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El mayordomo de la dama – Capítulo 9

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Capítulo 9: Un Gato Llamado Noctis

*“¿Por qué elegiste esas gafas?”*

Preguntó el gato mientras se acomodaba sobre la cama y miraba a Adrian, que observaba la herramienta en su mano.

Él contempló en silencio las gafas mientras la luz que entraba por la ventana pasaba a través de ellas.

Sonrió, las dejó sobre el escritorio y luego volvió la vista hacia el gato antes de responder:

—Porque es una herramienta que mi dama valora mucho.

El gato lo miró con confusión.

Hasta donde él sabía, Adrian todavía ni siquiera había conocido a la dama a la que se suponía que debía servir, así que, ¿de dónde salía esa obsesión?

Ajeno a lo que pensaba el gato, Adrian volvió a hablar.

—Por cierto, ¿Cómo debería llamarte?

Preguntó mientras se recostaba un poco en la silla.

— No puedo seguir llamándote gato para siempre.

El felino negro soltó un bostezo perezoso mientras cruzaba una pata sobre la otra.

—¿Oh?

Dijo, con los ojos plateados llenos de diversión.

—¿Y qué te hace pensar que me importa cómo me llames?

En vez de responder, Adrian siguió mirándolo sin cambiar de expresión.

Luego apoyó el codo sobre el escritorio antes de preguntar,

—¿Entonces?

El gato inclinó un poco la cabeza.

—¿Y qué te hace pensar que tengo uno?

—Porque un espíritu sin nombre o acaba de nacer… O está ocultando algo —respondió sin más.

Los ojos del gato se estrecharon mientras lo estudiaba con mayor atención.

—Sabes…

Murmuró despacio.

—Para alguien que solo se vinculó con un ‘espíritu’ ayer, hablas como si llevaras años tratando con ellos.

Adrian no respondió a eso.

Simplemente repitió su pregunta.

—¿Y bien?

El gato lo observó un momento más.

Luego se estiró con pereza sobre la cama, alargando las patas antes de relajarse otra vez.

—Está bien.

Cerró un ojo, como si todavía estuviera decidiendo si aquello merecía el esfuerzo.

—Puedes llamarme… Noctis.

Adrian asintió satisfecho.

—Noctis.

El gato, Noctis, mostró una leve sonrisa.

—No pongas esa cara de satisfacción. No es mi verdadero nombre.

—Mientras tenga algo con lo que dirigirme a ti.

Dijo Adrian, volviendo la vista hacia el escritorio mientras se ponía las gafas.

Además de que esa era una herramienta lo bastante importante como para que Renelle se la regalara al príncipe, también existía otra razón por la que la había elegido.

En el instante en que las gafas se acomodaron por completo sobre su rostro, el mundo a su alrededor cambió de golpe.

Parecía mucho más brillante.

No en el sentido de que la luz del sol se hubiera intensificado, sino como si algo invisible se hubiera vuelto visible de repente.

Delgadas corrientes de luz tenue flotaban por el aire como ríos lentos.

Adrian entendió al instante lo que era aquello.

Maná.

Gracias a esas gafas podía verlo con total claridad.

El maná ambiental, compuesto por muchos colores diferentes, llenaba el mundo y fluía por la habitación en suaves olas, reuniéndose en las esquinas de las paredes y escapando por la ventana abierta como una niebla arrastrada por el viento.

Si cualquier otra persona viera aquello, solo podría describirlo de una forma:

Hermoso.

La mirada de Adrian se movió hacia el escritorio.

La superficie de madera, que apenas un momento antes le había parecido completamente normal, ahora mostraba finos hilos de maná incrustados en ella.

Realmente era una visión fascinante.

Pero todavía había algo más interesante.

Flotando dentro de esas corrientes de maná había seres normalmente invisibles, al menos hasta que decidían mostrarse.

Espíritus.

Eran pequeños, lo bastante como para caber en la palma de una mano, y tenían la forma de animales corrientes.

Algunos parecían conejos.

Otros, ciervos.

La única diferencia, aparte de su tamaño y de que flotaban, era que se veían translúcidos y brillaban con el color del maná por el que nadaban.

Parecían espíritus recién nacidos, todavía inseguros de abandonar la corriente de maná en la que habían surgido.

Entonces Adrian miró hacia Noctis y la visión frente a él lo hizo detenerse.

El pequeño cuerpo del gato estaba rodeado por una masa densa de maná negro en espiral.

Eso, por sí solo, no era una sorpresa.

Lo sorprendente era la cantidad de maná de la que parecía estar hecho.

Era tanto que todo el espacio que ocupaba estaba cubierto por maná oscuro.

Y todo el maná y todos los espíritus de la habitación evitaban acercarse a él.

Noctis notó su mirada y preguntó:

—¿Qué estás mirando?

—¿Qué rango de espíritu eres?

Preguntó Adrian en vez de responder.

*“…..”*

—Olvídalo.

Dijo, al ver que el gato no tenía intención de contestar.

Entonces retiró un poco de maná de las gafas, reduciendo un poco el brillo del mundo y permitiendo que solo unas pocas cosas siguieran siendo visibles.

Luego volvió hacia el escritorio, tomó un cuaderno que estaba allí y lo abrió por una página en blanco.

El Adrian anterior no había anotado nada útil aparte de su rutina diaria, así que no se molestá en leerlo.

Tomó una pluma y escribió algo antes de subrayarlo.

Puntos Importantes de la Historia.

Estaba seguro de que no olvidaría nada de lo que había leído en el manhwa, pero por si acaso, anotó algunos datos importantes relacionados con la dama Renelle.

Lo primero era la cancelación del compromiso.

Según el manhwa, eso ocurriría unos días antes de que la Academia retomara las clases, durante el baile real anual, y por toda la información que había reunido, faltaba exactamente una semana para que sucediera.

Ahora bien, ¿tenía intención de cambiar eso?

En lo más mínimo.

Pero sí tenía que asegurarse de que Renelle superara de verdad al príncipe.

Aunque para lograrlo tuviera que reemplazar su obsesión por odio.

Anotó un par de detalles importantes en la hoja, incluyendo algunos personajes que le interesaba acercar al lado de su dama, antes de volver a revisar todo.

Satisfecho con sus notas, cerró el cuaderno y golpeó suavemente la punta de la pluma contra el escritorio.

Tap… tap… tap…

El sonido suave resonó en la habitación silenciosa.

Sus ojos volvieron hacia la ventana, aunque en realidad no estaba mirando el exterior.

Más bien, se había perdido un poco en sus pensamientos.

Adrian se recostó ligeramente en la silla.

—Una semana…

Murmuró para sí.

Una semana antes del baile real.

Una semana antes de que el compromiso entre el príncipe heredero y Renelle Ardent se derrumbara frente a toda la aristocracia.

En el manhwa, aquello había sido humillante para ella.

El príncipe había anunciado la cancelación como si estuviera deshaciéndose de algo molesto, mientras permanecía de pie junto a la santa que la Academia había recibido recientemente.

Y Renelle no había hecho más que quedarse allí, inmóvil, negándose a llorar frente a todos, solo para derrumbarse por completo una vez de regreso en la mansión Ardent.

Ese momento había sido el comienzo de su final.

La joven noble desarrolló odio hacia la santa y una obsesión por recuperar a su amor de la infancia, y todo eso la fue deformando poco a poco hasta convertirla en la villana que la historia necesitaba.

Adrian dejó la pluma sobre la mesa.

—Eso no va a pasar.

Dijo en voz baja.

Su mirada volvió al cuaderno mientras lo abría de nuevo.

Debajo del nombre de Renelle había varios otros nombres escritos.

Algunos estaban tachados.

Otros estaban rodeados por un círculo.

Esos eran posibles aliados.

Personas útiles que, en la historia original, habían permanecido neutrales…

O que al final se habían puesto del lado de la heroína simplemente porque era la protagonista.

Adrian no tenía intención de permitir que eso volviera a ocurrir.

Sus ojos se detuvieron en un grupo concreto de nombres.

—Estos dos serán los primeros.

Dijo mientras daba unos golpecitos sobre la página.

Y daba la casualidad de que esos dos también eran los más fáciles de reclutar, sobre todo por la situación en la que estaban al principio de la historia.

—¿Quiénes?

Preguntó Noctis con curiosidad, ya que su contratista había estado murmurando solo todo ese tiempo.

Adrian cerró el cuaderno.

—Ya lo verás.

Por ahora, debía centrarse en prepararse para salir de aquella instalación de entrenamiento y dirigirse a la mansión principal.

Después de todo, acababa de completar su prueba final.

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Chapter 9
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