Capítulo 2
El inicio o reconozco ese tono de llamada , pienso vagamente.
¿Una alarma? Pero aún estoy dormido. Estaba por ahí anoche y no me metí en cama hasta casi el amanecer.
—… ki… Taki.
Ahora alguien me está llamando. Es la voz de una chica…… ¿Una chica?
—Taki, Taki.
Su voz es ansiosa, suplicante, como si fuera a llorar. Una voz que tiembla de soledad, como el brillo de las distantes estrellas.
—¿No me recuerdas? —La voz me pregunta ansiosamente.
No, no te conozco.
De repente, el tren se detiene, y las puertas se abren. Oh, cierto… Estaba en un tren. En cuanto me di cuenta de esto, me puse en pie en un vagón del tren. Un par de amplios ojos estaban frente a mí. Una chica de uniforme me está mirando, pero la presión de los pasajeros desembarcando me aleja a empujones de ella.
—¡Mi nombre es Mitsuha! —La chica grita, quitándose el cordón que usa para atarse el pelo y entregándomelo. Sin pensarlo, me estiro para cogerlo. Es de un naranja vívido, como un rayo de sol en la espesa niebla. Me abro paso entre la multitud y agarro ese color.
En ese punto, mis ojos se abren.
La voz de la chica —su eco— aun murmura en mis oídos.
… ¿Se llama Mitsuha?
No conozco el nombre, ni a la chica. Parecía realmente desesperada de algún modo. Sus ojos estaban brillando con lágrimas. Nunca he visto el estilo de uniforme que llevaba. Su expresión era seria, incluso grave, como si el destino del universo reposara en sus manos.
Pero solo fue un sueño. No significa nada. Para cuando pienso en ello ni siquiera puedo recordar su cara. Los ecos en mis oídos ya se han ido también.
Incluso así…
Incluso así, mi pulso aún está muy acelerado. Mi pecho se siente muy pesado. Estoy sudando. Por el momento, cojo una buena bocanada de aire.
Haaaah…
—¿…?
¿Tengo un resfriado? Mi nariz y garganta se sienten más graciosas. Mis inspiraciones son un poco menos fuertes de lo normal. Mi pecho… realmente está pesado. ¿Cómo lo digo? Físicamente pesado.
Bajo la mirada a mi cuerpo y veo un escote.
Escote.
—¿…?
Los montículos suaves reflejan el sol de la mañana y la piel pálida y lisa brilla.
Una sombra azul profundo se encuentra entre los dos senos, como un lago.
También podría apretarlos , pienso, sin perder un latido.
Mis manos gravitan hacia ellos como una manzana cayendo al suelo.
……………
…………
¿……?
¡…!
La sensación me hace explotar la cabeza.
Whoa , pienso. ¿Qué es esto?
Sigo amasando seriamente.
Esto es… Wow… Los cuerpos de las chicas son increíbles…
—¿Hermana? ¿Qué estás haciendo?
Miro en dirección a la voz. Hay una chiquilla de pie allí. Acaba de abrir una puerta corredera.
Con mis manos aún presionando mi pecho, le doy la mi más honesta impresión:
—Estaba pensando que estas se sienten muy reales… ¿Huh?
Miro a la niña de nuevo. Tiene unos 10 años, con dos coletas y ojos almendrados, y parece del tipo descarado.
—…¿‘Hermana’? —Pregunto a la niña, señalándome a mí mismo.
¿Eso significa que es mi hermana menor?
La niña parece completamente horrorizada.
—¿Aún estás dormida o algo? ¡Es. Hora. De. Desayunar! ¡Apúrate! —Ella golpea con fuerza la puerta corredera.
Vaya fierecilla , pienso.
Me salgo del futón. Pensando en ello, tengo hambre. De repente, un espejo de cuerpo entero en la esquina de mi visión atrae mi mirada. Camino un par de pasos por las esteras de tatami que decora el suelo. Dejo que mi camisa de dormir suelta se deslice de mis hombros y caiga al suelo, quedándome desnudo. Miro mi reflejo de cuerpo entero en el espejo.
Una larga melena negra fluye por mi espalda, aunque está enmarañado por el sueño. Una pequeña cara redonda surge, ojos curiosos y labios que parecen vagamente divertidos por encima de un cuello delgado, clavícula profunda y un pecho hinchado que parece proclamar: ‘¡ Pues sí, gracias, estoy bastante saludable!’ Debajo se atisba la leve sombra de las costillas, y las suaves curvas de la cintura.
No he visto uno de primera mano, pero este es definitivamente el cuerpo de una chica.
… ¿Una chica? ¿Soy… una chica?
Abruptamente, la nebulosa somnolienta que envuelve mi cuerpo se ha ido. Mi cabeza se aclara al instante, luego se sumerge en la confusión.
No puedo soportarlo y grito.
—¡Hermana, llegas tarde!
Cuando abrí la puerta corredera y entré en el salón, la acusación de Yotsuha vino para saludarme.
—¡Prepararé el desayuno mañana! —Dije a modo de disculpa.
Esta niña no parece haber perdido todos sus dientes de leche aún, pero parece convencida de que es mejor llevando las tareas diarias que su propia hermana mayor.
¡No puedo mostrar debilidad disculpándome!, pienso, abriendo la arrocera y sirviendo una cucharada blanco brillante en mi propio cuenco. Whoops, ¿es demasiado? Bueno, no importa.
—¡Gracias por la comida!
Puse una generosa dosis de salsa de soja sobre un huevo frito, lo mezclé con el arroz y me lo metí en la boca. Oh, yum. Esto debe ser el paraíso… ¿Hmm? Siento algo mirándome, en algún lugar detrás de mi nuca.
—No estás normal hoy, ¿cierto?
—¿Huh?
La abuela me está observando mientras mastico la comida.
—¡Ella seguro estuvo con alguien ayer! —Yotsuha me sonríe—. Gritando así tan de repente.
¿Gritando? La abuela me inspecciona sospechosamente, y Yotsuha sonríe (burlándose de mí, fijo).
—¿Huh? ¿Qué? ¿A qué os referís? ¡¿Qué?! —En serio, ¿qué pasa con ellas? Da cosa.
Ding-dong-ding-dooong.
De repente, el altavoz sobre la puerta empezó a sonar, definitivamente alto.
— Buenos días a todos.
La voz pertenecía a la hermana mayor de mi amiga Saya (actualmente trabajando en la Sección de Información Diaria de la Región en el ayuntamiento). Este lugar, Itomori, es un pequeño pueblo con una población de mil quinientos, por lo que la mayoría de las personas se conocen o al menos conocen a alguien en común.
— Aquí van los anuncios matinales de Itomori.
El lento flujo de las palabras del altavoz divide las frases:
— Aquí van… los anuncios matinales… de Itomori.
Hay altavoces fuera también, y por todo el pueblo, así que los ecos de la retransmisión hacen eco en las montañas y colinas como si sonara en círculos.
Dos veces al día, por la mañana y a la tarde, esta retransmisión de radio de prevención de desastres suena por el pueblo. Cada casa tiene tiene un receptor que transmite fielmente los anuncios diarios sobre los eventos locales: el calendario de los encuentros deportivos, cómo contactar a quien esté a cargo de palear la nieve, los nacimientos de ayer, los funerales de hoy.
— Con respecto a las elecciones a alcalde de Itomori, que tendrán lugar el 20 del mes que viene, el comité de elección ha- Click.
El altavoz sobre el dintel se apagó. La abuela no lo alcanza por sí misma, así que sacó el enchufe. Ella tiene más de 80 años y lleva su usual y tradicional kimono, pero incluso así, el gesto sin palabras muestra su ira. Incluso cuando estoy impresionada por su ira fría, tomo el control remoto y enciendo el televisor sin perder el ritmo. Retomando donde dejó la hermana de Saya, la sonriente mujer de noticias NHK comienza a hablar.
— Estamos a solo un mes de la visita de un cometa que aparece solo una vez cada 1.200 años. Por unos cuantos días, el cometa podrá ser visible a simple vista. Con el espectáculo celestial del siglo a la vuelta de la esquina, JAXA y los institutos de investigación de todo el mundo están preparándolo todo para estudiarlo.
Hay una línea de texto en la pantalla — El Cometa Tiamat es visible a simple vista el mes próximo — y una borrosa imagen de un cometa. Nuestra conversación ha perdido su momento, y la única voz proviene de nosotras tres comiendo y de la retransmisión de la NHK. Nuestros suaves clink s y click s suenan un poco culpables, como si fueran murmullos durante las clases.
—… Solo haz las paces con él, ¿no? —De la nada, Yotsuha dice algo sin tacto.
—Es un problema de adultos. —Le solté.
Eso es cierto: esto es un problema de adultos. ¡Estúpida elección!
En algún en el viento, un milano real negro da un grito bastante tonto: Piiihyororo.
Despidiéndonos de la abuela al unísono, Yotsuha y yo nos dirigimos hacia la puerta. Los faisanes de cobre del verano están coronando una tormenta.
Bajando por el estrecho camino pavimentado que va a lo largo de la colina y descendiendo varias escaleras de piedra, salimos de la sombra de la montaña hacia la luz del sol. Bajo nosotras hay un lago redondo, el Lago Itomori. Su superficie calma refleja el sol matinal, brillando como si nadie mirara. Las verdosas montañas forman sus cordilleras bajo nubes blancas en un cielo azul, y una chiquilla con coletas y una mochila roja salta por ahí sin razón. Entonces voy yo a su lado, la deslumbrante chica de secundaria con las piernas desnudas. En mi cabeza, trato de agregar una gran partitura a la escena como música de fondo. Ooh, es como el opening de una película japonesa… En otras palabras, vivimos en el culo del mundo… muy japonés y con unas cuantas décadas de retraso.
—¡Miiitsuhaaa!
Después de que Yotsuha y yo nos separamos ante la escuela elemenral, una voz suena tras de mí. Es Tesshi, pedaleando su bicicleta y luciendo maniático, con Saya sentada en la reja de la bici y sonriendo.
—Apúrate y sube. —Tesshi gruñe—. Voy bien aquí. ¡No receles!
—Venga, eres pesada.
—¡Y tú rudo!
Es aún temprano en la mañana, y ya se están molestando el uno al otro como una pareja de casados en una comedia.
—Los dos os lleváis muy bien.
—¡Ni de coña! —Los dos corearon.
Esta negativa es sinceramente divertida, y me río. Mi banda sonora mental cambia a un solo de guitarra. Los tres somos amigos desde hace unos 10 años… La pequeña Saya, con sus trenzas y flequillo recto, y Tesshi alto y delgado con su corte de rebabas y falta general de estilo. Siempre lucen como si estuvieran peleando, pero dado que su conversación siempre está perfectamente sincronizada, secretamente creo que podrían ser una excelente pareja.
—Oh, Mitsuha, vas bien peinada hoy. —Saya, que ha bajado de la bici, toca la zona alrededor de mi coletero, sonriendo.
Mi pelo va como siempre: dos trenzas alzadas y atadas en la nuca con el coletero. Mi madre me enseñó a hacerlo, hace mucho.
—¿Huh? ¿Qué pasa con mi pelo?
Su comentario chispea una colección de los comentarios que me perdí durante el desayuno. Lo hice ‘bien’ hoy… ¿lo que significa que ayer fue raro? Mientras trato de recordar lo que sucedió, Tesshi se inclina, pareciendo preocupado.
—Hey, hiciste que tu abuela te exorcizara, ¿no?
—¿Exorcizar?
—¡Sep, juré que fuiste poseída por un zorro!
—… ¿Disculpa? —Fruncí el ceño ante la inesperada declaración.
Saya me habla, pareciendo disgustada.
—¡¿Podrías dejar el ocultismo de una vez?! Mitsuha probablemente solo está estresada, eso es todo. ¿Cierto?
¿Estresada?
—¿Huh? Espera, espera… ¿De qué va todo esto?
¿Por qué está literalmente todo el mundo preocupado por mí? Ayer fue… No puedo recordarlo, pero estoy bastante segura de que fue un día normal.
… ¿Hmm?
Espera, ¿fue así realmente? Ayer, yo…
—… ¡Y más importante!
Una profunda voz de un megáfono eliminó mis preguntas.
Al otro lado de la carretera, con sus filas de invernaderos de vinilo, una pequeña multitud de una docena de personas se reúnen en el estacionamiento municipal ridículamente grande. De pie en el centro, sosteniendo un micrófono, está mi padre, más alto y de aspecto más audaz que el resto. El pendón que lleva diagonalmente cruzando su chaqueta proclama orgullosamente: Candidato – Toshiki Miyamizu . Aplica a la elección a alcalde.
—¡Más importante, la revitalización económica, para financiar la restauración del pueblo! Solo cuando lo hayamos hecho realidad seremos capaces de establecer una comunidad sana y libre de preocupaciones. ¡Como candidato, pretendo refinar a la comunidad planeando con lo que he sido involucrado y visto para lograrlo! Llevaré a esta región con nuevo entusiasmo, creando una sociedad local en la que todos —desde nuestros niños a nuestros ancianos— puedan relajarse y disfrutar de unas vidas activas. He renovado mi resolución para hacer de esta visión mi objetivo…
Es un discurso tan habilidoso que es casi apabullante. Me deja fría… Esta campaña suena como si perteneciera a la televisión, no un aparcamiento rodeado de campos. Los murmullos que escudho de entre la multitud —Sabes que va ser Miyamizu de nuevo esta vez de todos modos o Parece que ha gastado mucho dinero — hacen que mi humor empeore cada vez más.
—Hey, Miyamizu.
—… Buenas.
Maravilloso. El saludo viene de los tres compañeros de clase que menos ganas tengo de ver. Incluso en el instituto, son parte de son parte de lo llamativo —la multitud— y nos amenazan a nosotros —los ‘drones— por cada pequeñez.
—El alcalde y el contratista. —Uno de ellos dice, lanzando una mirada deliberada a mi padre.
Cuando sigo su ejemplo, veo al padre de Tesshi de pie junto al mío, radiante. Lleva una chaqueta de su empresa de construcción y un brazalete que dice: Apoyo de Toshiki Miyamizu .
El chico me mira de nuevo, luego a Tesshi y continúa:
—Sus niños son muy amigos también. ¿Os dijeron vuestros viejos que salgáis juntos?
Qué estúpido. Ni siquiera respondo. Camino más rápido, tratando de largarme de aquí.
Tesshi sigue inexpresivo. Solo Saya parece molesta y un poco sonrojada.
—¡Mitsuha!
De repente, una voz alta irrumpe. ¡ Yeep! Mi aliento se me atora en la garganta. No me lo creo. Mi padre deja a medias su discurso para saludarme sin ayuda de la amplificación electrónica. Toda la multitud se gira para mirarme.
—¡Mitsuha, enderézate!
Me pongo roja. Es tan injusto que casi me pongo a llorar. Quiero correr, pero lucho desesperadamente contra la urgencia en su lugar.
La multitud está murmurando:
—Incluso es duro con la familia.
—Eso es un alcalde.
Oí a mis compañeros riendo.
—Ooh. Duro.
—Siento un poco de lástima por ella.
No podría ser peor.
La música ambiental que estaba sonando en mi cabeza hace un minuto ha desaparecido, y reuerdo que este pueblo, sin una banda sonora, es un lugar absolutamente sofocante.
Con un agudo tak, tak, tak , la profesora escribe un breve poema en el encerado.
Por favor, no me preguntes ‘¿Quién va?’ Estoy esperando a mi amor, en el rocío de septiembre.
— Tasokare , ‘¿quién va?’ Este es el origen del término tasogare , o atardecer. ¿Conocéis la palabra atardecer , no? —Hablando con voz clara, nuestra profesora, la Señorita Yuki, escribe Tasokare en letras grandes en el encerado—. Es la ‘tarde’, ni de día ni de noche. Es una ventana cuando se ve borrosa, haciendo que sea difícil decir quién es. Podrías esperar que no fuera humano. Es el momento en que la gente se encuentra con demonios o con la muerte, y tiene otro nombre para reflejar esto. Dicen, sin embargo, que incluso antes de ese, tuvo otros nombres.
La Señorita Yuki escribe los dos términos en el encerado, pero parece que ella solo está moviendo las mismas palabras.
—¡Perdone, profesora! ¡Pregunta! ¿Qué hay sobre penumbra ?
Alguien habla, y pienso: Sep, eso es . Conozco atardecer , por supuesto, pero la palabra que más oigo decir a la gente para refertirse a tarde incluso desde que soy niña, es penumbra . Cuando la Señorita Yuki oye esto, sonríe gentilmente. Sabes, nuestros profesores clásicos es más probable que den clase en un instituto de pueblo como este.
—Supongo que es el dialecto local, ¿no? Oigo a la gente mayor de Itomori usar todavía palabras del antiguo japonés aquí y allá.
—Porque aquí están los palos. —Proclama uno de los chicos, y el resto empiezan a reír.
No se equivoca. A veces la abuela usa palabras que me hacen querer preguntarle qué idioma habla. Algunas de sus expresiones fueron abandonadas por la mayor parte de Japón hace siglos. were abandoned by most of the rest of Japan a couple of centuries back. Reflexionando distraídamente, hojeo mi cuaderno y luego, en una página que debería estar en blanco, veo algo escrito en letras grandes:
¿QUIÉN ERES?
… ¿Huh?
¿Qué es esto? Los sonidos a mi alrededor parecen desvanecerse, como si fueran absorbidos por la desconocida caligrafía. No es mía. No le presté mi libreta a nadie tampoco. ¿Qué? ‘¿Quién soy?’ ¿Qué se supone que significa?
—… zu. ¡Siguiente, Señorita Miyamizu!
—¡Oh! ¡Sí! —Me levanto apurada.
—Empieza a leer la página 98, por favor. —La Señorita Yuki me dice. Escrutando mi cara, añade, sonando divertida—: Me alegra ver que recuerdas tu nombre hoy, Señorita Miyamizu.
Y con eso, toda la clase explota en risas.
¿Perdona? ¡En serio, ¿qué está pasando?!
—¿No recuerdas?
—… No.
—¿En serio?
—Sí, en serio. —Respondo, tomando un trago del zumo de plátano. Gulp. Yum.
Saya me está mirando como si fuera un bicho raro.
—… No, escucha. Ayer, olvidaste cuál era tu escritorio y tu taquilla. Tu pelo estaba todo enmarañado, y ni te lo ataste. No llevabas el lazo de tu uniforme, y estabas en Babia todo el tiempo.
Traté de visualizar cómo debía lucir…
¿Qué?
—¡¿Qué?! ¡Ni de coña, ¿en serio?!
—Sep, actuabas como si tuvieras amnesia o algo así ayer.
Enrojecida, traté de recordar… Algo realmente está fuera de lugar. No puedo recordar lo que pasó ayer. O, no… Recuerdo pequeños fragmentos.
¿Había… una ciudad desconocida? Un reflejo en un espejo… ¿Un chico?
Traté de recuperar mis recuerdos. Piihyororooo. En la distancia, un milano real se burla de mí. Es la hora del almuerzo, y estamos charlando en una esquina del patio de la escuela, con cajas de jugo en la mano.
—Umm… Parece que pasé todo el día en este extraño sueño. ¿Como… un sueño sobre la vida de alguien más…? Mm, no recuerdo mucho de eso…
—¡Lo tengo! —Tesshi grita de repente, y yo salto. Recoge su ejemplar de la revista oculta MU a la mitad de la lectura y lo mete bajo nuestras narices, mientras escupe volando con entusiasmo—: ¡Memorias de tu vida pasada! ¡Eso es! Sep, sé que vas a decir que no es científico, pero si te lo digo de otra manera y digo que tu mente subconsciente se ha vinculado con un multiverso basado en la interpretación de multimundos de Everett…
—Déjate de tonterías. —Saya le regaña agudamente.
—¡Hey! ¡¿Fuiste tú quien garabateó en mi libreta?! —Escupí casi a la vez.
—¿Huh? ¿Garabatear?
Oh, supongo que no. Tesshi no es del tipo que pondría una simple línea como esa, y tampoco tenía un motivo.
—Um, nada. No importa. —Dije, retrocediendo.
—¿Qué? ¿Qué significa ‘garabatear’? ¿Soy sospechoso de algo?
—Te dije que lo olvides.
—¡Whoa, Mitsuha, cómo eres! ¿Lo oíste, Saya? ¡He sido falsamente acusado! ¡Llama a un fiscal, dame un fiscal! O espera, quizás es mejor un avogado. Hey, ¿a quién cogerías para algo así?
—De todos modos, Mitsuha, en serio estabas muy graciosa ayer. —Saya dice, ignorando abiertamente las quejas de Tesshi—. ¿Estabas enferma?
—Hmm… Qué raro. Quizás estaba realmente estresada… —Pienso en los acontecimientos que me han pasado.
Tesshi ya está absorto en su revista de nuevo, como si nada hubiera pasado. Esa es una de sus virtudes, la forma en que deja ir las cosas.
—¡Eso tiene que ser! ¡Tienes toda clase de estrés últimamente!
Tiene razón. Incluso dejando de lado las elecciones, ¡ese ritual es esta noche! ¿Por qué, oh, por qué, en este pequeño pueblo, tengo que tener un padre que es el alcalde y una abuela que es la sacerdotisa principal del santuario Shinto? Entierro mi cara entre mis rodillas y suelto un profundo, profunso suspiro.
—Aaagh… Quiero apurarme en graduarme e irme a Tokio. ¡Este pueblo es demasiado asfixiante!
Saya asiente: Lo sé. ¡Lo entiendo totalmente!
—Mi madre y mis hermanas han estado a cargo de las emisiones, una tras otra. ¡Incluso desde niña, las vecinas me llaman la ‘pequeña emisora’, ¿sabes?! ¡Y ahora estoy en el Club de Radio por la alguna razón! ¡Ni siquiera sé qué quiero hacer!
—¡Saya, una vez nos graduemos, marchémonos a Tokio juntas! ¡Incluso cuando crezcamos, en este pueblo, seguiremos atascadas con la jerarquía escolar! ¡Nunca nos libraremos de esas viejas tradiciones! Vamos, Tesshi, vienes con nosotras, ¿cierto?
—¿Hmm? —Ausente, Tesshi alzó la mirada de su revista.
—… ¿Estabas escuchando siquiera?
—Mm. No realmente, uh… Creo que solo me pasaré aquí el resto de mi vida.
HAAAAAAAAH. Saya y suspiramos a la vez. Por esto no es popular con las chicas… Aunque no es como si yo me hubiera molestado en buscarme novio.
El viento murmulla suavemente.
Cuando me giro, el Lago Itomori está bajo nosotros: plácido, calmo y completamente desinteresante.
Este pueblo no tiene librería o dentista. Hay un tren cada dos horas, buses que vienen dos veces al día; no tenemos reportes atmosféricos de nuestra área, y aún somos un mosaico en las fotos de satélite del Google Maps. La tienda de conveniencia cierra a las nueve, y vende cosas como semillas de verduras y equipamento agrícola de alto nivel.
De camino a casa desde la escuela, Saya y yo aun estamos en el modo ‘queja sobre Itomori’.
No hay cadenas como McDonald’s o MOS Burger, pero tenemos dos ‘snack bars’. No hay trabajo, ni chicas en busca de maridos y la luz del día dura poco. Queja, queja, queja, queja. La mayor parte del tiempo, de hecho, encontramos la escasa población de la ciudad refrescante. Estamos casi orgullosos de ello, pero hoy nos desesperamos en serio.
Tesshi ha venido empujando su bici junto a nosotras, en su propio mundo, e irritantemente interrumpe en la conversación.
—¡Geez, anda ya!
—¿Qué? —Preguntamos, y Tesshi muestra una mueca que da miedo:
—Olvidad todo eso. ¿Paramos en el café?
—¿Huh…?
—¿Qué…?
—¡¿Qué…?!
—¡¿Un café?! —Coreamos al perfecto unísono.
Un metálico kachonk! se funde con el canto de las cigarras de la tarde.
—Aquí. —Tesshi sostiene las latas de zumo de las máquinas de vending.
Con un gemido motorizado, un anciano que viaja en su scooter eléctrico a casa desde los campos cruza frente a nosotros, y un perro callejero que pasa se sienta y bosteza como si dijera: Sep, ¿por qué no? Os haré compañía .
El ‘café’ no era exactamente lo que te vendría a la mente. No era un Starbucks o Tully’s o uno de esos fantásticos espacios que sirven pasteles, dulces y helado. Era solo una parada de bus en medio de la nada con una máquina de vending y un banco con un emblema de un helado de unos 30 años plasmado en él. Los tres nos sentamos lado a lado en el banco, tomando nuestro zumo, mientras el perro descansa a nuestros pies. No sentimos que Tesshi nos engañara. Es más como: ‘ Bueno, claro. ¿Qué más sería?’ —Bien, me voy a casa.
Me despedí de los dos después de participar en un intercambio del que podía haberme importado menos — ‘Creo que hay un grado menos que ayer’, ‘No, creo que hay un grado más’— que duró tanto como lleva terminar una lata de zumo.
—Buena suerte esta noche. —Dice Saya.
—Volveremos y lo observaremos. —Promete Tesshi.
—¡En serio no tenéis que hacerlo! ¡En serio, ni os atreváis! —Los advertí, pero por dentro, estaba enviando una oración en su dirección. ¡Dad lo mejor para convertiros en una pareja de verdad, vosotros dos!
Tras subir las escaleras de piedra un rato, me giré, mirando a ambos mientras se sentaban en el banco con el lago coloreado por el sol como decorado, y suavemente coloqué una melodía de piano lírica sobre la escena. Mm-hmm, lucís muy bien juntos. Esta noche, debo realizar mi penosa obligación, pero espero que vosotros disfrutéis de vuestra juventud.
—Awww, quiero hacerlo también. —Yotsuha gruñe.
—Es demasiado pronto para ti, Yotsuha. —Le silencia la abuela.
El clic constante de los pesos esféricos que se juntan resuena en un taller lo suficientemente la abuelade como para solo unos ocho tatamis.
—Escucha la voz del hilo. —Le dice la abuela. Mientras habla, sus manos no se detienen en su trabajo—. Si sigues enrollando hilos de esa manera, en poco tiempo, las emociones comenzarán a correr entre tú y el hilo.
—¿Huh? Pero el hilo no habla.
—Nuestros cordones trenzados. —Continúa la abuela, ignorando la objeción de Yotsuha.
Las tres llevamos kimonos y estamos terminando los cordones que usaremos en la ceremonia de esta noche.
Los cordones trenzados están hechos de hilos delgados trenzados juntos en una sola cuerda. Es un arte popular tradicional que se ha transmitido durante mucho tiempo. Los cordones terminados son lindos y coloridos, con todo tipo de diseños trenzados en ellos. Dicho esto, el trabajo requiere bastante habilidad, por lo que la abuela está haciendo que Yotsuha aprenda. Yotsuha pasa el tiempo haciendo trabajo auxiliar, enrollando el hilo alrededor de las pesas.
—Nuestros cordones trenzados contienen mil años de la historia de Itomori. Os digo que esa escuela vuestra realmente debería dar prioridad a la enseñanza de este tipo de historia de la ciudad a sus hijos. Escuchad, hace doscientos años…
Aquí vamos de nuevo , pienso con una pequeña sonrisa retorcida. Es el diálogo favorito de la abuela, y lo he oído una y otra vez en esta sala de trabajo, incluso desde niña.
—Un fuego empieza en el baño de Mayugorou Yamazaki, el fabricante de sandalias de paja, y quemó toda esta área, incluido el santuario y todos los registros antiguos. Era lo que la gente llama… — La abuela me mira.
—‘El Gran Incendio de Mayugorou’. —Respondo levemente.
Mm-hmm. La abuela asiente, pareciendo satisfecha.
—¿Qué? ¡¿Llamaron al incendio como él?! —Yotsuha exclama, atónita—. Pobre señor Mayugorou. —Murmura—. Que ataran su nombre a algo como eso.
—Gracias a ese incendio, no sabemos lo que significan nuestras danzas o los patrones en nuestros cordones. Todo lo que quedaron fueron las formas. Aunque, incluso si no sabemos, no debemos dejar que desaparezcan. El significado en esas formas saldrá a la superficie algún día.
Las palabras de la abuela tienen un ritmo único, como una balada tradicional, y mientras trenzo mi cordón, digo las siguientes palabras con ella, silenciosamente reitándolas de memoria: El significado en esas formas saldrá a la superficie algún día. Aquí, en el Santuario Miyamizu…
—Aquí, en el Santuario Miyamizu, esa es nuestra solemne obligación. Y aún… —En ese punto, la abuela baja sus párpados, tristemente—. Y aún así, ese tonto hijo mío… Como si abandonar el sacerdocio y dejar esta casa no fuera suficiente, tuvo que hacerse político…
La abuela suspira, y yo dejo escapar un pequeño suspiro debajo de él. Incluso no sé si amo este pueblo o si lo odio, si quiero ir a algún lugar lejano o quedarme con mi familia y amigos para siempre. Cuando quito mi cordón terminado de colores brillantes del soporte redondo, hace un clic suave y solitario.
Creo que el sonido de la flauta de madera japonesa que fluye del santuario hacia la oscuridad probablemente aterrorizaría a la gente de ciudad. Establece el ambiente para algún evento siniestro, como en una vieja novela de misterio de asesinato.
Durante un tiempo, he estado realizando un baile ceremonial de doncella del santuario, sintiéndome lo suficientemente sombría como para desear que un asesino como Jason o Jack el Destripador — cualquiera realmente— me sacara de mi miseria.
En estas fechas, cada año, el Santuario Miyamizu celebra su festival de la cosecha, y Yotsuha y yo tenemos la mala fortuna de ser las estrellas del espectáculo. En este día, llevamos atuendos de doncella de santuario, nos pintamos con colorete los labios rojo brillante y usamos adornos para el cabello, salimos frente a la audiencia de pie en el Salón de Kagura y bailamos la danza que la abuela nos enseñó. Es una de las tradiciones cuyo significado se perdió en el incendio, y es realizada por dos personas, moviéndose en sincronía. Ambas sostenemos campanillas con cuerdas de colores atadas a ellas. Las hacemos sonar, sacudiéndolas una y otra vez, haciendo que las cuerdas fluyan y vayan tras nosotras.
Durante mi último giro, atisbé a Tesshi y Saya por la esquina del ojo y me deprimí aún más. Esos pequeños… ¡Les dije una y otra vez que no vinieran, ¿y aún están aquí?! ¡Los machacaré con mi poder como doncella! ¡Les mandaré un montón de stickers de maldición por Line!
Dicho eso, la danza no es la parte que odio. Claro es un poco embarazoso, pero ya que la llevo haciendo desde niña, estoy completely acostumbrada. No, no es esto. Es ‘ese’ ritual. Lo que es más embarazoso cuanto más mayor me hago. Esa cosa que tengo que hacer tras esto. La parte que parece diseñada intencionadamente para humillar brutalmente a las mujeres.
Oh, por el amor de… ¡No quiero!
Plagada con esos pensamientos, muevo mi cuerpo, y de repente, la danza acaba.
Agh. Aquí viene.
Munch, munch, munch. Munch.
Munch, munch, munch, munch.
Estoy masticando arroz intensamente. Cierro los ojos y sigo masticando, intentando no pensar, tratando de no sentir el sabor, el sonido o el color. A mi lado, Yotsuha está haciendo exactamente lo mismo. Estamos arrodilladas formalmente, una al lado de la otra, y una pequeña caja de madera descansa sobre un soporte frente a cada una de nosotras. Y, por supuesto, más allá de eso, una audiencia diversa de todas las edades y géneros nos mira.
Munch, munch, munch. Munch, munch.
Agh, juro…
Munch, munch, munch.
Tengo que acabarlo pronto.
Munch, munch.
Arrrgh.
Munch.
Rindiéndome, alzo la caja ante mí. La acerco a mis labios, intentando velar mi boca con la manga de mi kimono.
Y entonces…
Aaagh.
Frunciendo los labios, escupo el arroz que he estado masticando en la caja. La mezcla de granos y saliva gotea de mi boca como un líquido espeso y blanco. Siento como si hubiera escuchado a la multitud moverse, murmurando: ¡ Waaaaaaaaah! Sollozo por dentro. Por favor, que nadie me mire.
Sake hecho en la boca.
Es el tipo de sake más antiguo de Japón. Si se mastica arroz, mezclándolo con saliva, simplemente dejándolo reposar, fermenta y se convierte en alcohol. Luego se ofrece a los dioses. Hace mucho tiempo, escuché lugares en todo el país que solían hacerlo, pero no sé si otros santuarios todavía hacen este tipo de cosas ahora en el Siglo XXI… ¡Y en serio, hacerlo con ropa de doncella de santuario por encima! Quiero decir, ¿cuál es el punto?
Sollozando mentalmente, tomo otra pizca de arroz y me la llevo a la boca como un soldado. Luego mastico de nuevo. Yotsuha está haciendo exactamente lo mismo, su expresión fría y serena. Tenemos que hacer esto una y otra vez hasta que las pequeñas cajas estén llenas. Escupo saliva y arroz de nuevo. Por dentro, estoy llorando.
De repente, mis oídos captan voces familiares. Sintiendo una mala premonición como una leve oleada, levanto mis ojos ligeramente.
Maldiciones.
Quiero explotar y llevarme el santuario conmigo. Lo sabía: son mis tres llamativos compañeros de clase. Me miran con sonrisas en sus caras y chismeando alegremente sobre algo. Hay demasiada distancia entre nosotros para que realmente los escuche, pero siento que los estoy escuchando fuerte y claro. ‘¡ Eeeeee, nunca, nunca podría hacer eso!’ y ‘ Es bastante osceno’ , y ‘ Tío, ¿cómo puede hacerlo en público? Nadie se casará con ella ahora’ .
Me hice una muy, muy firme resolución:
Cuando me gradue, dejaré este pueblo y me iré muy lejos.
—Ánimo, hermana. ¿A quién le importa si la gente de tu instituto te ve? Y, de todos modos, ¿ que te tiene tan conmocionada?
—¡Debe ser genial ser una niña despreocupada y prepubescente!
Miro a Yotsuha. Me he puesto una camiseta y acabo de dejar la entrada del santuario.
Tras el festival de la cosecha, para cerrar la noche, ambas asistimos a un banquete para la gente local que ayudó con el mismo. La abuela era la anfitriona, y Yotsuha y yo repartimos sake y damos conversación.
—¿Cuántos años tienes, pequeña Mitsuha? ¿Qué?! ¡¿Diecisiete?! Ya veo… Teniendo a una dulzura como tú por aquí para mí me hace sentir joven de nuevo.
—¡Sí, señor, anda que no pasan los años! Venga, ven, ¡bebe algo más!
Los entretuvimos casi desesperadamente, nos agotamos y finalmente nos soltaron, diciendo:
—Niñas, podéis volver a casa.
La abuela y los demás adultos aun están en la oficina del santuario, siguiendo con el banquete.
—Yotsuha, ¿sabes cuál es la edad media de los que había allá?
En el terreno, todas las luces del santuario están apagadas, y los sonidos fríos de las canciones de los insectos hacen eco a nuestro alrededor.
—No sé. ¿Sesenta?
—Hice los cálculos en la cocina. Eran setenta y ocho. ¡Setenta y ocho!
—Huh.
—Ahora que nos hemos ido, ¡son noventa y uno allí! Están llegando a cien. Están en la etapa final de la vida. ¡El inframundo podría enviar un segador a todo el lugar!
—Hmm…
A lo que estoy tratando de llegar es a que debemos rescatar a este pueblo lo antes posible, pero la respuesta de Yotsuha es breve. Parece preocupada por algo más. Bueno, ella es solo una niña pequeña, no entendería la agonía de su hermana mayor. Rindiéndome, miro al cielo.
La vasta extensión está llena de deslumbrantes estrellas brillantes, que brillan trascendentalmente, como si las vidas humanas en la Tierra no fueran de su incumbencia.
—… ¡Eso es!
Mientras descendemos por la larga escalera de piedra del santuario, una al lado de la otra, Yotsuha de repente grita. Lleva una expresión triunfante, como si hubiera encontrado un pastel que alguien le escondió.
—Qué tal si… ¿Por qué no masticas un montón de sake y lo usas para pagar tu camino a Tokio?
Por un momento, me quedo sin palabras.
—… Tienes toda la mente para pensar en eso.
—¡Podrías enviar instantáneas y videos y llamarlo 'Santuario de la doncella del santuario' o algo así! ¡Apuesto a que se vendería!
¿Debería preocuparme que mi hermana de 9 años vea el mundo así? Aún así, me doy cuenta de que Yotsuha está realmente preocupada por mí, a su manera. Aw, ella es realmente linda, creo, un poco más cariñosa que antes. De acuerdo, entonces, tal vez le dé a esta idea del negocio de sake un pensamiento serio… Espera, ¿puedes vender sake por tu cuenta así?
—¿Bien? ¿Qué opinas, hermanita?
… Y eso es todo lo que tengo que decir.
—… ¡Espera no! ¡Sería contra las leyes del licor!
Espera, ¿ese era el problema?, me pregunto, y cuando vuelvo en mí, salí corriendo.
Todo tipo de incidentes, sentimientos, perspectivas, dudas y desesperaciones se mezclan dentro de mí y parece que mi corazón está a punto de explotar. Corro por las escaleras, tomándolas de dos en dos, aprieto los frenos debajo de la puerta torii en el rellano y succiono una gran bocanada de aire frío y nocturno. Luego expulso el desorden desordenado en mi pecho junto con él:
—¡Estoy harta de este pueblo! ¡Estoy harta de esta vida! ¡Hazme un chico sexy en Tokio en mi próxima vida, por favoooooooor!
Voooooooor. Voooooooor. Voooooooor. Voooooooor…
Mi deseo resuena en las montañas oscuras, luego desaparece como atraído por el Lago Itomori debajo de mí. Las palabras salieron por impulso, y son tan tontas que mi cabeza se enfría, al igual que mi sudor.
Ah, pero también así…
Dioses, si realmente estáis allí… Por favor…
Incluso si los dioses realmente existen, todavía no sé qué desear.



Comment
Lo siento, debes estar registrado para publicar un comentario.