Capítulo 69: Hipnosis Absoluta
Hipnosis Absoluta.
Tal como sugería el nombre, era una habilidad que ponía a un objetivo bajo hipnosis, pero, al igual que Isla, aquella habilidad no era tan simple.
Para entenderla, primero había que entender qué era exactamente Isla.
A diferencia de la enorme mayoría de magos espirituales de Avera, Isla no obtuvo sus poderes mediante un contrato con un espíritu…
Bueno, al menos no de la forma en que lo hacía la mayoría.
En realidad, ella era un experimento.
Uno nacido de la determinación de la humanidad por usar maná sin depender de los espíritus.
Los espíritus eran poderosos, sí, pero como ya se había dicho antes, también eran muy selectivos.
Por eso, quienes creían que los humanos, como especie superior, no debían depender de criaturas tan molestas, inferiores y caprichosas, iniciaron un proyecto y lo llamaron:
Proyecto Apotheosis.
E Isla fue uno de los pocos fracasos surgidos de ese proyecto…
O al menos eso fue lo que pensaron los investigadores al principio.
Su meta era lograr que los humanos usaran elementos con su propio maná, y por eso los investigadores implicados secuestraron a varios cientos de mujeres embarazadas.
Pero esas mujeres no fueron elegidas al azar.
Eran mujeres con grandes reservas de maná y cuyos hijos aún no nacidos tendrían mayores probabilidades de sobrevivir a los retorcidos experimentos que planeaban hacerles.
***
Maná puro y sin filtrar de todos y cada uno de los elementos fue forzado dentro de cuerpos en desarrollo que ni siquiera habían formado todavía una noción del yo.
La mayoría de las madres y los niños no sobrevivieron, y los abortos pronto se volvieron algo rutinario.
Los que sí lograban llegar al nacimiento no siempre salían completos.
Algunos nacían sin órganos funcionales.
Otros no eran más que cascarones vacíos, sin mente alguna.
Cuando se completó la primera generación, de entre varios cientos quedaban menos de veinte.
Y aun entre esos, la mayoría fueron considerados fracasos.
Isla fue uno de esos supuestos fracasos, ya que no mostraba capacidad para controlar ni un solo elemento de ningún tipo.
Según toda observación, Isla no era más que una niña normal, con piel pálida y cabello blanco a causa de los experimentos.
Pero los investigadores pronto entendieron lo equivocados que estaban, cuando un empleado que debía llevarle comida quedó atrapado por accidente en su habilidad.
Y fue entonces cuando comprendieron que, en vez de crear a un humano capaz de usar habilidades elementales sin espíritus, habían conseguido algo mucho más aterrador.
Se dieron cuenta de que Isla controlaba la realidad.
O mejor dicho, la percepción individual de ella.
Una habilidad a la que llamaron:
Hipnosis Absoluta.
Le dieron ese nombre porque era el único término que se acercaba, pero, a diferencia de la magia de ilusión, que solo engañaba a los sentidos, lo de Isla era mucho más complicado.
Saltaba por encima de la percepción misma y reescribía la interpretación del individuo.
En términos simples, si Isla decidía que el cielo era rojo, entonces para ti siempre había sido rojo.
Pero eso no era todo.
Incluso si te dabas cuenta de que el cielo era azul y no rojo, eso no bastaría para romper la realidad en la que ella te había encerrado.
Escapar era algo completamente distinto y mucho más complicado.
Someterte al dolor no servía.
Intentar despertar tu cuerpo real tampoco.
La única forma de salir era que Isla liberara la habilidad por su cuenta… o que la persona atrapada muriera.
Pero morir dentro de la ilusión no estaba exento de consecuencias.
Los investigadores se dieron cuenta de eso cuando perdieron a varios compañeros atrapados en la ilusión de Isla.
Una vez que alguien moría dentro de la realidad de Isla, su cuerpo real también lo seguía.
Ni siquiera una voluntad mental fuerte servía de resistencia frente a eso.
Fue entonces cuando el verdadero horror de Hipnosis Absoluta quedó claro.
No era solo una ilusión ni solo una alteración de la percepción.
Era autoridad.
Igual que el tiempo y el espacio.
Era la autoridad de definir qué era real y qué no lo era.
Y una vez que esa autoridad era aceptada, aunque fuera inconscientemente, se volvía absoluta.
Los investigadores comprendieron entonces que habían construido el arma perfecta, y sus verdaderas intenciones salieron por fin a la luz.
No les importaba que la humanidad dependiera de los espíritus.
No les importaba hacer avanzar a la raza humana.
Lo único que querían era gobernar el mundo como dioses.
E Isla era la marioneta perfecta.
Por desgracia para ellos, sus experimentos no duraron mucho.
Ocurrió algo extraño.
En un segundo estaban observando a la niña a través de sus monitores.
Y al siguiente, todo estaba en llamas, incluidos ellos mismos.
Lo último que vieron fue a una figura encapuchada saliendo con la niña dormida en brazos.
Poco después, ellos, algunos todavía atrapados en su habilidad, y toda su investigación fueron consumidos por el fuego y se perdieron para siempre.
Después de eso, Isla fue dejada en un orfanato, donde el culto logró descubrirla, y uno de los cuidadores intentó venderla, obligando a Conan a huir con ella.
***
Según el manhwa, Isla había estado suprimiendo activamente su habilidad, porque era consciente de lo que les había hecho a varios investigadores.
Por eso siempre estaba dormida o parecía medio dormida.
Bueno, eso era hasta que Adrian la forzó a liberarla, aun sabiendo cuáles eran sus efectos.
Pero, como él mismo había dicho, no habría hecho esa apuesta si no estuviera seguro de que existía una salida…
Aunque habría quedado atrapado allí para siempre si Noctis no hubiera aparecido.
—Ah… Estás.
Dijo Adrian con una sonrisa mientras seguía cayendo.
La causa del colapso de su apartamento era un monstruo gigantesco que ni siquiera pertenecía a un mundo como Avera.
Bueno, no de forma natural, al menos.
Era un monstruo humanoide colosal, con un solo ojo y un cuerno en la cabeza.
Se parecía a un cíclope, pero era mucho más alto.
Su piel era gris, con patrones marcados sobre ella, y su única pupila brillaba de color rojo mientras observaba a su objetivo en caída, con escombros cayendo por todas partes.
La criatura era aterradora, sin duda.
Pero Adrian no estaba intimidado en lo más mínimo.
En cambio, murmuró:
—Esa es mi llave para salir de aquí.
***
Mientras tanto, de vuelta en el campo de entrenamiento de la mansión Ardent, Renelle observaba cómo la barrera que rodeaba a Adrian e Isla se oscurecía, ocultando por completo la vista de ambos.
Frunciendo el ceño, volvió a pulsar el botón, intentando bajar la barrera, pero nada funcionó.
La herramienta mágica parecía haberse averiado.
—Idiota.
Murmuró mientras levantaba la palma de la mano.
Tenía la molesta sensación de que él ya sabía que esto iba a pasar, y por eso se había asegurado de dejarla fuera de la barrera.
Una gigantesca lanza de hielo se formó sobre su cabeza, y con un movimiento de muñeca la lanzó contra la barrera.
Y al instante siguiente…
¡BOOM!


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