Capítulo 6: Luchando contra un Lobo de Escarcha {1}: Otra Vez la Muerte
Sebastian tenía una mano sobre el bastón y la otra detrás de la espalda mientras observaba con calma a Adrian dentro de la arena.
Tal vez no lo mostrara, pero tenía grandes expectativas puestas en el chico.
Después de todo, aparte de sus reservas de maná extrañamente grandes, todo lo demás lo había conseguido con puro esfuerzo.
También era el más prometedor entre los candidatos, ya que parecía extremadamente dispuesto a servir, tanto que daba la impresión de ser una especie de obsesión.
Aunque Sebastian no lograba señalar con exactitud qué era, por alguna razón sentía que todo el aire que rodeaba al chico había cambiado con respecto a lo que recordaba.
—Tal vez esto sea solo un efecto de su contrato.
Murmuró Sebastian para sí mismo.
Hablando de contratos, sus ojos se movieron hacia el gato que descansaba cómodamente sobre la reja. Parecía que el chico había conseguido un espíritu bastante peculiar, uno que ni siquiera sus ojos podían identificar.
Normalmente, que sus ojos no pudieran identificar a un espíritu despertaría su sospecha, pero Sebastian había visto esa mirada en los ojos del chico. Era la misma mirada que él había tenido cuando conoció por primera vez al patriarca de la familia Ardent.
Por eso estaba seguro de que, fuera lo que fuera ese espíritu, terminaría siendo usado al servicio de la familia Ardent.
Claro, eso si el chico sobrevivía a la prueba. De lo contrario, toda esperanza puesta en él sería inútil.
***
Adrian, ajeno a la esperanza que Sebastian había depositado en él, mantenía la vista fija en la compuerta frente a él, esperando a que se abriera.
—¿Estaba nervioso?
No estaba del todo seguro. Y, siendo sincero, tampoco estaba seguro de estar preparado para enfrentarse a la bestia.
Como antiguo habitante de la Tierra cuya única experiencia con una bestia salvaje había sido un gato callejero furioso, la reacción normal debería haber sido miedo o, al menos, ansiedad.
—¿No?
Pero él no sentía nada de eso.
En cambio, sentía una especie de emoción, casi como si no pudiera esperar a que la pelea empezara. Lo cual era extraño, incluso para alguien como él.
No se consideraba una persona violenta, ni tampoco había disfrutado especialmente del contenido violento. Esa emoción no parecía suya. Más bien, parecía que el Adrian anterior había sido una especie de loco por la batalla y que ese impulso había quedado grabado en el cuerpo.
Salió de sus pensamientos al oír el sonido de las cadenas que sostenían la compuerta. Adrian notó que la compuerta se había abierto y, más allá de ella, lo único que se veía era oscuridad.
Eso fue así hasta que un par de ojos rojos brillaron dentro de esa misma oscuridad.
**THUD**
Desde dentro se oyó un fuerte golpe sordo, y los ojos rojos se hicieron más grandes a cada segundo. Más que hacerse grandes, era más correcto decir que aquello a lo que pertenecían se estaba acercando.
**THUD**
Lo primero en alcanzar la luz fue una enorme pata. Luego apareció el hocico. Y al final, todo el cuerpo de la criatura.
Delante de Adrian se alzaba lo que parecía ser un enorme lobo blanco.
Incluso sobre sus cuatro patas, esa cosa parecía medir al menos dos metros, siendo claramente más alta que Adrian. De sus codos y de sus patas traseras salían estructuras transparentes parecidas a cristal.
Parecían trozos irregulares de hielo, pero eran demasiado claros y demasiado pulidos como para ser simplemente agua congelada. Cada movimiento de la criatura hacía que una tenue luz azul apareriera dentro de esos cristales, como si el maná fluyera por su interior.
De su boca sobresalían colmillos hechos de esa misma sustancia parecida al cristal, y por más frágiles que parecieran, Adrian sabía que no lo eran. El pelaje del lobo era espeso y blanco, con unas débiles vetas azul pálido que lo atravesaban como si fueran venas.
—Un Lobo de Escarcha de Cristal.
Murmuró Adrian mientras se preparaba.
Según el manhwa, esas cosas solo parecían amenadoras, pero incluso un contratista espiritual de rango D debería poder encargarse de ellas. Pero para alguien como él, que todavía no tenía la menor idea de cómo usar sus habilidades, aquello iba a ser un problema.
*“Deberías poder sentir el contrato dentro de ti”*, resonó de pronto la voz del gato en su cabeza. *“Guía tu maná hacia él y el resto debería salir de manera natural.”*
—Bien.
Asintió Adrian mientras intentaba seguir las instrucciones.
Por desgracia, el Lobo de Escarcha no iba a quedarse quieto esperando. La criatura se lanzó contra él con una velocidad que no encajaba con su tamaño y luego bajó su enorme pata, intentando aplastarlo como a un insecto.
**¡BOOM!**
La pata cayó justo donde Adrian estaba de pie, levantando una nube de nieve, pero él ya no se encontraba allí. Su cuerpo se había movido por puro instinto.
Rodó a un lado, apenas logrando ponerse a salvo mientras el golpe abría un cráter en el suelo. La nieve y la tierra helada salieron volando en todas direcciones.
Adrian se incorporó enseguida y retrocedió varios pasos, sin apartar la vista de la bestia. El Lobo de Escarcha de Cristal levantó lentamente la pata y entornó sus ojos rojos mientras lo buscaba entre la nieve.
Un gruñido bajo y lleno de disgusto salió de su garganta.
Adrian, por su parte, estabilizó la respiración. Su corazón latía más rápido, pero no por pánico. De hecho, estaba conteniendo el impulso de sonreír.
Otra mala costumbre del Adrian anterior.
Volviendo a centrar la atención en la pelea, intentó seguir las instrucciones del gato. El lobo no le dio tiempo y se lanzó de nuevo hacia él con las fauces abiertas.
Adrian no entró en pánico. Esperó hasta el último momento, apoyó el pie sobre el hocico del lobo y se impulsó para apartarse del ataque. El aire helado rozó su rostro mientras se deslizaba sobre la nieve antes de recuperar el equilibrio.
El lobo frenó, clavó las garras en el suelo y volvió a girarse. Sus ojos rojos ahora brillaban con más intensidad. La criatura levantó una pata y las vetas luminosas de su pelaje brillaron con fuerza antes de golpear el suelo.
Adrian saltó a un lado. Fue una decisión inteligente. Un segundo después de moverse, varias estacas de hielo transparentes brotaron del suelo.
—Así que también puede hacer eso.
Murmuró, recordando el patrón de ataque del lobo del manhwa.
—Vamos…
Se dijo a sí mismo mientras buscaba otra vez dentro de sí el flujo de su maná.
Y entonces sintió un clic. Como si la última pieza de un rompecabezas hubiera encajado en su lugar y el contrato, por fin, se hubiera completado del todo.
—Por fi…
Empezó a decir, solo para quedarse helado.
Por desgracia para él, ese clic fue suficiente para distraerlo. El lobo golpeó el suelo con la pata y, justo donde Adrian estaba, brotaron las lanzas de hielo.
Esta vez lo notó demasiado tarde. Y para cuando pudo reaccionar…
**¡SHHK!**
La estaca le atravesó el torso de lado a lado. Su cuerpo se alzó ligeramente del suelo mientras el cristal lo empalaba y la punta congelada sobresalía por su espalda.
El silencio cayó sobre toda la arena. Desde fuera, varios de los candidatos soltaron un jadeo.
—¿Acaba de…?
—¡Está muerto!
Incluso la expresión de Sebastian se tensó y su agarre sobre el bastón se volvió más fuerte.
*“…Ah.”*
Soltó el gato mientras miraba el cuerpo empalado de Adrian.
*“Idiota.”*

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