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Tu nombre – Capítulo 4

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Capítulo 4

La búsqueda uevo mi lápiz aburrido.

Las partículas de carbón se funden con las fibras del papel, las líneas se acumulan y la libreta una vez blanca se oscurece más y más. Incluso así, no me las he arreglado para capturar por completo las visiones en mi memoria.

Cada mañana, cojo el tren para ir a clase durante la hora punta. Me siento en aburridas clases. Como con Tsukasa y Takagi. Camino por la ciudad, mirando al cielo. En algún lugar por el camino, su azul se ha oscurecido un poco más. Poco a poco, los árboles alineados en las calles empiezan a cambiar de color.

En mi habitación a la noche, dibujo. En mi escritorio, hay un montón de guías que tomé prestadas de la biblioteca. Busqué las cordilelras de Hida en mi móvil. Busco unas que encajen con las que recuerdo. Mantengo mi lápiz en movimiento, tratando de de copiarlas en el papel de algún modo.

Alguno días, llueve, oliendo como a asfalto. Algunos días está soleado con nubes que recuerdan a ovejas. Algunos días, los vientos soplan fuerte, llenando a Tokio de arena amarilla.

Cada mañana, me monto en trenes concurridos. Voy a mi trabajo a tiempo parcial. A veces, Okudera-senpai y yo trabajamos en el mismo turno. Me esfuerzo por mirarle a los ojos, para sonreír apropiadamente, para hablar normalmente. Creo, muy firmemente, que quiero ser justo con todos.

Algunas noches aun hace tanta calor y humedad como en verano, mientras que otras me recorren escalofríos por la espalda. No importa la temperatura, cuando estoy dibujando, tengo tanto calor que siento como si tuviera una manta enrollada en Ia cabeza. El sudor cae ruidosamente sobre mi cuaderno de bocetos. Emborrona lo que dibujo. Incluso así, las visiones del pueblo que vi como Mitsuha están tomando formas, juntándose, poco a poco.

De camino a casa desde el instituto, de camino desde el trabajo, me salto el tren y tomo largas caminatas. El escenario de Tokio cambia durante el día. Antes de darme cuenta, hay filas de enormes gruas en Shinjuku y el Jardín Exterior alrededor del Santuario Meiji y Yotsuya, a los pies del Puente Benkei y camino a la Colina Anchinzaka. Poco a poco, formas de metal y cristal se alzan al cielo. Más allá, hay una luna blanca y brillante.

Finalmente, acabo varios dibujos del pueblo del lago.

Este fin de semana, iré allí.

Con esa resolución, siento la tensión drenarse de mi rígido cuerpo por primera vez en mucho tiempo. Incluso ponerse en pie parece costar mucho trabajo, así que me desplomo sobre mi escritorio.

Justo antes de quedar dormido, deseo con fuerzas, como siempre hago…

… pero aun no me despierto como Mitsuha.

He metido mudas para tres días y mi cuaderno de bocetos en mi mochila. Pensando que podría hacer algo de frío allá, cojo una chaqueta gruesa con capucha. Me pongo mi brazalete de la amistad de la suerte en mi muñeca como siempre, y entonces dejo el condominio.

Salgo más temprano que de costumbre, así que el tren va vacío, aunque la Estación de Tokio aún está llena de gente. Me pongo junto a unos extranjeros con maletas redondas, compro un billete Shinkansen a Nagoya de la máquina automática, y me dirijo al Tokaido Shinkansen.

No creo a mis ojos.

—¿Qué…? ¡¿Por qué estáis aquí?!

Okudera-senpai y Tsukasa están de pie lado a lado junto a un pilar justo ante mí. Okudera- senpai hace una mueca.

—Eh-heh-heh. ¡Bueno, aquí estoy!

… Bueno, ¿aquí estás? ¡¿Qué eres, la heroína de un anime super lindo?!

Miro a Tsukasa. Me devuelve la mirada, su expresión blanda como si dijera: ¿Hay algún problema?

—¡Tsukasa, idiota! ¡Te pedí que me dieras una coartada ante mi padre y cubrieras mi turno en el trabajo, ¿recuerdas?! —Reprendo a Tsukasa, que está en el asiento junto al mío, por lo bajo. Casi todos los asientos no reservados en el tren bala están llenos de hombres de negocios con trajes.

—Takagi te está cubriendo en el trabajo. —Dice suavemente, mostrando su móvil.

—¡Déjamelo a mí! — Takagi alza los pulgares en el vídeo —. Aunque me debes una comida.

—Seréis unos malditos… —Murmuro secamente.

Pedírselo a Tsukasa fue un error. Estaba planeando saltarme las clases hoy y pasar el fin de semana —viernes, sábado y domingo— en Hida. Fui a donde Tsukasa ayer y le rogué ayuda, diciéndole que algo había pasado y que tenía que ir a ver sí o sí a un amigo, pidiéndole que hiciera preguntas y me dejara usarle de excusa mientras me iba.

—Vine porque estaba preocupado por ti. —Tsukasa dice sin pizca de penitencia—. No podía solo dejarte ir solo, ¿no? ¿ ¿Qué vas a hacer si resulta ser un juego de tejones 1 ?

—¿Un qué de tejones?

¿De qué está hablando? Mis cejas se fruncen, y Okudera-senpai, que está sentada enfrente de Tsukasa, se inclina.

—¿Vas a ver a un amigo que conociste online, Taki?

—¿Huh? No, lo del online fue una excusa, y, uh… —Ayer, Tsukasa fue realmente persistente al preguntar a quien iba a visitar, así que fui vago y le dije que era alguien que conocí en una red social.

Tsukasa gravemente informa a Okudera-senpai:

—Francamente, sospecho que es una cita.

Casi escupo.

—¡No lo es!

—Parecías muy en las nubes últimamente, ¿sabes? —Mirando preocupado, Tsukasa extiende una caja de Pocky 2 para mí—. Solo iremos y observaremos de lejos.

—¡¿Qué soy, un niño de primaria?! —Exijo, arremetiendo.

1 El juego del tejón es un esquema de extorsión, a menudo perpetrado en hombres casados, en los cuales la víctima o "la señal" se engañan en una posición comprometedora para hacerle vulnerable al chantaje.

2 El Pocky es una golosina japonesa que consiste de un palito de galleta cubierto con chocolate. En España se comercializa con el nombre de Mikado .

Okudera-senpai me observa atentamente. Ella tiene una idea totalmente errónea sobre esto también.

Este va a ser un viaje largo , pienso desganado.

— Próxima parada, Nagoya . —Una voz perezosa anuncia a través del altavoz del tren.

Los intercambios con Mitsuha empezaron y comenzaron de repente. No importa cuanto piense en ello, no podía figurarme el por qué. Tras varias semanas, me costó sacudirme la sospeche de que podría haber sido una serie de sueños extremadamente vívidos.

Sin embargo, tengo pruebas. No puedo creer que las entradas del diario que Mitsuha dejó en mi teléfono salieran de mi cabeza. Esa cita con Okudera-senpai nunca podría haber sucedido si hubiera sido yo mismo. Estoy convencido de que Mitsuha es una chica de verdad. El calor de su cuerpo, su pulso, la forma en que respira, su voz, la luz roja que se alza sobre sus ojos cerrados, los vibrantes sonidos en sus oídos, sentí todo eso. Experimentar su vida fue tan intensa que me convenció: si ella no está viva, entonces nada lo es . Mitsuha es real.

Debido a eso, la forma abrupta en que terminó me está poniendo extrañamente incómodo. Algo podría haberle sucedido. Tal vez ella tuvo fiebre. Tal vez hubo algún tipo de accidente. Incluso si estoy pensando demasiado, al menos, ella también estará preocupada por la situación. Por eso decidí ir a verla en persona. Pero…

—… ¿Perdona? ¿Realmente no sabes dónde está ella?

Estamos en un asiento de caja para cuatro personas en el tren expreso Hida . Okudera-senpai suena incrédula y se tapa la cara con un almuerzo que recogió en la estación.

—… Eso es.

—¿Tu única pista es cómo se ve el pueblo? ¿Ni siquiera puedes contactar a esta chica? ¡¿Me estás tomando el pelo?!

No les pedí que vinieran conmigo. ¿Cómo es que me culpan? Miro a Tsukasa, deseando que diga algo. Lo hace, tragando un bocado de chuleta de miso.

—Eres un planificador de viajes abismal. —¡Esa no es la cuestión!

Los pierdo por un segundo. Estos dos piensan que están en algún tipo de excursión. Puedo leer sus expresiones claramente. Simplemente no hay remedio. ¿Por qué están actuando superiores, de todos modos?

—Bueno, no importa. —Dice Okudera-senpai. Inesperadamente, sonríe, alzando su pecho—. No te preocupes, Taki. Te ayudaremos a buscarla.

—¡Oyeee, es muy lindo! Taki, mira esto, ¡mira!

En la estación local a la que finalmente llegamos después del mediodía, Okudera-senpai brota sobre la tranquila mascota de la zona. Es un disfraz de vaca de felpa de cuerpo completo que lleva una gorra de empleado de la estación. La cámara del teléfono de Tsukasa dispara clic tras clic en la pequeña terminal.

—Estáis en medio.

Mientras miro el mapa local publicado en la estación, estoy aún más convencido de que estos dos no serán de ninguna ayuda. Solo tendré que encontrarla yo mismo.

El plan es así: como no sé exactamente dónde está la ciudad de Mitsuha, tomaremos el tren hasta un lugar que parezca cercano al paisaje en mi memoria. A partir de ese momento, todo lo que tendremos que seguir serán los bocetos de paisajes que dibujé. Iremos por ahí mostrando los dibujos a los residentes, preguntando si alguien los reconoce, trabajando lentamente hacia el norte a lo largo de la línea local. Recuerdo que hay un cruce de ferrocarril en una de las escenas, así que seguir las vías debería funcionar.

Es un enfoque muy vago, hasta el punto de que realmente no puedo llamarlo un "plan" en absoluto, pero no se me ocurre otra forma. Además, no puede haber tantos pueblos construidos alrededor de lagos. Estoy convencido de que probablemente encuentre algún tipo de pista esta noche, aunque no tengo motivos para pensar eso.

Psicándome, doy un primer paso seguro, saliendo para hablar con el conductor del taxi solitario estacionado afuera de la estación.

—… Esto no funciona…

Me dejo caer en una parada de bus, mi cabeza colgando.

Toda la confianza que tenía cuando empezamos a preguntar se ha esfumado.

Después de que el primer taxista me diera un seco “Nope, no me suena”, probamos en comisarías, tiendas de conveniencia, de souvenirs, casas de huéspedes, cenas y a granjeros y escolares, ajenos a cómo nos veíamos, pero nuestros resultados fueron totalmente negativos. El hecho de que solo hubiera un tren local cada dos horas nos dificultaba el traslado, por lo que pensamos en tratar de preguntarle a la gente en el autobús. Abordamos con buen humor pero éramos los únicos pasajeros. Ni siquiera tenía ganas de preguntarle al conductor en ese momento, y la última parada fue en medio de la nada, sin casas a la vista. Todo el tiempo, Tsukasa y Okudera-senpai aprovecharon alegremente su viaje de un día, jugando juegos de palabras, cartas, juegos telefónicos, variaciones en piedra, papel y tijera, y comiendo bocadillos. Finalmente, terminaron a cada lado de mí en el autobús, apoyados en mis hombros y dormitando pacíficamente.

Ahoras, mientras toman una Coca Cola en la parada, suspiro. Lo oyen y reaccionan juntos:

—¡Oh, venga, Taki! ¡¿Ya te rindes?!

—¡¿Qué hay de todo nuestro trabajo duro?!

Lanzo otro suspiro, tan profundo que casi me levanta los pulmones. Okudera-senpai está usando ropa extrañamente entusiasta para caminatas serias. En contraste, Tsukasa lleva pantalones chinos como si estuviera paseando por el vecindario. En este punto, ambos conjuntos realmente me irritan.

—Vosotros habéis sido cero ayuda…

Ambos se ven inocentes, como si dijeran: ¿Oh, en serio?

—Tomaré un ramen Takayama.

—Un Takayama por aquí.

—Uh, bien, tomaré lo mismo.

—Oído cocina. ¡Tres ramen! —Dice la señora de mediana edad alegremente.

En nuestro camino sin frutos a la siguiente (anormalmente distante) estación, encontramos una tienda de ramen que estaba milagrosamente abierta e hicimos una parada. Cuando la señora llevando un pañuelo triangular nos dijo: "Vamos", su sonrisa parecía un faro, no muy diferente de la apariencia de una tan esperada partida de búsqueda cuando estás perdido.

El ramen es bueno tambié. Al contrario que su nombre, es un ramen perfectamente ordinario (pensé que podría tener ternera de Hida encima, pero era carne de cerdo a la brasa normal), pero tan pronto como comí los fideos y los vegetales, puedo sentir a mi cuerpo recargarse. Tras vaciar la sopa del cuenco y beber dos vasos de agua, finalmente cogí aire.

—¿Crees que podremos volver a Tokio hoy? —Le pregunto a Tsukasa.

—Hmm… No sé. Tal vez ya acabaran por hoy. ¿Quieres que lo revise? —Tsukasa aparentemente no esperaba esto, pero saca su teléfono y comienza a buscar cómo llegar a casa.

—Gracias. —Le digo.

—Taki, ¿estás seguro de que está bien? —Pregunta Okudera-senpai. Ella está al otro lado de la mesa y todavía no ha terminado de comer.

No estoy seguro de cómo responder, así que miro por la ventana.

El sol apenas está atrapado en el borde de las montañas, brillando pacíficamente sobre los campos a lo largo de la carretera de la prefectura.

—No puedo explicarlo, pero comienzo a sentir que estoy en el camino equivocado. —Murmuro, medio para mí mismo. Podría ser mejor volver a Tokio y reelaborar mi estrategia. Sería una cosa si tuviera fotos, pero esperar encontrar la ciudad con bocetos como estos podría haber estado pidiendo demasiado.

Al menos, así es como comienza a parecer cuando levanto mi cuaderno de bocetos y lo miro. Es una ciudad rural completamente ordinaria, con el tipo de casas que ves por todas partes dispersas alrededor de un lago redondo. Aunque me pareció tan sólido cuando terminé de dibujarlo, ahora parece un paisaje anónimo y mediocre.

—Eso es el viejo Itomori, ¿no?

—¿Huh? —Me doy la vuelta y veo el delantal de la señora. Ella está vertiendo agua en mi vaso vacío.

—¿Dibujaste eso, hijo? Di, ¿puedo echar un vistazo? —Me quitó el cuaderno—. Este es un muy buen dibujo. ¡Hon, ven un segundo! —La mujer grita hacia la cocina.

Los tres la miramos boquiabiertos.

El dueño de la tienda de ramen sale de la cocina y considera el boceto, sonriendo un poco.

—Oh, sep. Eso era Itomori, seguro. Me trae recuerdos…

—Mi marido es de Itomori, ya ves.

¿Itomori?

De repente, recuerdo. Me levantó de la silla.

—Itomori… ¡Sep, Itomori! Claro, ¿por qué no podía recordarlo? ¡Es Itomori! ¡Está cerca, ¿noit?!

La pareja se ve desconcertada, intercambiando miradas perplejas. El hombre abre la boca:

—Chico… Sabes sobre Itomori, ¿no? Fue donde- Tsukasa interrumpe en alto:

—¡¿Itomori?! Taki, ¿no me digas…?

—¿Qué, espera…? ¡¿Te refieres a donde el cometa…?! —Incluso Okudera-senpai habla, los ojos abiertos.

—¿Huh…?

No entiendo lo que está pasando y miro al resto. Todos me miran con duda. La sombra de lo que ha estado tratando de cruzar mi mente todo este tiempo susurra sigilosamente, creciendo cada vez más siniestro.

El canto de un milano real cruza la atmósfera, lo bastante solitario como para congelar la sangre.

Una fila de barricadas de ‘NO PASAR’ se extienede tan lejos como el ojo alcanza a ver, arrojando largas sombras sobre el asfalto roto. En una señal con vides enredadas alrededor se lee:

DE ACUERDO CON LAS ACTUACIONES BÁSICAS DE ANTIDESASTRES, ESTA ZONA ES INNACCESIBLE.

NO ENTRAR.

—AGENCIA DE RECONSTRUCCIÓN Y justo ante mí descansa Itomori, devastada por alguna fuerza inimaginable y mayormente tragada por el lago.

—… ¿Realmente este es el lugar? —Okudera-senpai se me acerca por detrás, su voz temblando.

Sin esperar a que responda, Tsukasa responde, sonando desesperadamente animado:

—¡No puede ser! Es como dije: Taki está confuso.

—… Eso es.

Me limpio las lágrimas ante las ruinas, escaneando mis alrededores.

—No es solo el pueblo. Recuerdo ese patio de la escuela, las montañas alrededor, el instituto… ¡Lo recuerdo todo perfectamente!

Tengo que gritar las palabras para convencerme. Tras nosotros está el edificio del instituto, negro y holliniento, con algunas de sus ventanas rotas. Estamos en el terreno del Instituto de Itomori, mirando al lago.

—¿Así que estás diciendo que este es el pueblo que buscabas? ¿En donde vive tu amigo online? —Tsukasa grita, esa parcheada sonrisa aún colgando de su voz.

—¡No es siquiera posible! Ese desastre ocurrió hace 3 años. ¡Cientos de personas murieron! ¡¿Lo recuerdas, cierto, Taki?!

Y con eso, finalmente me giro hacia Tsukasa.

—… ¿Murió?

Pretendo mirar su cara, pero mi mirada lo atraviesa a él, al instituo, solo para disiparse en la distancia. Sé que debo estar mirando a algo, pero no hay nada allá.

—¿Hace 3 años… ella murió?

Abruptamente, lo recuerdo.

El cometa que vi sobre Tokio hace 3 años. Incontables estrellas fugaces cayendo a través del cielo en el oeste. Pensé que era precioso, como un sueño. Estaba todo excitado.

¿Fue entonces cuando ella murió? No.

No puedo reconocer eso.

Busco palabras. Pruebas.

—Eso no puede ser verdad… Quiero decir, mira, tengo las entradas en el diario que ella escribió.

Saco el móvil del bolsillo. Impulsado por el miedo insano de que la batería se agote para siempre si me tomo demasiado tiempo, lo hojeo con pánico y muestro las entradas del diario de Mitsuha. Realmente están ahí.

—¡…!

Me froto los ojos, con fuerza. Por un momento, las letras parecen retorcerse.

—¿Qué…?

Primero una letra, luego otra.

Las palabras que Mitsuha escribió empiezan a volverse símbolos ininteligibles. En poco tiempo, el texto parpadea como la llama de una vela, y luego desaparece. Una por una, sus entradas desaparecen por completo. Es como si un hombre invisible estuviera presionando BORRAR. Mientras miro, todas sus oraciones desaparecen.

—¿Por qué…? —Pregunto muy tranquilamente.

El canto del milano real se escucha de nuevo, alto y distante.

Hace 3 años, en octubre, justo en esta época del año, Tiamat, un cometa con un período en la órbita solar de 1.200 años, hizo su aproximación más cercana a la Tierra. Era un satélite a gran escala: su período orbital es súper largo avergonzó al de 66 años del Cometa Halley, y tenía un radio de 10.4 billones de millas. No solo eso, pero se proyectó que pasaría aproximadamente a setenta y cinco mil millas 3 de la Tierra, más cerca que la luna. La cola de este brillante cometa azul fluiría a través de la cúpula del cielo nocturno por primera vez en 1.200 años. El ambiente del mundo entero era festivo, ya que dio la bienvenida al cometa Tiamat.

Hasta el momento en que sucedió, nadie anticipó que el núcleo del cometa se dividiría en las proximidades de la Tierra. O que una masa rocosa de unos 130 pies 4 de diámetro fue enterrada en su núcleo helado. El fragmento del cometa se convirtió en un meteorito, cayendo en picado a la Tierra a la velocidad devastadora de casi veinte millas por segundo 5 . Trágicamente, golpeó a Japón, en un área residencial llamada Itomori.

El pueblo estaba en su Festival de Otoño ese día. La colisión ocurrió a las 8:42 PM. El punto de impacto fue cercano al Santuario Miyamizu, que debía haber estado repleto de puestos de festivales y lleno de gente.

El meteorito destruyó instantáneamente un área amplia, centrada en el santuario. La destrucción no se limitó a las casas y al bosque. El impacto hizo un gran agujero en el suelo, formando un cráter de casi media milla de ancho. Un segundo después, temblores de magnitud 4.8 sacudieron ubicaciones a tres millas de distancia. Quince segundos después, el viento de la explosión se abrió paso, infligiendo un daño enorme en la mayor parte del pueblo. La cifra final de muertos fue de más de quinientos, un tercio de la población de la ciudad. Itomori se convirtió en la ubicación del peor desastre de meteoritos en la historia humana.

3 120.700,80 km.

4 39,624 metros.

5 115.873 km/h.

Dado que el cráter se había formado justo al lado del Lago Itomori, el agua ingresó, creando finalmente un cuerpo de agua en forma de calabaza, el Nuevo Lago Itomori.

Los daños en el lado sur del pueblo fueron relativamente leves, pero incluso los aproximadamente mil residentes que escaparon se alejaron, uno tras otro. En menos de un año, tenía problemas para funcionar como municipio. Catorce meses después de la caída del meteorito, a todos los efectos, Itomori se había ido.

Estos son hechos de libros de texto y, por supuesto, ya los conocía. Hace 3 años, estaba en la secundaria. Recuerdo haber visto el Cometa Tiamat desde una colina en mi vecindario.

… Pero eso es raro. No tiene sentido Viví en Itomori como Mitsuha, varias veces, hasta el mes pasado. Eso significa que lo que vi, el lugar donde vivía, no era Itomori.

El cometa y mi intercambio con Mitsuha no tuvieron nada que ver el uno con el otro.

Sería normal pensar eso. Es lo que quiero pensar.

Sin embargo, hojeando libros en esta biblioteca de la ciudad cerca de Itomori, estoy irremediablemente confundido. Desde hace un tiempo, en el rincón más profundo de mi mente, alguien ha estado susurrando: Aquí es donde estabas.

– Itomori desaparecida.

– Registros completos de Itomori, la villa que se hundió en una noche.

– La tragedia del Cometa Tiamat.

Pasé tomo tras tomo con títulos como eses.

Las fotos de los días pasados en Itomori muestran lugares inequívocos de donde he estado. Esta es la escuela primaria a la que iba Yotsuha. El Santuario Miyamizu Shrine es donde su abuela es la sacerdotisa principal. Este estacionamiento inútilmente grande, los dos bares justo al lado del otro, la tienda de conveniencia que parece un granero, el pequeño cruce de ferrocarril en la carretera de montaña y, por supuesto, el Instituto de Secundaria de Itomori… En este punto, los reconozco todos claramente. Ver esas calles arruinadas con mis propios ojos ha agudizado mis recuerdos.

Me cuesta respirar. Mi corazón está inquieto, latiendo irregularmente, y se rehúsa a calmarse. Se siente como si las vívidas fotos estuvieran absorbiendo en silencio el aire y cualquier sentido de realidad.

Instituto de Itomori: último Festival del Deporte La foto sobre esta frase muestra a los estudiantes de secundaria en medio de una carrera a tres piernas. El par que va al final me resulta familiar. Una tiene flequillo y trenzas de corte recto. El cabello de la otra chica está atado con un cordón naranja.

El aire se vuelve aún más escaso.

Siento como si la sangre, caliente, bajase por mi nuca, pero cuando la limpio con mi mano, solo es sudor transparente.

—… Taki.

Alzo la mirada. Tsukasa y Okudera-senpai están de pie allí. Me entregan un único libro. Las letras de aluminio en una fuente pesada están estampadas en su cubierta gruesa:

Desastre del cometa de Itomori – Lista y relación de víctimas Paso las páginas. Los nombres de las víctimas y sus direcciones van por distrito. Las recorro con mi dedo. Sigo pasando páginas.

Finalmente, mi dedo se detiene en los nombres que reconozco.

Teshigawara, Katsuhiko (17) Natori, Sayaka (17) —Teshigawara y Saya…

Cuando murmuro, oigo a Tsukasa y Okudera-senpai coger aire.

Entonces, encuentro los nombres que lo prueban todo.

Miyamizu, Hitoha (82) Miyamizu, Mitsuha (17) Miyamizu, Yotsuha (9) Los otros dos miran sobre mi hombro la lista.

—¿Es ella…? ¡Tiene que ser alguna clase de error! Quiero decir, ella es… —Okudera-senpai parece como si fuera a ahogarse con las lágrimas—. Lleva muerta 3 años.

Tratando de negar sus palabras, grito:

—¡Hace solo dos o tres semanas, ella-!

Cuesta respirar. Inhalo desesperadamente y continuo. Esta vez, me sale como un murmullo:

—Me dijo que seríamos capaces de ver el cometa…

De algún modo me las arreglo para apartar mis ojos de las letras que deletrean Mitsuha .

—¡Así que…!

Cuando levanto la cabeza, mi cara se refleja en la oscura ventana ante mí.

¿Quién eres?, pienso de la nada.

De lo más profundo de mi mente, muy muy lejos, oigo una voz ronca:

… Oh, dios.

Tú eres…

—Estás soñando, ¿no?

¿Un sueño? Me estoy ahogando en una ola de confusión.

¿Qué…

… demonios…

… estoy haciendo?

En la habitación de al lado, puedo escuchar los sonidos de una cena. Alguien dice algo, hay una carcajada y luego los aplausos resuenan como un aguacero. Ha estado sucediendo una y otra vez por un tiempo. Me esfuerzo en escuchar, preguntándome qué tipo de grupo son. Sin embargo, no importa cuánto escuche, no puedo distinguir una sola palabra. Todo lo que puedo decir es que están hablando japonés.

¡Thunk! Hay un ruido fuerte, y lo siguiente que sé es que me desplomo con la cabeza sobre el escritorio. Debí golpearme la frente; un dolor sordo sigue un poco más tarde. Estoy muerto de cansancio.

No importa cuánto lea las ediciones de tamaño reducido de periódicos viejos y números anteriores de revistas, parece que ya no puedo recordar el texto. Revisé mi teléfono varias veces, pero ninguna de sus entradas en el diario está en él. Todo rastro se ha ido.

Con la cabeza todavía baja, abro los ojos. Mirando el escritorio una fracción de pulgada frente a mí, trato de poner en palabras la conclusión a la que he llegado en las últimas horas.

“Todo fue solo un sueño” y… “¿Quiero creer eso o no?”

—El escenario parecía familiar porque inconscientemente recordaba las noticias de hace 3 años. Es decir, ella era…

¿Qué era ella?

—… ¿Un fantasma? O no… Todo fue una…

Todo… mi…

—… ¿Ilusión?

Con un sobresalto, levanto la cabeza. Algo está desapareciendo.

Su…

—¿Cómo se llamaba ella…?

Tap, tap , llega un ruido repentino, y la puerta de madera se abre.

—Tsukasa dice que va a tomarse un baño. —Okudera-senpai entra llevando una de las ligeras batas de la posada. La atmósfera en la habitación, que parecía fría y aislada, de repente se suaviza. Me siento terriblemente aliviado.

—¿Uh, Okudera-senpai?

Me levanto de la silla. Está arrodillada ante su mochila.

—Hoy he estado diciendo todo tipo de rarezas… Lo siento.

Comprimiendo su mochila como si sellara cuidadosamente algo, Okudera-senpai se levanta. De alguna manera ella parece moverse en cámara lenta.

—… Está bien. —Dice, sacudiendo la cabeza con una leve sonrisa.

—Lo siento, solo pudimos conseguir una habitación.

—Tsukasa me dijo lo mismo abajo. —Se ríe Okudera-senpai.

Estamos sentados uno frente al otro en la mesita junto a la ventana.

—No me importa mucho. Dicen que un grupo se quedó aquí esta noche, por lo que no tienen habitaciones de sobra. El hombre que dirige la posada dijo que es un sindicato social de maestros.

Luego, riendo, me cuenta cómo la invitaron con peras asiáticas en el salón después de que ella salió del baño. Es el tipo de persona que hace que todos quieran darle algo. El aroma del champú de la posada me llega, como un perfume raro de una tierra lejana y extranjera.

—Mira. Itomori solía hacer cordones trenzados. Qué bonito. —Murmura Okudera-senpai, hojeando un volumen de materiales locales de Itomori. Es uno de los libros que tomé prestados de la biblioteca—. Mi madre usa kimonos a veces, así que tenemos varios de estos en casa. Oh…

Levantando mi taza de té, mi mano se detiene. Está examinando mi muñeca derecha.

—Eso en tu muñeca, Taki. ¿Es un cordón trenzado?

—Oh, esto es…

Dejo la taza sobre la mesa y miro mi brazo. Este es mi amuleto de la buena suerte: un cordón naranja vivo, más grueso que un hilo, me rodeaba la muñeca.

… ¿Huh? ¿No es esto…?

—Creo que alguien me lo dio hace mucho. La llevo a veces, para que dé buena suerte…

La parte más profunda de mi mente destella de nuevo.

—¿Quién fuera? —Murmuro.

No puedo recordar.

Aún así, si siguiera este cordón, se siente que encontraré algo.

—… Tú también, Taki. —La gentil voz me hace levantar la cabeza para ver la preocupación en el rostro de Okudera-senpai—. ¿Por qué no vas a tomarte un baño?

—Un baño… Cierto…

Pero casi de inmediato mi atención regresa al cordón trenzado. Siento como si perdiera algo para siempre si la quito, y desesperadamente hurgo en mis recuerdos.

La cena terminó, aunque no sé cuándo terminó. La tranquila canción de los insectos otoñales llena la habitación.

Alguien que hizo cordones trenzados me dijo algo una vez.

¿De quién es esa voz? Es amable, ronca y tranquila. Como algo de un cuento popular.

— Dicen que los hilos son el flujo del tiempo mismo. Se retuercen y se enredan, se separan y se reúnen. Dicen que es el tiempo. Eso es…

Una montaña en otoño. El sonido de un arroyo. El olor a agua. El sabor del té de cebada dulce.

— Eso es musubi …

La escena irrumpe en mi mente.

El cuerpo del dios en la cima de la montaña. El bien que le ofrecimos.

—… ¡Ese lugar…!

Saco un mapa de debajo de la pila de libros y lo abro. Es un mapa de Itomori de hace 3 años que encontré en una pequeña tienda independiente, cubierta de polvo. La topografía de cuando solo había un lago. El lugar donde ofrecimos el sake debería estar muy lejos del área que destruyó el meteorito.

Si voy allí… Si ese bien está ahí…

Levanto mi lápiz, buscando una forma de relieve que parezca probable. Estaba al norte del santuario, un lugar como una caldera. Desesperadamente, trato de encontrar algo en ese sentido.

Puede que escuche la voz de Okudera-senpai, distante, pero por ahora, no puedo apartar mis ojos del mapa.

… ki… Taki.

Alguien me está llamando. Es una chica.

—Taki, Taki.

Su voz es urgente, rogando, como si fuera a llorar. Una voz temblando con soledad, como el brillo de una estrella distante.

—¿No me recuerdas?

Me despierto.

… Es cierto. Estoy en la posada. Me quedé dormido sobre la mesa junto a la ventana. Puedo sentir a Tsukasa y Okudera-senpai más allá de la puerta corredera, durmiendo en sus futones. La habitación está extrañamente tranquila. No puedo oír insectos o coches. El viento tampoco sopla.

Me siento. El rozar de mis ropas es lo bastante alto como para aturdirme. Fuera de la ventana, el mundo está empezando a escapar de la oscuridad.

Miro al cordón en mi muñeca. Los leves ecos de la voz de la chica acarician mis oídos.

¿ Quién eres?, pregunto. Ni siquiera sé su nombre. Naturalmente, no hay respuesta.

Pero, bueno, eso está todo bien.

Okudera-senpai y Tsukasa, Hay un lugar que necesito comprobar, no importa qué. Por favor, regresad a Tokio sin mí. Perdón por ser tan egoísta. Juro que volveré más tarde. Gracias.

Taki Escribo una nota. Con un pensamiento tardío, saco un billete de 5.000 yenes de mi cartera y lo dejo bajo una taza de té junto con el diario.

Nunca nos hemos conocido, pero voy a ir a buscarte.

Es brusco y no dice mucho, pero es un tipo muy agradable , pienso, estudiando las manos nerviosas en el volante a mi lado.

Es el hombre de la tienda de ramen. Él fue quien nos llevó ayer al Instituo de Secundaria de Itomori y a la biblioteca del pueblo. Lo llamé muy temprano esta mañana, y todavía me hizo un favor y me trajo en coche. Si esto no hubiera funcionado, estaba planeando hacer autostop, pero no puedo imaginar que ningún coche me hubiera llevado a una ciudad abandonada en ruinas. Tengo mucha suerte de haber conocido a este tipo en Hida.

Desde la ventana del lado del pasajero, tengo una vista hacia el borde del Nuevo Lago de Itomori. Casas medio derruidas y asfalto roto languidecen en el agua. Incluso lejos de la costa, puedo ver postes telefónicos y vigas de hierro que sobresalen del lago. Debería ser una vista muy desconcertante, pero debo haberme acostumbrado a verlo en la televisión y en las fotos, porque empiezo a sentir que el lugar siempre ha sido así. Por esa razón, realmente no sé cómo procesar lo que estoy viendo. ¿Debo enojarme, llorar, asustarme o lamentar mi propia impotencia? La realidad de perder un pueblo entero es probablemente demasiado para que la gente común pueda entenderlo. Dejo de buscar significado en la escena y vuelvo los ojos al cielo. Nubes grises se ciernen sobre nuestras cabezas, como si los dioses hubieran puesto una enorme tapa allí.

Viajamos al norte bordeando el lago, y cuando el coche ya no puede ir más allá, el hombre aparca en un apartado.

—Parece que va llover. —Murmura, mirando a través del parabrisas—. Esta montaña no es muy complicada, pero no te descuides. Si pasa algo, llámanos.

—Sí, señor.

—Y toma. —Me da una gran caja de comida—. Come esto.

Automáticamente, lo acepto con ambas manos. Pesa.

—Mu-Muchas gracias…

… Por todo. En serio. ¿Por qué harías tanto por mí? Oh, sep, y el ramen estaba súper bueno. No puedo hacer que las palabras salgan como quiero… así que solo me las arreglo para decir:

—Gracias, en serio.

El tipo sonríe levemente, sacando un cigarrillo, y lo enciende.

—No sé que tiene que ver contigo. —Dice, exhalando humo—. Pero esa imagen de Itomori que hiciste… Es buena.

Hay un nudo en mi garganta.

Un trueno distanta resuena suavemente.

Subo el camino hasta el santuario, el cual es tan vago como un sendero para ciervos.

A veces me detengo para comprobar el destino que he marcado en el mapa con el GPS en mi móvil. Va todo bien: me estoy acercando. El escenario a mi alrededor parece familiar, pero solo subí esta montaña una vez, en un sueño. No estoy muy seguro de ello. Eso significa que por ahora todo lo que puedo hacer es seguir el mapa.

Después de bajar del coche, hice una reverencia y me quedé allí hasta que el vehículo quedó completamente fuera de vista. Mientras, pensé en Tsukasa y Okudera-senpai también. Al final, este tipo y esos dos vinieron hasta aquí solo porque estaban preocupados por mí. Debo haber parecido realmente patético. Apunto a que pensaron que iba a llorar todo el tiempo. Probablemente los distraje agresivamente: incluso si ellos querían deshacerse de mí, no pudieron.

No puedo seguir actuando así para siempre. No puedo seguir tomando ventaja de la ayuda que otros me ofrecen , pienso firmemente, mirando al Nuevo Lago de Itomori a través de los huecos entre los árboles.

De repente, una gran gota de lluvia cae en mi cara. Las hojas a mi alrededor empiezan a sacudirse. Me pongo la capucha y empiezo a correr.

La lluvia sigue cayendo, con tal fuerza que puede llevarse toda suciedad. La temperatura cae rápidamente, absorbida por la lluvia. Puedo sentirlo en la piel.

Como en una pequeña cueva mientras espero a que escampe. Hay tres grandes bolas de arroz del tamaño de mi puño y montones de aperitivos. Los brotes de cerdo y frijoles estofados en rodajas gruesas salteados en aceite de sésamo hacen que parezca un almuerzo de tienda de ramen tan estereotipado que es divertido. Mi cuerpo tiembla de frío, pero a medida que como, gradualmente me vuelvo a calentar. Al masticar los granos de arroz y al tragar, puedo sentir exactamente dónde están mi garganta y mi estómago.

Esto es musubi, pienso.

— Poner lo que sea en tu cuerpo, ya sea agua, arroz o sake, se llama musubi . Lo que pongas en tu cuerpo se une a tu alma, ya ves .

Ese día, decidí que recordaría esas palabras incluso después de levantarme. Lo dije en alto:

—… Se retuercen, a veces se deshacen, y se reúnen. Eso es musubi . Eso es el tiempo.

Miro al cordón en mi muñeca.

Todavía no se ha desgastado. La conexión sigue ahí.

Antes de darme cuenta, los árboles han desaparecido, y estoy en una zona rocosa. Bajo mía, puedo ver fragmentos del lago en forma de calabaza a través de lagunas en las espesas nubes. Finalmente llegué a la cima.

—… ¡Es allá!

Efectivamente, más allá de mí, está la cuenca en forma de cráter y el árbol sagrado gigante.

—¡Está realmente allí! ¡No fue un sueño!

La lluvia ha disminuido hasta lloviznar, goteando por mis mejillas como lágrimas. Froto bruscamente mi cara con mi manga, luego comienzo a bajar la cuesta hacia la caldera.

Frente a mí, lo que era un pequeño arroyo en mis recuerdos ahora es un estanque de tamaño decente. ¿Está hinchado por la lluvia o ha pasado suficiente tiempo desde ese sueño que cambió el paisaje? De cualquier manera, el gran árbol se encuentra a varias docenas de metros al otro lado.

— Este es el final del otro mundo.

Recuerdo a alguien diciéndome eso alguna vez. ¿Esto desemboca en el Río Sanzu?

Doy un paso en el agua. Hay un gran eco por el chapoteo, como si hubiera metido el pie en una bañera y me doy cuenta, con retraso, de que está anormalmente silencioso. El agua pesada está sobre mis rodillas, y cada paso que doy hace un fuerte sonido de chapoteo. Empiezo a sentir que me estoy volcando sobre algo puro y blanco con pies embarrados, manchándolo. Hasta que llegué, este lugar había estado perfectamente en silencio. No soy bienvenido , pienso instintivamente. El calor de mi cuerpo está siendo absorbido nuevamente, hacia el agua fría. En poco tiempo, el agua llega hasta mi pecho, pero me las arreglo para cruzar de alguna manera.

El enorme árbol se alza con sus raíces entrelazadas alrededor de una gran losa de roca. No sé si el “cuerpo del dios” es el árbol, la roca, o si la forma de los dos enredados es lo que la gente adora. Hay una pequeña escalera en el espacio entre las raíces y la piedra, y cuando bajo, encuentro un espacio de bostezo lo suficientemente ancho como para unas cuatro esteras de tatami.

El silencio aquí es aún más profundo que afuera.

Me desabrocho la chaqueta con las manos heladas y saco el teléfono. Lo verifico para asegurarme de que no se mojó, luego lo enciendo. En la oscuridad, cada movimiento suena violentamente fuerte. Con un vvum electrónico que parece completamente fuera de lugar aquí, el teléfono cobra vida y lo uso como una linterna.

Este lugar está totalmente desprovisto de color o calidez. El pequeño santuario que revela la luz es completamente gris. En un pequeño altar de piedra, dos urnas de cuatro pulgadas se sientan una al lado de la otra.

—Es el bien que llevamos aquí.

Suavemente, toco la superficie. No sé cuándo sucedió, pero ya no tengo frío.

—Esta es la de su hermana…

Mi mano se cierra alrededor de la urna a la izquierda, confirmando su forma. Cuando la recoja, hay una ligera resistencia y un leve y seco ruido de desgarro. El musgo había echado raíces.

—Y este es el que traje.

Me siento donde estoy, acerco la urna a mi cara y la alumbro. La porcelana era brillante antes, pero ahora está cubierta de musgo. Debe haber sido mucho tiempo. Puse un pensamiento que ha estado dentro de mí todo este tiempo en palabras:

—… ¿Entonces estuve intercambiando con la Mitsuha de hace 3 años?

Desato el cordón trenzado sellando la tapa. Debajo, hay un tapón de corcho. ¿Estuvimos 3 años fuera de sincronía? ¿Se detuvo el intercambio porque ella murió hace 3 años cuando cayó el meteorito?

Saco el corcho. El leve aroma a alcohol se eleva. Pongo el sake en la tapa.

—La mitad de ella…

Acerco la luz a ella. El sake es claro, con varias partículas diminutas flotando en él. Reflejan la luz, brillando en el líquido.

— Musubi . Retorcerse, a veces deshacerse, luego reunirse…

Levanto la tapa de sake a mis labios.

—Si el tiempo realmente puede "deshacerse", entonces… Solo una vez más…

¡Llévame con ella! Lo deseo y lo tomo de un trago. Cuando trago, el sonido es tan notorio que me sorprende. Un bulto de calor viaja a través de mi cuerpo. Cuando toca el fondo de mi estómago, estalla, dispersándose a través de mí.

—……

Pero nada sucede.

Por un momento, me siento muy quieto.

No estoy acostumbrado al alcohol, y me siento un poco acalorado. Mi cabeza se siente ligeramente vaga y aturdida… Pero eso es todo.

No es bueno. No funcionó.

Alzo una rodilla, y me pongo en pie. Abruptamente, mi pie se tuerce. Mi visión gira. Me caigo , pienso.

… Es raro.

Me he caído de espaldas, pero no importa cuanto tiempo pase, mi espalda no golpea el suelo. Mi campo de visión rota, lentamente, hacia el techo de la cueva. Mi móvil aún está en mi mano izquierda. La luz ilumina el techo.

—¡El cometa…! —Involuntariamente, lo digo en alto.

Hay un dibujo de un enorme cometa. Es una pintura muy vieja, grabada en roca: una gigante estrella viajante, arrastrando su cola por el cielo. Los pigmentos rojos y azules atrapan la luz y brillan. Gradualmente, la imagen empieza a alzarse desde el techo de la cueva.

Lo miro aturdido.

La imagen, el cometa pintado, está cayendo hacia mí.

Lentamente, cae hasta que está casi encima de mí. Brilla con el calor de su fricción contra la atmósfera, y el trozo de roca se fusiona con el vidrio, brillando como una joya. Incluso esos detalles son claros para mí.

Me caigo y mi cabeza golpea la roca en el momento exacto en que el cometa golpea mi cuerpo.

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Chapter 4
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