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Jardin de Mayo (Novela) – Capítulo 0096

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Lo sedujo. Una sola noche bastó.

Creyó que viviría de aquel recuerdo por el resto de su vida. Había sido dichosamente feliz, o así lo creyó.

Hasta la mañana siguiente, cuando descubrió que el hombre de la noche no era él, sino su hermano menor. Un mes más tarde, su periodo se detuvo.

Sus ciclos nunca fueron regulares. Pero, dadas las circunstancias, cada día que pasaba era una agonía.

Wyatt se mofó, negando la posibilidad de que el hijo fuera suyo.

Al día siguiente, huyó con una humilde criada al amparo de la noche.

La desesperación y la culpa la asfixiaban. Louise, con un hilo de voz, confesó a Henry su noche con otro hombre.

Creía llevar un hijo suyo.

—¿Quién lo sabe?

—A nadie se lo he dicho, Henry… solo a ti y a él.

—Entonces, la boda seguirá según lo planeado.

La voz de Henry sonó escalofriantemente tranquila. Una posesividad gélida teñía cada palabra.

—Si hay un niño en tu vientre, ya es mío. Así que pare al niño, Louise. Y pase el resto de su vida expiando a mi lado.

En aquel entonces, su marido había sido su salvador. Al principio, solo sintió gratitud.

Siete meses después de la boda, dio a luz a los gemelos.

Desde entonces, se entregaba a sus deseos sin reparos.

Lo hacía en el palco de la ópera, en los pasillos de los salones de baile.

E incluso aquí, en el salón, a plena luz del día.

No obstante, la tragedia los alcanzó: no pudieron concebir otro hijo.

Tras una visita al médico, diez años después de su matrimonio, Henry se volvió más violento durante el coito.

—Blair dice que quiere pasar su luna de miel en el sur, incluso después de la boda.

Louise alzó el rostro, teñido de un rubor encendido.

—Lo sé. Yo… Yo me opuse desde el principio. Es porque permitiste que los niños se quedaran en Somerset…

—No me importa que los niños pasen tiempo con Vanessa.

—A mí sí. No deberías haber cedido a sus caprichos.

—Me gusta verte tan agitada.

—En serio, uf, tienes un gusto pésimo.

Su marido la embistió con una urgencia ruda.

Louise ahogó un gemido, las uñas clavadas en el borde de la mesa.

—¿Crees que los parientes de sangre se reconocen instintivamente, Louise?

Su pregunta, inesperada, destilaba un cruel divertimento.

—Me pregunto si nuestros hijos reconocerán a su verdadero padre.

*Nuestros hijos*. La frase resonó como una burla.

En todos esos años, Henry nunca había vuelto a preguntar sobre aquel día.

En algún momento, ella misma se había engañado.

Había creído que los hijos eran suyos.

Hasta que Blair eligió a Vanessa, *esa muchacha*, como propia.

El extraño comportamiento de su marido la conmocionó de repente.

¿Cómo podía saberlo todo y aún así…?

—Eres tan ingenua. ¿De verdad pensaste que no me daría cuenta, siendo tan obvia?

Sus pensamientos se dispersaron. Un débil grito escapó de los labios de Louise.

Henry, complacido por su reacción, mordió con fuerza la nuca de Louise.

Era como si quisiera proclamar al mundo su verdadera depravación.

Él mismo había escogido el vestido para la reunión social en dos días.

Un traje que dejaba al descubierto su cuello y hombros.

Henry recorrió las marcas rojas sobre el cuello pálido de Louise.

Una expresión satisfecha en el rostro.

—Es una suerte que los niños se parezcan solo a ti.

—Henry, uf, por favor, detente.

—A veces, me hace sentir como si realmente fueran de mi sangre. Se parecen a ti, y los crié desde la cuna.

Louise volvió a clavar las uñas en la mesa. Un gesto de pura desafío.

De lo contrario, ¿qué la distinguiría de los necios?

Aquellos que, encaprichados con sus amantes, legaban fortunas enteras a sus hijos ilegítimos.

Sus palabras, susurradas al oído, eran de una crueldad absoluta.

Ajustó su agarre sobre la cintura de Louise, ya debilitada.

La embistió unas cuantas veces más, una sonrisa tensa en los labios.

—Blair será mi heredero perfecto. Siempre y cuando sigas cumpliendo con tus deberes conyugales, así, justo así.

—Ah…

—Te amo, Louise. Más que a nada.

Louise cerró los ojos.

Un débil gemido escapó de sus labios.

Su marido la había salvado, sí.

Pero jamás la había perdonado.

Y nunca la dejaría olvidarlo.

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