El novio y la Muñeca de Memoria Automática
El alba ascendía en el cielo azul. Su tenue luz no podía eclipsar a quienes vivían bajo el resplandor de la luna nocturna.
Sin embargo, como la luna llena, aquella de un color más gentil, que se fundía con el firmamento, poseía un encanto capaz de detener el tiempo, de invitar a la contemplación. Enmarcada por un paisaje bucólico de praderas y pequeñas flores esparcidas hasta donde la vista alcanzaba, parecía la ilustración de un cuento de hadas.
—Mamá.
En medio de aquel escenario celestial, sin si quiera rozar la luna, un joven corría. En su apresuramiento, vestía solo un pantalón y una camisa.
Nada más.
La zona se llamaba Eucalypt Basin. Abundaba la tierra sin explotar, separando ciudades y aldeas por distancias de medio día. Los transportes regulares pasaban una vez al día. Sin ellos, los residentes y viajeros no tenían más remedio que confiar en sus propios pies u otros medios.
Buscar a alguien en ese mundo de campos de arroz parecía fácil, dada la escasa presencia de obstáculos. Pero en realidad, no lo era.
—¡Mamá!
La propia amplitud del terreno se convertía en el principal impedimento. Las búsquedas consumían demasiado tiempo.
Era difícil saber si un objetivo se había movido mientras otro lo buscaba.
—Maldición. ¿Por qué todo acabó así…? —El joven se secó impacientemente el sudor de la frente con la manga de la camisa.
Sus pies, que hasta entonces corrían por los campos, se ralentizaron. Caminaban, hasta que finalmente se detuvieron. Quizás no tuvo tiempo de ponerse los zapatos; iba descalzo.
Sus pies sangraban, tal vez por alguna espina o piedra. ¿A quién buscaba, para justificar una persecución tan obsesiva que le acarreaba tales heridas?
El joven, casi por casualidad, se detuvo a reflexionar.
A pesar de la pregunta que brotó en su interior y de la falta de una respuesta clara, volvió a correr. Las pequeñas flores blancas que pisó se tiñeron de sangre.
El dolor sombrío frenó su proceso de pensamiento.
—Llámame… por mi nombre, Mamá.
¿Debería regresar o no? ¿Abandonar a quien buscaba o persistir?
—Mi… nombre…
Si optaba por el "no", solo le quedaba seguir buscando. En esas circunstancias, la indecisión se hacía patente.
Por un instante, pensó que alguna pista podría encontrarse en aquellos infinitos campos.
—Ah.
Un lazo rojo oscuro apareció de repente ante la vista del joven. El rojo flotaba en un mundo de solo verde, azul y blanco.
Ante él, un rojo distinto a la sangre que había perdido danzaba con la brisa. Instintivamente, extendió la mano hacia él.
Lo tomó lentamente en su palma, como un regalo del cielo.
El joven giró la cabeza en dirección al viento. Pudo distinguir siluetas.
Eran varias personas rodeando una motocicleta. Una de ellas había bajado y corría hacia él.
Al acercarse, pudo ver que era una mujer. Su belleza era cautivadora.
Su pelo dorado revoloteaba entre los pétalos de flores esparcidas. Se detuvo frente al joven y lo miró fijamente.
—Hum…
Sus orbes azules contenían un misterioso encanto, haciéndole sentir como si lo desnudaran.
—Encantada de conocerle. Corro adonde mi cliente desee. Soy una Muñeca de Memoria Automática, Violet Evergarden. —Como una marioneta, se inclinó grácilmente.
Más que su apariencia, el sonido que brotó de sus labios finamente carmesíes era adorable y puro. Pero el contenido de sus palabras no encajaba en aquel lugar. El joven no era su cliente, sino un simple extraño.
Quizás pensando lo mismo, ella se corrigió:
—Me he equivocado. Perdone. Esto es como una enfermedad profesional; he acabado diciendo mi presentación de forma automática a cualquiera que conozco por primera vez… —No… está bien. Erm… Soy Silene.
—¿Esto es tuyo?
Cuando ella asintió en silencio, Silene le entregó el lazo. Él mismo se sorprendió de cuánto le temblaron los dedos al tocarse.
Aunque cubiertos por los guantes, sus dedos se sentían rígidos, claramente no eran humanos.
—Aquí tienes. También tengo algo que quiero preguntar. Estoy buscando a alguien…
—¿Una mujer de pelo plateado, de unos sesenta años, especializada en peluquería?
—S-Sí. Mi madre solía trabajar como peluquera… ¿Cómo lo supiste…?
La chica se ató el pelo, revuelto por el viento al no estar recogido, y señaló en la dirección de la que venía. Apenas visible por la distancia, distinguía una figura menuda que creyó ser su madre.
—Nosotros también te estábamos buscando.
Sin importar lo que hiciera, era una mujer lo suficientemente hermosa como para ser un cuadro, pensó Silene.
***
Quienes habían cuidado de la madre de Silene eran una Muñeca de Memoria Automática y un cartero en mitad de su ruta. Parecía que estaban de descanso, ya que su motocicleta había fallado. Habían visto a la madre vagando por los prados.
—Dijo que iría a las montañas a buscar a su esposo e hijo. Es extraño que alguien camine de madrugada, ¿cierto? Ya teníamos problemas, pero cuando la gente ve a alguien aún más preocupado que ellos mismos, se tranquilizan.
—Mi nombre no es 'V'. Es 'Violet'. —Mientras manipulaba la motocicleta defectuosa, el hombre abrió una mano hacia la joven. Colocando sus trenzas laterales detrás de la oreja, se puso en cuclillas. Tomando una herramienta de una bolsa en el suelo, se la entregó al hombre.
Ignorando su observación, él volvió al trabajo en silencio.
—Echa un vistazo al cabello de V. Dijo que era bonito y preguntó: "Por favor, déjame tocarla", así que la dejamos jugar. Me atraparon aquí.
V estaba entreteniendo a la abuela. Y entonces tú apareciste.
—Mi madre… está un poco… alterada… Les hemos causado problemas.
—Eso parece… Bueno, la gente como ella no es rara. Es fácil que los pensamientos y recuerdos se confundan. Ni siquiera tienes que ser viejo para que eso suceda…
No funciona… Suficiente.
Dame una toalla de mano. —Limpiando con facilidad las manchas de aceite negro, se puso de pie.
Era un poco más alto que Violet. Su cabello rubio claro era de un color parecido a la arena.
Su cabello era corto, pero una parte de las patillas delanteras colgaba más larga en un lado.
Sus orbes azules, celestiales y fríos, llevaban espinas dentro de su suavidad.
Solo con mirar las curvas de su cuerpo, se podía decir que llevaba pantalones ajustados.
En contraste, su parte superior iba vestida con una camisa verde primavera y tirantes. Los tacones de sus botas eran demasiado altos.
Dichos tacones tenían forma de cruz. Era bastante notable.
Sin embargo, incluso si se los quitaba, tenía la apariencia de alguien que podría cargar con una o dos mujeres sin esforzarse por la cara.
—Esto… es completamente desesperante. Aparte de eso, romperse en medio de este paisaje que no tiene nada más que campo es… —El hombre se secó rudamente una gota de sudor con el brazo. Parecía fatigado.
—Benedicto, realmente deberías correr a la ciudad de la que partimos y pedir ayuda. Es más rápido que ir por la fuerza.
—Hum, entonces…
Sin oír la frase de Silene, el hombre —Benedicto— se quejó ante las palabras de Violet.
—Incluso si posees una fuerza tan ridícula que casi parece broma, no hay manera de que deje a una mujer ir sola. Incluso si dices que está cerca, aún está a bastante distancia. Además, el problema será que seré regañado por el Viejo.
Violet ladeó ligeramente el cuello.
—¿Es así? Benedicto, ya estás claramente exhausto por los envíos postales diarios y tomar la obligación adicional de llevarme de camino, así que en esta situación, ¿no es mejor que el que tenga más resistencia haga un movimiento? Ser mujer u hombre es irrelevante. Esta decisión es por el bien de nuestra supervivencia.
—Hum, como dije…
—Nop, ya puedo verlo. El Viejo diciendo: ‘Benedictoo… ¿tú… por qué hiciste que la Pequeña Violet hiciera algo así? ¿La hiciste correr?’ Y entonces me criticará sobre la manera en que debe ser un caballero. —Lo que personificó con tanta emoción fue muy probablemente una imitación del jefe de cierta empresa postal.
—Tú… responderás a cualquier cosa cuando pregunte, ¿cierto? No puedes mentir.
—No miento al Presidente. Solo hay verdades en mis reportes.
—Entonces, ¿eso no es bueno después de todo?
—Diré la verdad pero te cubriré, Benedicto. Diré que fui yo quien lo propuso.
—Tu fuego de cobertura es el mejor cuando se trata de munición real, pero es un esfuerzo infructuoso cuando se trata de conversaciones cotidianas, así que detén eso.
—¡Hum! —Cuando Silene habló en voz alta, los dos finalmente lo miraron.
Quizás cansada de tanto caminar, su madre cayó dormida mientras la llevaba a la espalda.
Violet acercó su índice a los labios.
Silene sonrió amargamente.
—Si estáis con un contratiempo, os guiaré a mi aldea como agradecimiento por cuidar de mi madre. ¿Podéis empujar la moto? Si podéis, podría tomar un poco más, pero os presentaré a alguien que puede arreglarla.
—¿Lo harías?
Silene asintió.
—El pueblo está un poco concurrido en este momento, así que llevará algo de tiempo… cierto. Si podéis… quedaros por un día, podemos hacerlo. Haremos recepciones también. A decir verdad, va a haber una boda.
En esta región, cuando alguien se casa, todo el pueblo se reúne para un banquete público. Durante ellos, invitamos y damos la bienvenida a quien sea. Es coincidentemente la mejor ocasión para entretener a los visitantes.
—¿Tenéis bebida?
—Por supuesto.
—¿Qué hay de bailarinas y buena comida? Y lugares donde dormir.
—Sobre mujeres, erm… Señor Benedicto. Dependería de ti, pero tenemos todo ya listo.
Tras alzar los puños y reverenciar a los cielos, Benedicto se giró hacia Violet y le ofreció ambas manos. Violet las observó fijamente.
—Haz así. Así. —Benedicto tomó vehementemente las manos de Violet y le hizo alzarlas junto a las suyas—. Lo hicimos.
—¿‘Lo hicimos’?
—No tienes que hacerlo. —Benedicto se rió—. Esto es a lo que se llama destino. No tengo ni idea de quiénes son, pero unámonos al brindis de esta feliz pareja.
Silene también se rió ante lo dicho por Benedicto. Una vez miró a su madre a la espalda, su sonrisa pronto desapareció, pero se forzó a murmurar en tono animado: —Sí, soy de la casa de esta pareja feliz.
***
El lugar al que Silene los llevó era un pueblo llamado Kisara. Sus casas habían sido construidas como si formaran un semicírculo.
En su centro estaba una sala con un pabellón de piedra y un pozo. Probablemente eran lo único al principio en ese espacio, pero actualmente, una multitud se reunió alrededor del pabellón. Estaba lleno de mujeres al punto de que uno podía suponer que cada mujer del pueblo se había reunido allí. Estaban cocinando vigorosamente y decorando la sala con ornamentos.
Violet y Benedicto observaron la escena como si fuera algo inusual. Cuando Benedicto preguntó a Silene dónde estaban los hombres, el último señaló a un conjunto de tiendas localizadas justo un poco más apartadas del pueblo.
La línea de tiendas hechas de coloridas prendas brillaban contra los cielos azules y la verde tierra. Parecía que fueron dispuestas para servir como hospedaje temporal para los invitados. Por cómo lucían, esa gente verdaderamente quería dar una cálida bienvenida a quien viniera, sin rechazar a nadie.
Para entonces, el grupo fue dirigido a la casa de Silene. La única carretera del pueblo era estrecha y llena de cosas: flores floreciendo en las macetas de madera en cada puerta, cultivos secos, gatos deslizándose entre sus piernas.
Desde algún lugar, sonaron las campanas. Silene explicó que varias campanas que producían un sonido al chocar entre sí al ser arrastradas por el viento eran los artículos especializados de artesanía del pueblo.
Mirando hacia arriba, podían ver cuerdas pasadas a través de las ventanas de las casas al otro lado de la calle, desde donde colgaba la ropa de sus residentes. Carillones colgaban de ellos también.
Las jóvenes charlando entre sí tiraban de las cuerdas como si se divirtieran. Mientras lo hacían, las campanas de la llamada sonaron. Cuando Benedicto dirigió su mirada hacia ellas, soltaron una risa similar a un grito y cerraron las ventanas.
El pueblo tenía una tranquilidad que no existía en las grandes ciudades, característica de las pequeñas comunidades.
Una vez que pasaron el camino angosto, se ensanchó de inmediato, y más allá había una casa aislada que era más grande que el resto. Aunque no tan bien atendidos, arbustos de rosas crecían en su jardín.
Dos mujeres de aspecto ansioso se pararon frente a la entrada.
—¡Ah, entonces fue ella, ¿cierto?! —La que corrió tan rápido como pudo fue una dama de mediana edad vestida con un delantal.
Después de un profundo suspiro, Silene le habló en voz baja: —No me entendió. ¿Estás de acuerdo con esto? No me digas que esto siempre sucede…
—Ayer por la noche, apropiadamente había cerrado la habitación de Madame. Maestro, ¿podría ser que fue allí después? ¿La encerraste? Solo se abre desde afuera.
—Eso es…
—En los años en que todo fue confiado a la Maestra, no he visto a Madame así.
—Mi error. Eso fue error mío…
El aire de su intercambio no podría describirse como agradable.
La otra mujer caminó al lado de Silene. Tenía la piel morena y facciones faciales graciosas. Inclinó la cabeza hacia Violet y Benedicto, que sin palabras miraban todo. Fue entonces cuando Silene finalmente se dio cuenta de que había alguien más aparte de su pariente a su lado.
—Lo-Lo siento… Os presentaré. Esta es… erm… la que se convertirá en mi esposa mañana, Misha. Y la sirvienta de mi madre, Delit.
No vivo con mi madre. Misha, Delit.
Esos dos se hicieron cargo de Mamá.
Ellos entendieron cuánto significaba la última declaración, por lo que supusieron que debían mostrar gratitud hacia el dúo con la expresión que mostraron justo después. Tanto Delit como Misha los dejaron entrar a la casa como si trataran con santos.
Después de eso, tuvieron un tiempo ocupado. La novia y el novio, que estaban a punto de casarse al día siguiente, parecían tener que saludar en varios lugares, y por lo tanto habían salido solos. Se disculparon por no poder entretener a los invitados apropiadamente, sin embargo, Violet y Benedicto estaban lo suficientemente satisfechos con solo tener un lugar con un techo donde refrescarse y los despidieron sin importarles.
Cuando ya era casi mediodía, la sirvienta Delit invitó a los viajeros a una comida fuera de toda consideración. Quizás debido a estar significativamente cansados, Benedicto se cayó dormido inmediatamente tras comer, como si se le agotara la batería.
Al principio, había empezado a cabecear, y pronto, incapaz de soportarlo, descansó su cuerpo en el sofá y cerró los ojos. El trabajo de cartero consistía en deberes durante todo el día. Es más, había conducido para recoger a Violet a mitad de su viaje, y su moto se había roto; se había preocupado por arreglarla, por lo que acabó completamente exhausto.
Sentada en el mismo sofá, Violet silenciosamente le dejó dormir a su lado mientras se apoyaba en ella, y una vez todo quedó en silencio, ella finalmente observó el entorno. Había campanillas en la ventana de la casa también. El sonido de Delit lavando los platos se escuchó desde la cocina. Junto con el aliento dormido de Benedicto, fue una tarde de un día de verano extremadamente pacífico.
Aunque no estaba adormilada, Violet cerró los ojos. Era como si hubiera llegado a conocer la dulzura de los sonidos de la vida cotidiana de su entorno por primera vez.
Su nuevo hogar, la Casa Evergarden, era una mansión cuyo tamaño no podía igualarse a menos que se construyeran tantas casas en el pueblo, y por lo tanto, le era extraño estar en una casa donde simplemente podía existir y relajarse sin tener que hacer ningún trabajo. Sin embargo, tan pronto como oyó un ruido procedente de la puerta de entrada, buscó la pistola dentro de su chaqueta.
—Esto… ¿podría ser la persona que arreglará la motocicleta? —Con sus pasos haciendo eco, Delit caminó hacia la entrada.
Al mirar a su lado, Violet pudo ver a Benedicto abrir los ojos ligeramente. Él también tenía sus dedos en su pistola.
—Puedes seguir durmiendo. —Ella le dijo, y él volvió a cerrar los ojos como aliviado.
Los dos eran iguales. Debido a que sus cabellos y ojos son de colores similares, casi parecían hermanos cuando estaban uno al lado del otro.
Preguntándose si había algo que pudiera hacer para ofrecer su ayuda, Violet estaba a punto de dirigirse a la entrada, pero al notar que alguien llamaba en medio de los sonidos de la vida cotidiana, sus pies se detuvieron. Lo había oído venir desde el segundo piso.
Entonces recordó que a la madre de Silene la habían llevado como si la hubieran obligado a retroceder cuando llegaron a esa casa. Subiendo las escaleras de madera, Violet se detuvo en el pasillo del segundo piso y se quedó parada para escuchar una vez más.
—¿Querido…? —La voz de una anciana mujer resonaba—. ¿O podría ser Jonah?
Lo más probable es que confundiera a Violet con un miembro de la familia.
—Soy Violet. Me ataste el pelo esta mañana. —Como respondiéndole, Violet susurró junto a la puerta de la habitación.
***
Era un pequeño pueblo, pero el banquete los reunió a todos. Uno a uno, inclinaron las cabezas en señal de gratitud a todos.
Fue cuando el sol se puso que Silene y Misha volvieron a casa.
—Esto… ¿la novia no es de por aquí?
—Entiende nuestro idioma. Pero no se expresa bien. Es linda.
—Silene, trátala bien. ¿No se siente como si solo pudiera confiar en ti?
Recibir saludos no lo molestó particularmente, pero tras ellos, fue interrogado por las ancianas sobre su prometida, Misha. Como Silene había hecho la mayor parte de la conversación en nombre de la tímida Misha, que no era demasiado buena conversando, tenía la garganta reseca.
—Ha oscurecido, ¿eh? —Murmuró Misha secamente y Silene asintió.
El pueblo normalmente estaría tranquilo al atardecer, pero hoy había sido bastante ruidoso. Todo el mundo estaba festivo. Justo cuando pensaba que todo era para él y Misha, Silene había llegado a comprender que una ceremonia de boda no era solo para dos personas.
Entonces, tomó la mano de Misha de forma natural.
—Fufu. —Soltó una risita tímida—. La gente de este pueblo… es amable. —Sintiéndose cómoda cuando habla con Silene, ella comenzó a hablar—. Mi hermano, que me había criado en lugar de nuestros padres, falleció en la Gran Guerra. Me alegro de poder casarme contigo. Pude… tener una familia otra vez. —Sonrió tímidamente—. La señora Delit es genial en la cocina. Ella me ha enseñado qué alimentos te gustan. La casa de Madre… es grande. Es grandioso, y me hace pensar… que todos pueden vivir en él.
Aunque fue una charla pacífica, Silene terminó escupiendo con frialdad: —No tienes que ser tan cautelosa.
Misha dejó de caminar. Su mano, todavía conectada con la suya, fue tirada mientras él continuaba avanzando, causando que tropezara.
—Lo siento.
—No, yo también lo siento.
—No, soy la que lo siente… Dije algo… innecesario. Yo… incluso… sé… que dejaste esa casa porque la odias y… a tu madre.
Por lo que Silene se había enamorado de Misha era exactamente eso. Ella era honesta, cariñosa y amable.
—Pero no te he preguntado apropiadamente. ¿Por qué los odias? Es mejor valorar a tus padres. —Y tenía principios.
El sudor perlaba la mano que estaba usando para sostener la suya. Silene quería dejarla ir para limpiarla pero no lo hizo, en lugar apretando su agarre aún más.
No quería instigar disgusto en la persona que siempre estaría a su lado desde entonces.
—Nada… Es por Mamá.
A diferencia de Silene, que no se encontró con sus ojos, Misha dirigió su mirada directamente hacia él.
—Sí.
—Ha sido así desde que era pequeño. Ella no es así por su edad. Yo también tenía un padre y… un hermano mayor… pero un día, mi padre se llevó a mi hermano y se fue.
—¿Por qué…?
—Yo era demasiado pequeño, así que no lo recuerdo bien. Fue probablemente… lo de siempre… Su relación como casados era mala. Ellos… peleaban muy a menudo. Yo había visto a cualquiera de los dos salir de casa mucho. Es por eso que pensé que seguramente volvería pronto también… Pero él no había regresado. En aquel entonces, ¿por qué papá se llevó a mi hermano y no a mí? ¿Fue porque su hermano era el primogénito? Su brecha de edad era de solo tres años, sin embargo, él siempre había sentido que su padre le daría prioridad a su hermano en todo lo que hiciera. Por ejemplo, en el orden de regalar regalos, la frecuencia con la que él acariciaba sus cabezas, o la diferencia de las palabras con las que solía alabarlos. Desde el punto de vista de los demás, ninguno sería un gran problema, pero los niños son sensibles a tales cosas.
Estoy seguro que… él se llevó al que estaba más apegado. Eso es lo que siento.
—A partir de ese momento, Mamá comenzó a ponerse rara. Lentamente, lentamente… se rompió, como un tornillo cayéndose de una máquina. Primero, ella comenzó a llamarme por el nombre de mi hermano. Cada vez que decía: "No, no soy Jonah, soy Silene", se disculpaba y se corregía a sí misma. Pero no se detuvo simplemente diciendo el nombre equivocado.
Misha colocó su otra mano sobre la que estaba unida. Estaba intentando arder en llamas las dificultades a las que su amante había enfrentado durante su vida. No era más que un simple gesto, pero hizo a Silene insoportablemente feliz. Él fue capaz de reconfirmar fuertemente que era algo que había anhelado.
—Mamá comenzó a alucinar que yo soy papá o mi hermano mayor Jonah. Su yo pasado no tenía tales alegrías. —Cuando cree que soy papá, me regaña mientras llora y me golpea. Cuando cree que soy mi hermano, simplemente me abraza y me pregunta dónde estuve. Esto ha continuado durante varios años.
Silene no pensó en sí mismo como alguien lastimoso.
—Pero, mira, cuando pegué el estirón, me volví más alto. En realidad, no me parezco a ningún hermano o a papá. Realmente… creo que fue… algo bueno.
Sin embargo, él tampoco pensaba en sí mismo como alguien feliz. En retrospectiva a su infancia, no hubo nada agradable. Tenía que empezar a trabajar cuando su madre no pudo, y se sentiría miserable cuando volviera a casa.
—Estaba libre de ser confundido con alguien más.
Fue una sucesión de ocurrencias.
—Pero entonces una nueva maldición fue lanzada sobre mí.
Una triste sucesión de ocurrencias.
—Ahora soy el único que no sabe quién soy.
Para llegar a un final, tenía que apartarse de ella.
—Mamá tampoco sabe quién soy. Solo recuerda a mi yo de la infancia. Delit me dijo… que ha estado buscándome últimamente. ¿No es… para reírse? Siempre, siempre, siempre he… Precisamente porque eran familia, tenía que apartarse de ella.
—… Siempre he estado a su lado.
Aunque podía considerarse que no tenía corazón, fue lo último en lo que Silene quería rendirse. Los aldeanos ya sabían, pero era la primera vez que lo discutía con un foráneo. Había crecido, aprendido a trabajar, lanzándose al mundo exterior, enamorándose de una chica que había encontrado allí y al menos se liberó de su tristeza. No dejaría que nadie interfiriera con eso.
—Por eso no viviré con Mamá.
Silene estaba desesperado por atrapar la felicidad que había finalmente agarrado con sus propias manos.
***
Cuando llegaron a casa, Delit fue a saludarlos afuera: —He estado esperándoos.
Tenía varias cartas en las manos. Habían surgido por un gran incidente en ausencia de ambos. Los telegramas de felicitación de amigos lejanos y parientes que no podrían asistir a la ceremonia habían llegado.
La ciudad donde vivían Silene y Delit estaba a poca distancia del pueblo. En realidad, había querido celebrar la ceremonia allí y dejar a su madre fuera, pero Misha no había estado de acuerdo.
—Si tienes al menos un padre, deberías mostrárselo. —Ella le había dicho. Por esa razón, las personas con las que estaban actualmente asociados no pudieron asistir.
—¿Qué deberíamos hacer con respecto a esto… de acuerdo con la etiqueta del matrimonio? —Preguntó Silene tímidamente a la vieja Delit.
—Bueno, deben ser respondidas de todo corazón. ¿No has pedido a nadie que haga eso?
Silene se volvió para mirar a Misha. A la pareja no les habían enseñado acerca de las situaciones en las que tendrían que hacer peticiones y no estaban familiarizados con el protocolo nupcial.
—Estamos en problemas… Si tiene que ser alguien de esta zona… ¿tal vez la señora de la tienda general?
—No hay forma… no podemos pedirlo tan de repente. La ceremonia es mañana.
—Entonces, Maestro, esto significa que tampoco has pensado en tu poema de amor para la novia. Tienes que hacer eso también.
Era una costumbre tradicional para el novio recitar un poema escrito por él mismo que contenga sus sentimientos hacia su ser querido en medio de la ceremonia.
—Estaba pensando en no hacer uno, ya que es embarazoso…
—¡Eso no es bueno! Una ceremonia de boda sin eso… sería una desilusión para las personas invitadas.
Al ser amonestado con una actitud increíblemente amenazante, Silene se encogió.
—Hacer una ceremonia en nuestra tierra significa prepararse y gastar esfuerzos para que podamos compartir un momento maravilloso a cambio de ser felicitados por muchas personas. No podemos descartar las tradiciones. Todos… se ofrecen como voluntarios para muchas cosas, ¿verdad? Eso es debido a un apoyo mutuo y aliento. Estarás condenado si no respondes con sinceridad a esa sinceridad.
—Pe-Pero…
¿A quién demonios se supone que pedirían ayuda?
Quizás mientras estaban teniendo un acalorado debate, uno de sus invitados abrió la ventana y sacó su cabeza como si estuviera investigando lo que estaba pasando. Ella sostenía una carta en su mano.
—¡Ah, ¿no hay nadie que sea perfecto para el trabajo?!
—No, pero… son invitados.
—Pero es una Muñeca de Memoria Automática, ¿cierto? ¿No es su fuerte recitar y escribir? Maestro, puede dejárselo a ella.
A pesar de las optimistas palabras de Delit, el problema de Silene fue más prominente, rindiéndose al ser incapaz de decir nada.
—Acepto.
—¿Eh?
—Acepto. Me encargaré de recitar y escribir… como un favor de una noche.
Inesperadamente, Violet fue la que asumió la responsabilidad. Ni siquiera pasara un día desde que se conocieron, y él de algún modo se sintió como si no fuera capaz de decir tales cosas por sí mismo. Silene pensó que era una modesta mujer.
—Es una ceremonia importante, después de todo.
Las palabras de Violet Evergarden pesaron en el corazón de Silene.
***
El traje nupcial de las afueras de Eucalypt Basin consistía en una túnica roja con bordados dorados detallados. En la cabeza de la novia había una corona de flores y un maquillaje de color rosa en sus párpados y labios. Por el contrario, el novio estaba vestido con una túnica blanca. Llevaba un escudo que representaba la protección de su hogar y una pequeña espada pintada en oro, ya que era un símbolo de riqueza.
El novio y la novia caminaron recibiendo bendiciones de la gente en la calle esa mañana. Luego, se realizó un banquete en la sala del pueblo. La etapa de la ceremonia, que las mujeres habían estado preparando desde el día anterior, resultó espléndida. El pabellón de la sala estaba decorado con claveles blancas y rosas rojas, y se colocaron dos asientos de vides. Había largas mesas y sillas alineadas para rodear el pabellón y los invitados ya estaban sentados en ellas. Saludaron la llegada de la joven pareja con aplausos.
Solo en ese día, aquellos que normalmente trabajarían asiduamente también se vistieron y participaron. Magníficos sombreros ornamentales, vestidos vivamente coloridos. Y los adultos no son los únicos. Las figuras de niños corriendo y caminando con adornos de pluma de ángel en la espalda eran adorables.
Una vez que comenzó la ceremonia, una orquesta comenzó a tocar y se sirvió la comida. Luego fue hora de bailar por un tiempo. Inicialmente, las mujeres que recibieron clases de baile mostraron una coreografía grupal. La gente gradualmente se mezcló, pero cuando el rubio cartero hizo su entrada, los vítores de las pueblerinas se levantaron. Mientras Benedicto bailaba brillantemente con botas muy parecidas a las que llevaban las mujeres, después de que terminara, en lugar de tomarlo de ambos brazos, las jóvenes damas, tan bonitas como flores, lo arrinconaron por todos lados y causaron un alboroto.
Violet Evergarden, que había ofrecido hacer la recitación, no hizo nada tan llamativo como Benedicto. Ella simplemente se quedó quieta y esperó su señal en silencio. Quizás debido a su belleza casi mística, no se convirtió en el blanco de los coqueteos de los hombres, y ni siquiera había una sola persona con suficiente coraje como para haber hablado con ella.
Cuando finalmente le llegó el turno, hizo que los ojos de los asistentes se pegaran con el conglomerado de telegramas. Ni siquiera había necesidad de decir "silencio" para callar a los que estaban causando un alboroto. Mientras haya algo que deseen escuchar, la gente callará por sí misma.
Independientemente de la pareja ansiosa, la ceremonia transcurrió libre de disturbios para los niños que ya estaban acostumbrados. Misha silenciosamente susurró al oído de Silene: —Parece que acabará bien, ¿cierto?
Aunque ella era su propia novia, lucía tan hermosa que estaba ligeramente aturdido cuando su cara se acercó.
—Sí, realmente… esto es gracias a la gente del pueblo.
—Tu poema de amor… fue maravilloso. —Tras decirlo, Misha rió un poco. Fue probablemente porque su figura había parecido divertida a sus ojos cuando acabó de murmurarle el poema que le había dedicado a ella, por lo que se volvió rígido como una estatua por el nerviosismo.
—La señorita Violet escribió casi todo…
—Es cierto. No habría… dicho tales cosas.
—No me pruebes mucho… No soy bueno con cosas embarazosas.
—Es genial que fuéramos capaces de conocer a tan maravillosos viajeros. Madre también habría disfrutado.
—Sería bueno si fuera verdad. —La voz de Silene se debilitó.
Había orado constantemente que ella estuviera al menos en ese día, sin embargo, ella había comenzado a vagar sin rumbo hacia la mitad de la ceremonia y comenzó a buscarlo en la segunda mitad, de modo que según su pedido, Delit la había llevado a su casa. Como los aldeanos sabían de las circunstancias, no hubo conmoción de su parte; más bien, el que se había desconcertado era Silene. Qué embarazoso.
Sintió como si el día más importante de su vida hubiera sido arruinado por su descorazonada madre.
Me alegro de casarme con Misha.
Seguramente había gente que se irritaría si les pasase lo mismo. Justo como él.
Me alegra… que fuera Misha.
Silene tomó la mano de Misha, recorriendo el anillo de boda que le había puesto en un dedo. Era una prueba de que ya no estaba solo. El anillo le daba una sensación de realidad.
—Por último, hay una carta de la preciada madre del novio, que contiene sus bendiciones para el matrimonio de su hijo, el señor Silene, quien ha tropezado con el día maravilloso que es hoy.
Un incesante aplauso apagó las palabras de Violet. Silene confundidamente giró la cabeza en todas direcciones. Misha parecía pensar que era otro programa del evento y lo aceptó, pero Silene no había sido informado acerca de tal cosa por nadie.
—Señorita Fran, le doy las gracias humildemente por permitirnos estar sentados en un lugar tan honorable junto con todos ustedes. —Violet sacó una carta similar a la que había estado sosteniendo la noche anterior y abrió su sobre—. Por la solicitud de su respetable madre, voy a entregarle al señor Silene en voz alta la carta de las bendiciones matrimoniales que está llena de sentimientos.
No he escuchado sobre eso. No… he oído nada de esto.
¿No era mejor detenerla? No había manera de que las palabras de una persona con el corazón roto pudieran ser decentes. El lugar simplemente se despeinaría por su extraña forma de hablar y conducta. Silene intentó levantarse de su asiento.
Sin embargo, las esferas azules de la Muñeca de Memoria Automática parecían coser su propia sombra sobre él mientras pedía refrenamiento en el lugar:
—Puede ser un poco abstracto, pero por favor escúchenlo. —Un suspiro escapó de los labios de color rosa de Violet. Como si estuviera recitando, leyó el poema de bendición—. ‘Sé que la versión más hermosa de mí misma es la que se refleja en tus ojos. Por eso te animo como si estuviera admirando una flor. Puedo ver el brillo de las estrellas en tus pupilas. Por eso creo que eres brillante. No sabías cómo hablar cuando eras pequeño. Te enseñé palabras para que así fueras capaz, ¿cierto? El color del cielo, la frialdad de la noche, las frases que dirías cuando hacias cosas malas… si solo pudiera convencerte del disfrute que sentí cuando hablaba contigo sobre ello. Me pregunto si te has dado cuenta de que cualquier palabra ruda que te haya dirigido eran de amor también. De manera similar, no importa de cuántas maneras me hayas herido, el hecho de que nacieras las borra todas. No lo sabes, ¿no? Mi hijo. ¿Conoces la belleza ojos de la persona que estará contigo durante el resto de tu vida desde ahora? ¿Puedes recordar de qué color son incluso tras cerrar los ojos? ¿Brillan? Si luces hermoso cuando te reflejas en sus orbes, eres amado por ella. No debes dejar que eso se vaya. No debes negar el amor. Una luz puede seguir brillando precisamente cuando es pulido. Esa joya está solo a tu cuidado. No niegues el amor. Mi hijo. ¿Has mirado en mis ojos? Si no, entonces quiero que lo intentes. Ya están envueltos en un mundo nocturno, pero las estrellas brillan en el cielo nocturno. Por favor, solo mira en ellos en silencio. Si crees que lo que hay en la superficie de mis ojos -lo que se refleja en ellos- es precioso, eso quiere decir que me amas. No puedo hablar mucho. Por eso, por favor, echa un vistazo. Por favor, hazlo cuando sea que estés inquieto. Donde sea que vayas, mis ojos serán capaces de convertirse en una de las cosas más preciosas en este mundo para ti. Esta es la verdad de una promesa entre tú y yo. Mi hijo, este es mi amor hacia ti. Así que, por favor, no olvides el color de mis ojos.’
El aplauso empezó como una ondulación silenciosa y gradualmente se transformó en el gran remolino de una ola. Después de inclinarse bellamente a la manera de una Muñeca de Memoria Automática, Violet se hizo a un lado.
Silene no podía recordar el color de ojos de su madre. Había estado con ella hoy y ayer.
—¿Silene? ¿Estás bien?
Sin embargo, no podía recordarlo. Había evitado mirarle a la cara. Y lo había hecho aposta.
—Silene.
Ser llamado con el nombre de otra persona cuando cerraba los ojos era demasiado duro para él. Era doloroso que no tuviera lo que su madre buscaba. No importa lo que hizo, era incapaz de corresponder sus expectativas.
—Hey, Silene.
Si el que su padre se hubiera llevado hubiera sido Silene en lugar de su hermano, quizás el corazón de su madre no habría sido dañado hasta ese punto.
—Hey, cariño.
Si no estuviera con un hijo que haría que sus padres pensaran que era innecesario, sino algo mejor… Qué embarazoso. La razón por la que no era bueno con las cosas embarazosas… Que embarazoso. … era que siempre le harían ser consciente… Que embarazoso. … que era una vergonzosa existencia para alguien más.
—Cariño, no llores.
Cuando Misha le secó las lágrimas, se dio cuenta de que estaba llorando. Se apuró en recomponerse. Más lágrimas cayeron.
Que embarazoso. Que embarazoso. Yo estoy… tan avergonzado.
La carta de la Muñeca de Memoria Automática hizo que su pecho doliera. Estaba avergonzado de haber arrastrado con él el pasado, siendo incapaz de amar hasta el momento presente y huyendo de la persona que se supone que protegería. Su madre, a pesar de pensar que se fuera, y a pesar de romperse, había salido a buscarle.
—Lo siento, tengo que salir un momento. —Informó a Misha y marchó de la ceremonia.
—¿Vas a donde Madre?
Mientras mantenía sus ojos cerrados, asintió a la pregunta, y ella le empujó por la espalda.
—Ve.
Mientras pensaba que era el peor novio tras abandonar la ceremonia, pasó a los invitados. Incluso yéndose, los asistentes se habían exaltado cuando la hora de bailar llegó de nuevo.
Pasó la estrecha carretera, hacia la casa donde había vivido con su madre. Las piernas de Silene se apuraron a la casa que había dejado como si huyera.
Cuando llegó, Violet Evergarden, quien se suponía estaba en el salón ceremonial, estaba allí. No pudo ver la moto de Benedicto por ninguna parte. Las reparaciones ya se habían completado.
—Estamos muy agradecidos.
Parecía que planeaban partir sin ver el final de la ceremonia.
—Lo mismo digo. Hum… Muchas gracias. Tomé nota de mis fallos… con las palabras que recibí. Mamá te dijo alguna tontería… y tú… la escribiste hermosamente, ¿cierto? Te causó problemas… Ella… a menudo hace solicitudes egoístas. Era como cuando vivíamos juntos. Incluso hoy, cuando a ella se le dijo que hoy era la boda, ella insistió en que le diéramos un sombrero blanco que ya había sido vendido hace años…
—Lo siento por haber hecho esto por mi cuenta.
—No, está bien…
—Mientras el señor Silene y la señorita Misha estaban fuera, acepté un trabajo de su madre. La oferta fue solo que enviara la carta, pero acabé haciendo algo intrusivo. Su madre dijo que podría no haber leído la carta si ella se la hubiera entregado, señor Silene… Yo también elegí un método para definitivamente transmitirle sus palabras.
Ya que no hay carta… no necesita enviarse. —Violet dijo.
Las cejas de Silene se fruncieron. No pudo imaginarse a su madre haciendo la solicitud. Sin embargo, pensó que era raro que ella dijera que podría no leerla.
—Me pregunto por qué mi madre diría esto… que podría no leer la carta.
—Dijo que era porque siempre le estaba causando problemas al señor Silene. Debido a la pérdida de parte de la familia, ella lo hirió con solitarios recuerdos.
Es mentira.
—No, es raro.
—¿Lo es?
Es mentira, es mentira.
—Ella… se supone que no diría algo tan razonable. Dices cosas como: ‘Quiero hacer esto’ o ‘Quiero hacer aquello’. Pero… eso es raro. Es casi como… Me refiero… No hay manera.
—No es raro. Mientras me estuvo hablando, su madre estuvo lúcida. Cuando nos conocimos, también estuvo así por un rato. Me habló de usted.
No hay manera.
Silene pasó por el lado de Violet y abrió la puerta de la entrada de la casa. Por detrás, la voz de Violet resonó: —Bien, entonces, nos vamos.
Sin molestarse siquiera en girarse, subió las escaleras y se dirigió a un cuarto en la segunda planta. ¿Lo que estaba haciendo ahora su madre en ese cuarto podría solo ser sellado por fuera? Quitando el candado, hizo girar el pomo de la puerta. La ventana estaba probablemente abierta.
El viento estaba circulando en la habitación.
Su madre estaba en dicha ventana, observando el centro del pueblo donde se estaba llevando a cabo la ceremonia.
—Ma-Mamá. —Llamó—. Mamá. —La llamó incontables veces de esa manera.
Su madre estiró la cabeza hacia él, pero su mirada inmediatamente volvió a la ventana.
—Hey, Silene… Jonah.
Ella raramente se giraría a mirarlo.
—Mamá… Mamá… Ma-Mamá…
Incluso desde que su familia se separó, no hubo ni una ocasión en la que ella lo mirase tan sobria.
—Estoy en algo muy importante ahora mismo.
Ni una sola.
—Me pregunto dónde está Silene.
—Mamá, estoy… aquí mismo. —Soltó con voz infantil.
Y al hacerlo, el cuerpo de su madre se torció como si se sorprendiera, y lentamente se giró. Miró a Silene de la cabeza a los pies con un aparente interés. Su mirada no era la misma de siempre.
Silene se quedó mirando los orbes de su madre. Eran de un maravilloso tono ámbar. Aah, es cierto. Ese era su color. Recordó que sus iris eran del mismo color que los suyos.
Su madre se acercó a su lado, y con una mano llena de lunares, le tocó la mejilla. Luego, él dejó caer lágrimas.
—No… llores. —Ella parecía feliz—. Has crecido mucho, ¿eh, Silene.
Solo Silene se hundió en sus ojos ambarinos.
—Felicidades… por tu boda. —Sonrió.
Durante ese instante, su madre indudablemente estaba sana. Se perdió por el momento en el que Silene la abrazó.
—Hey, ¿dónde está Silene?
—No… voy a irme a ningún lado.
Sin embargo, su amor definitivamente existía.

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