Palabras de la autora
A ti, que lees estas líneas, mi saludo. Espero que te encuentres bien. Yo sigo siendo la misma.
He reflexionado mucho sobre la vida solitaria y, en mi afán, comencé a escribir novelas. Durante tres años, visité el Santuario Jinguu en Hokkaidō. A los ancestros, les ofrecí un pacto: si conseguía convertirme en novelista, no me importaría que nadie volviera a quererme. Era un trueque.
Anhelaba algo firme, inquebrantable. Algo mío.
Así transcurrieron los días. En el tercer año, al inicio de la primera visita del año, mi suerte predicha fue de "gran fortuna". Una sensación de *déjà vu* me invadió por completo.
"Por esta premonición… siento que este año recibiré un premio", recuerdo haber dicho entonces.
Pocos meses después, un prestigioso galardón de Kyoto Animation llegó a mis manos. "Finalmente, he vendido mi alma", pensé, abrumada por el peso del pacto. Pero al detenerme, al cesar la carrera incesante y mirar atrás, comprendí que nada de aquello era del todo cierto.
Violet Evergarden me otorgó diferentes formas de "amor". Llegaron a mí, una persona que creía no necesitar nada, que pensaba vivir enteramente sola. Además, muchas personas me brindaron una ayuda milagrosa en el camino hacia la publicación.
Aquella resolución inicial me llenó de vergüenza.
Había sido una tonta.
Fracasé. Lloré. A menudo. Pensé que de adulta lloraría menos. En cambio, solo me volví más propensa a las lágrimas.
La diferencia entre mi llanto de entonces y el de ahora es que mi yo actual se levanta sola. Se quita el barro de las rodillas. Se alza, con el rostro empapado de lágrimas, y echa a correr de nuevo. Sufrimiento, ahora, es su combustible. No disminuí el paso. Tampoco dejé de fijarme en quienes me observaban correr. Recordé mostrarles mi gratitud.
Todo lo que sentí, todo lo que viví, se volcó en Violet Evergarden. No es una historia completamente feliz, porque la vida es dura.
No deseo que llegue el mañana. Aun así, en este mundo cruel, las ocasiones de asombro ocasionales me conmueven hasta las lágrimas.
Creo que eso es hermoso. Si alguna vez una historia así tiene cabida, deseo escribirla con más ahínco.
Si tú, que has leído hasta aquí, tampoco anhelas el mañana, por favor, no te rindas. Te animo.
Yo también ansío ser aplaudida. Así que hagamos que las cosas sucedan. Demos lo mejor de nosotras.
Que tú, que has encontrado este relato, también tengas momentos maravillosos. Mis saludos.

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