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El mayordomo de la dama – Capítulo 32

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Capítulo 32: Un Trato con el Diablo

— Ahora bien, ¿le gustaría hacer un trato?

Alviss se sorprendió un poco por las palabras del chico, pero la tentación de un núcleo que contenía maná de dragón, aunque fuera solo un poco, era demasiado grande.

El hombre barbudo miró el núcleo en la mano de Adrian, luego los que estaban sobre el mostrador y después su rostro.

Su expresión seguía calmada mientras sus ojos grises observaban al anciano detrás del mostrador, esperando una respuesta.

Con un suspiro, Alviss preguntó:

— ¿Qué quieres?

— Ah, pero antes tengo que añadir algo.

Dijo Adrian, alzando el núcleo.

— Esto no es un núcleo de dragón.

Por supuesto, eso ya era obvio.

Un núcleo de dragón nunca liberaría señales de maná tan débiles, incluso si hubiera sido extraído hacía casi una década.

Entonces, ¿qué demonios estaba planeando ese chico?

Porque, por la expresión de su cara, Alviss sabía que no empezaría a hacerse el tonto sin motivo.

— Pertenecía a un yeti que se estuvo alimentando de restos de maná de dragón.

Continuó con tono casual.

— Y su núcleo se adaptó a ese maná, permitiendo que el yeti empezara a producir una mínima cantidad de maná de dragón.

Alzó el núcleo para asegurarse de que el anciano lo estuviera siguiendo.

— Es un híbrido. Uno incompleto e inestable… Pero mucho más interesante que un núcleo de dragón común, ¿no le parece?

Los ojos de Alviss brillaron de inmediato al comprender por fin lo que el chico quería decir.

Ahora sí.

Eso valía la pena.

— ¿Un núcleo de dragón normal?

— ¿Raro?

Solo se habían encontrado tres en un siglo.

— ¿Valioso?

Extremadamente.

Aunque, más allá de su maná absurdamente potente, los núcleos de dragón normales no ofrecían mucho más.

Pero esto…

Esto sí era algo que podía estudiar de verdad.

Podría aprender cómo se adaptó y evolucionó.

Y quizá incluso fabricar una herramienta mágica con propiedades parecidas.

Una que pudiera adaptarse al maná de su usuario o, mejor aún, al maná del enemigo, para volverlo suyo.

Incluso podría retomar su investigación sobre…

Antes de emocionarse demasiado, Alviss salió de golpe de sus pensamientos, dándose cuenta de que ese era justo el efecto que el muchacho había estado buscando.

De verdad era un niño aterrador…

Sobre todo con esa sonrisa.

Adrian vio el brillo de emoción en el rostro del viejo enano y solo un pensamiento apareció en su mente.

*“Jaque mate.”*

Todo lo que tenía que hacer ahora era seguir alimentando la locura experimental del anciano y habría ganado su primera pieza importante.

— ¿Qué quieres?

Preguntó de nuevo Alviss, logrando controlar un poco su emoción, esperando que el chico no la hubiera notado.

— Que firme un contrato conmigo

Dijo Adrian sin la menor vacilación.

Alviss frunció el ceño ante esa petición, porque estaba seguro de que el mocoso le pediría algún tipo de arma o herramienta mágica a cambio del núcleo.

Pero parecía que lo había subestimado.

— ¿Sabes quién soy, mocoso?

Preguntó el anciano mientras su expresión se oscurecía.

—Sí

Respondió Adrian con simpleza.

—Ah, sí.

La voz del viejo bajó.

— Entonces deberías saber que yo no trabajo para nadie.

— Lo que le estoy ofreciendo es libertad para crear.

Continuó Adrian.

— Materiales sin restricción, experimentos sin interferencias… Y resultados sin un solo juicio.

Hizo un gesto hacia el núcleo.

— Cosas como esta no tendrá que imaginarlas ni babear por ellas.

Hizo una breve pausa antes de añadir.

— Será usted quien las cree.

Como ya se dijo antes, lo único que tenía que hacer era alimentar el hambre del anciano por experimentar.

Y eso era exactamente lo que estaba haciendo.

— ¿Y a cambio?

Preguntó Alviss.

— Trabajará conmigo.

Respondió Adrian sin más.

— Querrás decir para ti.

Corrigió Alviss.

— No. Trabajará para mi dama, pero conmigo.

Explicó Adrian.

Alviss notó que la mirada del chico cambió por un instante en cuanto mencionó a su dama, antes de volver enseguida a la normalidad.

El cambio fue tan breve que el viejo dudó si de verdad lo había visto.

— Tienes agallas, eso te lo concedo

Dijo, apoyando la barbilla sobre la mano, pero sigues siendo solo un niño que entra en mi tienda a pedirme que tire todo por la borda.

Hubo silencio entre los dos durante un rato, mientras Alviss volvía a mirar el núcleo y luego a Adrian.

— Supongamos que te sigo el juego.

Añadió lentamente.

— ¿Qué me impide quitarte eso y echarte de aquí?

Adrian guardó silencio por un segundo antes de soltar una risa baja.

— Puede intentarlo.

Dijo con calma.

— Además, estoy seguro de que le interesa mucho más lo que yo puedo ofrecerle que dejarse llevar por la codicia de un solo núcleo.

Se instaló un silencio tenso entre ambos mientras Adrian miraba al viejo a través de sus gafas.

El anciano seguía dudando, lo que significaba que Adrian solo necesitaba un último empujón.

Y se lo dio.

— También puedo conseguirle un sujeto de prueba adecuado para su experimento de herramienta mágica viviente.

En el instante en que esas palabras salieron de su boca, una presión pesada cayó dentro de la tienda.

El anciano golpeó con la mano un botón bajo el mostrador, haciendo que las persianas de las ventanas bajaran, que la puerta se cerrara con llave y que el letrero cambiara a cerrado.

Luego se volvió hacia el chico, que seguía calmado a pesar de la presión.

Casi como si no sintiera nada.

— ¿Cómo demonios sabes eso?

Preguntó el anciano con voz fría. Ni siquiera los espías reales deberían saberlo.

— Tengo mis maneras

Respondió Adrian con calma.

Ese era el empujón final.

Y aunque fuera a enfurecer al viejo, al final valdría la pena.

—Ya veo.

Asintió Alviss.

— Entonces tendré que eliminarte a ti y a tus trucos.

— Como dije,

Adrian dio un paso hacia el mostrador, liberando también un aura oscura mientras sus ojos grises brillaban un poco.

— Puede intentarlo.

Ambos quedaron en un punto muerto durante varios segundos tensos.

Alviss no estaba seguro de la fuerza del chico, pero su confianza no parecía infundada.

Especialmente teniendo en cuenta que poseía el núcleo de una bestia que había absorbido maná de dragón.

Adrian, por su parte, estaba seguro de que el anciano no se movería.

Después de todo, ya había despertado su interés lo suficiente.

Tras unos minutos más, Alviss soltó un suspiro y retiró su presión.

—De verdad eres misterioso para ser un mocoso

Dijo.

— Y también problemático.

Adrian no respondió a eso.

Simplemente esperó la respuesta del anciano, que llegó poco después.

—Bien.

Dijo Alviss—. Mientras puedas darme todo lo que prometes, no tengo problema en trabajar para ti…

Hizo una pausa.

— O para tu dama.

—Perfecto.

Dijo Adrian mientras sacaba un contrato de su [Bóveda de Sombras].

— Entonces solo tiene que firmar esto para cerrar el trato.

Alviss revisó el contrato y notó que la mayoría de las condiciones eran justo lo que el mocoso le había prometido.

Lo único que se le exigía a cambio era lealtad hacia Adrian y hacia su dama.

Además de acceso a todas las herramientas mágicas que creara, algo que no debía ser complicado si el chico iba a encargarse de aportar los materiales.

Sin pensarlo demasiado, lo firmó, y de pronto una energía oscura parecida al humo se elevó desde su firma y se clavó en su pecho.

Pero no sintió dolor.

— ¿Qué demonios fue eso?

Preguntó el anciano, frunciendo el ceño.

— Mi garantía.

Respondió Adrian con una sonrisa antes de girarse hacia la puerta otra vez.

— Entonces me retiro.

— ¿Y qué hay del…?

Antes de que Alviss pudiera terminar, bajó la mirada y vio que los núcleos seguían sobre el mostrador.

Y junto a ellos estaba también el núcleo especial.

Cuando volvió a alzar la vista, el chico había desaparecido por completo, lo cual era extraño, dado que la tienda seguía cerrada por completo.

Lentamente, se llevó una mano al pecho, allí donde la energía oscura había entrado, y aunque no estaba del todo seguro, podía sentirla enroscada alrededor de su corazón.

Con un suspiro, volvió a bajar la mano antes de murmurar,

— Acabo de hacer un trato con el diablo… ¿No?

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