Capítulo 5
Recuerdos ayendo por siempre.
O quizás alzándose.
En medio de la indistinta sensación de flotar, el cometa brilla en el cielo nocturno.
Sin avisar, se parte, y la mitad se desploma. El meteorito golpea una aldea en las montañas. Mucha gente muere. Un lago se forma, y la aldea es destruida.
El tiempo pasa, y otra aldea crece alrededor del lago. El lago provee de pescado, y el acero celestial, riqueza. La aldea prospera. Las eras pasan, y el cometa llega de nuevo. Otra vez más, la estrella cae. Una vez más, la gente muere.
Esto ha pasado dos veces desde que los seres inteligentes se asentaron en estas islas.
La gente trató de recordarlo. Trataron de pasar este conocimiento a las generaciones venideran, usando métodos que duraran más que las cartas. El cometa como un dragón. El cometa como cordones trenzados. El cometa fracturado mientras se muestra como una danza.
De nuevo, las eras pasan. Oigo a un bebé llorar.
—Tu nombre es Mitsuha. —La voz de una gentil madre.
Entonces, con una sensación brutal, el cordón umbilical es cortado.
Incluso aunque éramos dos que vivimos como uno solo en el principio, incluso aunque estamos todos conectados, los humanos son separados del cordón y caen en esta vida.
—Ambas sois los tesoros de papá.
—Eres una hermana mayor ahora, cariño.
Una pareja joven conversa. Poco después, la hermana pequeña de Mitsuha nace. Como a cambio de esa alegría, su madre cae enferma.
—¿Cuándo volverá mamá del hospital? —La pregunta de la hermana pequeña es inocente, pero la mayor sabe que su madre nunca volverá. Todos mueren. Es inevitable, pero no es fácil de aceptar.
—¡No podían salvarla!
El padre suspiró profundamente. Nunca ha amado a nadie tanto como a su esposa, y nunca lo hará de nuevo. Es tanto una bendición como una maldición que, mientras crecen, sus hijas se parezcan más y más a su madre.
—Encargarse del santuario no hará…
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Por qué crees que te adoptamos formalmente cuando os casastéis?!
El padre y la abuela pelean día a día.
—Amaba a Futaba, no al Santuario Miyamizu.
—¡Largo!
Tanto el padre como la abuela son demasiado mayores como para cambiar sus prioridades.
El padre no puede más, y se marcha.
—Mitsuha, Yotsuha. Desde ahora, estaréis con vuestra abuela todo el tiempo.
En una casa que hace eco con el click de las pesas de bola, las tres mujeres empiezan su vida juntas.
Los días son pacíficos. Incluso así, el sentimiento de que su padre la abandonó se vuelve una marca indeleble en Mitsuha.
¿Esos son…
… los recuerdos de Mitsuha?
Como si fuera arrastrado sin resistencia en un torbellino, experimento la vida de Mitsuha.
Entonces llegaron los días que ya conozco, los días de intercambio.
Visto a través de los ojos de Mitsuha, Tokio brilla como un exótico país extranjero. Incluso aunque compartimos las mismas sensaciones, es como si estuviéramos viendo mundos completamente diferentes.
—Que suerte… —Oigo a Mitsuha murmurar—. Apuesto a que están junto ahora mismo.
Es el día de mi cita con Okudera-senpai.
—Iré a Tokio un rato. —Ella le dice a su hermana pequeña.
¿Tokio?
Esa noche, Mitsuha abre la puerta corredera del cuarto de su abuela.
—Abuela, ¿puedo pedirte un favor…? —La larga melena de Mitsuha fue cortada. No es la Mitsuha que conozco—. Dijeron que hoy se verá más brillante.
Teshigawara y los demás la invitan a salir: Vamos a ver el cometa.
¡Mitsuha, no!, grito.
Desde detrás del espejo. El repiqueteo de las campanas de viento. Mientras el viento revuelve su pelo.
¡Mitsuha, no, no puedes ir allí!
¡Corre! ¡Sal del pueblo antes de que caiga el cometa!
Pero mi voz no la alcanza. No me nota.
En la noche del festival, Mitsuha y sus amigos miran al cometa, ahora más cerca que la luna.
El cometa de repente se divide, y su fuerte brillo, convirtiéndose en incontables estrellas fugaces. Un enorme pedazo de roca se convierte en un meteoro y empieza a caer.
Incluso entonces, mirándolo, su único pensamiento es: Es precioso.
¡Mitsuha, corre!, grito más allá de mis pulmones. ¡ Mitsuha, corre, por favor, corre! ¡Mitsuha, Mitsuha, Mitsuha!
Y la estrella cae.



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