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Bajo el roble – Capítulo 45

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Capítulo 45

El cocinero dejó caer la masa que estaba amasando y se apresuró a salir al encuentro de Maxi.

—¡Señora! ¿Qué le trae por la cocina tan temprano?

Maxi le dedicó una sonrisa un tanto torpe mientras se dirigía hacia la chimenea.

—Me… me desperté temprano y… salí de la habitación para no… molestar al señor. ¿Te… te parece bien que me… quede aquí?

El cocinero parecía desconcertado ante el hecho de que la señora del castillo le preguntara algo así. Asintió con tanta fuerza que a Maxi le dio miedo que se le saliera la cabeza.

—¡Por supuesto! Acabamos de terminar de hornear el pan y de preparar el guiso de conejo. ¿Le apetece desayunar ahora, mi señora?

—S-Sí, por favor. T-También me gustaría l-lavarme la cara. ¿P-Podría traerme un cu-cuenco con agua y una to-toalla?

—Ahora mismo, señora.

La cocinera vertió rápidamente una mezcla de agua caliente y fría en una palangana y se la llevó junto con un paño de lino limpio. Maxi se sentó a la mesa junto al fuego y se lavó la cara. A continuación, se mojó los dedos en el agua y se los pasó por el pelo enredado.

Unos instantes después, una criada le puso delante una barra de pan blanco recién horneado y un cuenco de guiso espeso. Maxi apartó el cuenco y partió el pan caliente por la mitad. El vapor se elevaba de la miga suave y jugosa.

Maxi untó un poco de mantequilla en una rebanada de pan, le sopló un par de veces y le dio un mordisco. El pan dulce se derritió en su boca. Tras terminar aquella deliciosa comida, se la acompañó con un vaso de leche de cabra con miel. Mientras estaba sentada frente al cálido fuego con el estómago lleno, sintió que el sueño se apoderaba de ella.

Justo cuando estaba pensando en volver a la cama, Ruth entró arrastrando los pies en la cocina.

—Vaya, hoy se ha levantado temprano, mi señora.

Maxi puso cara de consternación. Ruth se apresuró a acercarse a ella, como para impedir que se escapara.

—Veo que estás disfrutando de un desayuno temprano. Debe de estar muy bien. Yo, por el contrario, no he probado bocado desde la cena de anoche, gracias a la misión especial que me ha encomendado Sir Riftan.

Maxi le dedicó una sonrisa forzada.

—Yo… yo estuve o-ocupado ayer…

—Sí, he oído hablar de la auténtica montaña de regalos que te trajo Sir Riftan. ¿Te has pasado todo el día abriendo regalos?

—¡H-Hay m-más asuntos en el c-castillo que requieren m-mi a-atención de lo que t-tú c-crees!

De hecho, Maxi se había pasado gran parte del día anterior abriendo regalos, pero decidió no revelarlo. El hechicero la miraba con ojos sombríos. No quería que la intimidaran delante de los sirvientes, pero la actitud autoritaria de Ruth tenía la capacidad de hacerla sentir como una alumna torpe a la que regañaba su tutor.

—Estoy segura de que tienes mucho entre manos

—añadió Ruth en un tono más suave

—Pero reforzar nuestras defensas es nuestra prioridad. Necesitamos el dispositivo mágico para detener nuevos ataques. Y tú, mi señora, eres la única persona que tiene los conocimientos de aritmética necesarios para ayudarme.

Maxi entrecerró los ojos. Habría apostado su propia vida a que Ruth no tenía muy buena opinión de sus habilidades para las matemáticas.

—Lo… lo entiendo, p-pero prepararse para el invierno t-también es i-importante. T-te ayudaré en cuanto… termine.

—Para Sir Riftan, la seguridad de los anatoleos es lo primero. Si consigo terminar el dispositivo con tu ayuda, sus preocupaciones se aliviarán en gran medida.

Maxi aguzó el oído y sus ojos se iluminaron.

—¿De verdad?

—Por supuesto, mi señora.

Emocionada ante la oportunidad de demostrar su valía ante Riftan, Maxi apenas se percató de que Ruth había elegido con astucia precisamente las palabras necesarias para convencerla. Echó un vistazo a los sirvientes, que escuchaban atentamente su conversación mientras fingían trabajar. Entonces dejó escapar un largo suspiro, como si no le quedara otra opción.

—Si es así, yo te e-ayudaré primero. ¿E-estás c-contento?

—Me gustaría que empezaras ya mismo». Ruth le acarició el rostro demacrado con la mano.

—Tengo un montón de ecuaciones que hay que resolver. Para fabricar un artilugio mágico, normalmente se necesita la ayuda de dos o tres ayudantes…

—Lo… lo entiendo. ¿Por qué no comes algo primero?

—Esto servirá.

Ruth cogió una barra de pan recién horneado y le dio un mordisco. A continuación, sacó una manzana de un saco que había en un rincón de la cocina, se la guardó en el bolsillo de la bata y se dirigió arrastrando los pies hacia la puerta. Maxi la siguió tras indicarle a Ludis que fuera a buscarla a la biblioteca si pasaba algo.

***

Ruth no había exagerado en cuanto al volumen de trabajo que le esperaba. A Maxi se le cayó la mandíbula al ver el desastre que había montado en la biblioteca en solo dos días. Libros apilados sin orden, trozos de pergamino y otras baratijas abarrotaban el escritorio.

Maxi se inclinó hacia delante para examinar un trozo de tela que yacía extendido en el suelo. Del tamaño de una manta, estaba decorado con motivos complejos y meticulosamente dibujados. Suspiró al ver los frascos de tinta vacíos esparcidos por el suelo. Parecía que Ruth había gastado cinco frascos enteros para dibujar los motivos.

—¿Por qué estás trabajando aquí en lugar de en tu torre?

—No hay espacio suficiente. Y Sir Riftan me ha dejado claro que la torre dejará de ser mía si no termino este dispositivo en el plazo de una semana.

Maxi frunció el ceño al pensar en la imponente torre situada en el jardín trasero. ¿Cómo era posible que a Ruth se le hubiera acabado el espacio? ¿Acaso no estaría durmiendo en la biblioteca porque le faltaba sitio en la torre? Ruth no pareció darse cuenta de su mirada de desaprobación mientras se sentaba y dejaba la manzana a medio comer en el borde del escritorio. Maxi tomó asiento a regañadientes frente a él.

—Su tarea, señora, es muy sencilla. Me gustaría que dibujara copias de estos diagramas utilizando estas herramientas. Por supuesto, le explicaré cómo usarlas. Deberían ser fáciles de manejar siempre y cuando sepa aritmética básica.

Ruth le entregó seis tablas planas de madera de diferentes formas. Maxi, con las tablas entre las manos, bajó la vista hacia el intrincado diagrama. Sobre el escritorio había montones de pergaminos con diagramas similares.

—¿Qué es todo esto?

—Diseños para el dispositivo mágico.

—¿Son enormes los dispositivos mágicos?

—Varian en tamaño, pero el que estamos fabricando es más o menos del tamaño de una calabaza. Estos son los planos de las runas mágicas que se colocarán en el interior del dispositivo. Las runas se dispondrán en intrincadas capas dentro de un objeto dotado de magia protectora.

—¿Runas mágicas?

Maxi examinó el diagrama con interés. Círculos, triángulos, cuadrados y espirales se entrelazaban de forma intrincada sobre un pergamino amarillo. Cuando Ruth le había pedido ayuda, había intuido que aquel artilugio mágico requeriría cálculos complejos, pero ahora se daba cuenta de que el proceso era mucho más complicado de lo que había imaginado.

—Las runas mágicas son herramientas que nos permiten multiplicar por diez o incluso por cien el maná de nuestro entorno. Así es como se crea toda la magia. El talento de un mago viene determinado por la eficacia con la que utiliza estas runas para crear el efecto deseado.

Maxi ladeó la cabeza.

—P-Pero he visto a m-magos usar magia sin r-runas antes. Incluso t-tú has lanzado un h-hechizo sin ninguna hace poco.

—Eso solo es posible cuando nos hemos aprendido el hechizo tan bien que podemos dibujar las runas en nuestra mente. Pero solo los hechizos básicos se pueden usar de esta manera. Los hechizos avanzados requieren mucho tiempo y esfuerzo para prepararlos.

—Entonces… lo que estamos haciendo debe de ser magia extremadamente avanzada». Maxi miró el montón de pergaminos.

Ruth asintió con una sonrisa.

—Lo que estamos fabricando se llama escudo Nome. Es una runa protectora que utiliza magia de la tierra. Si alguien atacara las puertas con magia, la runa crearía una poderosa barrera de unos veinte kevettes de radio en cuanto detectara el ataque. Una vez que coloquemos las runas dentro del dispositivo mágico y lo instalemos en las puertas, ni siquiera una lluvia de fuego podrá destruirlo.

—V-Qué tranquilizador.

A Maxi le picó la curiosidad. Rara vez había tenido la oportunidad de ver cómo se utilizaba la magia, salvo la magia curativa de los jerarcas y la magia defensiva que Ruth había empleado en las puertas. Había oído historias sobre grandes magos y sus brillantes hazañas, pero sabía muy poco sobre cómo ejercían esa magia.

—¿E-eso s-significa que se p-puede usar m-magia si se s-sabe d-dibujar estas r-runas?

—Las runas no funcionarán si no sabes activarlas con magia, y para eso, tendrías que saber controlar el maná. La magia no es algo que se pueda crear de la nada, sino algo que hay que saber aprovechar.

—Pero… pero he visto a gente normal usar artefactos mágicos.

—Eso es porque tienen piedras mágicas.

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