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El principio del fin – Capítulo 118

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"Es, pues, verdad." Volví la cabeza para encontrar a Myre, quien se apoyaba en el umbral. "Has heredado realmente el Corazón del Reino…", murmuró con una voz a la vez solemne y teñida de melancolía, antes de interrumpirse.

"¿El Corazón del Reino? ¿Perdón?", repetí, mientras ella se aproximaba con pasos pausados.

"Las manifestaciones físicas que has exhibido al canalizar los poderes de Sylvia, querido: el iris que resplandece con un fulgor púrpura y esas inconfundibles runas luminosas que se graban en tu cuerpo. Incluso dentro de nuestro clan, son una rareza. El Corazón del Reino —o, más precisamente, la Física del Corazón del Reino— es una habilidad intrínseca a la línea de sangre del Clan Indrath. Dime, muchacho, ¿pudiste discernirlas?", insistió la Asura, sus ojos fijos en las tenues marcas que aún se desvanecían de mis brazos.

Myre extendió una mano y acarició con delicadeza las runas con sus dedos. "Lo siento, pero no comprendo. ¿Ver qué?", respondí, sacándola de su ensimismamiento.

"¿Fuiste capaz de percibir los cinco colores que integran el reino físico?", La Asura mantenía una expresión indescifrable mientras aguardaba mi respuesta.

Rememoré la gama cromática que me envolvió durante mi Segunda Fase. "Creo que sí…", balbucí.

"Los ancestros del Clan Indrath denominaron a esta habilidad el Corazón del Reino Físico porque, bajo esta forma, la sintonía del usuario con el reino físico es inigualable. Aunque la habilidad *per se* no confiere una gran fuerza bruta, su activación otorga al usuario un nivel de conocimiento y perspicacia que aquellos desprovistos de ella jamás podrían aspirar a alcanzar", explicó Myre. "Lo que se traduce en que el conocimiento es, en efecto, poder."

Rememoré mi primer empleo del Corazón del Reino contra el Guardián de Elderwood. Había presumido que aquella forma era simplemente una amplificación de poder que me permitía acceder a mayores reservas de maná, pero según la explicación de Myre, el Corazón del Reino en realidad optimizaba la eficiencia de mi manipulación de maná. "No obstante, hay algo que no comprendo del todo. Cuando activé la Segunda Fase del Corazón del Reino la última vez, solo pude discernir cuatro colores. ¿Por qué ahora soy capaz de ver partículas púrpuras?"

Myre permaneció en silencio, absorta en sus pensamientos por un instante.

"¿No me lo puedes revelar tampoco? Parece que ninguno de los Asuras desea que un ser menor aprenda sus técnicas y secretos", suspiré, con una punzada de desilusión.

"Mmm, los Asuras somos, en verdad, seres muy orgullosos. Incluso entre los miembros de nuestra propia raza, somos reservados y ambiciosos; el Clan Indrath, en particular", Myre soltó una risa ligera y luego me dirigió una mirada inquisitiva. "No afirmaré ser diferente a ellos, pero he vivido y experimentado lo suficiente como para despreocuparme de tales frivolidades. Si te contentas con una anciana como yo, me complacerá instruirte en algunas cuestiones."

A decir verdad, no esperaba que llegara a ofrecerme su tutelaje, pero sin vacilar, asentí al instante antes de que pudiera retractarse.

"¡Excelente! Ahora bien… las lecciones prácticas no serán viables en tu condición actual, pero considero que un enfoque más teórico podría resultarnos provechoso de todas formas", replicó Myre, dando un golpecito pensativo en su barbilla con un dedo.

Myre me instruyó en los fundamentos intrínsecos del maná y su influencia en el mundo, o lo que ella denominaba «el reino físico». Gran parte de su exposición ya me resultaba familiar hasta cierto punto. No obstante, la manera en que hilaba sus palabras y exponía todo de forma tan accesible hacía patente que su conocimiento superaba con creces al de cualquier profesor de la Academia Xyrus.

Continuó explicando que no era inherente ni para los seres menores ni para los Asuras manipular el maná en su estado primario. A los magos con una afinidad elemental particular les resultaba mucho más sencillo absorber el maná atmosférico que resonaba con su elemento específico. No obstante, el maná debía ser siempre absorbido y refinado antes de su utilización. Para un usuario del Corazón del Reino, un mago con afinidad al fuego podría dar la impresión de absorber únicamente partículas de maná rojo, pero tras culminar el proceso de refinamiento, el maná se manifestaría en un tono blanco puro al ser empleado por primera vez. Esta era la razón por la cual los hechizos de potenciación física podían invocarse, independientemente de la afinidad elemental del mago.

"Entonces, si el maná absorbido y refinado adquiere finalmente un color blanco, ¿por qué no es posible que los magos manipulen elementos diferentes?", indagué.

"Una excelente pregunta", Myre se mostró complacida por mi interrupción, más que molesta. "Es imposible controlar el tipo específico de elemento que un mago absorbe, por lo que resulta ineludible que su cuerpo, de forma innata, atraiga las partículas de maná hacia las que posee mayor propensión."

"Supongamos que la afinidad de un mago es el agua; durante el proceso de refinamiento del maná crudo, la cantidad de elemento agua que su cuerpo absorbe será desproporcionada en comparación con los demás elementos. Así, aunque el resultado final sea un maná blanco purificado, en la fase en que ese mago refinó el maná elemental de agua que su cuerpo asimiló, el maná crudo alteró su constitución para que estuviera más predispuesto y su mente más perspicaz ante ese elemento en particular."

Debió de resultarle obvio mi ligera confusión, pues prosiguió con una explicación más detallada.

"¿Recuerdas cuando conjuraste tu primer hechizo a distancia, ya fuera un chorro de fuego o una esfera de viento? Debiste concentrarte con mucha mayor intensidad para que el hechizo se manifestara de la forma adecuada, ¿cierto? Incluso a los Asuras infantiles se les adiestra para entonar hechizos verbalmente, a fin de ayudarles a concentrar su voluntad y visualizar el efecto deseado. No obstante, tras un prolongado período de absorción y refinamiento de un elemento específico, la necesidad de visualizar y entonar se vuelve mucho más sencilla y, por ende, más natural."

"Volviendo al hipotético caso del mago con afinidad al agua, este, sin lugar a dudas, debería esforzarse en la forma, la proporción, la densidad e incluso la velocidad de lanzamiento si se propusiera ejecutar una bola de fuego. Sin embargo, ese mismo mago no encontraría dificultad alguna en elevar un chorro de agua, fragmentarlo en múltiples orbes y lanzarlos para que impacten sobre un enemigo con un simple giro de muñeca. ¿Por qué?"

"Por la influencia que la absorción predominante del elemento agua ejerció sobre el mago durante el proceso de refinamiento", respondí.

"¡Exacto! Al estar expuesto a un elemento específico durante tanto tiempo, el mago, sin duda, adquiriría una perspicacia considerable durante su meditación."

Myre prosiguió con el tema, reiterando que ni los Asuras ni los seres menores podían manipular el maná en su estado primigenio.

Tras varias horas en las que el maná dejó de ser el foco de nuestra conversación, Myre finalmente abordó el tema que más anhelaba conocer: el éter.

En lugar de comenzar por lo más básico, Myre inquirió: "¿Puedes decirme qué conoces sobre el éter?"

Procedí a exponer lo escaso que sabía sobre el éter y las ocasiones en que había experimentado los fenómenos que este generaba: los momentos en los que logré detener el tiempo mediante la primera fase de la Voluntad de Bestia de Sylvia y cómo me había adiestrado empleando el Orbe de Éter.

"El éter difiere fundamentalmente del maná; esto resulta evidente para cualquiera. Si bien ambas entidades configuran el mundo en que habitamos, el éter opera de una manera profundamente distinta al maná. Hasta qué grado, nadie posee una respuesta concluyente. Algunos han especulado que el éter constituye el bloque fundamental del cual se erige el mundo, mientras que el maná es lo que lo insufla de vida y sustento. Dicho de forma más sencilla, el éter sería el vaso, mientras que el maná es el agua que lo contiene", Myre alzó un vaso de cristal, lleno hasta la mitad, mostrándomelo.

"Es relativamente sencillo manipular el agua en su interior sin el uso del maná, pero mucho más arduo alterar la forma del recipiente sin que este se quiebre. Una analogía bastante rudimentaria, lo sé", sonrió la Asura, mientras comenzaba a agitar lentamente el vaso, haciendo que el agua en su interior se arremolinara.

Negando con la cabeza, respondí: "No, en absoluto; es de gran ayuda."

"Muy bien. A pesar de la plétora de especulaciones y teorías, incluso el Clan Indrath, aclamado como el más diestro en la manipulación del éter, carece de una teoría concluyente que justifique sus capacidades. Lo que sí poseían, y nadie más, era la habilidad de detectar físicamente el éter mediante el uso de la Física del Corazón del Reino." Acercando el vaso a su rostro, Myre humedeció un dedo en el agua. "Los habitantes del reino físico son incapaces de percibir el éter. Todos reconocen la existencia de leyes que cohesionan nuestro mundo, tal como este vaso contiene el agua. No obstante, les es imposible comprender los límites inherentes que preservan el orden universal."

"Así que las partículas púrpuras que percibí al usar el Corazón del Reino…", comencé, dejando la frase inconclusa.

"Sí, querido. Eso era éter", Myre sonrió. "Mediante el uso del Corazón del Reino, eres capaz de contemplar el vaso de cristal desde su interior, los confines mismos de este mundo."

"Ahora, podría seguir explayándome sobre la historia de cómo el éter llegó a ser estudiado paulatinamente, pero dudo que eso te sea de gran utilidad. Basta con que sepas que posees una habilidad por la que incluso los Asuras anhelarían matar. No obstante, sospecho que habrá ciertas limitaciones, puesto que tu cuerpo no es de la estirpe dracónica. Pero el verdadero poder del Corazón del Reino reside en la capacidad de obtener una profunda visión mientras se está en dicha forma."

"He percibido que, al utilizar el Corazón del Reino, mi fuerza se incrementa significativamente. Al principio, creí que era una especie de amplificación de poder inherente a la forma, pero en realidad, es una mejora sustancial en el control", confirmé a Myre, quien asintió en señal de aprobación.

"Sí, especialmente para ti, que posees la singular composición de ser cuadra-elemental, existe una diferencia abismal en la manipulación del maná al emplear el Corazón del Reino. Pero dejemos a un lado el aspecto del maná por el momento. No deseo parecer tendenciosa, pero el control del maná es mucho más lineal que el del éter. En el caso del maná, cuanto más grande sea tu núcleo de maná, más agua podrás manipular", continuó, empleando la analogía del vaso de agua. "Tu perspicacia y aptitud mental se reflejan en la diversidad de formas en que puedes manipular el agua que yace dentro. No obstante, mediante la manipulación del éter, podemos controlar el vaso mismo. ¿Lo comprendes?"

"¿Cómo es posible manipular el mundo mismo?", insistí.

"Se ha vuelto una convención emplear el término ‘manipular’, pero en realidad, es más preciso concebirlo como influir en el éter. Y esto, querido, ya lo has experimentado en varias ocasiones. Windsom había aludido a tu capacidad de detener el tiempo por un breve instante", Myre depositó la taza en el suelo y se alejó de mi posición.

"¡Sí! ¡Esa fue, de hecho, la primera habilidad que logré manifestar con la Voluntad de Bestia de Sylvia!", exclamé.

"El control sobre el tiempo, *aevum*; la autoridad sobre el espacio, *spatium*; y la influencia sobre todos los componentes vivos, *vivum*…", recitó Myre. "Estos son los tres dominios que componen el éter."

Aquel era un conocimiento que, quizá, nunca volvería a hallar, por lo que absorbí con avidez cada palabra que la Asura pronunciaba.

"Por muy poderoso, perspicaz y afortunado que sea un practicante, solo podrá dominar un único camino. Los ancestros del Clan Indrath dedicaron sus vidas a intentar alcanzar una profunda perspicacia en uno de los tres caminos, solo para percatarse de que carecían de la capacidad para dominarlo. No obstante, con el transcurso del tiempo, hemos descubierto un método para que algunos Asuras disciernan su aptitud", confesó la Asura.

"¿Cómo?" Habíamos alcanzado el punto culminante de su relato y yo ansiaba más.

"Las runas que se manifiestan en el cuerpo al activar el Corazón del Reino." Myre cerró los ojos y se sumió en un profundo silencio.

Una fuerza palpable me oprimió repentinamente los hombros, obligándome a usar los brazos para mantenerme erguido en la cama. El aire se tornó denso y opresivo mientras yo permanecía inmóvil, sumido en el asombro.

La presión que Myre emanaba no era violenta ni feroz, como la de Kordri, pero en términos de magnitud, resultaba inmensamente más abrumadora. Me era imposible reunir la voluntad para resistirla; eso era indiscutible.

Era como si pudiera vislumbrar su transformación en una forma dracónica.

Runas doradas comenzaron a grabarse en su brazo desnudo, pero su apariencia contrastaba drásticamente con las mías. Mientras las mías se manifestaban como intrincadas y detalladas, las suyas fluían cual ramas de un árbol élfico, o como intrincadas corrientes de agua que se entretejían.

Myre finalmente abrió los ojos y me clavó una mirada gélida, de un radiante color lavanda. "Estas runas son únicas para cada usuario del Corazón del Reino, pero las marcas, al ser analizadas, revelan que soy del camino *vivum*. Y es por ello que también puedo sanarte."

Me encontré incapaz de articular palabra, observando con puro asombro. Su presencia era muy distinta a la mía cuando había activado el Corazón del Reino; las runas que surcaban su brazo eran muchísimo más vívidas y luminosas en comparación con el tenue fulgor que yo exhibía al emplear este profundo poder, y sus ojos parecían casi palpitar, como si poseyeran vida propia.

"Ahora, querido, activa tu Corazón del Reino", me dijo la Asura con suavidad, a pesar de su imponente presencia.

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