Cuando nos conocimos, ella era una muñeca que no hablaba.
Me impulsó a querer darle una patada y preguntarle si estaba viva.
Por cómo era en ese momento, probablemente no habría reaccionado incluso si la pateaban.
El mundo, tras la guerra, era vívidamente colorido. Y aun así, era como si ella viviera en un reino gris.
Como si estuviera atrapada en una habitación donde los sabores y los aromas no existían.
Actuaba como si pretendiera soportar un dolor imparable.
Estar con ella es aburrido.
Pero no podía quitarle los ojos de encima.
¿Por qué está haciendo esto?
Ella debería haber usado la cabeza.
Si pensase en ello solo un poco, podría haberse figurado las cosas.
Qué dolor de cabeza.
No debería vivir con el corazón en la manga.
Debería ser falsa, ponerse una máscara.
Protégete un poco.
Todo lo que Violet podía decir sobre la vida era que era dura.
Podía hacer más de dos veces tantas cosas como una persona ordinaria.
Aun así, era insufriblemente incapaz de hacer nada en lo que fuera mala.
Tampoco era buena para entender las cosas. No podía mentir y nunca huía cuando debía hacerlo.
Más probablemente, ella nunca contraatacaría.
Así, iba probablemente contra el destino. Y probablemente contra el tipo llamado Dios.
Ella solo los obedecía mansamente.
Era diferente de persona a persona, pero estaba bastante seguro de que había gente que cargaba con destinos más hirientes.
Incluso cuando pensaban que se había acabado, se involucraban en conflictos dolorosos de nuevo.
No había salvación para la gente nacida bajo esa clase de estrella.
Incluso si no lo deseaban, eso era lo que les sucedería.
Las circunstancias los llevarían a ello. Traerían infortunio.
Dios debe haber estado atizándola una y otra vez.
Quizás a Violet no le gustaba eso al principio.
Podría haberla hecho llorar.
Pero, bueno, una vez te acostumbras, incluso la violencia podría volverse parte de la vida diaria.
¿No es verdad, Violet?
Dios definitivamente te odiaba.
En esta oscura habitación, hay una muñeca haciendo ruidos.
La figura con forma de chica rubia y ojos azules estaba tocando una melodía.
La forma en que sus brazos mecánicos se movían sobre la máquina la hacía parecer casi una pianista.
Los sonidos de mecanografiar fluían sin fin, prácticamente como música.
Lento al principio, poco a poco más rápido.
Fuerte, fuerte, fuerte, suave.
La conversación entre máquinas terminó en la habitación. No hubo elogios ni aplausos.
La forma en que ella simplemente tecleaba, como si ofreciera una oración, la hacía ver como una peregrina.
Por supuesto, la muñeca no era ni una música ni una peregrina.
Era una artista solitaria.
La ocupación de la muñeca era la de Muñeca de Memoria Automática.
Una profesión que había existido desde antes de la guerra, pero el antiguo negocio se había vuelto más activo justo porque terminó la guerra.
Aquellos que no lo conocían bien dirían que era un trabajo temporal para las mujeres antes de casarse con hombres ricos.
Pero en realidad ese no era el caso.
Ya que esta profesión combinaba trabajo físico y mental, había gente que sobresalía haciéndose un nombre en la industria.
En tal caso, las chicas más demandadas viajaban mucho.
El hecho de que ella hubiera quedado atrás mientras las demás se habían ido y redactaba documentos hablaba de su falta de popularidad.
Sabía por qué estaba sola en esta habitación ahora mismo.
Había ido en un viaje de negocios de copista, pero fue rechazada y regresó.
Aparentemente, el cliente le había dicho que no quería una mujer con brazos protésicos, que tenía marcas de la guerra grabadas en su cuerpo, escribiendo para él.
El comisario de la carta había perdido a su esposa en la guerra.
Por el bien de los niños pequeños que le habían dejado, estuvo buscando una nueva esposa y finalmente logró volver a casarse.
Y por eso buscaba a alguien que escribiera las invitaciones de boda. Probablemente quería que todos lo celebraran.
‘Felicitaciones. Espero que seáis felices juntos’.
Personas de todo el mundo.
Por supuesto que se desanimaría si una chica así apareciera y mostrara sus prótesis en un momento así.
Debió haber sentido como si estuviera arrojando agua fría a su felicidad.
Podría haber sucedido algo que le recordara a su difunta esposa.
Como si me importara, estúpido. Eso no es algo con lo que puedas desquitarte con ella.
Cattleya fue en su lugar y se enojó, diciendo que era un hombre desagradable.
Pensé que las personas que eran odiadas por Dios lo pasaban mal.
Hay una muñeca de pie en la entrada, empujándola un suave viento.
Habiendo vuelto de un envío, la encontré de pie con una postura rígida.
Cuando esta mujer estaba en silencio, realmente era como una muñeca.
¿Se había ido a la casa de un cliente y regresado de nuevo?
¿O le dijeron que querían una chica diferente para la próxima?
Las Muñecas de Memoria Automática eran algo más. Me gustaba más hacer envíos.
Me negaba a inclinarme sumisamente a gente que actuaba confiada.
Si fuera yo, hacía mucho que me habría ido.
Pero Violet vino a trabajar cada día.
Tiene más agallas que otros.
No sabía de qué tratar con ella. No podía decir a alguien de una línea de trabajo diferente qué debería hacer.
‘Ánimo; no te dejes vencer’…
No sabía si esta clase de frase tendría efecto en ella.
Tenía la sensación de que ella no tenía necesidad de estar con otra gente en primer lugar.
Aún así, en momentos como estos, el tipo que la trajo hablaba con ella.
—Pequeña Violet, siempre hay una próxima vez. Tómalo con calma —Le diría.
Antes de que fuera a hablar con ella, me vio y asintió saludando.
—Violet.
El nombre que sonaba tan hermoso cuando salió de mi boca era el de una flor.
—¿Rechazada de nuevo? Hodgins no se enfadará. Entra.
Los ojos de Violet parpadearon varias veces.
—No, no me rechazaron hoy.
Una violeta era una flor que tenía pétalos púrpuras.
—Es más, el Presidente Hodgins dijo que deberíamos ir a comer para celebrarlo….
No importa cuántas veces la pisoteen, esta flor nunca deja de vivir.
—Ya veo. ¿No es genial?
Por alguna razón, estaba aliviado, como si acabara de confirmar que el polluelo al que había estado protegiendo estaba bien.
—Sí.
—Pon una cara más feliz, ¿no…? No, olvídalo. No trates de hacerlo físicamente. Deja de usar tus manos para hacerte sonreír.
Vaya rarita. Me hizo sentir extraño.
Hay una muñeca caminando por la ciudad teñida con los colores del ocaso.
Chaqueta azul prusiano. Vestido blanco como la nieve con lazos.
Broche de esmeralda en el pecho. Un par de botas marrón chocolate altas con cordones que taconeaban sobre la carretera empedrada.
Estaba acostumbrado a ver esa muñeca. Para ser más preciso, era una chica con la apariencia de una muñeca.
Cualquiera sobresaldría si holgazaneara en un puente y mirase un mapa mientras los demás iban para casa.
Estaba en medio del tráfico y solo su atuendo ya era bastante llamativo.
La razón por la que la atisbé tan fácilmente en una ciudad desconocida al ocaso —un momento del día en que la visión de uno empeora— no era que prestase atención de forma natural ni nada parecido.
Yo solo estaba en medio de un envío a algún lugar un poco lejano ese día.
Estaba a dos horas en motocicleta desde la capital, Leiden.
‘Enviamos a donde nuestros clientes deseen’.
Ese era mi trabajo. Así que era generalmente similar al trabajo de esa chica rubia de ojos azules ante mis ojos.
En su caso, era ‘Vamos a donde nuestros clientes deseen’.
Solíamos encontrarnos en la oficina a menudo cuando empezaba la jornada de trabajo, pero últimamente, no nos veíamos en absoluto.
Su número de pedidos se había incrementado. Las cosas parecían irle bien.
Parecía que tenía alguna clase de problema, pero ella probablemente estaría bien incluso si la dejaba aquí.
Estará bien, ¿cierto?
Vestida con un atuendo que parecía directamente sacado de un cuento de hadas, la chica continuó mirando al mapa.
Hey, vas a estar bien, ¿no, Violet?
Era una misteriosa Muñeca de Memoria Automática: tan hermosa como misteriosa, pero con cierto aspecto salvaje.
Algún tiempo pasó desde que nuestro jefe nos la presentó de la nada.
Se nos dijo que era una antigua soldado, pero desconocíamos los detalles de sus circunstancias.
Varios de los miembros del personal de la Compañía Postal CH éramos individuos únicos.
Una antigua soldado era algo raro, pero en cualquier caso, nuestro presidente, Claudia Hodgins, era él mismo un antiguo soldado de alto rango.
Muchos de nosotros éramos de los que huían sin apoyarse en nadie, a pesar de tener nuestra propia carga.
Probablemente porque el presidente era igual.
Es más, bueno, incluso si ella era más joven que yo, ambos éramos gente independiente, así que mi opinión personal era que debería mantener la suficiente distancia para observarla crecer en vez de meterme en sus asuntos.
Es arriesgada… Me quedé así y la observé durante un rato.
Violet Evergarden nunca pedía ayuda cuando estaba en problemas, así que la gente a su alrededor pasaba sin más.
Mientras ella evitaba el flujo de gente mientras miraba intensamente al mapa por su cuenta, su figura era la de una solitaria viajera.
Si no sabes a dónde ir, pregunta a alguien.
Yo no era lo bastante bueno como para llamar a alguien que me fuera desconocido.
Pero no era como si fuéramos extraños tampoco.
De repente oí una voz habitual: ‘¿Haah? Así que ignoraste a la Pequeña Violet cuando estaba en un aprieto?
Qué insensible puedes ser. ¿Dejas a una chica sola incluso aunque vaya a oscurecer.
Eres una desgracia como caballero. ¿Por qué no le hablas?
¿Eres tímido? ¿Egoísta?
¿Es eso, Benedict?’
Una escena que no podría describirse de otro modo que ‘ruidoso’ surcó mi mente.
Con la tediosa regañina de ese hombre dentro de mi cerebro, empecé a sentir que de hecho debería ayudarle.
Sin otra opción, concentré mi fuerza en mi estómago y la llamé como si gritase con enojo: —¡VIOLET!
Ella, que era amada por el presidente como una princesa, reaccionó sobresaltada como un conejo y luego miró en mi dirección.
Cuando la saludé para que se acercara, ella corrió hacia mí en un sprint.
—Benedict, ¿sucede algo? —Eso fue lo primero que dijo, haciendo un golpe hacia abajo por debajo del hombro.
—No me preguntes si pasa algo. ¿Qué pasa contigo…?
—Terminé mi labor de copista aquí, así que estaba a punto de regresar a la empresa.
La gente de la ciudad me informó que me tomaría unas seis horas marchando, así que estaba intentando confirmar la dirección.
—‘Marchando’, dices…? ¿Cómo llegaste aquí?
—En tren hasta una zona cercana. Tomé un ómnibus desde allí… Sin embargo, como el trabajo me llevó más de lo que esperaba, acabé perdiendo el último trasbordo.
—Podrías simplemente pasar la noche en un hostal, ¿sabes?
—Esta es una distancia que puedo hacer corriendo, así que sería un gasto de fondos y tiempo.
Cuando oí la palabra ‘corriendo’, casi suelto un suspiro.
Como esperaba, parecía que ella no podía librarse de su espíritu de soldado.
—Te dejaré montar conmigo… así que volvamos juntos.
—¿Está bien?
—Obvio, ya que vamos en la misma dirección. Pero incluso si fueras en otra dirección, bueno, te echaría una mano.
—Peso mucho; ¿serás capaz de hacerlo…?
Miré a su delgada cintura y cuello, preguntándome a qué se refería con aquello, pero entonces concluí que se refería a sus prótesis.
Una vez subió a la motocicleta, su velocidad innegablemente disminuyó.
Tuvimos problemas para circular por caminos sin pavimentar, ya que los neumáticos se atascaron.
—¿Quizás debería correr detrás de ti?
Sobre el estúpido lado de esta chica, ella siempre decidía hacer de sacrificio.
—No, no tendría sentido.
Cuando estaba con ella, entendía por qué Hodgins me había dicho que cuidara de ella.
—Podemos llegar juntos.
—¿Eres tonta o qué? Eso normalmente carga con equipaje mucho más pesado que tú, así que estará bien.
—Es un soldado excelente.
—Te refieres a ‘una motocicleta excelente’.
Por dentro estaba pensando: ‘Estoy jodido’.
—Benedict.
—¿Sí?
—Muchas gracias, Benedict.
—Sí, lo pillo.
—Te lo compensaré de algún modo.
—Ya lo pillé.
—No puedo darte una fecha fija ahora, pero… te daré alguna clase de compensación monetaria.
—No es necesario.
—Pero…
—Dije que no lo necesito.
—¿Entonces puedo contar contigo para otra ocasión?
—Estás muy habladora de repente.
—Teniendo en cuenta la eficiencia en el trabajo, ser llevada por uno de los carteros de nuestra empresa es de gran ayuda.
—Aah, así que es eso.
—Sí.
—Lo haré si me da la gana.
Dispara, pensé.
Mi debilidad eran los perros y gatos callejeros que no estaban demasiado unidos a la gente.
Había una muñeca caminando bajo la lluvia.
En Leiden llovía poco últimamente, así que esta mojadura era literalmente una bendición.
Pero para un cartero que llevaba materiales y cartas que no deberían mojarse bajo ningún concepto, no era nada más que una invitación al infortunio.
Decidí que sería mejor parar a comer en vez de forzarme a llevar los envíos y caer de la motocicleta.
Cuando me dirigí a un café que conocía bastante bien, encontré a unas cuantas personas que habían ido a refugiarse igual que yo.
Buen trabajo, murmuré para mí ante todos los trabajadores presentes.
Pedí una bebida caliente y una comida del día y luego fui a tomar asiento.
No fue por petición propia que conseguí un asiento junto a la ventana.
El camarero fue quien captó la indirecta.
Todo lo que me queda por hacer es volver a la empresa después de tres entregas más y luego enumerar las restantes.
Era delicioso tomar café mientras se escuchaba el sonido de la lluvia que caía suavemente.
Hablando de eso, también tengo que ordenar el equipo que se rompió.
Pensar en el trabajo incluso durante el descanso no era algo muy bueno, pero no se podía evitar considerando la línea de trabajo de los carteros.
Siempre estábamos presionados por el tiempo e incluso si teníamos mucho que hacer en un día, la cantidad de cosas que podíamos manejar era limitada.
Lo sentí aún más intensamente porque por experiencia pude comprobar que mi posición iba ascendiendo poco a poco dentro de la empresa.
Tengo mucho que hacer. Y después de eso…
después de eso…
Mientras pensaba en esto, encontré algo extraño en el paisaje urbano.
La vista de Leiden era pintoresca bajo la lluvia. A mí también me gustaba la lluvia cuando no tenía que trabajar.
Pero no, no era eso: había visto a Violet corriendo bajo la lluvia.
Estaba sosteniendo una bolsa, que probablemente tenía cartas dentro, apretada contra su pecho para que no se empapara.
Me levanté de la silla sin pensar.
Aunque a través del cristal, cuando Violet pasó frente a mis ojos, ella también se dio cuenta de mí y se detuvo.
Desde que comencé a llevarla en mi motocicleta, llegamos a un entendimiento mutuo.
Dicho esto, ella no hablaba mucho, así que a menudo la llamaba unilateralmente.
Descubrí que ella hablaría correctamente una vez que le hablaran.
—¿Qué tal si tú también te tomas un descanso? —gesticulé.
—No, volveré a la empresa —respondió Violet gesticulando también.
—¿Es así? Gracias por tu arduo trabajo.
—Gracias por tu duro trabajo.
Cuando saludé, Violet me devolvió el saludo un poco.
Sin expresión facial, agitó la mano.
La figura de Violet desapareció rápidamente de la vista y sentí que el café que bebí después de esto había cambiado de sabor.
Tuve la sensación de que adquiría un regusto extraño.
Que pueda agitar la mano y cosas así.
Probablemente no habría hecho eso al principio. Yo tampoco lo hice.
Porque era Violet Evergarden.
La chica que intentó levantar físicamente las mejillas cuando Hodgins le dijo que lo hiciera —‘Deja de ser inexpresiva frente a los clientes’—, y luego informó que no funcionó.
La chica que describió caminar una distancia durante horas como ‘marchar’.
La chica que actuó como si hubiera olvidado sus emociones en alguna parte.
La chica que siempre estaba mirando solo su broche de esmeralda, como si no tuviera nada más cerca de ella.
Una chica que no parecía tener ni un solo amigo.
Y aún así, me saludó.
¿Quizás ese momento de ahora era una cristalización del momento que Violet y yo habíamos pasado juntos hasta que llegamos a este punto?
Ese hecho hizo cosquillas en mi corazón en una especie de punto blando.
Por alguna razón, sentí que este sabor, que nunca antes había probado, provenía del café.
El sentimiento no era tan fácil de entender como lo que sentía por otras mujeres…
Más bien, era vergonzoso decirlo en voz alta, pero este era el tipo inocente de afecto profundo que sentirías por un ser humano.
Supongo que es realmente la clase de felicidad que sientes cuando un perro callejero empieza a atarse a ti.
Si una mujer por la que sentía algo estuviera empapada bajo la lluvia, probablemente provocaría motivos mayores en mí.
No, si tuviera que escoger, ella era más como una subordinada para mí, ¿no?
Sin entender nada de este sentimiento, todo lo que podía hacer era preocuparme de que ella pillase un resfriado.
Me estoy ablandando.
Aah, como había pensado, estaba jodido. Muy jodido.
Una muñeca trajo una chiquilla y está pidiendo lo imposible.
—Me gustaría buscar a Lady Isabella York.
Me estaba preguntando si había empezado a tener en cuenta su propio encanto últimamente. ¿Cómo decirlo?
No, ella probablemente no lo había notado. Es más, yo era el que lo había notado, por lo tanto me la pasé pensando eso.
—Por favor…
Oírla pedir un favor se sentía bastante espinoso.
Quiero que consideres esto. Supón que hay un perro o gato callejero al que le tienes mucho aprecio y que acabas de conocerlo, ¿qué pensarías si empezara a llorarte ‘miau, miau’?
—Es mi amiga.
¿Qué pensarías? Tiraría de las cuerdas de tu corazón, ¿no?
—Benedict, ¿puedo contar contigo?
Nuestro presidente, que había pillado esta enfermedad primero, de inmediato me arrojó esta propuesta.
Su racionalidad le está fallando. Trátalo más como un adulto.
Hodgins se desvivía por Violet. No, no en un sentido raro.
Realmente la cuidaba como si fuera su propia familia.
Dejando de lado la edad, ella era demasiado grande para ser una niña, pero ya que era tan infantil en el interior, la trataba como a una hija.
Cuando Violet decía ‘por favor’ con sus ojos azules mirándole, él generalmente no podría rehusarse.
Además, cuando ella pedía un favor, era a menudo en situaciones que tenían bastante urgencia, por lo que ella realmente no podía hacer nada por su cuenta y necesitaba ayuda, así que rechazarla sería inhumano.
Ella normalmente no confiaba en nadie, lo cual la hacía incluso más desagradable.
Detente, no me mires. No gires esos ojos llorosos hacia mí.
—Benedict…
No es justo. Taylor, no me lances esa misma mirada tampoco.
Al final, acepté el trabajo, pero era bastante desalentador.
Hay una muñeca llamando a la puerta a las tres de la tarde.
El apartamento que tenía alquilado desde que empecé a trabajar en Leidenschaftlich era sórdido.
Uno podía ver hasta cierto punto qué tipo de vida estaba viviendo una persona si visitaba su habitación, pero todo en mi caso hacía que pareciera un hogar temporal.
No parecía un dormitorio.
Probablemente porque no pensé que seguiría trabajando como cartero.
Todos los muebles eran cosas que había recogido, por lo que sus colores se estaban desvaneciendo y alguna parte de ellos siempre estaba polvorienta incluso si la limpiaba.
La escasa luz del sol también era mala.
Solo había una ventana y las cortinas siempre estaban cerradas, por lo que era fácil acumular polvo.
Antes las mantenía bien abiertas, pero después de encontrarme con una persona sospechosa en medio de la noche, comencé a cerrarlas.
No por mi bien.
Era por si algún intruso algún día pudiera volver a atacar mi ventana.
No sólo lo empujé por la ventana, sino que también lo perseguí, lo sujeté, me puse a cuatro patas para golpearlo hasta convertirlo en pulpa y luego lo llevé a la policía militar, donde tuvieron que enviarlo inmediatamente a un médico y ellos me dijeron que lo que había hecho era ‘uso excesivo de autodefensa’.
¿Por qué fui yo a quien tuvieron que regañar?
Honestamente, esta ciudad era pacífica sólo en la cabeza de la gente.
Eso no molestaría a mi yo pasado, pero amablemente lo llevé a la policía militar porque ahora era cartero.
Para colmo, lo que resulta bastante molesto es que el intruso al que había puesto en estado crítico aparentemente pensó que yo era una mujer.
Ciertamente no tenía mala apariencia, pero eso fue exagerado, ¿no?
Debería haber echado un vistazo al ancho de mis hombros.
—Benedict.
De todos modos, bueno, este apartamento no era muy bueno.
No tenía nada de qué preocuparme si me atacaban, pero el recuerdo de que me asusté un poco y me quedé en el apartamento de Hodgins por un tiempo permaneció conmigo.
—Benedict, ya pasó el tiempo acordado.
Así que no podía evitarse porque no tenía idea de qué hora era ahora.
Mantuve las cortinas cerradas, después de todo.
No podía decir si afuera estaba soleado u oscuro.
—Es más del mediodía. Ya son las tres.
El día después de emborracharme era festivo, así que no había forma de evitar que no pudiera despertar, ¿cierto?
—Benedict, ¿puedo romper la puerta para comprobar tus señales de vida?
Cuando me pidieron medidas drásticas, salté de mi cama y me dirigí a la puerta principal.
Cuando abrí, lo que vi fue una mujer con cabello dorado que brillaba más que el mío, como la Luna Llena, y ojos azules de un tono más profundo que los míos.
—Violet…
Violet Evergarden. Era una Muñeca de Memoria Automática de la misma empresa que yo.
A veces interactuábamos en el trabajo, pero su visita a mi casa fue la primera.
Afuera hacía bastante sol y parecía que Violet podía convertirse en una hermosa pintura con un paisaje de tarde tan impresionante detrás de ella.
Ella tampoco tenía mala apariencia, como yo.
—¿Qué estás haciendo? —Pregunté con el rostro sonrojado por la bebida y mi voz un poco ronca, provocando la más mínima casualidad a la falta de expresión facial de Violet.
Ella frunció un poco el ceño.
—Teníamos un acuerdo.
—¿Qué tipo?
—Elección de un regalo para el presidente Hodgins.
—¿Es su cumpleaños?
—No. ¿No habíamos decidido hacerle un regalo durante el banquete que se realizará por el aniversario de la Compañía Postal CH?
Podríamos. Cuando dijo eso, tuve la sensación de que sí.
Me quedé en silencio por un momento y desenterré mis recuerdos.
Violet esperó pacientemente mientras yo permanecía en silencio.
—Espera, realmente no lo recuerdo. ¿Qué tipo de promesa hice sobre esto?
Las cejas de Violet se curvaron hacia abajo esta vez.
Habiendo pasado un tiempo con ella, me di cuenta de que este era la Violet ‘triste’.
Además, ella definitivamente nunca diría que estaba triste, por lo que el sentimiento simplemente sería absorbido dentro de ella sin que siquiera hablara de ello.
Llorar como una niña no era su carácter.
Ella tampoco se quejaría. Por eso exactamente estimuló mi sentimiento de culpa.
Después de un breve intervalo, Violet abrió la boca: —Ayer cenamos juntos.
—Ahora que lo mencionas, sí. Rara vez hacemos eso. Tengo la sensación de que fui yo quien te invitó.
—Sí. Era apenas hora de cenar, después de todo… Fuimos a un lugar que servía bebidas alcohólicas, pero te acompañé porque allí se puede beber y comer.
—Siento que… pedimos juntos una sopa picante de mariscos.
—Fue ardiente.
—Mientras estábamos comiendo… es cierto, estaba bebiendo.
—Sí. De acuerdo con el dueño del establecimiento, la cantidad que tomaste era demasiado para que un adulto en un solo día.
—No tenías que añadir eso.
Con sus largas y doradas pestañas inclinándose, Violet dijo: —Basta de charla. Benedict, estabas hablando de cuán agradecido estabas por cada día.
Mis cejas se fruncieron ante la declaración de la mujer ante mí.
—Estabas agradecido al Presidente Hodgins por acogerte como cartero. Yo le estoy agradecida de forma parecida.
Más probableente… lo que la gente llama ‘compañerismo’… sucedió entre nosotros por un momento… y discutimos sobre darle ambos un regalo por el inminente aniversario.
—Estás de broma.
—Es verdad.
—¿Tú y yo? ¿Gratitud? ¿Compañerismo?
Si alguien más me estuviera contando esto, seguramente pensaría que era farsa.
—Gratitud y compañerismo hacia el Presidente Hodgins.
Pero esta mujer era la que lo estaba diciendo con voz de alondra, así que no podía hacer nada más que creerla.
Porque no había mucha gente en mi vida —y probablemente en todo Leidenschaftlich— que fuera tan diligente y directa como ella.
Dicen que hay gente que no puede vivir si no es así.
Seguramente habría formas más fáciles de vivir, pero ella no podía manejarlas.
Por lo tanto, ella tampoco podía mentir.
La insté a continuar con un ‘sigue’.
—Te pregunté qué sería bueno como regalo para el presidente Hodgins. Recibes un salario, por lo que sería necesario algo compatible con él. Pero Benedict, dijiste que te estabas quedando sin dinero.
—Suena como algo que yo diría.
—Entonces sugerí un plan de compromiso en el que ambos pondríamos dinero y compraríamos algo juntos.
También fijamos una hora para reunirnos.
Las tres en punto del día siguiente… literalmente en este mismo momento.
Benedict, bebiste bastante, así que te traje a esta residencia una vez que salimos del bar.
—¡¿Me trajiste aquí?! —mi voz salió alarmada.
Violet estaba haciendo una mueca que parecía preguntar si había algún problema con eso.
Yo era un hombre adulto.
—Sí. Comparado con el armamento pesado, eres tan liviano como una pluma.
Los brazos protésicos y el cuerpo duro de esta ex niña soldado eran aterradores.
—Sin embargo, dejando de lado el hecho de que te cargué, Benedict, cuando te vi lánguidamente tendido como una serpiente, temí que no lograras levantarte al día siguiente.
Confirmaste mis preocupaciones y dijiste que querías que fuera a buscarte.
Asentí, lo puse en práctica y ahora aquí estamos.
En ese momento, tuve un pensamiento repentino.
—Jaja. —Cuando me di cuenta, me encontré riendo.
—Benedict, este no es momento de reír.
—No, tengo que hacerlo.
—Éste no es momento de reír.
No, tengo que reírme, Violet. Nos hemos acercado mucho.
Pasamos tiempo juntos día a día. Cada una de esas veces, mis emociones cobraban fuerza.
—Violet, has estado volviendo a casa por alguna carretera rara de nuevo, ¿no?
—Violet, no reportes mis fallos a Hodgins.
—Violet, ¿sabes de qué se queja Cattleya?
—Violet, mira, es mi nueva motocicleta.
—Violet, ponte un abrigo si tienes frío.
—Violet, ¿por qué tomas decisiones sin pedir la opinión de otros?
—Violet, ayúdame a limpiar el escritorio.
—Violet, eso es ineficaz. Toma las rutas que te enseñé.
—Violet, eso es injusto.
—Violet, tuve un sueño raro ayer. ¿Sueñas?
—Violet, voy a echarme una siesta, así que despiértame cuando Cattleya llegue.
—Violet, encontré una tienda donde arreglan sombrillas. Te llevaré, así que sube.
—Violet, ¿oíste? Parece que esa panadería cerró.
—Violet, ¿no me trajiste un recuerdo?
—Violet, si hay algo que te moleste, solo dilo. Cuenta conmigo.
—Violet, Violet, Violet…
—Violet.
Había una muñeca mirándose en el gigantesco espejo del vestíbulo de entrada.
La flor nacional de Leidenschaftlich era la buganvilla.
Blancas, rosas, coloridas buganvillas florecían bajo el claro cielo, tiñendo la ciudad de una miríada de tonos.
Ella estaba repetidamente poniéndose y sacándose un sombrero que tenía dichas flores como patrón.
—¿Lista?
Cuando le hablé, Violet se giró.
—Sí.
Habiendo madurado considerablemente desde que nos conocimos, ella ya no debería llamarse niña.
Aún así, la Violet que solía sentirse irremediablemente sola permanecería en mi corazón por siempre jamás.
La Violet que siguió viviendo a pesar de estar perdida.
La Violet que persiguió desesperadamente a una sola persona, como una idiota.
Estuve mirándola todo el tiempo. Mirando desde un lado.
—¿Está bien así?
Cuando dije esto, Violet asintió y se puso de nuevo el sombrero.
Íbamos a una boda ahora. Una muy feliz: un matrimonio entre dos de nuestros compañeros de la Compañía Postal CH.
El romance entre una de las recepcionistas y un joven cartero era algo que tomó bastante tiempo y tuvo sus desvíos.
Seguían sin verse, por lo que las personas a su alrededor se habían rendido, pensando que no sería posible.
Pero el hombre encontró su resolución y obtuvo la mujer.
También había estado observando el progreso de su amor durante bastante tiempo, así que me alegré sinceramente de que hubiera florecido.
El que pensó con más intensidad fue probablemente Hodgins.
Como prueba de ello, todos los puestos habían cesado su servicio a las tres de la tarde de hoy.
Todos nos dirigimos a uno de los hoteles de lujo de Leiden para celebrar un festín.
Hodgins parecía conmovido por el hecho de que en la empresa que él había construido había nacido una pareja y por el evento de hoy, en el que incluso se iban a casar.
Por lo tanto, todos debían participar.
Ajustar los horarios fue una molestia.
Éramos los únicos que quedamos en la oficina hasta el último minuto.
Después de cerrar las puertas de entrada y colgar un cartel de ‘Cerrado por hoy’, teníamos que prepararnos para partir.
No iba en motocicleta hoy. Afuera nos esperaba un carruaje.
Vestirse para asistir a una boda con ella y cosas así…
Ahora se siente bien.
Ya no tuve esa vacilación del principio y cuidarla cumplía por completo mi razón de vivir.
En cuanto a Violet, su forma de tratar conmigo se volvió cada año más cruda.
—¿Cómo era lo de acompañar a alguien?
—Dobla el brazo. Lo rodearé con el brazo.
—¿No podemos simplemente tomarnos de la mano?
—No debemos incitar a malentendidos.
—Eso no pasaría entre tú y yo. Vamos, tomémonos de la mano solo para probarlo.
—¿Por qué?
—Está bien, está bien.
Los dos nos quedamos vacilantes frente al enorme espejo. Y luego nos tomamos de la mano.
El par de rubios de ojos azules estaban uno al lado del otro en armonía.
—Vaya.
—¿Qué quieres decir con ‘vaya’?
—Realmente parecemos hermanos cuando estamos uno al lado del otro, eh.
Cabello dorado e iris azules. Tonos diferentes, pero aún similares.
Al principio fue alguien quien lo mencionó, y después de que lo dijeron, pensé que podría ser cierto.
—Probablemente lo pienses porque nuestros colores de cabello y ojos son parecidos. ¿Es suficiente? Te soltaré —dijo Violet, pero le apreté la mano aún más fuerte.
No sé por qué pero quería hacerlo.
—Benedict.
—Esto no significa nada raro.
Había algo en lo que estaba pensando hoy.
Una declaración que quería hacer.
—Violet.
¿Recuerdas cuántas veces montamos en mi motocicleta? Ya no lo recuerdo.
Las primeras veces se van acumulando poco a poco, hasta el punto de que dejan de ser especiales y se convierten en algo cotidiano.
Cuando estas cosas son parte de la vida diaria, las tenemos tan presentes que no nos damos cuenta, pero en un rincón de mi cabeza, al menos soy consciente de que no durarán para siempre.
Solo somos compañeros de trabajo en una empresa. Soy un hombre y tú una mujer.
Pero no es que estemos enamorados.
Tampoco es que podamos ser una familia.
—Hey, si te casas, asegúrate de avisarme como es debido.
Pero simplemente no empieces a actuar como si yo nunca existiera.
—¿Por qué…?
—Está bien, ¿no? No tengo nada que perder con eso.
Incluso si ese momento llega y tú desapareces de mi vista un día, no actúes como si nunca estuviera allí.
—Solamente que no creo que eso pase siquiera…
—No puedes saberlo de seguro, ¿no?
En realidad no soy la clase de hombre que se preocupa tanto por otros.
Soy un tipo que no se acalora.
No soy malo cuidando a otra gente, pero a decir verdad, no soy simpático.
No soy Hodgins.
Básicamente, mi principal prioridad soy yo mismo. Me cambiaste.
No solía interesarme en ti. No me importabas.
Para mí, no eras más que uno de los personajes que aparecieron en mi vida.
Pero marcaste la diferencia.
Una gran diferencia.
Eso es probablemente por lo que cambié, pero es tan estúpido…
En estos días, si el destino llega siquiera a golpearte o si hay una vez en la que Dios te noquea, no me importa dar un paso adelante y ser golpeado por ellos en tu lugar.
Violet. No era divertido verte miserable y con la cabeza gacha.
No era divertido oír los detalles de tu pasado.
No era divertido verte afectada por el fantasma de una sola persona.
No era divertido cuando tratabas de ser adulta mientras seguías siendo una niña infeliz.
Podría haber gente como tú alrededor del mundo.
Y aún así eras especialmente aburrida. Dios te odiaba.
Pero ahora eres la compañera más divertida, que se las arregló para cambiar.
Tus acciones definitivamente cambiaron a la gente, una a una.
Lo vi todo. Fui un testigo adecuado, Violet Evergarden.
—Te esforzaste. Así que cuando haya un evento importante en tu vida, lo iré a ver sin importar qué.
Pensé que Violet iba a quedar callada como de costumbre, pero me miraba con intensidad.
Su silencio ya no era doloroso.
Podía sentir su mano, la cual agarré unilateralmente, devolviéndome el apretón.
El dolor de ello era prueba de confianza.
Tus prótesis son fuertes.
—Vale… —Violet no murmuró nada más que eso.
Pero era suficiente.
—Es… hora de que marchemos.
—Cierto.
Al final, olvidamos lo de escoltar y salimos agarrados de la mano.
Después de cerrar la puerta, todo quedó cerrado.
La cabina del carruaje esperaba con reverencia.
La consideración de Hodgins podría ir demasiado lejos a veces, pero esto fue simplemente perfecto.
—Hum, he estado pensando.
—¿Sobre qué?
—No podemos saber… lo que nos depara el futuro…
—Sí.
—Así que, Benedict, ¿me avisarás también cuando te cases?
—Nah, sería demasiada faena, así que quizás no te diría nada.
—¿Por qué…? ¿No dijiste que no había nada que perder?
—Oh, ¿tienes quejas?
—No. Solamente señalé una contradicción en la conversación.
—Mentira. Sí. Está escrito en tu cara.
—Solamente estoy señalando una contradicción en la conversación.
—Te gusto mucho, ¿no?
—Solamente estoy señalando una contradicción en la conversación.
—¿Tímida?
—No.
—Lo eres demasiado. No lo escondas.
Dios, incluso si la odias, es tan preciada para mí que no puedo evitarlo.
Déjala en paz.

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