El capítulo 464, "La Orden", nos sumerge en un torbellino de caos y desesperación desde dos perspectivas distintas, ofreciendo una visión cruda de la inminente guerra y el peso de las decisiones difíciles.
**Desde el Punto de Vista de Seth Milview:**
Un cielo plomizo, preñado de nubes carmesí que amenazan con desatar una tormenta de sangre, sirve como telón de fondo para la narración de Seth Milview. El eco de su nombre coreado por la multitud, resonando como un trueno, debería ser motivo de orgullo, pero se ve eclipsado por la siniestra presencia de su oponente. La figura de aspecto enfermizo, envuelta en lo que parece una mortaja, exhala un maná venenoso que, curiosamente, no infunde miedo en Seth. En cambio, una falsa confianza se apodera de él mientras avanza, solo para descubrir que sus pies están arraigados al suelo, su espada inmóvil en la vaina. La comprensión de su inminente muerte lo golpea con una certeza helada mientras la pesadilla se desliza hacia él.
El brusco despertar de Seth lo devuelve a una sencilla cabaña, envuelto en el crepúsculo. Las últimas semanas, un borrón desde el ataque del Soberano Vritra, se desvanecen mientras se apresura a la puerta, solo para ser recibido por la reprimenda de su compañero. La tarde ha pasado volando, y el sol se hunde más allá de las montañas distantes. Una inquietud se cierne sobre él: algo anda mal. La gente, antes inmersa en sus rutinas, ahora mira fijamente hacia el sur, sus rostros pálidos. Un torrente de maná, caótico y volátil, pulsa en el aire, tiñendo el cielo crepuscular de un resplandor rosado. La joven que lo acompaña, con el rostro desprovisto de color, se pregunta en voz alta qué tipo de batalla podría desatar tal fenómeno. El pánico se apodera de la multitud cuando una sombra colosal se cierne sobre ellos; dos bestias reptiles aladas surcan el cielo, dirigiéndose hacia la batalla distante. Seth, con el pulso acelerado por el recuerdo de su pesadilla, se apresta a buscar a Lyra Dreide o a Lady Seris.
Mientras corre, la escena que lo rodea cobra vida. La gente busca a sus familias, algunos gritan pidiendo liderazgo, otros discuten con entusiasmo. Seth nota con incomodidad las miradas hambrientas dirigidas hacia la línea de árboles del sur, expresiones discordantes en medio del miedo generalizado. Lyra aparece, con el ceño fruncido y una expresión intensa, observando cómo los dragones se desvanecen en el horizonte. Seth le informa de la batalla en los Claros de las Bestias. Los ojos rojos de Lyra se posan en él, una expresión de dolor a medias escondido suavizando sus rasgos. Lo invita a acompañarla al extremo sur del campamento, donde la mayoría de los aldeanos se han reunido, sus miradas fijas en el sur. Los gritos de "¡Retenedora Lyra!", "¡Qué pasa!", y "¡Un dragón!" resuenan entre la multitud, culminando en el grito de una joven que alude a la llegada del Alto Soberano Agrona.
Lyra insta a la calma, su voz resonando a través del pueblo. Sulla, un hombre de pelo corto y barba irregular, exige respuestas, cuestionando la inactividad de la multitud. Lyra, con la paciencia de una líder, reconoce su miedo pero advierte contra el pánico. Sulla rebate, sugiriendo la necesidad de actuar en lugar de esperar a ser salvados. Seth observa la tensión, recordando que Lyra y Seris ya no ostentan sus antiguos títulos, pero siguen siendo vistas como líderes. Reflexiona sobre la dura naturaleza de la vida en Alacrya, un contraste con la paz que ahora anhela.
De repente, el mundo tiembla. La espalda de Seth arde, una presencia ajena, envuelta en poder, se agita tras sus ojos. Intenta evaluar la situación, pero su visión se nubla. La voz de Agrona resuena, profunda y devastadora, haciendo temblar sus huesos. A pesar de no haberla escuchado antes, reconoce al Alto Soberano. Los alacryanos se arrodillan, forzados a la sumisión. Lyra, ilesa, se concentra en la distancia, captando la advertencia. Agrona anuncia el comienzo de la guerra, presentándose como el filo de la espada que destronará a los señores dragones y transformará a sus opresores en polvo. Ordena encontrar a Arthur Leywin, la Lanza conocida como Godspell, y traerlo, vivo o muerto su núcleo.
Seris, la Guadaña, aparece sombría, sus ojos oscuros recorriendo la multitud. Sulla, desafiante, rechaza la orden de Agrona, instando a los demás a no ser arrastrados a la guerra. Argumenta que arriesgaron sus vidas para escapar del servicio eterno a Vritra. Mientras otros se unen a su rebelión, el abuelo de Enola la detiene. Lauden Denoir, el hermano de Caera, se une a Sulla, desafiando a sus padres. Seris, presa del pánico, insta a la calma. Sulla, con las manos arañándose la espalda, se consume en llamas azules, su cuerpo destripado por cuchillas de viento y fuego. Otro se ve envuelto en llamas, su piel ennegrecida y sus ojos derretidos. La multitud grita y se retira. Seth, aterrorizado, intenta sofocar sus pensamientos, acercándose instintivamente a Lyra, quien lo abraza. Sus ojos se fijan en Lauden, cubierto de sangre, su rostro inexpresivo. Más runas explotan, devorando a los desafortunados. Agrona, con una voz que promete perdición, decreta que quienes desobedezcan condenarán a sus familias.
**Desde el Punto de Vista de Caera Denoir:**
Alice Leywin sirve estofado humeante y galletas recién horneadas, su preocupación por el intenso entrenamiento de Caera y Ellie palpable. Caera, cautivada por la sencillez y calidez de la comida, reflexiona sobre su crianza entre chefs privados, donde las comidas diarias eran elaboradas pero carecían de la profundidad de este momento hogareño. Ellie, concentrada en su estofado, comparte una anécdota sobre Gideon quemándose las cejas, provocando risas. Alice, aunque intenta sonreír, parece ausente, su mente probablemente ocupada por la preocupación por Arthur.
Caera, aún sin haber revelado a Ellie y Alice su conversación con Arthur, siente una punzada de culpa. Decide aceptar el momento de bondad como una indulgencia temporal. Sus palabras de consuelo sobre la capacidad de Arthur para afrontar los desafíos se ahogan en un jadeo entrecortado. Sus runas emiten un calor y su maná se hincha, descontrolado. La voz de Agrona irrumpe en sus pensamientos, repitiendo las palabras del capítulo anterior. Atónita, Caera intenta huir, pero una voluminosa forma marrón, Boo, bloquea su camino. La orden de Agrona de encontrar a Arthur Leywin resuena, seguida por el grito de Ellie que reconoce a Caera. Caera, en medio del dolor y el terror, intenta explicar la situación, pero la fuerza de sus runas la domina, paralizándola. Alice intenta proteger a Ellie, mientras Boo vacila ante los gritos de la niña.
Caera se debate entre la posibilidad de que su sangre Vritra la haya transformado en un arma, una bomba viviente. Un pensamiento fugaz hacia su familia adoptiva es ahogado por el viento que la azota contra la pared. Inmovilizada por patas pesadas y amenazada por dientes afilados, intenta advertirles de huir. Ellie se arrodilla a su lado, sus lágrimas ignoradas, mientras Caera balbucea advertencias sobre Agrona, Arthur y el uso de sus runas. La presencia de Ellie, una bálsamo refrescante, es eclipsada por la intensidad del dolor de Caera.
Con desesperación, Caera canaliza maná en la forma de hechizo inactiva, mientras Ellie lucha por controlar el maná autodestructivo. El fuego fantasmal emana de Caera, envolviendo la habitación en un calor sofocante. Con la ayuda de Ellie, que calma su maná, y Alice, cuya magia curativa sella sus heridas, el ataque cesa. Acurrucados, sin aliento, respiran profundamente. Alice pregunta si Caera está bien. Caera asiente débilmente, pero la voz de Agrona resuena nuevamente en su mente, la amenaza contra sus seres queridos palpable. Con un gemido, Caera insiste en advertir a los dragones. Alice y Ellie se unen a ella, y juntas corren hacia la sede de los enanos, solo para encontrar la sala del trono vacía. Los dragones se han ido.

Comment
Lo siento, debes estar registrado para publicar un comentario.