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El principio del fin – Capítulo 2

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Capítulo 002 – La enciclopedia de manipulación del maná

Como rey, un mero chasquido de mis dedos bastaba para convocar al ejército de mi nación. Para mantener mi posición y dirimir disputas y conflictos, me enfrentaba en duelo a campeones de tierras rivales e incluso a mis propios súbditos. En el arte de la espada y el dominio del ki, yo no tenía parangón, pues la fortaleza personal era la piedra angular del liderazgo en mi antiguo mundo; los reyes no nacían, sino que se forjaban. Sin embargo, no recuerdo haberme sentido jamás tan orgulloso como en este instante.

Ahora puedo gatear.

¡Lo he logrado!

Hasta ahora, me había resignado a las historias de Madre, contadas para arrullarme hasta el sueño, pero en cuanto se detenía, mis gruñidos de protesta no se hacían esperar. Padre, en cambio, me sentaba en su regazo y, absorto en el recuerdo, me relataba sus proezas pasadas, desvelándome la naturaleza de este nuevo mundo y las maravillas que podría encontrar en él.

Reynolds Leywin, mi padre, había sido un avezado aventurero, una ocupación al parecer lucrativa en este mundo. Se había unido a varios grupos con los que, en numerosas expediciones, había buscado tesoros y completado misiones para el Gremio de Aventureros.

Fue entonces cuando conoció a Madre en Valdan, una ciudad en las fronteras del reino, y decidió asentarse. Orgullosamente, me narraba cómo ella se había prendado de él a primera vista cuando visitó la sala del Gremio de Aventureros donde ella trabajaba. Sin embargo, por la forma en que Madre le propinaba un golpe en la nuca y le ordenaba dejar de contarme patrañas, sospeché que la realidad era muy diferente.

En cualquier caso, mi nombre actual es Arthur Leywin. Art, para abreviar, un diminutivo que, para un antiguo rey, sonaba demasiado… ¿tierno?

A decir verdad, después de contemplar mi reflejo en la pulida placa metálica que servía de espejo en el baño, admití que era, en efecto, adorable. Poseía el brillante cabello castaño de mi madre, mientras que mis ojos, de un intenso azul, eran un legado de mi padre.

No sabía qué forma adoptarían mis rasgos con el tiempo, pero mientras evitara la gordura, mi futuro estaría asegurado. ¡Que las damas se preparen! ¡Sus corazones están destinados a ser quebrados!

Después de semanas de intentos torpes, por fin lo había logrado; incluso podía escabullirme hasta la biblioteca familiar mientras Madre salía a tender la ropa. No obstante, el mismo día en que empecé a moverme, ella se lamentó con un suspiro: “Seguro serás tan difícil de controlar como tu padre.”

***

Cerré la enciclopedia y me acomodé boca abajo en el suelo, pues gatear y permanecer sentado resultaban extenuantes para mí, mientras reflexionaba sobre lo que había leído. Este mundo, al parecer, estaba notablemente subdesarrollado, careciendo de grandes avances tecnológicos.

Los únicos medios de transporte visibles eran carruajes tirados por caballos, de diversos tamaños y propósitos. Para la navegación fluvial, empleaban embarcaciones a vela.

Aquí, las armas se portaban libremente y no estaban reguladas por los gobiernos, salvo en la presencia de la realeza o figuras de autoridad. No obstante, todavía me asombra ver a gente portando armas mientras adquieren provisiones; en mi antiguo mundo, solo los soldados y guardias tenían autorización para hacerlo. Allí, por supuesto, no se usaban con fines letales, sino para disuadir la comisión de crímenes.

Aquí, en cambio, fui testigo de cómo un imponente mercenario calvo, portando un arma de asta, apuñaló por la espalda a un ladrón que había sustraído unos cuantos objetos de una armería. Los transeúntes, lejos de consternarse, felicitaban al mercenario mientras el ladrón agonizaba en el suelo.

El sistema monárquico era una de las pocas similitudes con mi mundo anterior. El continente de Dicathen albergaba varios reinos, cada uno gobernado por un rey y su familia real.

Sin embargo, a diferencia de la Tierra, el sucesor se designaba por linaje; el título pasaba de padres a hijos de forma hereditaria.

Después de repasar la enciclopedia, me resultó extraño que no hubiera mención de otros continentes aparte de este. Aunque existían barcos que transportaban mercancías y pasajeros por los ríos, lo que me llevó a suponer que la tecnología naval no estaba lo bastante desarrollada para surcar los océanos.

Lo que más me costaba asimilar de este mundo era la existencia de la magia. Si bien mi mundo original también conocía el poder sobrehumano, la forma en que se manifestaba aquí era fundamentalmente distinta.

En la Tierra, los expertos habían aprendido a condensar y utilizar el ki innato de sus cuerpos.

Lo consideraban una especie de músculo: agotaban sus centros de ki hasta el límite, para luego descansar, permitiendo que se fortalecieran e incrementaran sus reservas. Esto resultaba inmensamente útil, pues entre sus aplicaciones estaba el fortalecer un arma o el propio cuerpo, canalizándolo a través de canales especiales o meridianos.

En lugar de ki, aquí se denominaba maná, pero lo más asombroso era que existía en el propio entorno. Por ende, tanto expertos como magos eran capaces de extraer el maná de su entorno y asimilarlo en sus cuerpos, para finalmente acumularlo en su núcleo de maná.

En mi antiguo mundo, el ki solo existía y se formaba dentro del cuerpo. Si alguna vez el ki había existido en el entorno de la Tierra y desapareció debido a la contaminación humana, era un misterio que jamás podría desentrañar.

En la Tierra, aunque la práctica era de suma importancia, el tamaño innato del centro de ki resultaba considerablemente más trascendente, ya que la cantidad de ki disponible para uno era finita.

Entonces, ¿significaba esto que el tamaño innato del núcleo de maná ya no era tan determinante debido a la abundancia de energía en el entorno? Cuanto más grande la vasija, mayor su contenido, ¿no es así?

En mi antiguo mundo, a pesar de que mi centro de ki no era excepcionalmente grande, fui considerado un prodigio por mi excepcional habilidad para canalizar y emplear mi ki, compensando así un núcleo no tan voluminoso. Fue gracias a este dominio que logré convertirme en el duelista más formidable de la división de élite, obteniendo el derecho al trono.

Si ahora pudiera practicar de la misma forma que lo hacían los expertos en mi mundo, pero en lugar de utilizar solo el maná de mi núcleo, incorporara también el del entorno, ¿acaso no podría duplicar… No… Triplicar mi antigua fuerza?

Hallé el siguiente libro en el fondo de la estantería, y este disipó mis dudas.

«Guía de principiantes para el Mago Privilegiado.»

“Si bien la capacidad para controlar el maná es predominantemente genética, existen numerosos casos en los que los descendientes de magos son incapaces de percibir el maná en su entorno. Un censo reciente reveló que aproximadamente uno de cada cien niños posee la facultad de percibir el maná, pero esta aptitud solo puede manifestarse plenamente una vez que sus núcleos de maná se desarrollan por completo, desde la adolescencia temprana hasta la tardía. El despertar inicial de un mago se manifiesta de forma inconfundible, debido a que el maná circundante y el maná de su núcleo se repelen, formando una barrera translúcida que persiste por unos minutos tras el despertar.”

Al pasar las páginas, encontré algo que captó mi atención.

“El maná puede emplearse de múltiples formas… Pero los dos métodos más comunes son: la mejora del cuerpo con maná (Potenciadores) y la emisión de maná hacia el exterior (Conjuradores)…”.

“Los del tipo Potenciador son predominantemente observados entre los guerreros, pues utilizan el maná, canalizándolo a través de su cuerpo para fortalecerse a sí mismos o potenciar sus ataques…”.

“En los Conjuradores, los hechizos son más comunes, ya que, mediante su maná, pueden lanzar ataques diversos con un efecto de área o directo sobre un objetivo…”.

“Debilidades y limitaciones. Si bien los Potenciadores poseen una fuerza, defensa y agilidad prodigiosas, su debilidad reside en su limitado rango de ataque…”.

“En cuanto a los Conjuradores, estos ostentan un poder inmenso, capaces de doblegar su entorno a voluntad. Pero tales poderes tienen límites. A diferencia de los Potenciadores, que emplean el maná de sus propios núcleos, los Conjuradores requieren absorber el maná de su entorno y asimilarlo en su núcleo de maná para desplegarlo como un hechizo.”

“Si bien los magos, o Manipuladores del Maná, para usar el término científicamente preciso, se definen y clasifican por su núcleo de maná, los Potenciadores y Conjuradores poseen distintas métricas para evaluar sus capacidades.”

Pasé la página.

“Para determinar la capacidad y habilidad de un Potenciador, se debe evaluar la capacidad de sus canales de maná, ya que estos determinan la velocidad y la eficiencia en la distribución del maná desde el núcleo a las distintas partes del cuerpo…”.

“El poder y talento de un Conjurador se determina por la fuerza de sus venas de maná, que indican la velocidad y efectividad con que absorben el maná del exterior para lanzar un hechizo…”.

Pasé la página.

“Los Manipuladores de Maná se clasifican comúnmente en uno de estos dos tipos (Potenciadores o Conjuradores), ya que intentar dominar ambas en una etapa temprana resultaría extremadamente lento e ineficiente. Esto se debe a que la mayoría de los individuos nacen con una marcada diferencia entre sus canales de maná y sus venas de maná…”.

“Los Potenciadores no necesitan venas de maná potentes porque emplean predominantemente el maná de sus núcleos, mientras que los Conjuradores no requieren canales de maná de gran capacidad, dado que no utilizan el maná de sus propios cuerpos…”.

“A medida que el dominio progresa, las diferencias entre Potenciadores y Conjuradores disminuyen de forma natural, pero esto solo ocurre cuando su dominio alcanza un nivel avanzado…”.

Hmm… Así que el viejo parecía ser un Potenciador bastante competente, y un Conjurador por debajo del promedio.

Entonces, ¿qué era aquella luz sanadora que usó Madre?

Pasé cuatro páginas más.

¡AJÁ!

“Existen algunos Manipuladores de Maná algo inusuales, denominados Anormales. Entre los más conocidos se encuentran los Elementalistas y los Curanderos, mientras que otros permanecen sin ser descubiertos. Los más codiciados son los Curanderos, debido a su habilidad para utilizar magia curativa, capaces de recuperar lesiones e incluso de curar discapacidades.”

¡Increíble…! Madre era formidable.

“Principios fundamentales para la Conjuración. El primer paso que un Conjurador debe seguir para emplear el maná es absorber y asimilar el maná del entorno en el cuerpo, para luego condensarlo y purificarlo dentro del núcleo de maná. Posteriormente, podrá canalizarlo con un conductor apropiado (ya sea un bastón, varita, anillo o cualquier objeto adecuado) para, mediante conjuros, moldear el maná y lanzar el hechizo deseado…”.

Pasé la página.

“… Cuanto más poderoso sea el hechizo, más tiempo tardará en absorber el maná del entorno, asimilarlo en el núcleo de maná, condensarlo, purificarlo y, finalmente, canalizarlo y lanzarlo…”.

Pasé la página.

“Dado que el maná debe ser condensado para lanzar un hechizo, los Conjuradores desarrollarán una afinidad especial por ciertos elementos (tales como Aire, Agua, Fuego y Tierra), pero con un entrenamiento adecuado, pueden llegar a dominar las formas básicas de estos.”

Pasé la página.

“Principios fundamentales para la Potenciación. A diferencia de la Conjuración, no se requiere tanto tiempo para reunir el maná del entorno, ya que los Potenciadores emplean el maná de sus propios núcleos en lugar del del entorno, y hacerlo requiere velocidad y precisión para su ejecución eficaz…”.

En este punto, todo comenzó a cobrar sentido. La Potenciación era notablemente similar al ki, con la salvedad de que también se podía absorber el maná del entorno.

Y la razón por la que en mi antiguo mundo no había Conjuradores era debido a que no existía maná ambiental que absorber para generar un fenómeno. Mi mirada se agudizó mientras continuaba la lectura.

“La Potenciación requiere una distribución apropiada del maná por las diversas partes del cuerpo, según las necesidades del usuario. Aunque a primera vista parezca requerir un mero entendimiento corporal, ser capaz de utilizar los canales de maná eficientemente exige años de práctica física y mental…”.

Pasé la página.

“Dado que la Potenciación requiere extraer el maná del núcleo en su estado más puro, en sus etapas más tempranas no hay diferencias elementales notables. Sin embargo, una vez que los Potenciadores logran controlar su maná con mayor libertad, puede emplearse para combatir de diversas maneras.”

Pasé la página.

“El fenómeno denominado ‘Contragolpe’ afecta a ambos tipos de Manipuladores. En los Potenciadores, se manifiesta al agotar el maná de sus núcleos, provocándoles un intenso dolor corporal, cuya severidad depende del grado de agotamiento del núcleo de maná. En los Conjuradores, en cambio, se produce por la sobrecarga del núcleo de maná y puede ser provocado por el uso excesivo de hechizos que superan la capacidad del Conjurador, o por emplear un hechizo demasiado potente para su núcleo de maná.”

Cerré el libro y me senté, tratando de asimilar toda la información que había leído.

Me resultaba difícil creer que se necesitara ser adolescente para manipular el maná, dada las sorprendentes similitudes entre el centro del ki de mi antiguo mundo y el núcleo de maná de este.

En mi antiguo mundo, los niños ya podían meditar y sentir el ki disperso en sus cuerpos, y una vez reunido en un solo lugar, se formaría el centro del ki.

Para probar mi hipótesis, comencé a meditar, buscando percibir el maná dentro de mi cuerpo de siete meses, cuando…

“¡Aquí estás! Art, cariño, ¿tienes problemas para evacuar?”.

¡Madre! ¡Estaba a punto de iniciar mi viaje para convertirme en el mago más grande del mundo! ¡No me hagas parecer estreñido! Me levantó y me envolvió con suavidad entre sus brazos. Me llevaba para cambiarme el pañal, el cual, para mi asombro, no me había dado cuenta de que había estado lleno todo este tiempo.

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