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La muñeca de los recuerdos – Capítulo 43

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La noche estrellada y el dúo solitario

Las cartas traen felicidad a quienes las reciben.

El hecho de que la otra persona hubiera elegido palabras para ellos. El tiempo empleado seleccionando cuidadosamente el papel y los sobres.

Incluso el momento de ir a la oficina postal para enviar el correo. Las cartas eran especiales solo por existir.

Ese algo especial se enviaba cada día a ‘nuestro’ hogar.

Sobres con sellos de cera con el venerable escudo de un clan real. Papelería delicada y hermosa, probablemente elegida teniendo en cuenta el carácter de la persona.

Incluso cartas escritas por niños que aparentemente acababan de aprender a escribir.

—Esta fue enviada por Lady Charlotte desde Fluegel. Una vez le hice de escritora para cartas de amor…

—Había oído sobre ello. Si no me equivoco, ¿no era de una familia real?

—Sí, ahora se ha convertido en Reina.

—Tienes un increíble círculo de conocidos.

La mayoría eran cartas para ella, que vivía conmigo.

—Esta es otro nuevo tomo del Señor Óscar, el novelista, junto con una carta.

—Eso me alegra. Me gusta sus libros también.

—Parece que su trabajo se ha convertido en una obra teatral, así que manda entradas también. Esta es para ti, Comandante.

—Estoy agradecido. ¿Vamos a verla?

—La carta de agradecimiento llevará nuestra firma conjunta.

El rango de edad de los remitentes era amplio, pero probablemente se dividían casi igualmente en géneros.

—La escritura de la señorita Taylor… es mejor que antes.

—Cierto. También escribió el nombre de la calle correctamente. ¿No había alguien más llamado Bartlett entre tus amigos por correspondencia…? No, ¿era ‘York’?

—Sí. Nos aseguramos de intercambiar cartas durante el cambio de estaciones.

Quizás era más inusual para nosotros tener días en los que no había cartas en el buzón.

Era prueba de que ella había estado compartiendo momentos maravillosos con gente en su vida.

A veces la envidiaba por eso, pero sobre todo, me sentía orgulloso. Me daba el verdadero sentimiento de que mi querida era amada por mucha gente.

—Comandante, iré a mi cuarto a escribir las respuestas.

—Aah, tómate tu tiempo.

Eso era básicamente lo que pensaba.

L Sin embargo, sentí curiosidad por las personas con las que frecuentemente intercambiaba cartas y, a veces, cuando la veía (alguien cuyas expresiones faciales rara vez cambiaban) recibiendo felizmente el correo, terminaba preguntándome cuál era su relación con la otra persona. Me aseguraba de no molestarla cada vez que escribía cartas, por lo que a veces también me quedaba mirando en silencio la puerta cerrada, rezando para que terminara rápidamente.

En resumen, estaba un poco celoso de sus cartas.

Hubo idas y venidas entre nosotros hasta que nos reunimos y nos había tomado bastante tiempo vivir bajo el mismo techo de esta manera. Había sido largo el tiempo que pasamos sin saber qué hacía el otro.

Y una de las razones de dichos giros y vueltas fue que me había mantenido alejado de ella porque la amaba mucho, así que no podía simplemente hablar con ella sobre las relaciones que había cultivado durante mi ausencia. No fui tan descarado.

Por lo tanto, tampoco dije nada cuando llegó una carta de un joven explorador al final de cierto verano.

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—Esta fue enviada por el Maestro Leon Stephanotis desde Eustitia.

Llegando del lugar donde el famoso Observatorio Astronómico de Shahar se ubicaba, la carta era aparentemente de uno de sus antiguos clientes. Parecía que había sido capaz de nombrar las estrellas al mirar al cielo por su influencia.

—Él escribe sobre sus aventuras durante sus viajes y de historias que involucran estrellas.

Una vez se estableció en el Observatorio Shahar, pero él está ahora recorriendo el mundo y excavando trabajos literarios.

—Es increíble. ¿Qué clase de personas es?

—Una amable.

Era una palabra rara en su boca.

—‘Amable’…

—Me preguntó si tenía frío cuando estábamos observando el cielo nocturno. Es esa clase de persona.

Seguramente, ambos habían tenido una experiencia maravillosa. Acariciaba ese recuerdo.

A menudo no llamaría a nada ‘divertido’, así que no había fallo en que esto había sido un momento particularmente ‘divertido’ en su vida.

—Ya veo; es una persona maravillosa, huh.

—Sí, me dio profundas lecciones sobre las estrellas. Eustitia es un lugar maravilloso también, Comandante, así que me gustaría llevarte allí un día. ¿Te interesaría observar las estrellas del cielo nocturno…?

—Conozco los nombres de algunas estrellas. Dicho eso, sin embargo, solo conozco las más famosas.

Cuando dije esto, ella lentamente mostró una sonrisa.

—Entonces, Comandante, las estrellas son de tu interés también, ¿cierto? —Dijo, acercando la carta a su pecho como para abrazarla.

—¿Te gustan las estrellas?

—Sí. Porque el cielo continúa.

—Aah, cierto —Sentí que la conversación no iba a ningún lugar, pero por ahora, solo asentí.

Hablando de eso, ella a menudo me dice los nombres de las estrellas cuando paseamos por las calles de noche.

De nuevo, había aprendido una cosa más que le gustaba. Mi amada adoraba las estrellas.

—Así que tengo un campo de interés contigo, Comandante. Qué honor.

Verla sonriendo inmediatamente extinguió la leve llama de celos en mí. Estaba encantada.

Eso era bueno.

—Es un honor para mí también. Por cierto, tu reporte de cuando llega una carta… Si hay algo que quieras mantener en secreto, puedes hacerlo.

—Comandante, no hay que quiera ocultarte.

—¿Es así?

Era como si la obligara a decirlo. Pero ella no era de las que mienten, así que probablemente era la verdad.

Mientras saboreaba esa felicidad, como si me lo estuviera diciendo a mí mismo, decidí que también debía ser honesto con ella.

—Te lo reporto… porque esperaba compartir contigo al menos un poco… de todo lo que he visto y sentido, así como todos mis recuerdos con la gente que he conocido.

Estaba genuinamente sorprendido de oír esas palabras. Después de todo, yo había estado completamente convencido de que el hecho de que me reportara todo era un remanente de su época en el ejército.

¿Así que estaba tratando de compartir sus recuerdos conmigo?

—Los lugares a los que has ido, la gente que has conocido, lo que sentiste, las historias que has visto… también me interesan esas cosas. Gracias; has estado tratando de contármelas, ¿cierto?

Ella asintió. La forma en que inclinaba la cabeza como un niño era la misma del pasado.

Sin embargo, en el pasado, que tratase de compartir sus sentimientos y experiencias con alguien era algo impensable. Solía ser la clase de chica que permanecería en silencio todo el tiempo si quedaba sola, así que no diría nada si estaba hambrienta, y si estaba herida, ni siquiera se quejaría del dolor.

Ella era nada más que una niña soldado parecida a una máquina que se encargaba de lo que había ante ella.

—¿No era incómodo para ti…? —Ya no siendo esa niña soldado, miró hacia mí como si probara un poco las aguas.

Mi mano se estiró automáticamente.

—Para nada, estoy tan feliz… Ya veo; así que lo que sentías cuando me contabas esas cosas… —Le acaricié la cabeza, y así, enterré mis dedos entre su pelo. Su hermoso cabello era como olas de oro.

—¿Yo… hice… algo malo?

Quizás la estaba tratando demasiado como a una niña, acariciándole la cabeza a alguien que se había convertido en tal maravillosa joven, pero me descubrí haciéndolo por accidente. No había sido capaz de hacérselo a menudo cuando era una herida bestia salvaje.

Ambos ya éramos adultos, pero quizás estábamos intentando llenar los agujeros abiertos en nuestros corazones con algo. Y deseábamos que el otro perdonase esta acción.

—Nada, en absoluto.

Ser perdonados nos hacía sentir aliviados. ‘Está bien para mí vivir junto a esta persona’, pensaríamos.

Podría ser una exageración, pero recibir una respuesta positiva de alguien amado podría tener tal efecto.

—Estaré feliz si sigues haciendo eso a partir de ahora también. Haré lo mismo. Cierto… ¿no tenías papel y sobres con estrellas dibujados en ellos?

—Sí.

—¿Qué tal si le respondes con uno de esos? Si él es de Shahar, estaría encantado, ¿cierto?

Sus pestañas doradas revolotearon, sus ojos azules brillaron.

—Genial idea. Seguro que le encantará. Muchas gracias, Comandante.—

—Para nada. Gracias a ti también, por compartir esas maravillosas cartas conmigo.

En ese momento, sus sentimientos inocentes purificaron mis celos. Tales celos eran algo que nunca me habían asaltado.



Me las arreglé para terminar el asunto sin mostrar ningún rastro de que tenía envidia del aventurero. Sin embargo, mi angustia no acabó ahí.

La encontré releyendo la carta del Señor Leon Stephanotis incontables veces tras aquello.

No pensé nada en particular la primera vez. Concluí que estaba pensando cómo responderle o algo así.

La segunda vez, quedé impresionado, asumiendo que su contenido debía ser excepcionalmente bueno.

A la tercera, como esperaba, le pregunté: —¿Observando esa carta de nuevo?

Quizás porque lo pregunté con una expresión mezclada con sentimientos encontrados, tras brevemente poner una cara pensativa, ella respondió con una actitud que mostraba que había escogido sus palabras meticulosamente: —Sí, quiero leerla lo suficiente como para memorizarla.

Y me arrojó más profundamente a un torbellino de confusión.

—¿‘Suficiente como para memorizarla’?

—Sí, suficiente como para memorizarla.

¿Había tal forma para leer una carta?

Yo también he leído cartas de ella después de que nos reuniéramos tan a menudo, que las memoricé.

¿Así que eso significaba que tenía esos mismos sentimientos y pasión por la carta del Señor Leon Stephanotis? ¿Qué estaba escrito? Como esperaba, incluso yo sentía curiosidad.

Si no me equivocaba, ella había dicho que era sobre las aventuras de él y las estrellas.

¿Estaba acompañado por un poema inspirados o algo así? Pero su cara cuando la estaba leyendo no era la cara de alguien cuyo corazón hubiera sido tocado por el arte. ¿Cómo decirlo? Había puesto una cara como si le gustara estudiar.

Incapaz de darle sentido, pasé unos cuantos días con ella atrapada por la carta.

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—Comandante, solicito permiso para salir esta noche. ¿Puedo ir a observar un cometa?

La clarificación del misterio llegó sorprendentemente rápido. Después de todo, mi amada me hizo esta pregunta justo después de despertarme, llevando un equipaje que la hacía ver como que se iba a la montaña.

Al principio, pensé que iba a irse a una marcha militar o algo.

—¿‘Cometa’?

Como acababa de despertarme, mi cabeza no funcionaba bien. Esto era porque también la vi leyendo la carta del Señor Leon Stephanotis justo antes de ir a cama, así que no había sido capaz de dormir.

¿Por qué lo hizo justo antes de ir a dormir? ¿Y por qué la trajo a nuestra habitación?

—Sí, el Maestro Leon predijo que debería ser capaz de verlo si el cielo estaba despejado hoy. Escribió en detalle sobre qué clase de colina debería buscar y qué necesitaba llevar conmigo… en caso de que fuera a observar el cometa —Me informó de una forma ligeramente excitada, desconocedora de mis sentimientos.

Su voz era más fuerte de lo habitual.

Silencio.

—¿Puedo ir? —No era necesario pedir mi consentimiento, pero aún así me lo preguntó una vez más.

Finalmente estaba digiriendo el curso de los eventos.

—¿Así que estabas… planeando observar un cometa…?

Había estado estudiando. Aprendiendo técnicas de alguien al que consideraba su mentor respecto a las estrellas.

—Sí. Afortunadamente, el tiempo parece ser bueno hoy. Si continúa así hasta el anochecer, será posible ver el cometa a simple vista. Me he preparado para ello.

Probablemente para eso era ese pesado equipaje.

Avergonzado, me cubrí la cara con la mano.

—¿Comandante?

—Claro, eres libre de hacer lo que quieras…

—Muchas gracias, Comandante. —Su voz sonaba animada.

Había estado haciendo preparativos todo este tiempo hasta hoy porque quería ver las estrellas. Era una persona pura de corazón.

Qué tonto fui.

Eso significaba que había estado celoso debido a una errónea presunción.

—Es por la noche, ¿cierto? Deja esas bolsas en el suelo por ahora…

—Sí, Comandante.

Me disculpé con el Señor Leon Stephanotis incontables veces en mi cabeza. Su relación con ella era sana, y yo fui el errado por mis injustas sospechas.

Si cualquier carta de él llegaba de nuevo en el futuro, le enviaría un buen vino junto con la respuesta.

—Comandante, tienes la cara roja. ¿Pasa algo?

—No, no es nada…

—Dios. Tienes fiebre…

No es eso, cariño.

—Estoy bien. Más importante, no tenemos un telescopio. ¿Deberíamos ir a comprar uno a la ciudad? —Ella no había aún comprobado la temperatura de mi cabeza, pero me aseguré de mirarla directamente.

Murmuré esto en intervalos después de sacarle la mano de mi cara. Quería ayudarla a divertirse, incluso aunque fuera un poco.

—No, los telescopios son caros. —Ella sacudió la cabeza.

—Los cometas no son algo que se vean a menudo, ¿no?

—Este cometa se llama Cometa Fin, y aparentemente, puede ser visto cada doce años.

—Doce años, huh…—

Si ella y yo nos las arreglamos por mantenernos sanos y no enfermar hasta entonces… Serían capaces de verlo de nuevo. Pero esto dependía del destino, así que uno no podía estar seguro.

—Como pensaba, compremos un telescopio. Si prefieres, ¿puedo acompañarte en esta aventura tuya?

Ella inmediatamente sacudió la cabeza ante la pregunta.

—Es extremadamente agradable, Comandante, que me des tu valioso tiempo… así que si es de tu interés, como sea, por favor ven conmigo.

Parecía que ella había querido que la acompañase.

—No hay tiempo más valioso para mí que el que paso contigo. Tengo que preparar mis cosas también… —En realidad… ya he preparado equipaje para dos.

—¿Es así? Es de gran ayuda.

Silencio.

—¿Qué pasa?

—Desde el inicio… tenía grandes expectativas de que te me unieras. —Bajó la mirada.

Sus mejillas estaban normalmente rosadas contra su piel blanca, pero ahora estaban teñidas de vermellón—. Es genial porque realmente accediste… Ella estaba actuando irreconociblemente tímida.

—Estoy avergonzada por mí misma por saltar a conclusiones, aunque es demasiado tarde para eso.

—No es vergonzoso.

—No, fui tonta por mi parte. Y lamento depender de tu amabilidad.

—No tienes por qué. Estoy feliz. Además, tenías ganas de ver este cometa, ¿cierto?

—Sí. En el pasado, el Maestro Leon me enseñó sobre los cometas y vi uno por primera vez. Si fuera capaz de ver un cometa de nuevo en mi vida, quería hacerlo como fuera.

—Ya veo; lo espero con ganas. Me alegra que quisieras ver un cometa conmigo. —Le sonreí.

Esta vez, ella fue la que se tapó la cara con las manos. Sus prótesis crujieron.

Le acaricié la cabeza y esperé a que se le pasara el sonrojo.

Al final, bajó las manos y habló con resolución:

—Ahora que llegamos a esto, Comandante, seré tu acompañante para que lo disfrutes al máximo.

—Acompañarte por la noche es mi deber —Murmuré como para reprenderla.

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Al final, aún mientras era de día, compramos un telescopio cubierto de polvo, que dormía en la trastienda de una tienda de la ciudad, y nos preparamos para la noche. Como escuchando su deseo, el día se mantuvo despejado, y a su debido momento, el ámbar dejó paso a la noche.

Ambos salimos juntos a la hora a la que normalmente nos acostaríamos. Con el cielo así, sería posible ver el cometa incluso desde casa, pero aparentemente, el Señor Stephanotis escribió en la carta que era mejor hacerlo en un lugar sin techo, así que nos dirigimos a una pequeña colina cercana.

Pensando en ello, podríamos nunca haber tenido esta clase de diversión nocturna. Sin corresponderse con mi edad, estaba eufórico.

Estábamos ahora observando un cometa. Eso era todo, pero aún así estaba excitado, como si volviera a ser un niño.

Tenía la sensación de que ella estaba animada también.

—Comandante, puedo llevar las bolsas.

—Nop, quiero llevarlas yo mismo.

—Pero yo no llevo nada.

Avancé, habiéndole robado todas las bolsas incluso aunque ella quería cargarlas. Cuando miré al cielo, la Luna brillaba con fuerza.

—Entonces toma mi mano vacía. Y puedes dirigir la marcha. Eres la que decidió el destino, después de todo —Dije mientras le ofrecía la mano.

—Pero entonces ¿no estarías en desventaja y yo sería la que estuviera ‘feliz’?

—Sostener tu mano mientras caminamos es algo que me hace ‘feliz’. No es una desventaja. Cargar con las pertenencias de mi amada me hace feliz también.

No sería capaz de hacerlo sin ti aquí, después de todo.

Ella me tomó de la mano, como resignándose.

—Entiendo. La carretera es peligrosa por la noche. Vigila donde pisas.

—Gracias.

Al final, ella terminó escoltándome, pero me dejó llevar las maletas, así que estuvo bien.

Ella era cortés hasta el punto de que, si se la dejaba a su propia voluntad, incluso a mí me trataría como a una princesa, así que si no fuera tan insistente, ella terminaría haciendo todo sola.

Estaba profundamente conmovido. Después de todo, me recordaba a su yo del pasado.

Te has vuelto capaz de hacer lo que sea por tu cuenta, huh.

Había creado situaciones que la llevaron a esto.

Y aún así, ambos estamos juntos ahora.

Había deseado eso.

Soy tonto.

Mientras caminábamos, apreté más su mano, que estaba desprovista de calor. No podía permitirme dejarla ir ya.



Una vez llegamos a la pequeña colina, descubrimos que había varios grupos de personas con telescopios aparte de nosotros. Como era de noche, nos saludamos en silencio.

—Tengo una colcha aquí, así que por favor toma asiento. No es una noche fría, pero sopla viento, así que he traído mantas también.

—Entendido. Ven aquí.

—¿Aquí?

Tras hacerla sentarse, yo también me senté de forma que la cubría desde atrás. Al hacerlo, podríamos incluso acariciarnos.

—Acércate más si te empieza a doler el cuello.

Silencio.

—En realidad, puedes inclinarte más cerca ya.

Cuando la empujé suavemente del hombro, apoyó la cabeza sobre mi pecho de una manera cómoda.

—Hacer de mi Señor una silla… e inclinarme contra él es…

—Ya no soy tu Señor, y es providencia de la naturaleza que los grandes se aseguren de proteger a los pequeños debido a su diferencia física.

—Providencia de la naturaleza…

—Providencia de la naturaleza.

Ella no parecía muy convencida, pero las palabras ‘Es normal’ pareció funcionar. No importa cuanto tiempo pase, ella siempre tendría ese lado salvaje en algunos aspectos, así que usar el razonamiento cuando se negociaba con ella solía ser bastante efectivo.

—¿Está bien que me mime, Comandante, si es la providencia de la naturaleza?

Acaricié su cabeza sin ninguna preocupación en el mundo. Esta posición fue agradable porque era fácil hacerlo.

—Quiero malcriarte incluso cuando no hay motivo para ello. —Cuando dije esto, ella me confió aún más peso de su cuerpo que antes. Sonreí.

No podríamos hacer esto durante el día por temor a las miradas de la gente, pero ya era de noche. Y ella no podía ver que mi cara estaba roja.

Menos mal que era de noche.

—Da una sensación extraña, ¿no? —susurré mientras miraba al cielo. —¿El señor Stephanotis está mirando el mismo cielo, desde que te habló del cometa?

—Sí, creo que seguro que lo estará observando desde ese enorme observatorio.

También miré a los otros grupos de personas, cuyas posiciones apenas podía discernir en la oscuridad.

—A ellos les pasa lo mismo. Nos ha vinculado únicamente la información de que hoy pasaría un cometa. Me da una sensación tan caprichosa que todos tenemos vidas diferentes y, sin embargo, esta noche miramos al cielo con el mismo objetivo.

¿Debería llamarlo una extraña sensación de hermandad de mujeres?

Iluminada por la luz de la luna en medio de la oscuridad nocturna, ella sonrió.

—El cielo continúa, después de todo.

Una vez había escuchado esta frase, pensé.

—Eso también lo dijiste antes.

—Sí. No importa a dónde vaya, el cielo continua. Cuando no era capaz de verte, a veces pensaba que, incluso si no podíamos observar el paso de las estaciones juntos, podríamos estar mirando el mismo cielo nocturno. Gané esta clase de pensamiento porque el Maestro Leon me enseñó sobre observación astronómica.

Silencio.

—Quizás, Comandante, la gente que conoces también está mirando al cielo ahora.

—Mi hermano probablemente no.

—Me pregunto. A menudo solía alzar la mirada al cielo desde el escritorio de su barco.

—¿Es así?

—Sí. Le gustaban las cosas bellas.

Continuamos con una conversación aleatoria mientras esperábamos al Cometa Fin, que empezó a aparecer poco a poco.

—La gente que te envía cartas podría estar mirándolo también.

Y entonces, nos encontramos imaginando. Sobre cómo la gente de otros lugares, que una vez cruzaron caminos con nosotros pero ahora tenían diferentes vidas, estaban pasando esta noche.

—Podría ser.

La princesa que se casó con un reino forestal lejano. El novelista que vivía una vida solitaria mientras deseaba mantener su reputación.

Las hermanas que solían vivir juntas en el pasado.

—Sí, podrían, Comandante.

Estaban todos bajo el mismo cielo estrellado.

—Parece que la gente dice que esto tiene cierto romance.

Por cómo parecía, el Señor Leon Stephanotis fue un buen profesor para Violet. Como se esperaba, acabé celoso.

—Comandante.

—¿Qué pasa…?

Incluso aunuqe ella había estado finalmente observando el cielo nocturno, ella miró hacía atrás. Sus ojos azules brillaban incluso en la oscuridad.

—Estoy pasando este tiempo contigo ahora mismo. Solos los dos.

Cuando nos conocimos, me aterraban.

—Sí.

—Aún así… de repente me encuentro echándote de menos. Más que cuando estoy sola.

Solía asustarme de ese pequeño ser vivo. Porque podía decir que ella se había criado en un lugar caótico y sabía que un mordisco suyo podría matarme.

—Estoy a tu lado y tú estás incluso compartiendo tu calidez conmigo, aún así esto me hace sentirme sola de repente.

Pero no podía dejarla ir. Esto fue lo que me hicieron pensar los pasos que me perseguían y los sonidos irregulares de su respiración.

Que estaba bien si ella me mataba algún día, pero tenía que crear un lugar al que esta pequeña bestia salvaje pudiera pertenecer, además de protegerla.

—Me preguntaba por qué.

Y con el tiempo empezaría a maldecirme a mí mismo.

Nos acurrucamos el uno contra el otro para compensar las partes que faltaban en cada uno de nosotros, lo cual era grave y estaba mal, así que no importa cuán preciosa y querida fuera para mí, nunca se me permitió decirlo en voz alta. Porque fui yo quien creó esta relación entre nosotros.

—Como era de esperar… el momento en que no pude verte fue una tortura para mí.

Sería mejor si estuviéramos separados, por toda la eternidad.

—Cuando hago cosas que la llenan… mi ‘soledad’ se suaviza un poco, como la calma del mar.

La verdad es que incluso nuestro presente podría ser un error. Y, sin embargo, estábamos uno al lado del otro.

Incluso si otras personas nos dijeran que fue un error, no pararíamos.

Íbamos a acurrucarnos el uno al otro hasta la muerte.

—Comandante, ¿no te sientes un poco solo en este momento?

Esta podría ser una relación extraña. La verdad es que podría haber habido vidas diferentes para cada uno de nosotros.

—Si seguimos pasando tiempo juntos así, ¿llegará un día en el que ya no me sentiré sola?

Pero incluso si tuviéramos que empezar de nuevo, seguramente elegiría este camino.

—Violet.

Porque no hay sentido en una vida sin ti.

—Será difícil que llegue ese día —susurré palabras que podrían considerarse un poco crueles con mi flor de violeta—. Somos criaturas solitarias por naturaleza.

Después de mostrar una expresión de aspecto enigmático, recitó mis palabras: —Criaturas solitarias…

La forma en que susurró la frase sonó como si la estuviera digiriendo. Sentí como si se hubiera congelado con solo decir la palabra ‘solitaria’, así que la abracé para calentarla.

Dejándome hacer lo que quisiera, dijo: —¿Somos sólo tú y yo?

—No…

Si solo estuviéramos tú y yo en el mundo, no tendríamos nada de qué preocuparnos.

—Debe ser así con todos. Especialmente en presencia de sus seres queridos… se sienten solos aunque sean felices. Es algo tan extraño.

—¿Se sienten solos porque están enamorados?

—Así es. Sin embargo, la soledad también disminuirá si seguimos teniendo este tipo de contacto unos con otros.

—Pero no desaparecerá, ¿verdad? Comandante, ¿tú… también te sientes solo cuando estás conmigo?

—Sí.

Me siento solo todo el tiempo, Violet. Es exactamente porque estoy enamorado de ti que cada uno de tus movimientos hace que te extrañe.

Pero estoy seguro de que eso es estar enamorado.

—Entonces quiero que nos sintamos solos juntos para siempre.

Las palabras de Violet me hicieron reír. Ella era optimista.

—Bien. Siento que te extrañaré incluso después de convertirme en un abuelo arrugado.

—Me encargaré de ello.

—¿Cómo lo harás?

—Sin embargo, deseas…

Coloqué mi frente sobre la suya. Ella pareció entender lo que quería decir con eso.

—Perdona, aún no estoy acostumbrado, pero… —Casi mostrando una tímida actitud, ella acercó la cara.

El cometa pronto aparecería. Antes de eso, deberíamos permitirnos hacer esto, aunque fuera un poco.

Por eso, querida, quiero que no mires a las estrellas, solo por ahora. Incluso si este es un cometa especial que no podremos ver hasta dentro de doce años, solo por ahora, mírame.

Este recuerdo se repetirá en nuestras cabezas por toda la eternidad.

Mi pecho se sentía oprimido.

Aah, Violet. Tenías razón; qué solitario es esto.

Siempre que esté atado a ti, me siento tan solo como pueda estar.

—Comandante… ¿ya no te sientes solo?

Incluso aunque ya eres una flor que me pertenece solo a mí, te echo de menos.

—Aún no lo suficiente…

No importa si estoy imaginando el futuro o mirando al pasado, o incluso en el presente, sufro, porque estoy enamorado de ti.

—Pero el comet está…

—El cometa puede esperar.

—No puede.

—Puede. Solo una vez más.

Por favor. Quiero que este dolor se vaya.

Cierra tus ojos por ahora, Violet. Porque quiero borrar tu ‘soledad’.

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