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El mayordomo de la dama – Capítulo 42

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Capítulo 42: El Primer Proyecto de Alviss

Llegó la mañana, y la mayoría de los habitantes de la mansión Ardent no supo nada de lo ocurrido la noche anterior.

Adrian había borrado por completo todas las huellas de la pelea, tal como su dama le había ordenado.

Ese día era el comienzo de la academia y los sirvientes estaban demasiado ocupados preparándolo todo como para notar la ausencia de una creada.

Pero, aunque era el primer día de clases, Renelle tenía una tarea que completar antes…

Hablar con su padre.

Uno que seguía vivo en esta línea temporal.

Eso le dejó a Adrian el tiempo suficiente para ocuparse de una última cosa.

—¿A dónde vamos?

Preguntó Conan, a quien habían sacado de la cama más temprano de lo que le habría gustado.

Adrian guardó silencio un rato mientras ambos salían de la mansión con una pequeña sonrisa en el rostro.

Noctis descansaba en silencio sobre su cabeza, sabiendo perfectamente la razón de esa sonrisa.

El idiota había estado sonriendo cada dos por tres, seguramente recordando el beso que su dama le había dado la noche anterior.

Noctis suspiró para sus adentros.

Cuando había pedido entretenimiento, no esperaba que le tocara presenciar las tonterías de un obsesionado.

Tenía unas ganas enormes de darse un golpe en la cara ahora mismo.

Por suerte, Adrian borró la sonrisa de su cara al poco tiempo y preguntó sin volverse:

—¿Cuál es tu sueño, Conan?

Era una pregunta para la que el chico no estaba nada preparado, porque jamás pensó que aquel aterrador mayordomo fuera a preguntarle algo así.

Aun así, solo le bastó un momento para pensarlo antes de contestar:

—Una vida mejor, para Isla.

—¿Y tú?

Preguntó Adrian otra vez.

—No me importa lo que me pase a mí —respondió Conan con una expresión seria—, siempre que Isla esté a salvo y sea feliz.

—Ya veo.

Asintió Adrian.

La respuesta de Conan era más o menos la que esperaba, así que no debería ser tan difícil hacer que aceptara lo que pensaba ofrecerle.

—Entonces, ¿quieres hacerte más fuerte para proteger a Isla?

Preguntó.

—Claro.

Respondió Conan sin vacilar ni un instante.

Estaba cansado de que lo molestaran siempre.

Cansado de tener que vivir huyendo con Isla para que los traficantes de esclavos no los encontraran.

Y aunque ahora tuvieran un hogar temporal, sabía que lo perderían en un instante si no lograba demostrar que era útil.

Adrian soltó una pequeña risa ante lo rápida que fue la respuesta, que era exactamente lo que esperaba.

Conan e Isla no eran hermanos.

Algo que resultaría obvio en cuanto alguien los viera uno al lado del otro.

Pero sí habían pertenecido al mismo orfanato en otro tiempo.

Hasta que Conan oyó a uno de los encargados organizando la venta de Isla a un comerciante de esclavos.

Para entonces se habían vuelto lo bastante cercanos como para que él no pudiera ignorarlo, así que hizo lo único que se le ocurrió…

Tomarla y huir.

Había veces en que se arrepentía de esa decisión, preguntándose si acaso no habría estado mejor con el traficante.

Después de todo, existía la posibilidad de que hubiese encontrado un hogar.

Uno con comida suficiente como para no volver a dormirse con hambre.

Pero esos pensamientos desaparecían rápido en cuanto recordaba que eso seguía siendo mejor que ser una esclava.

Y un esclavo esperando tener un amo amable no era más que un cuento bonito.

—Ya llegamos.

Dijo Adrian al detenerse, haciendo que Conan también se parara y se diera cuenta de que estaban en el mercado de la capital.

Frente a ellos había una tienda con un letrero bastante particular:

{LÁRGATE SI NO TRAES NINGÚN MATERIAL ESPECIAL.}

Debajo, otro cartel claramente decía que estaba cerrada, pero a Adrian no le importó.

En vez de eso, abrió la puerta de un empujón y la campana de arriba avisó al anciano del interior, que empezó a hablar enseguida:

—¿Es que no sabes leer? El letrero dice claramente que esta…

Alviss se interrumpió al ver entrar a Adrian, antes de suspirar y colocarse frente al mostrador.

—¿Qué quieres?

Preguntó con tono gruñón.

Desde el momento en que había firmado un contrato con ese niño el día anterior, apenas había podido dormir por la incómoda sensación que tenía cerca del corazón.

Y después de investigar un poco, descubrió exactamente lo que el chico le había hecho.

Lo que había firmado era, básicamente, un contrato de esclavitud.

Si intentaba romperlo, moriría en el acto.

El chico, en cambio, no sufriría consecuencia alguna.

Así que decir que no estaba contento sería quedarse corto.

—Le traje un regalo.

Dijo Adrian sin más, ignorando la cara del anciano.

La ceja de Alviss se crispó al oírlo.

—No quiero ning…

—Y un proyecto.

Lo interrumpió Adrian.

Eso sí hizo que el viejo guardara silencio, y sus ojos se movieron lentamente de Adrian al chico que estaba detrás de él.

Conan se tensó en cuanto aquella mirada cayó sobre él.

La mirada del anciano se sentía pesada, como si lo estuvieran pesando, midiendo y diseccionando al mismo tiempo.

Alviss entrecerró los ojos, sin detectar nada especial en el nuevo niño, así que preguntó:

—¿Él?

—Correcto.

Asintió Adrian con una sonrisa.

—No hay nada especial en este chico.

Dijo el anciano con brusquedad, sin importarle en absoluto que Conan estuviera escuchando.

—Exactamente.

Confirmó Adrian, clavándole otra puñalada invisible al chico.

—Y eso es precisamente lo que lo hace especial. Después de todo, es una hoja en blanco.

Alviss reflexionó un momento sobre esas palabras, hasta que algo encajó en su mente.

—Cuando dices «hoja en blanco», te refieres a…

—Exacto.

Afirmó Adrian.

—El chico no puede vincularse con espíritus.

Tanto el anciano como Conan abrieron los ojos de par en par, pero por razones completamente distintas.

Alviss acababa de entender por qué Adrian llamaba proyecto a Conan.

Y Conan se estaba preguntando cómo demonios sabía Adrian algo así, porque no recordaba habérselo dicho a nadie.

Ni siquiera a Isla.

Pero no hacía falta que se lo hubiera dicho.

Adrian ya lo sabía por el manhwa.

Según el pasado de Isla, antes de morir, Conan había intentado contratar a un espíritu mientras ambos estaban capturados, y aunque muchos respondieron a su llamada, no pudo vincularse con ninguno.

Fue una idea que el autor decidió descartar porque le parecía demasiado trabajosa para volver útil a un solo personaje.

Por eso Conan fue recortado de la historia y usado solo en el pasado de Isla.

—Interesante…

Murmuró Alviss, entrecerrando los ojos mientras se apartaba del mostrador y empezaba a rodear despacio a Conan.

El anciano se detuvo de pronto frente a él y extendió la mano.

Antes de que Conan pudiera reaccionar, un dispositivo metálico y frío quedó apoyado sobre su pecho.

*Click.*

—Nada.

Murmuró.

Luego movió el aparato hasta el brazo del chico, y el mismo sonido volvió a sonar.

*Click.*

—Sigue sin haber nada.

Su expresión fue cambiando lentamente hasta que alzó la vista hacia Conan y dijo:

—De verdad no tienes compatibilidad con ningún espíritu, de ningún elemento, a pesar de que tu cuerpo sí posee maná.

Una sonrisa amplia, casi enfermiza, apareció en su rostro.

—Hah…

Soltó, dejando escapar una risita baja.

—Esto es… fascinante.

—Podría abrirte para descubrir qu…

Su discurso fue interrumpido de inmediato por Adrian.

—No se le permite hacerle daño.

Aquello había sido claramente una orden, porque Alviss sintió la correa alrededor de su corazón reaccionar y apretarse un poco.

—E-Entonces…

—Creo que obtendrá resultados mucho más satisfactorios si intenta convertirlo en un mago magitech.

Dijo Adrian mientras miraba al anciano.

Era una idea a la que Alviss iba a llegar tarde o temprano, aunque jamás tuvo la oportunidad de probarla, porque el único cuerpo adecuado ya había muerto, así que pasó a investigar armas vivientes.

Pero ahora…

Ahora por fin podía trabajar en eso.

—Ya veo.

Murmuró Alviss, llevándose una mano al mentón.

—Si no puede vincularse a un espíritu, entonces debería ser compatible con…

Y siguió murmurando, imaginando formas de convertir al chico en un proyecto satisfactorio.

Uno digno de ser conocido como la creación del gran Alviss.

Adrian se volvió hacia Conan.

—Si quieres echarte atrás, ahora es el momento.

—¿Qué va a hacerme?

Preguntó Conan, lanzando una mirada al anciano antes de volver a mirar a Adrian.

—Volverte más fuerte.

Respondió con simpleza.

—Entonces no voy a echarme atrás.

Respondió el chico, con una expresión decidida.

Una que probablemente perdería en cuanto Adrian le dijera lo que corría el riesgo de perder.

—Habrá dolor.

Empezó con calma.

—Más del que hayas sentido en toda tu vida.

El chico escuchó en silencio, así que Adrian siguió.

—Podrías perder partes de ti mismo.

Añadió con la mirada fija en él.

—Físicamente… y quizá también mentalmente.

Conan empezó a tener dudas, y Adrian lo notó, así que terminó:

—Pero ganarás poder. El suficiente para proteger a Isla.

Hubo un momento de silencio entre ambos mientras Conan pensaba con calma en la oferta.

—Lo haré.

Dijo al final.

—Bien.

Respondió Adrian.

—El examen público de ingreso de la academia empieza en una semana. Asegúrate de ser lo bastante fuerte para entrar.

—Mm.

Asintió Conan, antes de que ambos se volvieran por fin hacia el anciano, que ya había terminado de murmurar ideas para sí mismo.

—Entonces.

Dijo Alviss, crujiéndose los nudillos.

—Empecemos.

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