Los ojos esmeralda se abrieron. Pertenecían a un niño pequeño.
Aún no había cumplido los seis años. Sus orbes, recién abiertos del sueño, reflejaban el mundo a su alrededor con una inocencia deslumbrante.
Al descender del carruaje, una escena bucólica se desplegó ante él. Lo primero que capturó su atención fue la majestuosidad de los árboles, una hilera verde que se erguía orgullosa.
Desde los árboles más viejos hasta los retoños, se extendían juntos, sus copas tejiendo un dosel. La luz, suave y pura, se filtraba entre las hojas, creando sombras danzantes en la tierra.
Las hojas, al mecerse con el viento, sonaban como risas de niñas.
En aquella estación, cuando las flores caían en una tormenta de pétalos, era algo digno de admiración en Leidenschaftlich. Parecían ventiscas de los países del norte, flotando en el aire.
Sus viñedos, asociados con héroes que habían defendido la nación de incontables invasiones, florecían hermosos en cada rincón. Daban sus frutos del cambio de primavera a verano.
—Es la flor de nuestra familia —murmuró su padre, caminando delante de él.
Los ojos del niño, que antes vagaban observándolo todo, se posaron en la espalda de su padre. Quizás sintiendo la mirada de su hijo, el hombre se giró. Aunque no pudiera decirlo con palabras, podía percibir si el niño lo seguía adecuadamente.
Al igual que los suyos, los iris de su padre eran verdes, con una ligera diferencia en la tonalidad y una mirada estricta.
Solo por el hecho de que su padre se hubiera girado, el niño sentía un anhelo por bailar. Seguramente, lo idolatraría.
Sin embargo, a pesar de la felicidad en su corazón, su expresión permanecía rígida. Su única preocupación era haber hecho algo que pudiera merecer una reprimenda.
—¿Qué es eso de 'nuestra flor familiar'? —Su hermano mayor repitió las palabras de su padre, con un tono bajo y burlesco.
Padre e hijos continuaron por el camino verde. Más allá de la belleza natural, se extendía un área que parecía destinada a instalaciones de entrenamiento militar.
Allí, varias personas vestían el mismo uniforme negro violáceo que su padre. El pequeño, con ojos curiosos, observaba con asombro la figura de los soldados marchando al unísono, una disciplina inquebrantable.
Su padre los llevó a unas sillas dispuestas al aire libre, asientos reservados para espectadores autorizados. Les indicó que se sentaran y se marchó.
Además de los uniformes del Ejército, había soldados de la Armada con trajes blancos. Conversaban entre sí, divididos en dos grupos alrededor de aviones de combate y reconocimiento.
Aunque ambas eran fuerzas de defensa, parecían mostrarse distantes y poco amigables. Desde los ojos de un niño, era una visión extraña.
Quizás nervioso al no ver a su padre, el niño agitó brazos y piernas, incapaz de apartar la mirada de sus pies. Un pétalo de buganvilla, la "flor familiar" de su padre, cayó suavemente.
Mientras extendía la mano para atraparlo sentado, su hermano mayor, a su lado, lo contuvo.
—Gilbert, compórtate —le dijo su hermano con voz hosca. Gilbert obedeció dócilmente.
Era un niño obediente. Su hogar era Leidenschaftlich, y descendía de héroes de una conocida nación militar del sur.
Para los hombres de la familia Bougainvillea, era costumbre alistarse en el Ejército. No era la primera vez que su padre, con su alto rango, los llevaba a eventos similares.
Su hermano apretó su mano. Incluso sin eso, Gilbert no era de los que repetían una acción después de ser reprendidos.
—Si deshonras el nombre de Bougainvillea, seré yo quien reciba el castigo por descuidar mi deber de supervisarte.
Dado que su hermano a menudo recibía una conferencia y un golpe de su padre, algo habitual en su rutina, Gilbert entendió que debía mostrar una respuesta adecuada para no arruinar el humor de su padre.
En la Casa Bougainvillea, donde vivían Gilbert y su hermano mayor, cada miembro debía actuar con extrema cautela. De lo contrario, las paredes, adornadas con agujas, clavos, espadas y rudos cuernos, parecían querer atravesar sus cuerpos, sacando la sangre. No era un lugar cómodo, sino un espacio de juicio constante.
Así era su hogar.
—Qué aburrido… —Su hermano murmuró, haciendo un puchero. Sus ojos no se dirigían a los soldados del Ejército, sino a los de la Armada—. Estas cosas… parecen aburridas, ¿no, Gil?
Aunque a Gilbert se le pedía asentir, no respondió. No podía consentir.
¿Por qué dice eso?
Creía que la sensación de aburrimiento debía ser descartada en esa situación. Fuera cual fuera la tediosidad, debían soportarla.
Por eso había dejado de actuar como un niño imprudente, fácilmente influenciable. Su hermano, con todo su conocimiento, ¿por qué buscaba una aprobación verbal?
—No puedes decir cosas así —replicó Gilbert, con la inocencia propia de su edad.
—Está bien. Está bien que ambos hablemos en voz baja. Como si fuera a dejar que siquiera mis pensamientos fueran controlados. Sabes, Gil… esto es algo que Padre, el Abuelo e incluso el Bisabuelo han hecho.
¿No es lo peor, verdad?
—¿Qué es tan malo? —preguntó Gilbert.
—¿No es como si tuvieran su propia voluntad? Escucha, la razón por la que Padre nos ha traído hoy es para decir: 'Os convertiréis en como yo'.
—¿Por qué eso es malo? —preguntó Gilbert.
—Es para hacernos entender que no podemos elegir nada más que esto.
—¿Por qué eso es malo? —preguntó Gilbert.
Su hermano, frustrado al no comprender los sentimientos de Gilbert, alzó ligeramente un puño para golpear el hombro de Gilbert con la mano que no lo sostenía.
—Quiero convertirme en marinero. No solo un marinero. Un capitán. Dirigiré a mis camaradas y nos aventuraremos por todo el mundo. También quiero mi propio barco.
Gil, eres bueno aprendiendo, así que podrías ser un viajero también. Pero… a nosotros, solos, no se nos permitirá ser lo que queramos.
—¿No es obvio? —dijo Gilbert—. Somos de la Familia Bougainvillea.
La casa se estructuraba como una pirámide jerárquica: el Padre en la cima; debajo, la madre, el tío y la tía; y luego, el hijo mayor, Gilbert y sus hermanas. En la casa donde nació Gilbert, era natural que los rangos inferiores mostraran respeto a los superiores, y la oposición no se toleraba.
Gilbert y su hermano eran engranajes destinados a asegurar la continuidad de la Familia Bougainvillea, protegiendo su honor heroico. ¿Podrían los engranajes proclamar sus deseos?
No, no podían.
—Te han lavado… completamente el cerebro, ¿eh? —murmuró su hermano con lástima, en una voz teñida de desdén.
Me pregunto qué es… ‘lavado de cerebro’.
Mientras Gilbert se perdía en sus pensamientos, los aviones de guerra despegaron. Para ver las aves de acero cruzarse y dibujar arcos en el cielo, Gilbert alzó la vista.
Los aviones se cruzaron con el sol y desaparecieron por un instante. Era increíblemente deslumbrante.
Sin embargo, le dolían los ojos como si ardieran, obligándolo a cerrar lentamente los párpados.
Quizás debido a la intensidad de la luz solar, se le formaron lágrimas.
***
Los ojos esmeralda se abrieron. Pertenecían a un joven sabio.
Sus orbes, cargados de seriedad, parecían heredar no solo la personalidad de su padre, sino quizás también la suya propia, desprovistos de amabilidad y soledad, como los de una muñeca. Mejor dicho, una chica que lucía como una muñeca.
En la periferia de su visión, estaba la figura de su hermano mayor, que había crecido igual que Gilbert.
La habitación estaba llena de decoraciones refinadas. Eran arreglos costosos.
Sin embargo, la idea de que la calidad de los ornamentos determinara quién podía ocupar el lugar era ridícula.
Todo era un caos. La habitación se había convertido en la escena de un asesinato múltiple.
La chica, cubierta de sangre, era la culpable. Incluso con su ropa y esencia empapadas en sangre, su belleza permanecía impoluta.
Era la asesina más hermosa del mundo.
—Oye, la tomarás, ¿verdad, Gilbert? —Su hermano mayor empujó a la chica hacia él con una sonrisa amistosa.
Ella dio unos pasos hacia Gilbert. Automáticamente, Gilbert retrocedió.
Su cuerpo se movió por instinto, rechazando y temiendo. Ella era horrible.
No me mires.
Su hermano insistió en que la chica ante él era una ‘herramienta’ y se la entregó a la fuerza. De hecho, era tratada y actuaba como tal.
Sin embargo, su respiración seguía siendo pesada.
Mientras él le limpiaba la mano, pegajosa de sangre y grasa, con su gemelo, ella lo miró como preguntando cuál sería la próxima orden.
¿Por qué me miras?
Él empatizaba hasta cierto punto con las maneras inhumanas de su hermano mayor. La jerarquía piramidal existía no solo en su hogar sino también en la sociedad.
Para que los niños, en la base de la misma, ascendieran a la cima, se requerían esfuerzos.
Y no solo por poder propio. Para vivir, para tener éxito en la vida, era necesario utilizar una variedad de activos.
No era algo digno de alabanza, pero aun así, era algo que Gilbert deseaba. Sin duda, si aprendía a usarla correctamente, ella podría convertirse en el mejor escudo y espada.
¿Por qué me miras?
El asesino automático también deseaba a Gilbert.
Al final, todo había salido según el plan de su hermano. El joven Gilbert, con rasgos aún infantiles, se encontraba en medio de una calle céntrica. Sus dos orbes de misterioso tono miraron uno de sus brazos.
La muñeca, envuelta en su chaqueta, no olía a nada dulce; en cambio, estaba impregnada del olor de la sangre en la que se había bañado. Si tuviera rasgos de monstruo, él lo habría esperado, pero su apariencia era similar a la de un duendecillo de cuento de hadas.
—Tengo miedo de ti.
La chica no reaccionó ante las palabras sinceras que se filtraron de sus labios. Sus ojos azules simplemente lo observaron.
—Tengo… tengo miedo de… usarte —continuó Gilbert, abrazándola con fuerza—. Eres terrible. Ahora mismo, de hecho… es posible que deba matarte.
Murmurando dolorosamente, Gilbert soltó a la chica. Tampoco intentó soltarla y dejarla en el camino, dispararle en la cabeza con la pistola en el bolsillo o apretarle el esbelto cuello con las manos.
—Pero… quiero que vivas.
La abrazó a pesar de sus miedos. Sus palabras fueron francas.
—Quiero que vivas.
Era una verdad que brillaba débilmente en medio de un mundo cruel. El problema era si serían capaces de soportar su dura realidad.
¿Podría él hacerlo?
Incierto, Gilbert cerró los ojos. Rezó por el pensamiento idealista de que sería maravilloso si todo se resolviera una vez que los abriera de nuevo.
***
Los ojos esmeralda se abrieron. Una situación mucho peor que cuando había estado rezando se desarrolló ante ellos.
La niña procedió a asesinar a hombres que yacían indefensos golpeándoles la cabeza con porras. Los golpeaba.
La sangre volaba. Los gritos aumentaban.
Los golpeaba. Quien lo había ordenado era el propio Gilbert.
Algo más, aparte de la vida, se perdió en ese espacio. La violencia nacía en lugar del razonamiento, la conciencia y otros valores nombrados por alguien.
Era… Sospechoso. Esto no es por justicia.
Por el bien de ella, el mío y el de mi país… eso es lo que significa.
Un poco de placer nació en Gilbert, lo bastante para hacerle querer vomitar, junto con la lujuria por conquistar con sus manos un abrumador poder –la chica que no escucharía a nadie que no fuera él–, y un sentido de superioridad como si hubiera conquistado el mundo.
Con la excusa de escoltarla a la habitación libre que le habían asignado, se excusó temporalmente y escapó del círculo de oficiales superiores que venían a hacer preguntas sobre la chica. Pisando el charco de sangre de las personas que había matado, se dirigió hacia ella.
Era como si hiciera que la sangre saliera de todo lo que tocaba. La sangre de sus víctimas, eso es.
No la suya. Sin embargo, su imagen actual parecía ser una copia de una que Gilbert probablemente volvería a ver algún día, completamente cubierta de sangre.
Eso era lo que estaba intentando hacer.
Los sentimientos que habían surgido bruscamente dentro de él habían desaparecido, como una vela extinguida. Su respiración era pesada una vez más.
No se puede evitar. No hay manera.
Gilbert se dijo a sí mismo.
De hecho, era una decisión ineludible. No había nada que hacer; era lo único que se esperaba de él para mantener el control de esa temible arma que había adquirido, que poseía conciencia, desde su punto de vista.
Temía que ella dañara a otros. En esas circunstancias, era mejor usarla mientras la tuviera a su alcance, y la herramienta misma también lo deseaba.
No puede evitarse… Para que nosotros… estemos juntos. Para que ella siga viva.
Incluso así, el interior de sus ojos dolía exactamente como cuando había estado mirando directamente al sol.
Gilbert llevó a la chica a un pasillo desierto.
Era una herramienta. Ni su hija ni su hermana pequeña.
Sería algo que pronto se convertiría en su subordinada. Sería problemático si otras personas percibieran su peculiar relación.
A menos que mantuvieran la distancia, no podrían vivir el uno al lado del otro.
Aun así… La hizo caminar, caminar, caminar. Una vez que no hubo nadie a la vista, se giró y le tendió la mano.
—Ven.
No podía retractarse. El hecho de que su uniforme estuviera teñido de sangre no cruzó su mente.
Tenía que decirlo en cualquier momento, moviéndose automáticamente para abrazarla. Cuando se conocieron y cuando él la llevó consigo, acabó haciéndolo también.
La niña tuvo la misma reacción. Tembló agitadamente, pero a diferencia de otras veces, sus diminutos dedos se aferraron a su uniforme, firmemente, como diciendo que no lo soltaría.
Era un ser vivo con temperatura y peso. Cuando sus hermanas eran bebés, solía cargarlas y calmarlas a menudo.
La sensación de aquellos días se superpuso. Era tan suave, como si pudiera romperse, hasta el punto de hacer creer a Gilbert que tenía que protegerla sin importar qué.
Encajó en sus brazos más perfectamente de lo que había pensado al principio.
Su rostro, distorsionado por una tristeza extrema, se reflejaba en sus ojos azules. Serio, Gilbert susurró: —–¿De verdad quieres… un Maestro como este?
No podía enfrentar directamente el brillo excesivamente inocente de los ojos de la niña, y cerró los suyos como si huyera.
***
Los ojos esmeralda se abrieron.
—No puedo comprender… lo que estás diciendo —. Incluso estando en una edad en la que uno sería felicitado por su juventud, sus precoces orbes mostraban exasperación mientras miraba un equipo de telecomunicaciones.
Estaba lloviendo afuera. El sonido de las gotas golpeando el edificio interfería con la conversación.
Todo era demasiado ruidoso.
Gilbert, al mando de la Fuerza de Ataque Especial del Ejército de Leidenschaftlich, tenía la obligación de viajar por el país para terminar con los diversos conflictos que ocurrían en él. Es más, tenía el papel de fortalecer la Unidad de Incursión en la próxima batalla final.
Además de eso, de repente había recibido un trabajo más.
—Sobre la ubicación, se ha organizado un conductor para llevarla allí. Prepárala y ordénale matar. Solo eso será suficiente.
Eliminar a todos los que viven en ese edificio. Ella no debe preocuparse por nada más y debe volver tan pronto como haya terminado.
Habiendo recibido inesperadamente un mensaje de un oficial superior durante su estancia en la base de las divisiones del Ejército, se opuso al contenido de la operación.
—¡Pero…! —Aunque había esperado su turno para hablar, cerró la boca después de alzar la voz—. Si el objetivo es controlar a los elementos perturbadores, toda mi tropa debería participar.
¿Por qué está empujando esta misión solo a Violet…? No es algo que un solo soldado pueda hacer.
—No pudo contener la desaprobación que goteaba de su tono.
—Es porque cuanta menos gente sepa sobre esto, mejor. El objetivo es un traficante de armas nacional que firmó un contrato de exportación para una organización antigubernamental. Esto ha sido informado por un espía que se infiltró en él.
No podemos dejar que el asunto se resuelva solo. Después de todo, son muy conscientes de nuestras imperfecciones.
El momento es oportuno. Debemos resolver esto.
Es lamentable llamarlo un derrocamiento, pero ciertamente hay muchas personas que lo tomarán de esa manera. Si terminamos exponiendo al mundo incluso los dudosos ideales que adoptamos, esto será de gran importancia.
—Si ese es el caso, entonces razón de más para reunir personal capaz de llevar a cabo la misión.
—¿Qué es tu muñeca? Un arma asesina que solo desea tus órdenes sin cuestionarlas. No hay nadie más capaz que ella, ¿cierto? No he olvidado ese espectáculo que nos mostraste.
¿A cuántos asesinó ella entonces? ¿Qué edad tenía?
Con tu guía, la precisión de sus asesinatos debería haber mejorado aún más. No te dejaré decir que no puede hacerlo.
Por el contrario, si tuviera que elegir entre hacerlo o no, ¿cuál sería?
—Eso es…
—¿Podría ser falso el símbolo más destacado de la defensa nacional que son los Bougainvillea?
Incapaz de hablar correctamente, Gilbert se agarró la ropa cerca de sus pulmones. Durante los pocos segundos de silencio, una imagen apareció en su mente de sí mismo al mando de Violet para completar la tarea mencionada.
Ella seguramente respondería con un obsequioso 'Sí'. No habría dudas.
Ella no era alguien que vacilara. Si era algo que Gilbert ordenaba, si era por el Lord que la cuidaba, haría cualquier cosa.
Y lo que angustió más a Gilbert fue que Violet probablemente ejecutaría su papel sin dificultades.
Luego se imaginó el futuro que había predicho en su cabeza. Dentro de él, podía verse incapaz de dormir en el cuartel, simplemente esperando su regreso.
—Ella puede hacerlo —Su voz finalmente salió—. Puede hacerlo, pero Violet necesita instrucciones específicas en el sitio. Si ha sido testigo de la masacre de entonces, lo entiende, ¿cierto?
No puede funcionar como un arma a menos que yo dé instrucciones. Permítame acompañarla.
Finalmente había salido, pero no lo que él había querido decir.
***
—Violet, ¿estás lista? —Vestido con su uniforme púrpura oscuro militar, Gilbert bajó la mirada hacia la chica con sus ojos verde esmeralda. Parecían intensos en el oscuro interior del vehículo.
Aparte de los suyos, los únicos otros orbes que brillaban eran los de la chica. Al expandir su campo de visión, su pelo dorado, que complementaba sus hermosos ojos de un color tan claro como el mar y más profundo que el azul del cielo, estaba atado dentro de un sombre militar idéntico al que llevaba Gilbert.
—Sí —Su breve respuesta fue desapasionada pero llena de confianza. La chica que hacía poco no podía hablar.
Gilbert le entregó un cuchillo y una pistola a la soldado de rara belleza.
—Vamos con el pretexto de solo hablar, pero esa no es nuestra intención. Lo que vamos a hacer… servirá de ejemplo a todos los traficantes de armas involucrados con Leidenschaftlich.
—Soy consciente.
—El interior no es lo bastante espacioso para grandes peleas. Quiero que te adaptes a las condiciones de este campo de batalla tan rápido como sea posible. No puedes usar a Maleficio.
Pero yo también iré. Te protegeré.
Solo piensa en defenderte de los enemigos.
—Sí, Comandante.
Cuando ella asentía, no importaba cuánto se la mirase, no daría la más ligera impresión de que iba a matar gente. Sus delgados brazos y delicado físico indicaban que estaba en la adolescencia o algo cercano.
Gilbert la miró y dejó el coche. Estaba oscuro fuera.
Un cielo nocturno sin estrellas creaba una atmósfera serena.
—No llevará más de treinta minutos. Espera aquí.
Tras informar al conductor, los dos entraron en la propiedad que se interponía entre ambos aliados. Enfrente del lugar que no parecía tener irregularidad alguna había un hombre de aspecto rudo protegiendo las puertas, sosteniendo un rifle como si estuviera listo para disparar.
Había varias casas cerca, pero ninguna con las luces encendidas. Parecía ser una zona residencial abandonada en la parte trasera de un distrito residencial en una ciudad suburbana.
Había una razón para que nadie viviera allí: ni una familia normal desearía ser vecina de un lugar de sangre y violencia.
—Soy un afiliado del Ejército de Leidenschaftlich, el Comandante Gilbert Bougainvillea. He venido a ver al traficante de armas. Sé que está aquí.
Dile que tengo algo que discutir.
El guardián evidentemente mostró una cara de incomodidad ante los repentinos visitantes.
—¿Aah…? ¿Qué pasa con vosotros? No jodáis. ¿A quién os creéis que estáis hablando?
Ante la inminente sensación de escupir en sus zapatos, Gilbert siguió inexpresivo mientras murmuraba: —Deberías vigilar tu lengua también.
Con una rápida acción, sostuvo el rifle del guardián con una mano, simultáneamente lanzándole un puño al estómago. Entonces señaló con el rifle a la cabeza del gimiente guardián, golpeándole con él.
No acabó allí; al instante en que este último cayó sobre sus rodillas, Gilbert le aterrizó una patada en un lado de la cara con sus zapatos militares. Una gran cantidad de sangre y dientes salieron disparados de la boca del guardián.
Gilbert lo miró fríamente mientras él gritaba en agonía con gemidos y jadeos. Su crueldad había aumentado al golpear el perfil del hombre.
—Desaparece. Usaré una pistola la próxima vez.
Su orden era asesinar a todos aquellos dentro del edificio. Ellos aún no estaban dentro.
Tenía que dejar que el otro viviera por merced. Sin embargo, unos cuantos segundos después, el hombre salió volando: la chica le había disparado con precisión en la cabeza con su cabeza mientras él salía corriendo.
La mano del hombre había estado sosteniendo un revólver oculto.
—Violet.
—Comandante, le apuntaba con una pistola.
Unos cuantos minutos después, ambos entraron al edificio, viciosos disparos y chillidos hicieron eco como piezas musicales. Sonidos de carne disparada y cristales rotos, gritos de mortal agonía.
Estaban sonando de manera armoniosa y siguieron repetidamente, hasta que al final, la brutal persecución se acabó con un grito particularmente lúrico. El edificio, que era la única fuente de luz en la zona, eventualmente perdió su brillo y su interior se tornó tranquilo por completo.
El mundo había finalmente recuperado su verdadera forma. Era un momento de silencio donde los seres vivos caerían en un profundo sueño.
—Qué aburrido —Cargando su pistola, la cual había vaciado de balas, Gilbert suspiró y se sentó en un sofá. Las piernas de los cuerpos tendidos en el suelo donde estaba él, pero los ignoró como si no hubiera nada más que pudiera hacer.
Fue Violet a la que los oficiales superiores habían nombrado para ocuparse del traficante de armas. Se suponía que tendría que haber tomado el lugar por su propia cuenta.
Ya se encargó de soldados enemigos, pero ahora ella tiene que hacer este tipo de trabajo sucio. Los de arriba la están tratando como si no fuera nada más que una herramienta asesina.
Si la eliminación de elementos problemáticos fue por el bien de su país, podía hacerlo libre de pensamientos oscuros. Lo había hecho él mismo, ni había estado pensando en tales cosas.
—Comandante, ¿va algo mal? La misión se ha cumplido. No hay supervivientes. —Incluso en tal situación, la chica en cuestión comprobó los cadáveres con cara calmada.
Gilbert sabía que nadie que no hubiera necesidad de acompañarla.
—No —. Cuando dejó vagar su mirada por el suelo, el pie de un hombre que había matado apareció. Molesto, apartó los ojos—.
Estoy bien. Estás cansada, ¿cierto?
Toma asiento también.
Cuando gesticuló hacia el sofá, ella se agitó levemente, pero se sentó obediente. Era una extraña escena: un hombre y una chica relajadamente descansando en un cuarto lleno de cadáveres.
La luz de la luna maravillosamente llamativa se derramó desde la ventana e iluminó a los dos delincuentes.
Violet observó a su superior, más bien, a alguien a quien consideraba mucho más que su superior, mientras este se negaba a mirarla. ¿Qué pensaba la dueña de esos ojos azules? Era como si ella no viera nada más que él; tal era el tipo de mirada con la que ella lo miró.
—¿Está bien no irnos inmediatamente?
—Solo un minuto más y nos vamos. Una vez que salgamos, volveremos a las barracas y a nuestro viaje de rutina. Exterminaremos a las unidades enemigas como nos digan los de arriba, viajar de nuevo y exterminar.
—Sí.
—Hay… un tiempo límite extra para que gaste… solo contigo.
—Sí.
—Incluso si hemos estado juntos desde que eras niña, últimamente ya no hay momentos como ese… —Sí.
Sintió como si su garganta se atragantase con la pena. Era el producto de los sentimientos que no casaban con su actitud fría.
Provenían de la chica sentada a su lado. El que fue el responsable de criar y manejar a esa soldado de sangre fría era el propio Gilbert.
Él, quien directamente la usó como un arma asesina, no estaba en posición de reprender a otros.
—Hum, Violet… Lo siento, pero ¿podrías abrir la ventana? El olor de la sangre es terrible.
Tras oírla andar sobre las piscinas de sangre en el suelo, la ventana se abrió. Aunque era una noche sin estrellas, oscura, la luna salió.
Expuesta a la luz de la luna, su figura se reflejó en los ojos de Gilbert. Sus hermosos rasgos faciales ya estaban totalmente desarrollados, a pesar de ser tan juvenil.
Las gotas de sangre estaban en sus blancas mejillas, tiñendo su pura apariencia.
—¿Comandante? —Quizás incómoda por ser observada tan intensamente, Violet ladeó su cuello hacia Gilbert.
—Violet, estás creciendo de nuevo. —Su voz salió ronca. Se cubrió la cabeza con los brazos, poniéndose contra sus rodillas. Cada vez que miraba a su figura cada vez más hermosa, un dolor indescriptible hervía en su pecho.
—¿Es eso así? Si el Comandante lo dice, podría ser cierto.
—¿Tienes alguna lesión? —No fue fácil para él hablar sin tartamudear.
—No. Comandante, ¿eso es todo? ¿Cierto?
—¿Me desprecias? —Mientras hablaba como si escupiera sangre, la chica parpadeó sorprendida. Ella debió haber estado realmente sorprendida.
Después de un momento de silencio, ella respondió en voz baja, como si susurrara: —No entiendo la pregunta.
Para Gilbert, esa había sido una respuesta predecible. Una sonrisa seca naturalmente vino a él.
—¿He… he fallado en algo?
—No. No hay nada de lo que tenga la culpa.
—Si hay algo más, por favor dime. Yo lo arreglaré.
Su figura mientras tomaba la postura de una herramienta sin importar qué, era difícil de soportar para Gilbert.
Sin embargo, no tenía derecho a pensar que esto era triste o que ella era lastimosa.
Era difícil, pero no tenía medios para escapar de ese sufrimiento.
—Violet, no hay nada por lo que tengas la culpa. Es verdad. Si hay algo que criticar, es el hecho de que estás a mi lado, matando gente sin vacilación por mi bien. Y el culpable de todo esto soy yo.
Violet no poseía un sentido de qué estaba bien y qué no desde el principio. Ella no 'sabía' lo que podría considerarse justo o erróneo.
Simplemente perseguía al adulto que le daba órdenes.
—¿Por qué? Soy el arma del Comandante. Es obvio que me usaría.
Fue debido a que las palabras de Violet no contenían mentira alguna por lo que cada una de ellas atravesó todo el cuerpo de Gilbert. Ella era simplemente una herramienta para la masacre, desprovista de emociones.
—Como sea… soy el culpable. No quiero que hagas esto. Aun así, te obligué a hacerlo.
Independientemente de cuán hermosa fuera, independientemente de cuántos hombres hubiera a su lado sosteniendo su cariño…
—Para mí, no eres una herramienta…
… Era una muñeca desprovista de sentimientos…
—No una herramienta…
… Que solo deseaba órdenes.
***
Gilbert quería gritar. Probablemente había querido hacerlo incluso desde que era un niño, habérsele permitido hacerlo.
Se le había permitido la libertad, sin tener que preocuparse por tener buenos modales; la verdad era que siempre, siempre, siempre, siempre había querido gritar: 'Como si pudiera conformarme con algo así'.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Como si pudiera conformarme con algo así.
Como si pudiera conformarme con algo así. Aah, aah, ¡Como si pudiera conformarme con algo así!
¿Cuándo había florecido tal sentimiento en él?
¿Por qué en tal momento?
No tenía idea de cuál fuera el detonante.
¿Por qué ella?
Si se le preguntara qué encontraba en ella, no sería capaz de expresarlo apropiadamente en palabras.
Cualquier otra habría valido.
—Comandante. —Antes de darse cuenta, estaba feliz siempre que lo llamase así.
Incluso así, mis ojos te persiguen y buscan.
Creía que tenía que protegerla siempre que ella lo siguiera.
Mis labios… Su pecho dolía con una inmutable devoción.
… se sienten como si quisieran escupir 'Te amo'.
Tras admitir que la amaba, cesó de intentar arrastrarla a la guerra.
¿Para quién se supone que es esa devoción? Suponer que ella está por mi bien… Sus labios automáticamente solo dirían palabras que me sonarían agradables.
Ya que ella busca servir y recibir órdenes, tener la aprobación del Lord bajo que es súbdita es su motivación. Entonces… —Yo… Tú…
¿Qué hay de mi propia vida?
—Tú…
¿Para el bien de quién…
—Tú…
¿… es mi amor?
—Violet…
¿Para el bien de quién… estoy viviendo ahora?
***
—¿Qué es ‘amar’?
—Violet, amar es…
En ese momento, lo entendió todo.
Aah.
Gilbert no estaba interesado en esa frase.
Era el destino.
Después de todo, eliminaría todos los esfuerzos que había hecho hasta el momento. No podía conformarse con el hecho de que las experiencias acumuladas desde sus tiernos años, cuando era un niño con el objetivo de ascender al ápice de la pirámide, habían sido por el destino.
Todo debería haber sido el resultado de un gran esfuerzo. Sin embargo, al llegar a la puerta de la muerte, Gilbert entendió.
Era el destino.
La razón por la que había nacido en la Familia Bougainvillea… Era el destino.
La razón por la que su hermano lo había abandonado y cortado lazos con su casa… Era el destino.
La razón por la que dicho hermano la había encontrado y traído a casa con él…
Era el destino.
La razón por la que Gilbert acabó amándola… Era el destino.
—Violet.
Just… teaching what love is… to this chica who doesn’t know it. That is my vida’s purpose.
—No entiendo… No entiendo… —Se quejó entre sollozos—. No entiendo… No entiendo el amor. No entiendo… las cosas que dice el Comandante.
Si es así, ¿por qué razón he estado peleando? ¿Por qué me dio órdenes?
Soy… una tonta. Nada más.
Su herramienta. No entiendo el amor… Solo… quiero salvarle… Comandante.
Por favor, no me deje.
Comandante, por favor, no me deje. ¡Por favor, deme una orden! Incluso si me cuesta la vida… ¡por favor, ordéneme salvarle!
Te amo, Violet. Debería haberte… dicho esto… más apropiadamente en palabras.
Los muchos gestos que mostrarías, la manera en que tus ojos azules se abrirían al descubrir algo nuevo… Me gustaba verte así. Flores, arcoíris, pájaros, insectos, nieve, hojas caídas y ciudades llenas de linternas que se agitan… Había querido mostrarte todo eso con una luz más hermosa.
Había querido otorgarte un momento para apreciarlos libremente, no con los míos sino con tus propios pensamientos. No sé… cómo habrías vivido sin mí allí.
Pero, si no estuviera alrededor, ¿no habrías sido capaz… de ver el mundo de una manera un poco más hermosa, de la misma manera que yo vi a través de ti? Incluso desde que viniste a mi lado, yo… mi vida… fue algo destruida, pero… he encontrado otro significado aparte de pelear por escalar la pirámide.
Violet. Te has… convertido en mi todo.
Todo. No está relacionado con los Bougainvillea.
Solo… en el todo del hombre llamado Gilbert.
> Al principio, te temía. Al mismo tiempo, creí que quería protegerte.
Incluso aunque había pecado sin darte cuenta, aun deseaba que vivieras. Después de decidir hacer uso de ti, una criminal, me convertí en un criminal también.
Tus fechorías fueron mis fechorías. Me encantó ese pecado mutuo.
Así es, debería… haberte dicho esto.
> Es algo muy raro. Hay muchas cosas que me gustan.
De hecho, hay una cantidad mucho mayor de cosas que detesto. Simplemente no lo digo, pero no soy aficionado a este mundo ni a este estilo de vida.
Sí, protejo mi país, pero en verdad, no me gusta este mundo. Lo que me gustan son…
mi mejor amigo, mi familia inevitablemente retorcida… y tú.
Violet, eres solo tú. Mi vida consistió en eso.
Querer protegerte… y tratar de mantenerte con vida…
fueron las primeras cosas en mi vida que quise hacer sin importar lo que fuera por mi propia voluntad. Abiertamente, hago este deseo.
Violet.
Quiero… protegerte…
más, más y más.
***
Un ojo esmeralda se abrió. Era un mundo de oscuridad.
Los cantos de los insectos se oían a lo lejos. ¿Era el mundo real o no?
Cuando notó el olor a medicina, inmediatamente supo que estaba en un hospital. Gilbert confirmó su situación.
Estaba tumbado en una cama.
Su memoria regresó gradualmente. Se suponía que había muerto en el campo de batalla.
Sin embargo, quizás porque había orado tan miserablemente, incluso aunque Dios monjaca le había concedido ninguno de sus deseos hasta ahora, Él le había dejado vivir.
Solo uno de sus ojos esmeralda se había abierto. Independientemente de cuánto se esforzara, el ojo del lado que estaba envuelto en vendas no cedió.
Quiso mover sus brazos para tocarlo, para comprobar qué le había pasado. Sin embargo, de nuevo, solo una de sus extremidades se movió.
Se preguntó quién lo había hecho. Ahora tenía un brazo mecánico.
Gilbert giró su cara hacia un lado. Se topó con los ojos de alguien en la oscuridad.
Era un hombre pelirrojo.
—Eres… bastante resiliente.
El único hombre en la vida de Gilbert a quien este último llamaba ‘mejor amigo’ estaba allí.
Lucía exhausto. ¿Qué le había pasado a su uniforme? Iba con camisa y pantalones.
—Lo mismo… para… ti. —Cuando replicó a duras penas, su amigo se rió.
Se rió, pero pasó a sollozar justo después. Gilbert pensó que era una lástima que no pudiera ver apropiadamente la cara de su amigo llorando con un solo lado de su visión.
—¿Qué hay de Violet?
Su amigo definitivamente sabía de antemano que le haría tal pregunta. Separó la silla en la que estaba sentado y mostró la cama al lado de la suya.
La chica a la que Gilbert amaba descansaba allí.
—Si… está… muerta… entonces por favor, mátame también.
Con sus ojos cerrados, parecía una escultura, haciendo imposible discernir si estaba viva o no. Su amigo gentilmente le dijo que ella había sobrevivido, pero que su brazo ya no era útil.
—¿Solo… uno… de ellos?
—No, ambos. Ambos… ahora son brazos artificiales.
Gilbert se forzó a enderezarse. Mientras su amigo corrió para advertirle de que no lo hiciera, Gilbert tomó prestada su mano, caminando la insignificante distancia hacia la cama de la chica con piernas temblorosas.
Cuando corrió su colcha, sus brazos de piel de porcelana ya no existían. En su lugar había prótesis especializadas en combate, incluso aunque uno no pudiera decir si pelearía de nuevo.
¿Quién se los había puesto?
Gilbert tocó las prótesis de Violet con su mano de carne y hueso. Era frío.
Lo que se suponía que había allí se había ido. Más que su propia condición, tenía que cargar con eso.
—Comandante. ¿Qué debería hacer con esto… ahora que lo tengo?
Los brazos que le habían mostrado el broche de esmeralda se habían ido.
—Comandante.
Las manos que habían agarrado la manga de Gilbert como para no separarse de él, se habían ido. No regresarían.
—Quiero… escuchar… las órdenes del Comandante. Si… tengo las órdenes del Comandante…
puedo ir… a donde sea.
Lo que había perdido no lo recuperaría.
La visión de Gilbert se emborronó con lágrimas hasta el punto de no poder ver a su amada.
—Hodgins, tengo un favor que pedir.
Dejando caer una única lágrima, un ojo esmeralda se cerró.

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