Capítulo 1
Sueño na voz y un aroma nostálgicos. Querida luz y calidez.
Estoy presionado contra alguien muy especial para mí, tan cerca que no hay espacio entre nosotros. Estamos atados el uno al otro, casi inseparables. Como un bebé agarrado al pecho de su madre, estoy completamente intocado por la ansiedad o la soledad. Nunca he conocido el aguijón de la pérdida. Un hormigueo, una sensación exquisitamente dulce me llena.
Abruptamente abro los ojos. Ahí está el techo.
Estoy en mi cuarto. Es por la mañana. Estoy solo.
Tokio.
… Ya veo.
He estado soñando. Me siento en la cama.
En ese lapso de dos segundos, la sensación de unidad que me envolvió un momento antes se desvanece sin dejar rastro, sin eco. Es tan repentino que, antes de tener tiempo de pensar, las lágrimas vienen.
Cada vez es más común que cuando me levante cada mañana, por alguna razón, esté llorando.
… Y nunca puedo recordar lo que estaba soñando.
Me seco las lágrimas con mi mano derecha, y luego me la quedo mirando. Pequeñas gotas de agua se adhieren a mi índice. Tanto el sueño como las lágrimas que brevemente llenaron mis ojos ya se han evaporado.
Esta mano una vez sostuvo algo realmente preciado.
No lo sé.
Me rindo, salgo de la cama, dejo mi habitación y me dirijo al baño. Me lavo la cara, tengo la sensación de que el sabor y la temperatura tibia de esta agua una vez me sorprendieron, y me miro en el espejo.
Mi reflejo me devuelve la mirada. Parece vagamente infeliz.
Mirando al espejo, me arreglo el pelo, metiendo los brazos por las mangas de mi uniforme de primavera.
Ato la corbata que finalmente me acostumbré a usar, luego me pongo la chaqueta.
Abro la puerta de mi apartamento…
Cierro la puerta. Ante mí…
El paisaje urbano de Tokio, al que finalmente me he acostumbrado, se extiende ante mí. Tal como aprendí una vez los nombres de los picos de las montañas, ahora puedo nombrar algunos de los rascacielos sin siquiera intentarlo.
Paso por el torniquete en la estación abarrotada, bajo la escalera mecánica…
Abordo un tren de cercanías. Apoyado contra la puerta, veo pasar el paisaje. La ciudad está llena de gente: en las ventanas de los edificios, en los automóviles, en los puentes peatonales.
Un cielo brumoso y pálido de primavera. Cien personas por un automóvil, mil personas por un tren, mil trenes que cruzan la ciudad.
Antes de darme cuenta, como siempre, mientras miro a esas calles…
Estoy…
… buscando a alguien. Solo una persona.
Estoy…



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