BloomScans

La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38

A+ A-

Los escritores eran como sombras.

En días lluviosos o soleados, permanecían en sus pequeños cuartos, escribiendo palabras.

Eso era todo. Su labor era excepcionalmente discreta, y se podría decir que era un trabajo solitario.

Nadie imaginaba quién se escondía tras las historias que leían. Y si lo hacían, seguramente se decepcionarían.

Porque lo harían. Nadie deseaba descubrir que, más allá de las narraciones, había alguien tosiendo copiosamente mientras sostenía la pluma.

Yo tampoco quería que nadie lo supiera. Por eso me mantenía como una sombra.

Hay quienes entre nosotros salen a la luz, pero eso no iba conmigo. Es más, estaba muy feliz cuando me encontraba ocasionalmente, por pura coincidencia, con personas a las que les gustaban mis obras.

Básicamente, como nunca estuve en el escenario, jamás recibí cumplidos. Es más, estas cosas me abrumaban, como: "Ya veo, así que había alguien prestando atención a mis escritos."

Solía sentirme solo en el mundo, pero en realidad logré alcanzar a otras personas. Gracias.

Me gusta que disfrutes de mis obras.

Esforcémonos en este extraño mundo.

Así pues, los abracé y estreché sus manos, y ambos volvimos a nuestras vidas.

—Sr. Óscar… ¿puedo ser su hija?

Sin embargo, algunas personas no eran así.

Esta fue una historia sobre una creyente que se sentía como la lluvia en una tarde de verano: del tipo suave, pero que te hacía desear que algo sucediera una vez que el clima mejorara.

***

Conocí a la chica que me había hecho esa imprudente pregunta cuando visité un orfanato construido con fondos de dos reinos, Drossel y Fluegel.

Tomé mi nombre real como seudónimo y publiqué innumerables trabajos simplemente como ‘Óscar’. Desde obras de teatro hasta novelas, había lanzado varias historias al mundo.

Entre ellas, una historia que había creado con la ayuda de cierta Muñeca de Memoria Automática era popular entre personas de una amplia gama de edades. Había una copia de este libro en el orfanato, que aparentemente era tan apreciado durante el tiempo de juego que los niños tenían disputas por él.

Esto me hizo feliz.

De todos modos, la invitación para ir a leer fue una petición bastante significativa para mí y los detalles me animaron. El orfanato ofrecía escolarización básica, pero parecía faltarle personal, por lo que pocos niños sabían leer y escribir.

Cuando oí que se había planeado una sesión de cuentacuentos para estos niños, que habían llegado a ese lugar por diversas razones, desarrollando un interés por la literatura —por pequeño que fuera—, de modo que pudieran escoger su propio futuro, sentí que era algo increíblemente brillante. Aparentemente, la iniciativa partió de la Reina Charlotte Abelfreya Fluegel, quien se había casado para unir a Drossel con Fluegel. Era alguien apasionada por la educación.

Así fue como yo, casi con un poco de vergüenza, visité el orfanato con mi libro en mano y tomé parte en la sesión de cuentacuentos, pero…

—Sr. Óscar… ¿puedo ser su hija?

En una tarde donde la luz del sol brillaba con fuerza, las cristaleras del orfanato, instaladas durante la remodelación de su iglesia, llenaron la habitación con una luz colorida, rebosante de una comodidad que te invitaba a suspirar. Sin embargo, a diferencia de la calidez de la estancia, sentí escalofríos y el aire del lugar estaba helado.

—Huum…

Mi yo cobarde buscó ayuda en las monjas del orfanato. Era una petición para ‘rechazarla’.

—¡Ángela, eso está mal! ¡No molestes al señor Óscar!

—¿Qué es molesto? Solo hice una pregunta.

Las monjas me miraron como diciendo: ‘Lo sentimos…’ Solo pude responder con una expresión que decía: ‘No pasa nada; yo también lo siento…’ Por lo que parecía, la chica ante mí me había confundido con un adulto que había venido con la intención de adoptar a un huérfano.

***

Sucedió durante el momento de la despedida tras la sesión de cuentacuentos.

Aparte de las obras que iba a donar, compré y llevé varios libros. Los había revisado todos, pues eran también cosas que disfruté en mi infancia o sagas muy populares en ese momento.

Estaba realmente encantado de haberlos llevado. No había nada más adorable que las caras de felicidad de los niños al recibirlos.

Pensé que era un final adecuado para un momento maravilloso.

Los niños habían escuchado en silencio con sus ojos brillantes, así que se podría decir que ambas partes lo habían pasado bien. Todos se pusieron en fila y tomaron sus libros uno a uno.

La última niña en la fila fue la protagonista de esta historia.

Tenía pelo rubio platino y ojos rojos. La melamina era escasa en ella. Los diversos elementos de su apariencia podrían ser genéticos. Era una niña con un aire ligeramente extraño a su alrededor.

Quizás tenía siete u ocho años.

Si solo se quedara quieta, parecería un cuadro… Este hecho me era familiar.

El aire a su alrededor es un poco similar al de Violet Evergarden.

Temblé. Si Violet fuera más joven, probablemente luciría así.

Había una Muñeca de Memoria Automática a la que estaba muy agradecido. Era Violet, que trabajaba para la Compañía Postal CH, con su oficina principal en Leidenschaftlich, un lejano país sureño.

Nuestra relación fue que la había contratado para una ocasión, pero este recuerdo quedó grabado en mi memoria como un momento maravilloso. Fue la mujer que me había alcanzado cuando estaba al borde de la vida: una maga que me había mostrado una visión espléndida.

La chica que me había dado un preciado regalo.

Que una huérfana me recordara de alguna manera a ella hizo que mi corazón se agitara.

Pero no podía decir: ‘Bueno, hagamos que eso suceda’.

Yo era un adulto lleno de problemas.

—Erm, podría ser increíble si eso pudiera suceder… —Me aclaré la garganta, escogiendo mis palabras con sumo cuidado—. Pero lo siento; es imposible. Ya tengo una familia.

¿Qué tal? Me esforcé por tratar de no herirla lo más posible.

Quizás por eso, las monjas asintieron profundamente como diciendo: ‘Maravillosa respuesta’, y le dijeron a la niña: —No deberías pedir algo tan egoísta.

—¿Es así? Entonces…

Pero la niña era fuerte.

—… si obtienes permiso de tu familia, ¿puedo ser tu hija?

Más que fuerte, era inocente hasta un punto cruel. Una inocencia cruel.

Había falta de pretensión en su declaración, exactamente porque carecía de ella. Esto envolvía sus palabras… no, todo su ser.

—¡Ángela!

Las monjas la abrazaron por detrás e intentaron irse, pero las detuve.

Sus preguntas no eran raras en absoluto. Tampoco rudas.

Yo era el culpable por darle una respuesta tan vaga que la llevó a este tipo de pensamiento.

Es más, le respondí con la verdad esta vez: —Eso también es imposible. Mi familia ya no está aquí.

Este tema era bien conocido entre las personas que me conocían, así que las monjas debían ser conscientes de ello.

Tuve una esposa e hija en el pasado. Ambas murieron.

Primero perdí a mi mujer, y luego falleció mi hija. Ambas murieron por una enfermedad, viviendo enérgicamente hasta el final.

Eran tan maravillosas que era casi un desperdicio que fueran mi familia.

Eran tan geniales que sufrí por su pérdida durante largo tiempo, viviendo una vida sin sentido mientras no me recuperaba. Durante un tiempo, fui el escritor que fue tratado como un ermitaño por la sociedad.

Mi corazón estaba plagado por una enfermedad, al punto de rogarle a Dios una y otra vez: Te lo ruego. Quiero morir, así que por favor, mátame.

El libro que había leído a los niños era en el que vertí esos sentimientos. Era la historia que creé con la ayuda de Violet Evergarden.

—¿Tu familia se fue?

Esforzándome por no torcer mi rostro, le conté la verdad:

—Sí, así es. Fallecieron hace tiempo por una enfermedad. —El tono de mi voz podría haber descendido—. No quería asustarla, pero salió de forma natural.

—Ya veo… Yo tampoco tengo familia. Somos iguales, ¿eh?

Me costó evitar que mis manos se agitaran.

—Entonces, ¿por qué no puedo ser tu hija?

El dolor recorrió mi pecho y me encontré acariciándolo con una mano arrugada, aunque no había nada que pudiera hacer al respecto.

—Mi familia se ha ido, pero tengo una.

Qué triste fue poner esto en palabras. Mientras lo sostenía para que no se formara una película de lágrimas en mis ojos, me sentí avergonzado de mí mismo.

Sin embargo, como adulto, quería darle una explicación adecuada a esta chica, cuyas circunstancias eran tan desafortunadas.

—Siempre estarán conmigo, así que no necesito una nueva familia.

Quiero poder hacer algo por ti, pero no puedo. Porque tengo las manos ocupadas luchando contra mi propia soledad.

Entonces no tengo espacio para salvar a alguien.

Para no molestarla y para que ella no pensara que decía esto porque no me agradaba, me arrodillé y le hablé:

—Sabes, una familia no es algo que puedas reemplazar. Es diferente a regar una flor. Es porque es esa persona, y tiene que ser ella… Eso es la familia.

—Pero lo que quiero es ser su familia, señor Óscar.

—Eso no es posible… Señorita…

—Señorita Ángela.

—Eso no es posible, señorita Ángela.

—¿Cómo?

—Simplemente porque… Lo lamento.

Ella no parecía convencida.

Si yo fuera una persona menos complicada y más bondadosa, tal vez habría podido esquivar la pregunta con éxito. Pero lo imposible era imposible.

No quería una nueva familia.

Aunque una rosa de la soledad floreciera en lo más profundo de mi pecho y sus pétalos me asfixiaran, no quería una.

Porque eso no sería más que una traición hacia ellas dos.

Ángela y yo nos miramos con caras preocupadas.

—Pero, ya sabe, señor Óscar. Creo que me necesita.

—Eres insistente, ¿eh?

—Entonces, ¿puedo al menos escribirle cartas?

—¿Por qué?

—Porque necesitará un poco de compañía cuando se sienta solo.

¿No eres tú la que está sola?

Dejarse llevar por los sentimientos de un momento era una acción tonta para un adulto, pero ¿había un adulto en algún lugar que rechazara a un niño huérfano después de que le dijeran: ‘Quiero escribirte cartas’? Podría haberlo, pero eso sería inhumano.

Con cara de preocupación, solo consentí al intercambio de cartas.

***

Desde entonces, cartas de Ángela llegaban varias veces al mes.

Enviaba tantas cartas que me hacía preguntar si pretendía tener un intercambio mediante telegrama en su lugar. Aparentemente le dijeron las monjas que disminuyera la cantidad, como si pudiera ser una molestia para mí, pero no mostró signos de obedecerlas.

El contenido de sus escritos era tonto. Su vida en el orfanato, lo que había comido ese día, los vestidos hechos a medida que había recibido.

Escribía sobre tales cosas.

Las cartas siempre venían en sobres con hermosos diseños, así que era fácil decir que eran de Ángela. Probablemente eran lo que usaban en el orfanato.

"Señor Óscar, su nuevo libro llegó al orfanato. Fui la primera en leerlo. Puedo entenderlo incluso sin que nadie me lo lea. Sus palabras abren mi corazón como si lo hubiera experimentado yo misma. Señor Óscar, como pensaba, me necesita."

"Señorita Ángela, gracias por leer el nuevo libro. Estoy feliz de que te haya gustado. Te expresas de forma maravillosa. Podrías ser escritora. Deberías intentar escribir una historia algún día. Bueno, hasta la próxima."

Mis respuestas eran breves también, pero ella continuó escribiéndome persistentemente.

"Señor Óscar, hay un pasaje que me gusta de su nuevo libro. La parte donde dice que la soledad florece en su pecho, se convierte en una flor y le hace incapaz de respirar… Me gusta mucho, mucho. Lo entiendo totalmente. Me pregunto por qué es que cuando estamos solos, nuestros corazones duelen y pesan y nos sentimos sofocados."

"Señorita Ángela, lo has estado leyendo una y otra vez, ¿eh? Gracias. Por qué nos sentimos sofocados… veamos. Supongo que es probablemente porque el corazón se localiza en nuestros pechos, aunque podría no ser por eso."

Aunque nuestras edades eran diferentes, podríamos convertirnos en algo parecido a amigos en nuestras cartas.

"Señor Óscar, ¿vio la flor seca que puse en la anterior carta? El dulce aroma ya se ha ido, pero cogí la más preciosa que encontré. La escogí porque pensé que le sentaría bien. ¿Le gustó?"

"Señorita Ángela, tienes un gusto extremadamente fino. Escogiste una violeta, ¿cierto? Es mi flor favorita. Empezó a gustarme esta flor cuando ya era adulto, pero ¿no crees que es una flor distinguida pero pura y formal?"

"Señor Óscar, si fuera a compararme con una flor, ¿qué clase de flor cree que sería? Los niños aquí en el orfanato me temen, así que no hablan mucho conmigo. Tanto mi piel como mi pelo son blancos como el papel. Además, me gusta dibujar, y ellos dicen que da miedo que esté dibujando todo el tiempo y no escuche si alguien me habla. Pero la gente es así cuando está concentrada en algo, ¿cierto? ¿No le pasa lo mismo, Señor Óscar?"

"Señorita Ángela, cuando me concentro en algo, incluso me olvido de comer. Muchos de mis amigos me han abandonado por esto. Tú y yo somos un poco parecidos, ¿eh? Si te comparase con una flor… veamos. Una flor de loto, supongo. ¿Alguna vez has visto una? Son realmente hermosas cuando flotan en el agua."

Fue entonces cuando, viajaba o estaba en casa, que se convirtió en hábito abrir sus cartas y escribirle una respuesta.

"Señor Óscar, busqué la flor de loto. Había una guía de referencia ilustrada sobre flores en el libro del que me dio un adelanto. Es una flor hermosa. Gracias."

"Creo que es un girasol, señor Óscar. Es larguirucho, alto y siento que podría mirarle para siempre. ¿Me equivoco?"

"Señorita Ángela, no soy tan bueno. Pero, bueno, eres una valiosa lectora y mi amiga por correspondencia, así que estoy bien con hacer estas cosas. Pero asegúrate de no esperar gran cosa. Por cierto, voy a donar el libro que querías leer a través de la Compañía Postal CH. Por favor, léelo."

Yo también era una persona solitaria, por eso me encontré preocupado por esta niña que me enviaba cartas tan a menudo.

"Señor Óscar, los compradores vinieron por mí hoy. Sin embargo, cuando se enteraron de que otros compradores me habían devuelto tres veces, se rindieron. Las Hermanas son muy malas. No deberían haberles contado sobre eso. El orfanato habría obtenido ganancias si hubiera ido con ellos."

"Señorita Ángela, no deberías referirte a tus futuros padres como ‘compradores’. No creo que las Hermanas sean malas. Si te portas como una buena niña, estoy seguro de que unos buenos padres irán por ti."

"Señor Óscar, es una persona amable, ¿no? Creo que necesito a alguien como usted, pero si ese no es el caso, ¿significa que alguien más me necesita? Estaré contando los días con mis dedos hasta que conozca a esta persona."

"Señorita Ángela, dije que eras una lectora importante para mí, ¿no? Y una maravillosa amiga por correspondencia. De ninguna forma eres innecesaria. Haré tiempo para ir de visita de nuevo, pero hasta entonces estudia como es debido y escucha lo que digan las Hermanas."

"Señor Óscar, ¿de verdad? Contaré los días con mis dedos entonces. Me pregunto cuánto tardará. ¿Vendrá en mi día de limpiar el jardín? Le daré un dibujo. ¿Qué clase de dibujo prefiere? Mis dibujos son famosos por ser buenos."

"Señor Óscar, ¿qué colores le gustan?"

"Señorita Ángela, me gustan los colores de las hojas de otoño."

"Señor Óscar, ¿qué clase de comida le gusta?"

"Señorita Ángela, me gusta todo lo hecho a mano."

"Señor Óscar, ¿qué clase de cosas malas le gustaría hacer si Dios lo permitiera?"

"Señorita Ángela, veamos. Algo como pintar grafitis en los muros de la mansión de un crítico de gran fama."

"Señor Óscar, ¿cuál de las cuatro estaciones le gusta más?"

"Señorita Ángela, me gusta el otoño. Es una estación desesperante."

"Señor Óscar, ¿tiene algún tipo de mujer? A mí me gusta la gente morena."

"Señorita Ángela, qué lástima. No soy moreno. Veamos; quizás la gente saludable son mi tipo."

"Señor Óscar, ¿cómo se distrae de la soledad cuando se siente triste?"

"Señorita Ángela, solo me quedo y espero a que pase. Triste, ¿no?"

"Señor Óscar, cuando está feliz, ¿tiene a alguien con quien hablarlo? Yo no."

"Señorita Ángela, deberías hacer amigos. Si no tienes éxito, puedes hablar conmigo de estas cosas."

"Señor Óscar, ¿responderá a mis cartas incluso después de que me convierta en una adulta?"

"Señorita Ángela, podrías perder el interés en mí cuando crezcas."

"Señor Óscar, seguiré enviándole cartas incluso después de crecer; es una promesa."

Para ser honesto, para cuando intercambiamos unas diez cartas extrañas, era ignorante.

En cuanto a lo que era ignorante, fue al carisma de la niña llamada Ángela.

Era extremadamente inteligente, estudiaba literatura y comprendía la expresión poética, pero al final, aún era una niña. Si fuera la hija de un conocido, podría haberles dicho: ‘Tiene alguna clase de talento, así que si no tenéis inconveniente en el futuro, dejadla bajo mi cuidado’.

No éramos más que amigos por correspondencia sin conexión alguna entre nosotros hasta el momento, pero incluso comencé a pensar que dejar sola a una niña tan maravillosa sería una pérdida mundial (yo también era un amigo por correspondencia cariñoso en general). Si, por ejemplo, le confiaba a otra persona y solo tenía que brindarle apoyo financiero o algo así, sentía que podía hacerlo, incluso si no viviéramos juntos.

No tenía idea de si podríamos convertirnos en una familia, pero mantener a una niña tan inteligente en un orfanato me parecía un desperdicio. Creí que ella ciertamente tenía algún tipo de talento literario… Empecé a pensar en Ángela todo el tiempo, ya fuera mientras trabajaba, comía o me bañaba.

Ella escribió que sus padres adoptivos la habían devuelto tres veces, lo que me hizo preguntarme qué diablos pudo haber pasado. ¿No les había gustado su ligera arrogancia?

Pero los niños son así, así que esto debe haber estado dentro de lo esperable. ¿Por qué tuvieron que lastimarla tres veces?

¿Había algo en ella que no coincidía con lo que querían?

¿Quizás su color de piel y cabello?

Lamentablemente, muchas personas discriminaban a otras por este tipo de cosas, a pesar de ser seres humanos… pero ella no era un animal de compañía.

Ella era una persona. Este tipo de perspectiva no era algo necesario para criar a un niño.

Me gustaba su pensamiento poético, pero… suponiendo que ella no tuviera nada de eso.

Incluso sin él… era una niña maravillosa.

Era verdaderamente una niña inteligente y de buen corazón.

Si me dijera esto a mí mismo desde antes de conocer a esta niña, me ignoraría rotundamente con un ‘No digas tonterías’, pero a partir de ahora, mi pequeña amiga por correspondencia era la única persona en el mundo que me cuidó en todo momento. Ella era verdaderamente una chica gentil.

No hay duda de eso.

Me detuve abruptamente allí mismo, mientras dentro de mí surgía la sensación de que, si ese fuera el caso, tal vez debería invitar a mi amiga por correspondencia a mi casa lo antes posible.

Sí, pensé que era imposible para nosotros ser una familia si tenía que verla como mi propia hija, pero en ese momento los dos éramos amigos. Si es así, ¿no era normal que los amigos se ayudaran entre sí?

De eso se trataban los amigos, después de todo. No necesitaba una razón para andarme por las ramas.

***

Sin embargo, poco después de tomar esta decisión, dejaron de llegar cartas suyas y una de las monjas del orfanato me dijo que había sido adoptada por alguien.

Me quedé atónito en la entrada del orfanato, sosteniendo un montón de regalos.

—¿Es así? Lástima. No podremos vernos de nuevo.

Dijo que seguiría enviándome cartas siempre, y aún así…

—Oh, es solo que dejaron de llegar sus cartas, por eso me preocupé.

¿Te fuiste a un lugar donde puedas ser feliz?

—Está bien. Por favor, dele esto a los huérfanos.

¿Es un lugar donde la gente te cuida mejor de lo que yo haría?

—¿Dijo ella algo sobre mí?

¿Puede la gente de allí entender que tu amabilidad y grandeza nacieron de tu soledad?

—¿Es así…?

¿Gente que esté lista para protegerte si te pasa algo?

—Ya veo…

Ángela, ¿la gente de ese lugar te querrá?

En ese día de verano, el sol brillaba con fuerza y era sofocante. Hubo un sonido de algo quemándose dentro de mi cabeza.

***

Tuve un fuerte dolor de cabeza al regresar del orfanato. Sin embargo, en realidad no faltaba nada en mi cuerpo, por lo que el intenso dolor pasó después de que tomé un breve descanso.

Hubo días en los que no podía beber ni comer nada, solo miraba el buzón buscando el correo que nunca llegaba, pero con el tiempo pude volver a comer.

Y así… Y así, los cambios comenzaron a suceder poco a poco.

El número de veces que compraba libros infantiles en las librerías disminuyó gradualmente. Empecé a mirar hacia otro lado cada vez que veía una flor de loto.

Dejé de comprar lindos artículos de papelería con letras. Empecé a sentirme más frustrado cada vez que veía a padres caminando con sus hijos.

Los días fueron pasando recluido en mi casa, sin ver a nadie.

Decidí poner las cartas en una lata y guardarlas bajo llave en un armario.

Aunque las cartas de Ángela, que a mis ojos era una niña tan brillante, ya no llegaban, el tiempo pasó sin que yo pudiera siquiera protestar ante Dios por ello y, finalmente, esto se convirtió en una rutina diaria. El tiempo era realmente despiadado.

Cuando perdí a mi esposa y a mi hija, lo supe. Nada tan hermoso volvería a aparecer en mi vida.

Entonces, cuando ella se fue, perdí algo grande una vez más. Pero en el caso de Ángela, mi error fue no darme cuenta hasta que fue demasiado tarde.

El hecho de que me diera cuenta tarde no significaba que las cicatrices serían superficiales.

Mi día a día era duro exactamente porque veía el mundo girar sin preocuparme.

Si yo estaba triste, el mundo debería estar triste también, ¿cierto? Si estaba llorando, el mundo debería sentirlo por mí. Quería decir eso y llorar, pero mientras tuviera la cabeza concentrada en esto, lo único que sucedería es que el mundo me dejaría atrás y nada me llenaría.

Por lo tanto, no tuve más remedio que ponerme en movimiento y seguir con mi vida cotidiana como si quisiera enterrar algo.

Y así, poco a poco fui mejorando.

Por alguna razón, mi proceso de creación se aclaraba cada vez que experimentaba algo triste. Podría ser que los escritores se volvieran más lúcidos cuanto más nos lastimábamos y más tristes estábamos.

Cuanto más solos nos sintiéramos, más brillantes seríamos.

***

La segunda vez que tuve la oportunidad de hacer de cuentacuentos en el orfanato fue sobre un año después de que las cartas de Ángela dejaran de llegar. Me sentí reacio, pero decidí cumplir, mientras mi conciencia me recordaba lo feliz que probablemente estaría Ángela si yo hiciera algo por los niños del orfanato.

Algunos de los niños que estaban allí eran los del año anterior. Algunos no estaban aquí hace un año.

Durante el período en el que lentamente saboreaba la pérdida, el mundo de hecho giraba sin inmutarse y el orfanato había sufrido un leve cambio.

La narración no fue como la última vez. Mi libro recibió críticas de los niños, ya que se basaba más en la lógica que antes.

Dado que los cambios emocionales terminarían afectando mis creaciones, le expliqué honestamente.

—Me sentía deprimido porque algo bastante triste me sucedió. Escribí este libro en ese tiempo.

Los niños amablemente dijeron: —No puede evitarse entonces.

Era una obra altamente valorada a nivel mundial, pero parecía poco popular entre los niños. Me dolía en el fondo el hecho de que los niños fueran más felices con los libros infantiles que les di —uno fue un éxito recientemente—, más que con los míos propios.

Pero eso era un asunto trivial.

Pregunté a las monjas algo que no había sido capaz de preguntar desde hacía tiempo, sin importar qué.

—¿A dónde fue la señorita Ángela?

La verdad era que siempre había querido preguntarlo. Pero si lo hiciera, podría haberse convertido en una injusta superstición para el futuro de Ángela.

Sin importar cuán maravillosa fuera su familia, sentía que acabaría celoso y no sería capaz de bendecir su felicidad. Es más, en aquel día mi cabeza se quemó con el sol y me fui sin preguntar.

—La forma en que adoptaron a Ángela… fue un poco complicada…

Las palabras de las monjas oscurecieron un poco mi rostro. Más que nada, Ángela tenía talento para el arte y aparentemente se volvería famosa por ello, ya que una obra hecha por ella y expuesta en un bazar del orfanato se había vendido bien.

Una rica familia, propietaria de una galería, oyó sobre esto y se ofreció a adoptarla con el pretexto de criar a la futura artista.

Cuando oí que era más como si la hubieran contratado como empleada en vez de tratarla como familia, lo que sentí fue… si tuviera que expresarlo con una palabra, sería probablemente ‘desesperación’.

La familia acomodada había adoptado a Ángela medio a la fuerza, por lo que las monjas también se habían preocupado y acudieron a la dirección que les habían informado, pero al parecer, Ángela, con delantal y cubierta de pintura, les dijo: —Papá me regañará, ¡así que iros a casa!

Y ahí terminó todo.

—¿No le ha escrito alguna carta o algo así? Tampoco me han llegado a mí, pero…

—Sobre eso, según los rumores, parece que el jefe de esa rica familia era un joven con un futuro prometedor, por lo que fue criado recluido en su finca… Sospechamos que debe estar prohibiéndole cualquier medio de contacto con el exterior… Ángela tenía mucho miedo de enojarlo, por lo que podría estar dándole algún castigo físico. Le dijimos que podía volver aquí si estaba sufriendo… pero cuando la acogieron, ese hombre insistió sobre el apoyo económico, así que tal vez ella no se atreva a preocuparse por eso… Ángela era un bicho raro y se quedó quieta.

Fuera del resto, pero… Puedo oír mi cabeza arder.

—…ella era una niña muy gentil, así que…

Me arde la cabeza… Arde y duele.

En otras palabras, esa niña maravillosa se había ofrecido y había ido a ese aprendizaje.

Esta podría ser la misma razón por la que ya no podía enviarme respuestas a mí, su amigo por correspondencia, y por la que no podía volver con las monjas.

—… queremos hacer algo por ella… Eso pensamos, pero Ángela ya se fue… así que no podemos… hacer nada… Eso es tan irresponsable. Es tu culpa que una chica esté sufriendo ahora mismo.

Me puse a un lado, la ira hacia todo tipo de cosas surgía dentro de mí.

Sin embargo, no desahogué nada de eso. Incluso si tuviera esos pensamientos, no debería arrojárselos a las monjas que estaban haciendo todo lo posible trabajando en este lugar.

Estaban haciendo grandes esfuerzos a pesar de las dificultades de financiación.

—¿Podríais decirme dónde vive?

Si tuviera que hacer algo, eso sería…

—Ángela es mi amiga. Me gustaría verla una vez más.

… lo que debería hacer un amigo un poco mayor.

Tan pronto como me dieron su dirección, me dirigí a la mansión donde estaba atrapada Ángela. Afortunadamente, dicha mansión se encontraba dentro de los terrenos de la galería que poseía la influyente familia.

La galería estaba abierta a cualquiera que estuviera dispuesto a comprar una pintura, y aunque pensé que era algo sucio, di el nombre de la obra y del artista, lo que atrajo la atención de la empleada de la galería. Era necesario hacerle creer que tenía dinero, ya que no parecía más que un hombre cansado de mediana edad que se podía encontrar en cualquier lugar.

—Esta obra es de una serie realizada por un artista relacionado con nosotros. —El dependiente vino a hablar conmigo con una actitud claramente diferente a la que tenía cuando entré al establecimiento.

Estaba estimando una oportunidad para ir al grano sobre Ángela.

Para empezar, había venido aquí después de recibir las indicaciones de las monjas, pero ¿realmente la mantenían en esta galería? Debería tener unos ocho años. ¿Qué tipo de talento esperaban de alguien como ella…?

Mientras pensaba, mis ojos vagaron hacia una obra en particular. Esta tenía su marco decorado con sobres de cartas mostrando hermosos escenarios.

Cuando me detuve ante él, la cara del dependiente se iluminó con un ‘Aah’.

—‘¿Por qué hay cartas en esta?’, es lo que piensa, ¿cierto? Pero por favor, observe el diseño de los sobres. No son impresos; la artista los pintó en los sobres con el mínimo detalle. Por supuesto, también está el paisaje retratado en el lienzo. Aún así, creo que esta decoración también parece extremadamente encantadora.

Si este despertó su interés, puedo mostrarle otras obras de esta artista. Fueron hechos por una joven que está siendo financiada por el propietario…

No estaba escuchando la mayoría de lo que el dependiente decía.

Porque podía oír el sonido de mi cabeza ardiendo y empezando a tener una terrible jaqueca. Después de todo, ya había recibido incontables de esos sobres.

Cada vez, pensaba en lo hermosos que eran. Pero no creía que hubieran sido pintados sobre sobres en blanco por una huérfana.

Ella los había enviado sin siquiera decirme nada. Es más, el título de la obra estaba escrito con cuidado en una placa dorada, haciendo que las lágrimas emborronasen mi campo de visión: El título era: ‘Porque me gustas’.

Seguramente, esto debió haberle llevado una eternidad. Incluso así, Ángela siempre ponía las cartas en hermosos sobres.

El orfanato se supone que debe ahorrar tanto como pueda para sus gastos, así que debían haber sido sobres simples. Ella debió pensar que les faltaba algo, así que me mostró su talento a través de ellos.

Pero no lo noté. Después de todo, estaba demasiado concentrado en nuestro intercambio de cartas.

—Me gustaría comprar una obra… pero ¿sería posible llamar a un superior para eso?

Cuando lo dije, el dependiente se iluminó.

—Tengo muchas conexiones y puedo ofrecer asistencia en toda clase de asuntos. Si es posible, me gustaría tener una charla con el dueño de este lugar. Por ahora, compraré esta obra como prueba de mi buena fe. También me gustaría conocer a la artista. —Sonreí en respuesta.

Pero la naturaleza de mis sentimientos era diferente a la del dependiente ante mí—. A decir verdad, la artista es amiga mía. He estado buscándola durante largo tiempo.

Esto podría convertirse en una larga pelea. Sin embargo, pensaba que definitivamente ganaría.

La jaqueca se fue al final.

***

Vestido con una capa vieja, un hombre de mediana edad se encontraba frente a una escuela en cierta ciudad. Era un hombre normal y corriente.

Tenía el pelo despeinado y usaba gafas. No había ningún rasgo particularmente sobresaliente en él.

Con cara de sueño, el hombre se sacó las gafas para frotarse los ojos varias veces.

Realmente era un hombre común y corriente.

Después de un rato, sonó una campana dentro de la escuela y los niños salieron de repente.

Niños y niñas vestidos con uniformes a juego pasaron junto al hombre de mediana edad por los lados y abandonaron la escuela, como si se estuvieran divirtiendo mientras charlaban entre ellos.

Finalmente, una niña salió sola.

Tenía la piel y el cabello de un blanco puro, además de ojos rojos. Al ver al hombre, esta chica, cuya apariencia podría describirse incluso como de fantasía, corrió directamente hacia él como una bala, abrazándolo tan pronto como llegó a sus pies.

—Bienvenida de nuevo, Señorita Ángela.

—Ya llegué, señor Óscar.

El hombre llamado Óscar recogió a la niña cuyo nombre significaba ‘ángel’. Los dos se abrazaron como para asegurarse de que no hubiera espacio alguno que los separara.

Como si terminaran de recargar sus baterías, se saludaron con la cabeza una vez que tuvieron suficiente y la niña fue bajada al suelo.

—¿Vamos, señor Óscar? —Ángela le tendió la mano.

Óscar la apretó incondicionalmente.

No hubo nada especial en esas acciones. Se podría decir que ya habían hecho esto innumerables veces.

—Sí, podemos ir a pie, ¿o quieres tomar un carruaje?

—¡Caminaré!

—Entonces debes tener hambre. Tienes algún tipo de petición, ¿no?

—Sí, pero no es eso, señor Óscar.

—¿Eh?

—Señor Óscar, usted es un tipo solitario, ¿cierto?

—Bueno, más o menos.

—Pensé que le vendría bien salir a caminar conmigo y comer algo en el camino.

—Bien, eso es cierto.

—Además, normalmente siempre está sentado, así que es mejor que camine. Me preocupa su espalda.

—Tener a un niño pequeño preocupándose por mi espalda es muy incómodo.

Óscar se tragó las palabras ‘¿Cómo es que me conoces tan bien?’ Sabía que cualquier cosa que le dijera se convertiría en su propia derrota.

Los dos se diferenciaban completamente en apariencias, pero estaban en total ‘armonía’ cuando estaban juntos.

—Señor Óscar, mire, una paloma bonita.

—De hecho, tiene plumas más bonitas que las otras palomas.

Desde la perspectiva de un espectador, parecían padre e hija.

El destino al que se dirigieron era un pequeño teatro, que albergaba algún tipo de exposición. Parecía utilizarse para diversos fines, como obras de teatro y conferencias.

Al parecer, ahora albergaba una exposición de pintura.

Después de la recepción, los dos se tomaron su tiempo para caminar y mirar a su alrededor.

—Me gusta este color. ¿No le parece maravilloso?

—Es agradable. A mí también me gusta.

Desde artistas jóvenes con un futuro prometedor hasta famosos premiados. La amplia variedad de exhibiciones fue extremadamente entretenida para los dos amantes del arte.

Últimamente, albergaban una serie de obras preparadas en un mismo cuarto. Ese era aparentemente el único lugar donde las obras de cierto artista estaban reunidas.

Era probablemente una pequeña exhibición para un artista que había recibido cierta clase de prestigioso premio hace un tiempo.

Óscar y Ángela miraron la cara del otro y se rieron.

El interior de la sala estaba decorado con muchas obras, tales como las pinturas y los cuadros adornados con hermosos sobres. Uno que llamó notablemente la atención fue una pintura abstracta sobre un lienzo enorme, probablemente dos veces más alto que un hombre adulto.

Cuando el dúo encontró esta obra de arte, se pararon frente a ella y la miraron en silencio.

El título de la obra de arte era ‘Nosotros’.

Mirarlo fue un momento especial para los dos. Habían pasado muchas cosas hasta que llegaron a este punto.

Óscar bajó las cejas, como si estuviera a punto de llorar.

—Es maravilloso.

La ciudad estaba llena de gente, por lo que también había mucha gente entrando y saliendo de esta exposición. En la vida de Óscar habían pasado todo tipo de cosas, que por donde se mirara no parecía más que un hombre común y corriente.

Una persona nunca podría ver la historia de vida de otra con solo mirarla. No había nada extraordinario en el mundo y vivir era doloroso la mayoría de las veces.

Por lo tanto, momentos especiales como este iluminarían suavemente el camino de una persona, aunque sea por un instante.

—Si usted no me hubiera salvado, señor Óscar, no tendría la oportunidad de pintar esto —susurró Ángela de manera intermitente, lo que estimuló aún más las glándulas lacrimales de Óscar. Intentó soltarle la mano para secarse las lágrimas, pero Ángela no se lo permitió.

Mientras abría los brazos y hacía un gesto con un ‘Vamos’, Óscar la levantó—. Qué llorón es usted, señor Óscar.

Rara vez lloro. —Aunque Ángela era la niña de los dos, secó las lágrimas de Óscar con la manga de su uniforme, casi de la misma manera que lo haría con un bebé—. Oiga, ¿podemos hablar un rato sobre nosotros?

Esta niña no se parece en lo más mínimo a mi hija.

—Cuando nos conocimos, parecía bastante solo.

Pero el peso que siento cuando cargo a esta chica es igual al de ella.

—La forma en que hablaba también me hacía sentir solitaria de alguna manera, pero era amable. Me parecía una persona particularmente maravillosa.

No me encariño tan fácilmente con los mayores, pero… Señor Óscar, pensé que me llevaría muy bien con usted.

Mi afecto por ella simplemente crece.

—Los dos estamos… en el lado artístico, ¿cierto?

—Sí, eso fue realmente todo.

Esto podría ser un pecado.

Óscar temía esto más que nada. Por lo tanto, tenía miedo de aceptarla completamente, cambiando su título por algo que no fuera ‘amiga’ o ‘amiga por correspondencia’.

Después de todo, muchas cosas habían pasado hasta este punto.

El tiempo que pasó con su nueva amiga fue sublime, casi como si fueran una familia. Sin embargo, tal vez esto fue…

… ¿Un crimen?

¿No podría ser otra cosa que una traición contra su difunta esposa e hija? Él había afirmado que no tenía intenciones de tener una nueva familia y, sin embargo, encontró varias razones para que los dos estuvieran juntos.

Si se lo contara a su esposa y a su hija, ¿no se sentirían mal? No podía pensar que no podían oírlo desde que se habían ido.

Podrían estar justo a su lado.

Tal vez las encontraría después de su muerte. Si es así, entonces esto no fue más que una traición, pero no pudo evitarlo.

Ya no podía soltar el peso de esta vida.

Porque…

—Señor Óscar. Asegúrese de contar conmigo cuando se sienta solo. Se lo debo por todo lo que hizo por mí. No, incluso aparte de esas cosas… Me gusta…

Incapaz de seguir mirándole a la cara a Ángela, Óscar descansó la cabeza sobre su hombro y soltó un sollozo.

Casi como una madre, Ángela murmuró suavemente: —Quiero que estemos juntos. Porque este mundo es demasiado solitario.

Porque te has convertido en alguien importante para mí.

Mientras era acariciado en la cabeza por la niña de nombre angelical, Óscar contuvo la respiración. Quería poner en palabras las cosas que había estado evitando.

Esto podría ser una traición. Podría enfrentarse a la desaprobación algún día.

Sin embargo, ya no podía vivir solo. Acabaría encontrando a alguien a quien quisiera a su lado.

El momento de darle nombre a esta relación y a ella estaba acercándose.

—Señorita Ángela…

Quizás el destino se lo había garantizado desde que se conocieron.

—¿Puedo… ser tu familia?

La cara de Ángela se iluminó.

—Eres… alguien…

Y luego las lágrimas se mostraron. Solo un poquito más hasta que Óscar se ganó un ángel propio.

—Eres alguien muy preciado para mí… Así que por favor, ¿podrías darme una razón para mantenerme a tu lado?

Esta era una historia sobre un creyente que se sentía como la lluvia en una tarde de verano… del tipo que era un poco suave, pero uno se encontraría deseando que sucediera algo una vez que el clima mejorara.

Tags: read novel La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38, novel La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38, read La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38 online, La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38 chapter, La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38 high quality, La muñeca de los recuerdos – Capítulo 38 light novel,

Comment

Chapter 38
Tus opciones de privacidad