Capítulo 27: A la dama Renelle le gustan las cosas lindas [Capítulo Extra]
— ¿Quién demonios eres?
La expresión de Renelle estaba completamente calmada mientras presionaba la daga de hielo contra el cuello de Adrian.
Si la respuesta que saliera de su boca no la convencía, simplemente le cortaría la garganta y mataría dos pájaros de un tiro.
Matarlo eliminaría la anomalía que no existía en su vida pasada y, además, quizá podría deshacerse de lo que fuera que estaba sintiendo justo ahora.
Adrian sabía por la mirada de sus ojos que ella no dudaría en apuñalarlo.
Era la misma mirada que había tenido su versión villana.
Pero incluso así, solo un pensamiento cruzó su mente.
—¿Fresa?
Dijo sin darse cuenta, expresando en voz alta lo que pensaba.
—¿Eh?
Preguntó Renelle, sin entender a qué se refería, incluso cuando su mente repitió sus palabras.
“¿Fresa?”
Pensó para sí.
“¿Es algún tipo de código?”
— Hueles a fresas
Aclaró Adrian al ver la confusión en su rostro.
…
Renelle se quedó inmóvil durante unos segundos. Su mente repitió lentamente las palabras hasta que por fin las procesó, y al instante su rostro se puso rojo.
De pronto se dio cuenta de lo cerca que estaban. Demonios, incluso una de sus piernas estaba a un lado de él mientras le apuntaba al cuello con la daga, y cualquiera que viera esa escena se haría una idea totalmente equivocada.
Aun así, estaba decidida a conseguir respuestas…
Aunque fuera en una posición vergonzosa.
— No volveré a preguntar.
intentó recuperar la compostura mientras apretaba más la daga de hielo sobre su cuello, haciéndole un pequeño corte.
Adrian tenía una pequeña sonrisa en el rostro mientras veía pasar por su cara una gran variedad de expresiones antes de que por fin se asentara en una fría.
Antes no estaba seguro, pero ahora si.
Renelle estaba teniendo algún tipo de reacción hacia él.
Todavía no sabía si eso era algo bueno.
— Como ya dije en el salón, soy tu mayordomo.
— No recuerdo tener un…
Se detuvo mientras seguía mirándolo con el ceño fruncido, mientras en el rostro de él descansaba una sonrisa molesta.
Ella no recordaba haber tenido un mayordomo en su vida pasada, así que… ¿Qué era este cambio?
Renelle casi no creyó sus palabras, pero entonces recordó de pronto que había recibido una carta dos días antes avisando de la llegada de un nuevo sirviente.
Pero había estado tan distraída intentando que el príncipe la invitara a salir que prácticamente la había ignorado.
Con un suspiro, dejó que la daga de hielo desapareciera antes de apartarse y dijo,
— Debes tener una carta de mi padre que pruebe tu identidad.
— Claro
Asintió Adrian mientras movía la mano hacia un lado y la dejaba hundirse en las sombras antes de volver a sacarla, recuperando así la carta de recomendación para la academia que le había dado el patriarca antes de tendérsela
— Aquí.
Renelle aceptó la carta y, tal como esperaba, llevaba el sello de su padre, lo que hizo que sus dedos temblaran un poco.
No le preocupaba que él la hubiera falsificado.
No.
Más bien se había perdido en el recuerdo de su pasado… O de su futuro, en ese punto.
— Ya veo
Dijo, devolviéndole la carta.
— Entonces me disculpo por mi comportamiento de antes.
Adrian la aceptó y la devolvió a su [Bóveda de Sombras] antes de volver a mirar a Renelle, notando la expresión de su cara.
“Noctis.”
Llamó mentalmente al gato que estaba holgazaneando en la [Bóveda de Sombras].
— ¿Qué pasa?
Preguntó Noctis, sonando demasiado aburrido.
— Te pido disculpas de antemano por esto.
— ¿Eh?
Antes de que el gato pudiera entender a qué se refería, fue invocado de pronto desde la bóveda hasta los brazos de Adrian.
— Escuché que a mi dama le interesan los gatos
Dijo Adrian, atrayendo la atención de Renelle hacia él y hacia Noctis, que todavía parecía bastante confundido por lo que estaba ocurriendo.
Además de ser amante de lo dulce, a su Renelle le gustaban todas las cosas lindas, y eso incluía a los gatos.
Ahora bien, Noctis no era exactamente muy lindo, pero debía bastar para la situación.
Y si no, Adrian simplemente lo consideraría inútil.
Por suerte, no haría falta llegar a eso.
— ¿Es tuyo ese gato?
Preguntó Renelle con curiosidad.
— Podrías decirlo así.
Respondió él antes de explicar
— Es mi espíritu contratado. ¿Quieres cargarlo?
— ¿A quién demonios estás tratando como una mascota doméstica, mortal?
Refunfuñó Noctis
— Debes saber que yo soy…
— ¿Puedo?
Antes de que terminara de hablar, ya estaba en los brazos de Renelle mientras ella intentaba rascarle con suavidad detrás de las orejas, una acción que no solo sirvió para distraerla por un rato del futuro de muerte de sus padres, sino que también convirtió a Noctis en una mascota de verdad.
Noctis se puso rígido en el momento en que sus dedos rozaron detrás de sus orejas.
— No…
Se interrumpió a sí mismo cuando su cola traidora empezó a moverse detrás de él.
—…Sigue
Añadió, a regañadientes.
Renelle siguió rascando el mismo lugar con curiosidad, y la reacción fue inmediata.
El espíritu antes orgulloso se derritió en sus manos. Su cuerpo se relajó y de él escapó un ronroneo bajo y traidor.
Renelle, por su parte, parecía completamente absorta.
—…Ahora parece relajado
Murmuró, casi para sí misma, mientras la hostilidad anterior desaparecía.
La mirada de Adrian se suavizó un poco mientras observaba la escena frente a él.
Si hubiera tenido la capacidad, habría detenido el tiempo justo allí, dejando al mundo atrapado para siempre en ese único momento.
—Traje un regalo
Volvió a hablar, haciendo que la mano de ella se detuviera a mitad del movimiento.
—…¿Qué?
Ella alzó la vista hacia él, con una expresión otra vez cautelosa, aunque no igual que antes.
Adrian volvió a meter la mano en las sombras. Su brazo desapareció en la oscuridad antes de reaparecer con una pequeña caja bien envuelta.
— No estaba seguro de cuáles eran tus preferencias
Dijo con calma—, así que elegí algo sencillo.
Eso era mentira, pero daba igual.
Abrió un poco la caja, lo justo para que el aroma escapara, y un olor dulce e intenso llenó el carruaje.
Fresas.
Los ojos de Renelle se abrieron apenas.
— ¿Pastel?
Adrian asintió.
— Me pareció que podrías apreciarlo.
La mirada de ella se quedó fija en la caja durante un momento más de lo que pretendía.
Luego apartó la vista rápidamente.
— No recuerdo haber pedido nada.
— Por supuesto que no.
Él cerró la caja y la dejó con cuidado a su lado.
— Es simplemente un regalo de mayordomo para su dama
Dijo con una sonrisa.
— Nada más.
Renelle frunció el ceño ante eso.
—…Hablas de una forma extraña para ser un mayordomo.
— Ah, sí.
No solo era demasiado casual con ella, sino que además parecía saber bastante sobre lo que le gustaba.
Lo que hizo que la pregunta volviera a surgir en su mente.
"¿Quién demonios es Élío?"

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