

—¡Sep!

Esto funcionará. ¡Lo hará!

—¡Hagámoslo!

Nos giramos hacia Saya, hablando al unísono, volando de entusiasmo.

—… ¿De qué estás hablando? —La voz es ruda y pesada, como el sonido de unas tijeras cortando cartón.

Me enrojecí muchísimo. Hablé más alto, sin sentirme más amedrentado:

—¡Te lo dije! Tienes que evacuar a la población, solo por si acaso, o- —Cállate un minuto. —Su voz no se alzó del todo, pero parece gritarme.

El padre de Mitsuha, el Alcalde Miyamizu, cierra sus ojos pesadamente y se recuesta en la silla de su oficina. La espesa piel cruje audiblemente. Entonces exhala, lentamente, y mira fuera de la ventana. Las sombras de las hojas se balancean ante la luz de la tarde.

—… ¿El cometa va a partirse en dos y caer sobre este pueblo? ¿Más de 500 personas podrían morir?

Golpea la mesa con la punta de sus dedos, haciendo una larga pausa. Entonces, finalmente, gira su mirada hacia mí. Mis rodillas sudan. Por primera vez, me doy cuenta que es por donde más suda Mitsuha cuando está nerviosa.

—Sé que cuesta creerlo, pero tengo motivos para- —¡Cómo osas venirme con una tontería así! —De la nada, explota. Las arrugas entre sus ojos se hacen más profundas—. ¿Las ilusiones corren por el linaje de Miyamizu? —Se queja en voz baja, como si hablara consigo mismo. Me fija con una mirada penetrante y habla en voz baja—: Escucha, Mitsuha. Si hablas en serio conmigo, entonces estás enferma.

—… ¿Qué?

Las palabras no salen. Me doy cuenta de que la confianza que había tenido en la sala del club hace solo treinta minutos desapareció sin dejar rastro. La sensación incómoda de que en realidad estoy equivocado se está construyendo rápidamente. No, eso no es verdad. No estoy engañado, y no estoy enfermo. Soy- —Enviaré un coche por ti. —El alcalde levanta el teléfono, de repente parece preocupado. Comienza a marcar, iniciando una llamada incluso mientras me está hablando—. Haz que un médico del hospital de la ciudad te mire. Después de eso, escucharé lo que tienes que decir.

Las palabras envían una sacudida desagradable a través de mí. Este tipo me está tratando seriamente a mí, a su propia hija, como un caso de locura. En el momento en que se registra, todo mi cuerpo se pone tan frío como el hielo, mientras que el núcleo de mi cerebro se inflama tanto que podría estar ardiendo.

Es rabia.

—… ¡No me hables así, bastardo! —Las palabras salen como un grito.

Los grandes ojos del alcalde están justo frente a mí. Sin pensarlo, lo agarré por la corbata y lo levanté. El auricular del teléfono cae al suelo al lado del escritorio, y escucho el pequeño zumbido de una línea muerta.

—… Ah…

Relajo mi agarre. Lentamente, la cara del hombre retrocede. Los labios del Alcalde Miyamizu están flojos y tiemblan ligeramente, en estado de shock o desconcierto. Nos miramos a los ojos. Ninguno de nosotros puede mirar hacia otro lado. Un sudor frío abre cada poro de mi cuerpo.

—Mitsuha. —El alcalde suena como si peleara por dejar salir el aire—: No… ¿Quién eres? —Está temblando. Con una sensación desagradable, como un pequeño insecto alado que llevaba el viento, las palabras permanecen en mis oídos durante mucho tiempo.

Débilmente, puedo escuchar las reverberaciones del martilleo en la distancia. Es entre el mediodía y la tarde. El pueblo está demasiado tranquilo, y también parece que desde muy lejos alcanzan mis oídos con la brisa. Tok-tok, tok-tok.

Tras dejar la oficina del alcalde, camino penosamente por el camino de la colina que domina el lago, imaginando un clavo clavado en la madera dura al ritmo del ruido. Un clavo de hierro, acuñado en astillas oscuras y estrechas, destinado a oxidarse. Probablemente se estén preparando para el Festival de Otoño en el santuario, pienso distraídamente, mirando las linternas de madera que bordean el camino.

Al escuchar las voces de los niños sobre mí…

—¡Vale, nos vemos luego!

… miro hacia arriba.

Más arriba, niños con mochilas se saludan unos a otros.

—Mm-hmm, os veré en el festival.

—Veámonos debajo del santuario.

Con eso, un niño y una niña se separan de su amigo y vienen corriendo hacia mí. Están en la mitad de la escuela primaria, probablemente de la edad de Yotsuha.

Cayó sobre el santuario.

—¡No vayas! —El chico está a punto de pasar corriendo y sin pensarlo, lo agarro por los hombros—. ¡Sal de la ciudad! ¡Cuéntale a tus amigos también!

Entre mis brazos, la expresión de un niño que ni siquiera conozco se desliza hacia el terror.

—¡¿Qué te pasa?!

Aparta mis manos. Vuelvo a mis sentidos.

—¡Hermana!

Cuando me giro hacia la voz, Yotsuha está corriendo cuesta abajo hacia mí, con su mochila y una expresión preocupada. Los dos niños hacen un descanso y se van corriendo. No puedo hacer cosas como esta. Solo pareceré espeluznante.

—¡Hermana! ¡¿Qué les hiciste a esos niños?! —Yotsuha se abalanza sobre mí, agarrando mis brazos y mirándome a la cara.

¿Qué se supone que debo hacer ahora?

Miro a Yotsuha. Ella espera ansiosamente que yo diga algo.

—Si Mitsuha hubiera intentado… —Murmuro los pensamientos tal como vienen. ¿Podría haberla convencido? ¿Soy yo quien no puede hacerlo?

Yotsuha está desconcertada, pero la ignoro y sigo adelante:

—Yotsuha, antes de que llegue la noche, toma a la abuela y salid de la ciudad.

—¿Huh?

—¡Si os quedais aquí, moriréis!

—¡¿Qué?! Hermana, vamos, ¿de qué estás hablando?

—Esto es importante. —Le digo, pero Yotsuha alza la voz desesperadamente, tratando de rechazar mis palabras:

—¡Hermana, vete! —Sus ojos están llenos de lágrimas. Ella está asustada. Mientras Yotsuha habla, se pone de puntillas y me mira a los ojos—. De repente te fuiste a Tokio ayer también. ¡Has estado rara todo el tiempo últimamente, hermana!

—¿Huh?

Siento una sensación extraña…

¿Tokio?

—Yotsuha, ¿acabas de decir Tokio?

—¡Heeey, Mitsuhaaa!

Es Saya. Cuando alzo la mirada, está saludando desde la parte de atrás de la bici que Teshigawara pedalea. Frena, resbalando un poco sobre el asfalto.

—¡¿Hablaste con tu padre?! ¡¿Cómo te fue?!

Teshigawara se inclina hacia adelante. No puedo responder. Estoy confundido. Ya no sé qué pensar. El alcalde no escucharía una palabra de lo que dije. No solo eso, le preguntó a su propia hija quién era ella. Lo hice hacer eso. ¿Es porque soy Mitsuha? ¿Es por eso que no funcionó? En ese caso, ¿dónde está ella ahora? Yotsuha dice que Mitsuha fue ayer a Tokio. ¿Por qué? ¿Cuándo fue ‘ayer’?

—¿Oye, Mitsuha? —Oigo la voz perpleja de Teshigawara—. ¿Qué le pasa a tu hermana? —Le pregunta Sayaka a Yotsuha.

¿Dónde está Mitsuha? ¿Dónde estoy ahora?

¿Y si…?

Levanto mis ojos. Más allá de las casas, los contornos ondulados de las montañas se construyen unos sobre otros, y más allá de ellos, hay una cresta azul brumosa. La montaña que subí. El cuerpo del dios en la cima. El lugar donde bebí el sake. Un viento suave y frío sopla desde el lago, agitando el cabello recién corto de Mitsuha. Los mechones acarician mis mejillas suavemente, casi como las yemas de los dedos de alguien.

—¿Está ella… allí? —Murmuro.

—¿Huh? ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Hay algo ahí arriba?

Yotsuha, Saya y Teshigawara siguen mi mirada.

Mitsuha, si estás allí…

—¡Tesshi, déjame tomar prestada tu bicicleta!

Mientras hablo, agarro el manillar y se lo arranco. Me siento a horcajadas sobre el asiento y luego me levanto.

—Oye, ¿qué? ¡Mitsuha!

El asiento es realmente alto. Levantándome para pedalear, empiezo a subir el camino de la colina.

—¡Mitsuha, ¿qué pasa con la operación?!

A medida que me alejo, Teshigawara me grita. Parece que podría estar a punto de llorar.

—¡Prepáralo, tal como lo planeamos! ¡Por favor! —Mi grito resuena por la ciudad silenciosa.

Separada de su cuerpo, la voz de Mitsuha rebota entre las montañas y el lago, llenando el aire por un momento. Como persiguiendo esa voz, pisoteo los pedales con todas mis fuerzas.

Alguien está golpeando mi mejilla.

Es una presión muy leve, probablemente solo la punta de un dedo índice. Sea quien sea, está siendo amable, tratando de no hacerme daño. La punta del dedo es muy frío. Escalofriante, como si un momento antes hubiera estado tocando hielo. ¿Quién demonios me despertaría así?

Abro mis ojos.

¿Huh?

Está realmente oscuro. Quizás sea aún de noche.

Otro toque en mi mejilla. No… Esto es agua. Gotas de agua han estado golpeando mi cara. Cuando me siento, finalmente lo noto.

—… ¡Soy Taki! —Sin quererlo, lo digo en alto.

Mientras subo los estrechos escalones de piedra, el sol de la tarde alcanza directo mis ojos. Debo haber estado en la oscuridad durante un rato. Los ojos de Taki sollozan. Cuando he llegado a la cima, mi suposición se confirma: estoy en la montaña del cuerpo del dios.

¿Qué hace Taki aquí?

Sin realmente entender lo que está sucediendo, emerjo desde debajo del árbol gigante y comienzo a caminar a través de la cuenca. Taki lleva una parka de camping pesada y zapatos para caminar con suelas gruesas de goma. El suelo es suave y húmedo, y podría haber dejado de llover: la hierba baja está llena de gotas de agua. Cuando miro hacia arriba, sin embargo, el cielo está perfectamente despejado. Delgadas nubes trituradas fluyen en el viento, brillantes y doradas.

Mis recuerdos son extrañamente vagos.

Aún incapaz de recordar nada, en poco tiempo llegué al borde de la cuenca, al pie de la ladera. Miro hacia la colina. Toda esta área es una depresión. La cima de esta pendiente es la cima de la montaña. Empiezo a escalar. Mientras lo hago, busco en mis recuerdos, tratando de recordar lo que estaba haciendo antes de venir aquí. Entonces mis dedos tocan el borde.

Festival de musica. Un kimono de verano ligero. Mi propia cara, cabello corto, reflejado en un espejo.

Así es.

Ayer fue el Festival de Otoño. Tesshi y Saya me pidieron que fuera, así que me puse mi ropa tradicional y salí. Era el día en que se suponía que el cometa debía ser más brillante, así que íbamos a observar. Sí, eso fue todo. Todo parece muy distante de alguna manera, pero definitivamente fue ayer.

Mi nuevo corte de pelo realmente sorprendió a Tesshi y Saya. La boca de Tesshi se abrió tanto que prácticamente se podía escuchar el efecto de sonido del shock. Estaban tan sacudidos que sentí un poco de pena por ellos. Durante todo el camino hacia la colina, susurraron a mis espaldas.

—Hey, ¿crees que tiene roto el corazón?

—¡¿Por qué sueltas eso?! ¿Eres un viejo del siglo pasado?

Cuando llegué al final de la carretera estrecha y me giré al espejo de tráfico, allí estaba: un enorme cometa en el cielo nocturno, directo sobre nosotros. Es grande, con una cola brillando color verde esmeralda, y su cabeza es más brillante que la luna. Si entrecierro los ojos, podía ver partículas a su alrededor coo polvo fino. Olvidamos hablarnos y solo nos quedamos allí con nuestras bocas abiertas como idiotas, mirando, fascinados, durante mucho tiempo.

Entonces, al mismo punto, me di cuenta de que el cometa se partiera en dos. Había dos grandes y brillantes cabezas, y una parecía estar acercándose mucho. Poco después, varias delicadas estrellas fugaces empezaron a brillar a su alrededor. Era como si los cielos se cayeran. No, esa noche, las estrellas realmente cayeron. Era una visión sacada de un sueño, un cielo nocturno imposiblemente hermoso.

Finalmente llegué a la cima de la colina. El viento es frío. Bajo mía, Una manta de nubes se despliega como una alfombra brillante. A través de ellos, puedo ver el Lago Itomori, que comienza a teñirse con tenues sombras azules.

¿ Eh?, pienso. Que extraño.

Durante un tiempo, he estado temblando tanto que es como si alguien me hubiera puesto hielo.

De la nada, tengo tanto miedo que no puedo manejarlo. Estoy aterrada, ansiosa, triste y sola, y siento que podría perder la cabeza. Estoy sudando frío como si se hubiera roto un grifo.

¿Y si…?

Quizás me haya vuelto loca. Tal vez me quebré antes de saber que estaba sucediendo.

Estoy asustada. Estoy asustada. Quiero gritar en este momento, pero la respiración agitada es lo único que sale de mi garganta. Mis párpados se abren más y más, impulsados por un pensamiento que no es mío. Las superficies de mis ojos están desérticas. Están mirando el lago. Lo sé. Lo he visto.

Itomori se ha ido.

Se ha formado un lago redondo más grande, que se superpone al Lago Itomori. En algún lugar dentro de mi mente, pienso: Bueno, por supuesto que sí . Después de todo, algo así cayó sobre nosotros.

Después de ese plomo, una masa sofocante cayó sobre nuestras cabezas. Así es.

Esa noche yo…

Es como si mis articulaciones se hubieran roto sin un sonido. Caigo de rodillas en el acto.

Esa noche… yo…

El aire que se escapa de mi garganta se convierte en una voz, apenas:

—Esa noche…

Los recuerdos de Taki me inundan. El desastre del cometa que destruyó un pueblo entero. El hecho de que Taki realmente vivió en Tokio 3 años en el futuro. El hecho de que, para entonces, yo ya no estaba en ninguna parte. La noche que cayó la estrella. En aquel entonces, yo…

—… ¿Morí…?

¿Dónde viven los recuerdos humanos? ¿Están en un circuito sináptico del cerebro? ¿Las retinas y las puntas de los dedos contienen recuerdos también? ¿O hay un colectico invisible, amorfo, místico y espiritual en algún lugar, y allí todos los recuerdos? Algo que llamaríamos corazón, mente o alma. ¿Es algo que puede sacar y volver a colocar, como una tarjeta de memoria con un sistema operativo?

El asfalto se cortó hace un tiempo, y he estado pedaleando por caminos de montaña sin pavimentar. El sol bajo parpadea a través de los huecos entre los árboles. El cuerpo de Mitsuha suda sin parar, y mi flequillo está pegado a mi frente. Mientras pedaleo, me limpio el cabello de la cara junto con el sudor.

El alma de Mitsuha debe estar en mi cuerpo ahora mismo. Después de todo, mi corazón está aquí, en el de ella. Pero… Esto es algo en lo que he estado pensando por un tiempo.

Incluso ahora, estamos juntos.

Mitsuha, o al menos un fragmento de su corazón, todavía está aquí. Por ejemplo, sus dedos recuerdan la forma de su uniforme. Cuando me lo pongo, naturalmente sé la longitud de la cremallera y la rigidez del cuello. Cuando los ojos de Mitsuha ven a sus amigos, me siento aliviado y feliz. Sin siquiera preguntar, puedo decir a quién le gusta Mitsuha y con quién no se siente cómoda. Cuando veo a la abuela, recuerdos que ni siquiera debería haber tenido, surgen en mi mente, como un proyector con el foco roto. El cuerpo, los recuerdos y las emociones están unidos inseparablemente.

Taki.

He estado oyendo la voz de Mitsuha en mi interior desde hace un rato.

Taki, Taki.

Su tono es apremiante, rogando, como si fuera a llorar. Una voz temblando de soledad, como el brillo de las estrellas distantes.

La imagen borrosa se afina.

— Taki . —La llamada de Mitsuha —. ¿No me recuerdas?

Y entonces recuerdo lo que pasó ese día.

Ese día, en lugar de ir a clase, Mitsuha cogió un tren.

Fue a la gran terminal, donde se detiene el Shinkansen a Tokio. El tren local que tomó para llegar aquí iba vacío, a pesar del hecho de que era hora punta, cuando los estudiantes van para clase. Como no había escuelas a lo largo de la pista, todos los que viajaban por aquí conducían.

—Voy a ir a Tokio por un momento.

Este había sido el anuncio abrupto de Mitsuha a su hermana pequeña cuando salieron de la casa esa mañana.

—¿Huh? ¿Ahora? ¡¿Por qué?! —Pregunta Yotsuha, sorprendida.

—Um… ¿Para una cita?

—¡¿Qué-?! ¡Hermana, ¿tienes novio en Tokio?!

—Uh, bueno… No es mi cita. —Sin saber cómo explicarse, Mitsuha se echa a correr—. Volveré esta noche. ¡No te preocupes!

Mirando el paisaje que pasa por la ventana del tren bala, Mitsuha se pregunta:

¿Por qué voy a la cita de Okudera-senpai y Taki? No es que los tres podamos pasar el rato juntos. Además, nunca he estado en Tokio antes. ¿Podré encontrar a Taki? Incluso si lo hago, ¿le molestará que me esté presentando de la nada? ¿Se sorprenderá? Tal vez se enoje…

Con una facilidad sin complicaciones que casi invita a la decepción, el Shinkansen se desliza hacia Tokio. Las multitudes increíbles dejan a Mitsuha sin aliento, pero ella trata de llamar a mi celular.

—… Debido a que la unidad está fuera de alcance o apagada, el número que está tratando de llamar es…

Ella cuelga. Al igual que las otras llamadas, no se realizó.

Mitsuha nunca lo encontrará, piensa.

Aún así, después de mirar el panel de información de la estación como si fuera un cuestionario, se dirige a la ciudad, confiando en sus vagos recuerdos.

Pero si lo veo…

Ella viaja en la línea Yamanote, el autobús de la ciudad, camina, toma otro tren y luego camina un poco más.

¿Qué voy a hacer? Probablemente le moleste, ¿cierto? Tal vez sea incómodo .

O tal vez…

Ella ve las palabras ‘ Cometa Tiamat en su punto más cercano mañana’ en una gran pantalla de televisión al aire libre.

O, si lo encuentro, tal vez, ¿él…?

Cansada de caminar, mira las luces brillantes de los edificios desde un puente peatonal y piensa, casi rezando:

Si encuentro a Taki, tal vez sea un poco feliz…

Ella comienza a caminar de nuevo, todavía pensando.

Nunca lo encontraré buscando a lo loco. No, pero sé una cosa seguro. Si nos encontramos, lo sabremos de inmediato. ‘Tú eras el que estaba en mí. Yo, la que estaba en ti’.

Mitsuha está segura de esto, como si fuera tan simple como sumar dos y dos.

El sol de la tarde se cuela a través de la abertura entre los techos de la platforma de la estación, tan débil como un débil destello.

Los pies de Mitsuha están adormilados por toda la caminata que ha dado, y se planta en un banco con sus piernas estiradas ante ella. Mira ausente al sol poniente, el cual es mucho más pálido y menos confiable que en Itomori.

Una música suena, y una voz anuncia:

— El tren local a… Chiba… está llegando a la… Línea 4.

Un tren amarillo se desliza a la plataforma. Los vagones levantan un viento cálido que le revuelve el cabello. Mitsuha mira las ventanas del tren sin verlas realmente.

De repente, su respiración se corta.

Se pone de pie de un salto como si la hubieran picado.

Él había estado allí, en la ventana que acababa de pasar frente a ella.

Mitsuha se lanza a toda velocidad. Los vagones se han detenido, y ella alcanza la ventana casi de inmediato. Sin embargo, el tren nocturno está abarrotado y no puede encontrarlo de nuevo desde afuera. Con un sonido como una exhalación gigante, las puertas se abren. El vagón está tan apretado que la gente prácticamente se está derramando, haciendo que Mitsuha se estremezca. Incluso así, murmurando ‘ Perdón’ y sudando detrás de las rodillas, se abre paso entre la multitud. Con otro suspiro gigante, las puertas se cierran. El tren comienza a moverse. Repitiendo ‘ Perdón’ una y otra vez, poco a poco, Mitsuha avanza. Luego, frente a un chico, se detiene. Los sonidos a su alrededor se desvanecen.

Soy yo. Mi ‘yo’ del instituto de secundaria de hace 3 años.

No puedo ir más allá en la bicicleta.

En cuanto tuve la idea, la rueda delantera se enganchó en una raíz y me resbalé.

Por reflejo, agarro el tronco de un árbol cercano. La bicicleta se desliza por debajo de mí y cae por la pendiente, golpeando el suelo a unos tres metros por debajo con una enorme raqueta. Las ruedas están dobladas fuera de forma.

—Lo siento, Teshigawara. —Murmuro suavemente, y salgo corriendo por el estrecho sendero de la montaña.

¿Por qué lo olvidé? ¿Por qué no me acordé hasta ahora? Mientras corro, miro los recuerdos que brotan dentro de mí.

—Mitsuha, ese día, hace 3 años, viniste a verme.

Taki. Taki, Taki.

Desde hace un rato, Mitsuha ha estado dándole vueltas a mi nombre en silencio en su lengua. No la he notado en absoluto, incluso aunque estoy frente a ella. Ella sigue preocupándose por el tono que debería usar para dirigirse a mí y por la expresión que debería usar, tan seriamente que parece estallar en llanto. Luego, forzando una sonrisa brillante, ella dice:

—Taki.

Mi ‘yo’ del instituto queda atónito al oír mi nombre sin más, y alzo la mirada. Aun somos de la misma altura, así que sus grandes y vagamente llorosos ojos están justo ante mí.

—¿Huh…?

—Um, ¿tú…? —Sonriendo desesperadamente, Mitsuha se señala a sí misma.

—… ¿Huh?

—¿No me recuerdas? —Pregunta aún más extraña y tímidamente, mirándome a través de sus pestañas.

—¿Quién eres?

Mitsuha sufre un pequeño escalofrío, y entonces rápidamente se sonroja. Baja la mirada, hablando en una voz apenas inaudible:

—Oh… Lo siento…

El tren se balancea. Todos los pasajeros se ajustan para mantener el equilibrio, excepto Mitsuha, que se tambalea hacia mí. Su cabello roza la punta de mi nariz, y capto el leve aroma del champú.

—Lo siento. —Murmura de nuevo.

Qué chica tan rara , piensa mi ‘yo’ de secundaria.

La mente confusa de Mitsuha se acelera desesperadamente.

Pero eres Taki, entonces ¿por qué …?

Para los dos, el tiempo pasa torpemente.

—La próxima estación es… Yotsuya .

El anuncio ofrece a Mitsuha un poco de alivio. Al mismo tiempo, sin embargo, se siente insoportablemente triste. Aún así, ella no puede quedarse aquí por más tiempo. Las puertas se abren y ella se mueve con el resto de la multitud para salir del tren.

Al verla retroceder, me arrepiento de pensar: Tal vez esta chica rara es alguien que debería conocer . Este inexplicable e intenso impulso me lleva a gritar:

—¡Disculpa! ¿Cuál es tu nombre?

Mitsuha se da vuelta, pero las olas de pasajeros que desembarcan la empujan más lejos. A toda prisa, se desata el cordón trenzado que le ata el cabello. Ella me lo extiende y grita:

—¡Mitsuha!

Sin pensarlo, me estiro para alcanzarlo. Es de un naranja vívido, como un delgado rayo de sol vespertino en el tenue tren. Me abro paso entre la multitud y agarro ese color apretado.

—¡Mi nombre es Mitsuha!

Ese día, hace 3 años, viniste a verme.

Finalmente, Io sé.

Una chica que no reconocí me habló en el tren una vez. Para mí, eso había sido todo, y lo olvidé completamente. Pero Mitsuha había venido a Tokio cargando con el peso de todos esos sentimientos, y había sido herida profundamente, regresando a su hogar, y se cortó el pelo.

Hay un nudo en mi garganta. Aun no hay nada que pueda hacer por ello ahora, así que sigo corriendo, sin fuelle. Mi cara y cuerpo (de Mitsuha) están llenos de sudor y suciedad. Lo siguiente que sé es que los árboles se han acabado, y estoy en una zona rocosa, con nubes que son como una alfombra dorada bajo mí.

Finalmente he llegado a la cima.

Aspiro una gran cantidad de aire frío. Entonces, como si estuviera expulsando todas mis emociones de la boca del estómago, grito a todo pulmón.

—¡Mitsuhaaaa!

Oigo una voz.

Ladeo mi cabeza. Me pongo en pie, mirando alrededor.

Estoy en la zona rocosa que rodea el cuerpo de la cuenca del dios. El sol de la tarde casi se ha ido, y todas las sombras están estiradas y alargadas. El mundo está dividido fuertemente en luz y oscuridad, pero no hay nadie alrededor.

—… ¿Taki? —Murmuro.

Respiro profundamente el aire frío. Entonces grito, usando la garganta de Taki:

—¡Takiiii!

Lo escucho Ella está aquí. Mitsuha está aquí.

Salí corriendo, subiendo la cuesta hasta el pico de la montaña.

Hago un escaneo completo de 360 del área, pero no hay nadie… Ella tiene que estar aquí, sin embargo. Lo siento en mi núcleo.

—¡Mitsuhaaa! Estás aquí, ¿verdad? ¡En mi cuerpo!

¡Es Taki!

Estoy segura. Grito una pregunta al cielo vacío:

—¡Taki! ¡Taki, ¿dónde estás?! ¡Puedo oírte, pero…!

Empiezo a correr alrededor de la base.

Puedo oír una voz. Solo una voz.

Realmente no sé si, mi voz —la voz de Mitsuha— realmente está creando sonido o si solo está haciendo eco en algo como mi alma. Después de todo, incluso si estamos en el mismo lugar, debemos estar separados por 3 años.

—Mitsuha, ¿dónde estás?

Incluso así, grito. No puedo gritar. Corro alrededor del borde de la cuenca con todo lo que tengo. Si lo hago…

Si lo hago, alcanzaré a Taki. Corro, impulsada por esa ilusión.

—¡Oh!

Gritando a pesar de mí misma, me detengo.

Me detengo, a regañadientes mirando atrás.

Justo ahora, estoy seguro de que pasé junto a ella.

Hay una cálida presencia ante mí. Mi corazón está saltando en mi pecho.

No puedo verle, pero sé que Taki está aquí, muy cerca de mí. Mi corazón está acelerando Él está aquí. Estiro mi mano.

Ella está aquí. Estiro mi mano.

… Pero mis dedos no tocan nada.

—¿Mitsuha?

Espero una respuesta. Nadie responde.

No es bueno, ¿entonces? ¿No podemos vernos?

Una vez más, miro alrededor. Estoy de pie, en la cima de la montaña, solo.

Al final de mi ingenio, bajo la cabeza y dejo salir un suspiro largo y delgado.

El viento sopla suavemente, levantando suavemente mi cabello. Mi sudor se ha secado por completo. Sintiendo una repentina caída en la temperatura, miro el sol de la tarde. Mientras estaba distraído, se deslizó debajo de las nubes. Liberados de la luz solar directa, la luz y la sombra se funden y los contornos del mundo se vuelven suaves y vagos. El cielo aún brilla, pero la Tierra está envuelta en sombras pálidas. El aire está lleno de luz rosa indirecta.

Así es. Había nombres para esta hora del día. Ocaso, tasogare . El momento en que los contornos se difuminan, cuando puedes encontrar algo que no es de este mundo. Murmuro su antiguo nombre.

Penumbra.

Nuestras voces se solapan. No puede ser.

Lentamente, aparto mi mirada de las nubes al espacio justo ante mí.

Mitsuha está ahí.

Me está observando, sus ojos bien abiertos, la boca colgando abierta.

Esa expresión tonta me parece graciosa y adorable. La emoción es más fuerte que mi sorpresa y, lentamente, empiezo a sonreír.

—Mitsuha.

Cuando la llamo, los ojos de Mitsuha se llenan rápidamente de lágrimas.

—… ¿Taki? ¿Taki? ¿Taki? ¿Taki? —Mientras se repite como una idiota, sus manos encuentran mis brazos. Sus dedos se aprietan, apretando—. ¡Taki, estás aquí de verdad! —Su voz suena ronca y tensa. Grandes lágrimas ruedan por sus mejillas.

Finalmente nos hemos conocido. Realmente conocido. Nos enfrentamos, Mitsuha como Mitsuha, yo como yo, en nuestros propios cuerpos. Me siento profundamente aliviado. Una sensación de profunda paz brota dentro de mí, como si, después de haber estado en el extranjero por un largo tiempo en un país donde no sabía el idioma, finalmente haya regresado a casa. Una alegría tranquila me llena.

Mitsuha sigue sollozando.

—Vine a verte. —Le digo.

Sus lágrimas son tan claras y redondas como pequeñas canicas. Sonrío y sigo adelante:

—¡En serio, fue un viaje duro!

Eso es correcto: camino, camino aquí. En algún lugar, incluso el tiempo es diferente. Mitsuha me mira parpadeando.

—¿Huh? ¿Pero cómo? En aquel entonces, yo…

—Me bebí el sake que hiciste.

Mientras le digo, recordando cuánto he pasado por esto, las lágrimas de Mitsuha se detienen en seco.

—¿Huh…?

Ella se queda sin palabras. Bueno, claro que lo es. Cualquiera se conmovería con eso, ¿cierto?

—T… Tú…

Lentamente, Mitsuha se aleja de mí.

—… ¿Hmm?

—¡Tú… ¿te bebiste eso?!

—¿Huh?

—¡Idiota! ¡Pervertido! ¡¿Qué…?! —Su cara es de color rojo brillante. Aparentemente, ella está enojada.

Espera, ¿es algo por lo que enojarse?

—¡Oh! Me tocaste el pecho, ¿verdad?

—¡¿Qué?! —completamente nervioso—. ¿Có-cómo sabes sobre…?

—¡Yotsuha te vio! —Mitsuha coloca sus manos en sus caderas, hablando como si estuviera regañando a un niño.

—Uh, sep, lo siento… Yo solo… —¡Tch! Pequeño putrefacto podrido. Mis palmas se ponen sudorosas. Una excusa. Tengo que darle una excusa. De improviso, dejo escapar—: ¡Una vez! ¡Fue solo una vez!

¡Como si fuera cualquier tipo de excusa! ¡Soy un imbécil!

—…¿Sólo una vez? Hmm…

¿Eh? Ella lo está considerando. Entonces ‘Solo una vez’ ¿está bien? De hecho, podría superar esto. Sin embargo, como si se corrigiera a sí misma, las cejas de Mitsuha se arquean.

—¡No, es lo mismo sin importar cuántas veces lo hagas! ¡Idiota!

Entonces no va a funcionar. Rindiéndome, aplaudo y agacho la cabeza para disculparme.

—¡Lo siento! —Realmente no puedo decirle que en realidad las sentía cada vez.

—Oh, eso es…

La expresión de Mitsuha cambia abruptamente. Ella señala mi mano derecha con sorpresa. Echo un vistazo a mi muñeca.

—Oh, sep. Esto.

Es el cordón trenzado. El que me dio hace 3 años. Deshago el pequeño sujetador de metal que lo mantiene en su lugar y lo desenrollo de mi muñeca, hablando con Mitsuha mientras trabajo:

—Escucha, no vengas a visitarme antes de que nos veamos. ¿Cómo se suponía que supiera que eras tú? —Le paso el cordón a Mitsuha—. Toma. —Recordando lo que sintió en ese tren, una suavidad llena mi pecho—. Lo he tenido durante 3 años. Esta vez, quédatelo.

Mitsuha levanta la vista del cordón en sus manos y sonríe feliz.

—¡Uh-huh! —Cuando sonríe, no me había dado cuenta antes, pero es como si todo el mundo estuviera feliz junto con ella.

Mitsuha envuelve el cordón alrededor de su cabeza verticalmente, como una diadema, y lo ata con un lazo sobre su oreja izquierda.

—¿Qué tal? —Se sonroja, mirándome a través de sus pestañas. El cordón trenzado rebota al costado de su pecho, como una cinta.

—Uh…

No funciona en realidad , pienso. Es algo infantil. Y no tenía que haberse pegado tal tajo en el pelo. Primero se muestra sin preguntar, y luego se trauma sin razón… Me gustan las melenas negras, ¿sabes?

Esa es mi reacción inmediata. Sin embargo, en casos como este, los cumplidos son el mejor movimiento. Incluso yo lo sé. ¡Incluso las Habilidades de conversación para la persona que nunca, nunca ha sido el más popular ! El enlace que Mitsuha me envió dijo que siempre era seguro felicitar a las mujeres.

—… Bueno, no está mal.

—¡¿Qué…?! —La expresión de Mitsuha se nubla de inmediato.

¿Eh?

—¡No crees que me quede bien!

¿Qué? ¡¿Cómo lo supo?!

—Ja… ja-ja… Lo siento.

—¡Sinceramente! ¡Eres un…! —Ella aparta la cara, completamente disgustada.

¿Qué es esto? Hablar con las chicas es imposible…

Entonces Mitsuha estalla en carcajadas. Ella sostiene sus costados, riendo. ¿Qué pasa con ella, de todos modos? Llorando y enojándose y riéndose…

Aún así, mirándola, el impulso comienza a acumularse dentro de mí también. Miro hacia abajo, me tapo la cara y me río. Mitsuha se está riendo junto a mí. Por alguna razón, hemos comenzado a divertirnos. Nos reímos a carcajadas juntos. En nuestro rincón del mundo suavemente iluminado y medio iluminado, nos reímos y reímos como niños pequeños.

Poco a poco, la temperatura está bajando. Poco a poco, la luz se desvanece.

—Mitsuha.

Me arrepiento de recordar cómo me sentía cuando era niño, cuando jugaba después de la escuela, queriendo quedarme con mis amigos durante horas y horas más pero sabiendo que era casi la hora de irme a casa.

—Todavía tienes cosas que debes hacer. Escucha.

Describo el plan para ella que había tramado con Teshigawara y Saya. Mientras escucha, Mitsuha asiente seriamente, y me doy cuenta de que recuerda que la estrella cayó, que la ciudad desapareció. Que ella murió una vez. Para ella, esta noche es una recreación.

—Esta aquí…

Mitsuha mira hacia el cielo, y mientras susurra, su voz tiembla ligeramente. Sigo su mirada. En el cielo occidental, que se está volviendo de un azul profundo y oscuro, la forma del Cometa Tiamat de cola larga es apenas visible.

—Todo está bien. Lo lograrás. —Lo digo definitivamente, tanto para convencerme a mí como cualquier otra cosa.

—Sí, lo intentaré… Oh, ya es penumbra…

Antes de darme cuenta, Mitsuha también notó el cambio de color de las sombras pálidas.

—… Ya ha terminado. —Termino.

Los últimos rastros del sol de la tarde se desvanecen del cielo. La noche llegará pronto. Como para aplacar la ansiedad de arrepentimiento que se acumula dentro de mí, forzo una sonrisa y hablo alegremente:

—Hey, Mitsuha. No nos olvidemos el uno al otro después de despertarnos… —Saco un rotulador de mi bolsillo. Agarro la mano derecha de Mitsuha, luego escribo en su palma—. Escribamos nuestros nombres. Aquí.

Le doy el rotulador a Mitsuha.

—… ¡Claro!

Ella rompe en una sonrisa. Es como ver florecer una flor. Ella toma mi mano derecha y coloca la punta del rotulador contra ella.

Tunk.

Hay un ruido pequeño y fuerte a mis pies. Miro hacia abajo y ahí está el rotulador en el suelo.

—¿Huh? —Levanto la cabeza. No hay nadie delante de mí—. ¿Qué…?

Doy vuelta de un lado a otro.

—¿Mitsuha? ¿Hey, Mitsuha? —Llamo más fuerte.

Ninguna respuesta.

Inquieto, paso por la zona. Las sombras se hunden en la oscuridad azul-negra. Debajo de mí hay nubes plomizas, sin rasgos distintivos, y en la penumbra debajo de ellas, puedo distinguir el Lago Itomori en forma de calabaza.

Mitsuha se ha ido. La noche ya está aquí.

Estoy de vuelta en mi propio cuerpo, 3 años en el futuro.

Miro mi mano derecha. No hay cordón trenzado en mi muñeca ahora. En mi palma, solo hay una línea delgada, corta y medio dibujada. Lo toco suavemente.

—… Te iba a decir… —Murmuro en voz baja a la línea—. No importa en qué parte del mundo te encuentres, te encontraré de nuevo. Lo juro.

Arriba en el cielo, el cometa no se ve por ningún lado, y algunas estrellas comienzan a brillar.

—Tu nombre es Mitsuha.

Cierro los ojos, asegurándome de mis recuerdos, convirtiéndolos en algo con lo que puedo contar.

—Está bien. ¡Lo recuerdo!

Profundizando la confianza, abro los ojos de nuevo. Hay una media luna blanca en el horizonte lejano.

—Mitsuha, Mitsuha… Mitsuha, Misua, Misua. ¡Te llamas Misua! —Estoy gritando su nombre en la media luna.

> ¡Su nombre es…!

De repente, el bosquejo de la palabra que quise pronunciar se desdibuja.

Rápidamente agarro el bolígrafo y escribo la primera letra de su nombre en mi palma… O lo intento.

—¡……!

Después de una sola línea, mi mano se detiene. La punta de la pluma comienza a temblar. Quiero hacer que deje de temblar y agarrarlo con fuerza. Intento apuñalarlo como una aguja para tallar un nombre que no desaparecerá. La pluma no se moverá ni una fracción de pulgada. Mis labios se mueven.

—… ¿Quién eres tú?

La pluma se cae de mi mano.

Están desapareciendo. Tu nombre. Tus recuerdos.

—¿Por qué vine aquí?

Quiero atarlos de alguna manera, para juntar los fragmentos de la memoria, así que los digo en voz alta.

—Ella… ¡vine a verla! ¡Vine a salvarla! ¡Quería que ella viviera! —Está desapareciendo. Algo tan precioso para mí está desapareciendo—. ¿Quién eres tú? ¿Quién eres, quién eres, quién eres…? — Incluso las emociones que sé que sentí me están dejando—. ¡Alguien importante, alguien que no puedo olvidar, alguien que no quería olvidar!

Todo se desvanece, la pena y el amor por igual. Ni siquiera sé por qué estoy llorando ahora. Mis emociones se desintegran, se desmoronan como un castillo de arena.

—¿Quién eres, quién eres, quién…?

Después de que la arena se haya erosionado por completo, solo queda una cosa. Sé que es soledad.

En ese momento, lo entiendo.

De ahora en adelante, este sentimiento será todo lo que quede conmigo. No tendré nada más que soledad, una carga que alguien me obligó a soportar.

Bien , pienso desafiante. Incluso si el mundo es cruel, incluso si todo lo que tengo es soledad, seguiré viviendo con todo lo que tengo. Incluso si esta emoción es todo lo que tengo, seguiré luchando. Incluso si estamos separados, incluso si nunca nos volvemos a ver, lucharé. ¡Como si alguna vez me resignase a esto!

La resolución poderosa y fugaz se siente como si estuviera peleando con los dioses.

Muy pronto, olvidaré incluso el hecho de haber olvidado algo.

Y así, haciendo que esa única emoción sea mi punto de apoyo, exijo al cielo nocturno por última vez:

—¡¿Cuál es tu nombre?!

El grito se convierte en eco, rebotando en las montañas oscuras. Al hacer su pregunta sobre el vacío una y otra vez, disminuye poco a poco.

Finalmente, el silencio desciende.

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Chapter 6
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