Capítulo 19: Pastel
Tanto Adrian como Felix se vieron obligados a seguir a pie, ya que a las bestias, incluso si estaban domesticadas, no se les permitía moverse libremente por la capital para evitar causar pánico.
Bueno, la única excepción era si eras un Duque o un Gran Duque.
En ese caso, las reglas podían doblarse…
O, más bien, ignorarse por completo.
Los Lobos de Escarcha fueron entregados a los establos de bestias cercanos a la puerta norte, dejando a los dos hombres continuar su viaje por las abarrotadas calles de la capital.
Comparada con el norte cubierto de nieve, la capital era mucho más cálida.
Las casas estaban construidas mucho más juntas, sus paredes de piedra estaban pintadas de colores más vivos y había estandartes colgando de ventanas y balcones que daban a las calles llenas de vida.
Incluso los puestos de los comerciantes eran muy distintos a los del norte.
Y la comida que vendían lo era todavía más.
Mientras que el norte…
O, mejor dicho, el antiguo Adrian…
Estaba acostumbrado a guisos calientes y proteína.
Mucha, mucha proteína.
Aquí, en cambio, los comerciantes vendían una gran variedad de frutas y verduras.
Incluso había pasteles y dulces en exhibición en algunas tiendas.
—Tal vez debería comprarle algo a Renelle.
Murmuró Adrian para sí mismo, aunque pronto decidió lo contrario.
Por mucho que su dama fuera amante de los dulces, hacer demasiado en el primer encuentro solo conseguiría asustarla…
—¿No?
Felix, aún agotado por el viaje sin descanso desde el norte, seguía guiándolo hacia la mansión Ardent de la capital.
Todavía estaba muy nervioso cerca de Adrian, pero al mismo tiempo se sentía aliviado de que el viaje hubiera llegado a su fin.
Por fin ese mayordomo demoníaco alcanzaría el lado de su dama y él podría volver al norte y, con suerte, dejar que su novia lo malcriara un poco.
Se merecía al menos eso, ¿no?
Y hablando del mayordomo demoníaco, Felix se volvió de mala gana para preguntarle si quería recorrer un poco la capital antes de ir a la mansión.
Estaba seguro de que la respuesta sería no.
Pero, en cuanto se giró…
Adrian había desaparecido.
Felix parpadeó.
Por un momento pensó que sus ojos le estaban jugando una mala pasada.
Pero no.
La calle detrás de él seguía llena de gente que iba y venía con sus asuntos, comerciantes gritando, niños corriendo entre los puestos, nobles caminando con sus acompañantes…
Y, aun así, la persona a la que había estado escoltando apenas unos segundos antes ya no estaba allí.
—…¿Qué?
Felix se dio la vuelta por completo y recorrió la multitud con la mirada.
*“Hace un segundo estaba justo detrás de mí…”*
Solo se había girado un instante.
Dos segundos, como mucho.
Y aun así, Adrian había desaparecido como un fantasma tragado por la multitud.
Su voz murió a mitad de camino.
Ese mayordomo demoníaco había desaparecido por completo.
Un escalofrío le recorrió la espalda al imaginar toda clase de escenarios horribles.
Si el mayordomo se perdía y no lograba llegar a tiempo al lado de su dama, tal vez culpharía a Felix.
Y si lo hacía…
Quizá también lo envolvería en sombras como había hecho con las bestias del camino antes de perforarlo de agujeros por todo el cuerpo.
El simple pensamiento hizo que Felix palideciera mientras empezaba a buscar al mayordomo antes de que fuera demasiado tarde.
Mientras tanto, unos cuantos puestos más allí, Adrian se acomodó con tranquilidad las gafas de montura delgada y se detuvo delante de la vitrina de una panadería.
A diferencia del norte, donde la comida era sencilla y sustanciosa, aquella panadería estaba hecha claramente para el lujo.
Filas de dulces estaban colocadas con cuidado en las estanterías.
Masas doradas espolvoreadas con azúcar.
Tartas de frutas brillando con almíbar.
Pasteles suaves con capas de crema.
Solo el aroma bastaba para atraer a cualquiera.
Adrian inclinó ligeramente la cabeza.
Su mirada se movió de un pastel a otro hasta que por fin se detuvo en uno.
—Ese.
El panadero levantó la vista desde el mostrador.
—Excelente elección, joven amo —dijo con una sonrisa mientras tomaba el pastel que Adrian había señalado, confundiéndolo con un noble—. Nuestro pastel de crema con fresas es uno de los más populares.
Adrian lo observó mientras lo guardaban dentro de una cajita blanca atada con una cinta.
El panadero volvió a hablar mientras trabajaba.
—¿Es para alguien especial?
—Sí.
Respondió Adrian sin cambiar la expresión.
—Entonces…
El panadero hizo una pausa, se volvió hacia atrás, tomó algo de detrás del mostrador y lo metió en la misma caja que el pastel.
—Un pequeño detalle para la dama afortunada. Serán ocho cobres.
Adrian sacó una moneda de oro, la dejó sobre el mostrador y se dio la vuelta para marcharse, sin darle al panadero ni siquiera tiempo para reaccionar.
—J-joven amo, esto es demasi…
El panadero agarró la moneda de oro y salió corriendo del local apenas un segundo después de que Adrian hubiera salido.
Pero, cuando llegó afuera…
Adrian ya no estaba por ninguna parte.
—¿Q-qué demonios acaba de pasar?
No pudo evitar soltar el hombre mientras miraba la moneda en su mano.
Al final se rindió, volvió a entrar a la tienda y se aseguró de grabar bien el rostro de Adrian en su memoria.
***
Felix estaba sentado junto a una fuente, con la cabeza baja y el rostro vacío.
Ya había aceptado que iba a morir, pero al menos quería mandar un último adiós a su novia.
Ah, tal vez podría hacerlo con palomas mensajeras.
Aunque ahora mismo no había ninguna disponible.
Quizá podía intentar atrapar alguna de las que se posaban cerca de la fuente.
Giró la cabeza hacia la izquierda.
No había palomas.
Solo estaba el mayordomo demoníaco.
Otra vez, nada de palomas.
….
Espera.
Felix giró lentamente la cabeza otra vez hacia la izquierda.
Y el mayordomo demoníaco seguía allí.
Adrian estaba de pie junto a la fuente, sosteniendo en la mano una pequeña caja blanca adornada con una cinta.
Su expresión era tranquila mientras miraba directamente a Felix.
Durante varios segundos, Felix se limitú a devolvérsela.
Su cerebro tardaba en procesar lo que estaba viendo.
Luego sus ojos se abrieron poco a poco.
—…¡AH!
Casi se cae del borde de la fuente al ponerse de pie de golpe.
—¡¿A dónde fue?!
Solté, con una voz mucho más alta de lo que pretendía.
Algunos peatones cercanos les dedicaron una mirada rápida antes de seguir con sus asuntos.
Adrian lo miró.
Luego miró la caja que tenía en la mano.
—Fui a comprar algo.
Felix siguió la dirección de su mirada y por fin se fijó en la cinta.
—…¿Pastel?
Adrian asintió ligeramente.
Felix volvió a mirarlo.
Esta vez su expresión era complicada.
Por un lado, aquel mayordomo demoníaco seguía aterrorizándolo.
Pero, por otro…
—¿Desapareció solo para comprar un pastel?
—Sí —respondió Adrian con absoluta naturalidad—. —¿Hay algún problema?
Felix se pasó una mano por la cara.
*“¿Viajó dos días sin dormir por culpa de este hombre…?”*
Solté un largo suspiro antes de enderezarse.
—Ninguno.
Murmuró, dándose por vencido en su intento de entender cómo funcionaba la mente de Adrian.
—La mansión queda por aquí.
Volvió a echar a andar, y Adrian lo siguió tranquilamente, sosteniendo la caja con el pastel con mucho cuidado mientras ambos avanzaban por las calles.

Comment
Lo siento, debes estar registrado para publicar un comentario.