Capítulo 30
Capítulo 30: Capítulo
Ruth se frotó las sienes mientras examinaba el libro de contabilidad. Maxi lo miró a la cara, con la cabeza gacha como una niña regañada. Después de inspeccionar los recibos detenidamente, Ruth suspiró ruidosamente y se pasó una mano por el rostro.
—Ni siquiera sé por dónde empezar, mi señora. ¿Son todos estos los recibos?
—¡S-Sí, lo s-son!
Logró responder a pesar de querer meterse en un agujero.
Entrecerró los ojos ante la pila de pergaminos, luego cerró el libro de contabilidad con un golpe seco.
—Es tarde. Continuemos mañana —dijo con severidad.
—P-Podría m-mostrarme a-ahora…
—Mira el estado de este libro. Esto no es algo que podamos resolver en un día.
Maxi lo oyó rechinar los dientes. No había nada más que pudiera decir. Desanimada, asintió.
***
A la mañana siguiente, Maxi corrió a la biblioteca tan pronto como despertó. Allí, la recibió Ruth bostezando.
—Llegaste temprano —dijo.
Maxi pudo notar por su aspecto desaliñado que había vuelto a dormir en un rincón de la biblioteca. Entrecerró los ojos. Se había escabullido de su habitación al amanecer para evitar ser humillada por la lengua afilada de Ruth frente a los sirvientes, con apenas tiempo para lavarse la cara. Pero, he aquí, el hombre que la había asustado hasta la médula la noche anterior, estaba holgazaneando sin preocupación alguna.
—Veamos primero la lista de compras. Debemos cancelar los pedidos innecesarios de inmediato.
Ruth se levantó de su rincón y se sentó en el escritorio. Maxi se sentó frente a él, pasándose los dedos por el cabello sin peinar.
—E-El c-comerciante v-vendrá e-esta t-tarde. D-Dígame q-qué d-debo c-cancelar, y l-lo h-haré.
—Muy bien —dijo, organizando los papeles por fecha.
Maxi se aferró a su falda mientras él inspeccionaba los papeles.
—Veinte liram por una losa de mármol de un kevette de largo y ancho… Ha anotado la moneda equivocada. Eran veinte derham, y ese es un precio económico.
Ella suspiró aliviada, pero Ruth no había terminado. Golpeando el escritorio con las puntas de los dedos, suspiró y continuó explicando con esmero.
—¿Es realmente necesario cambiar el suelo de ambos salones a mármol? Las losas tienen solo unos pocos años. Supongo que ya no hay nada que podamos hacer, ya que la construcción ya ha comenzado. Bueno, Lord Calypse sí merece algo de lujo, así que lo dejaremos así.
—P-Pero l-la c-construcción d-del g-gran s-salón n-no h-ha c-comenzado t-todavía… T-Todavía h-hay t-tiempo p-para c-cancelar…
—Si me permite, mi señora —respondió secamente y pasó la página—. Nada más parece estar mal. Barandales, rejas para el balcón, marcos de ventanas, cortinas y alfombras, tapices, muebles, candelabros, esculturas, una fuente… ¡¿Una fuente?!
Su voz monótona se elevó bruscamente. Maxi se encogió como si la hubieran azotado en la espalda. Él giró la cabeza bruscamente, con los ojos entrecerrados. Maxi no pudo mirarlo y comenzó a balbucear excusas con una voz apenas audible.
—E-El c-comerciante d-dijo q-que s-se v-vería e-espléndida e-en e-el j-jardín…
—¿Sabe cuánto trabajo requiere mantener una fuente? ¡Solo la fontanería exige una construcción a gran escala! ¡Y la fuente debe ser de mármol y cristal! ¡Este maldito comerciante está tratando de estafar a la propiedad Calypse!
Maxi se encogió ante su grito de indignación. Pero su reprimenda no terminó ahí.
—¿Y de quién fue la idea de usar paneles de vidrio de alta calidad para todas las ventanas? ¡Solo los emperadores Roemianos de la era pasada pagarían por tal extravagancia! ¿Tiene alguna idea de lo caro que es el vidrio?
—L-Las v-ventanas d-del C-Castillo C-Croyso e-eran t-todas d-de v-vidrio…
—¡Su padre es fácilmente una de las personas más ricas de los Siete Reinos! Pero no es solo una cuestión de asequibilidad. Las ventanas de vidrio son poco prácticas porque no aíslan. Sería lo mismo que mantener las ventanas bien abiertas.
Ruth se golpeó el pecho con frustración y continuó.
—Y recuerde, mi señora, que los campos de entrenamiento de los caballeros están en el patio. Llegará el día en que esos tontos disparen mal su aura de espada en una demostración de fuerza y rompan el costoso vidrio. Además, el vidrio se raya fácilmente, y los sirvientes tendrán que trabajar el doble para mantenerlo pulido. Ya estamos escasos de personal tal como está.
Estos puntos nunca habían pasado por la mente de Maxi. Ella permaneció en silencio.
El rostro de Ruth se suavizó solo cuando terminó de examinar los recibos.
—Veo que no todo lo que está aquí ha sido ordenado todavía. Reemplacemos las ventanas del gran salón, el salón de banquetes y algunas habitaciones de invitados con vidrio. Se puede usar vidrio balt o una doble cubierta para las habitaciones restantes. Añadir persianas sería práctico para el invierno, así las ventanas se pueden abrir ocasionalmente para la circulación del aire. Eso debería ser más que suficiente para mostrar a los visitantes nuestra riqueza.
Sacó un trozo de pergamino nuevo y dibujó un plano del castillo, indicando los salones y habitaciones que había mencionado. Maxi miró fijamente y asintió.
—E-Entiendo. S-Se lo d-diré a-al c-comerciante.
—Y esa fuente de cristal ni siquiera vale la pena discutirla —dijo, descartando el trozo de pergamino que tenía en la otra mano. Luego mojó una pluma en tinta para ella y abrió el libro de contabilidad en una página en blanco.
—Ahora, mi señora. Intentemos registrar las compras de nuevo con cuidado, esta vez sin los artículos sobrevalorados.
Maxi miró la pluma con nerviosismo. Ella había esperado que Ruth tomara las riendas del asunto.
—¿Q-Qué p-pasa s-si c-cometo m-más e-errores…?
—Tendrá que llevar las cuentas en el futuro. Si comete un error, la ayudaré a corregirlo. Pero primero debería intentarlo, mi señora.
Su mente se quedó en blanco al mirar el libro de contabilidad. Incapaz de recordar una sola cosa que había aprendido, comenzó a revisar los recibos con pánico. Tenía que anotar todo lo que pudiera.
Cuando logró recomponerse, comenzó a copiar los nombres de los artículos y los gastos, empezando por el recibo más antiguo. Esta vez, sus registros incluían no solo la cantidad y el costo de los artículos comprados, sino también el número de trabajadores contratados, sus salarios y la duración de sus contratos.
A medida que los cálculos se complicaban, un sudor frío perlaba su piel. Sumó, sumó y volvió a sumar. ¿Pero cuánto valía cada moneda? Cuanto más pensaba en ello, más profunda se volvía su confusión.
Después de observarla luchar sin decir palabra, Ruth intervino con el ceño fruncido.
—Perdóneme si me equivoco, pero parece que no conoce las conversiones de moneda.
—¡S-Sí c-conozco! —respondió Maxi apresuradamente, apretando la pluma.
Ruth le lanzó una mirada dudosa. Sintió que la boca se le secaba.
—E-Es s-solo q-que… n-nunca h-he c-comprado n-nada y-yo m-misma… a-así q-que m-me c-confundí u-un p-poco…
—¿Cuánto son sesenta liram en soldem?
—¿C-Cuatro?
Soltó la primera respuesta que le vino a la mente después de contar apresuradamente con los dedos. Al ver los ojos de Ruth entrecerrarse, inhaló bruscamente y se corrigió.
—¡T-Tres!
—¿Cuánto son veinticuatro denar en soldem, entonces?
—Ehm…
—¿Cuántas monedas de derham obtendría por diez liram?
Ruth continuó escudriñándola. Estaba al borde de las lágrimas, con el rostro ardiendo de vergüenza.
"Ha descubierto que soy una incompetente sin remedio. ¿Y si le dice a Riftan que soy una tonta tartamuda y estúpida?"
Mientras bajaba la cabeza con miedo, Ruth se agarró la cabeza y gimió.
—¡Ni siquiera la Princesa Agnes era tan ignorante en asuntos mundanos! ¿Ha sido su vida tan protegida?
Ella se mordió los labios. Ruth también permaneció en silencio. Finalmente, rompió el silencio con un gran suspiro y sacó una pequeña bolsa del interior de su túnica.
—Mire con atención.
Sacó dos monedas de plata de la bolsa. Una era una moneda gruesa, su diámetro del tamaño de su dedo medio. Una imagen de un pájaro extendiendo sus alas estaba grabada en ella. La otra moneda era pequeña y delgada, y solo dos tercios del largo de su dedo meñique en ancho. Ruth golpeó la moneda más grande con la punta de su dedo.
—Esta moneda de plata grande es un liram. La moneda fue acuñada durante la época del Imperio Roemiano y circuló ampliamente por todo el continente. Y esta moneda de plata más pequeña es un derham. Doce derham hacen un liram.
Señaló la moneda más pequeña antes de continuar.
—El derham proviene de Lakazim, en el Continente Sur. El comercio con los reinos del sur ha sido más activo en los últimos años, por lo que estamos viendo una mayor afluencia de estas monedas. Pueden ser pequeñas, pero son estables y tienen mucho valor.
Ella examinó la pequeña moneda. Era la primera vez que veía dinero real de cerca. Después de colocar la moneda en su palma para que pudiera ver sus detalles, Ruth reanudó su explicación.
—En una balanza, se necesitan exactamente doce derham para equilibrar el peso de un liram. Por eso, doce derham se pueden cambiar por un liram.
Las siguientes monedas que salieron de su bolsa eran de oro. Una era del tamaño de un liram, y la otra del tamaño de un derham.
—La moneda grande se llama soldem, y ha estado en circulación desde la era Roemiana. La moneda de oro más pequeña se llama denar, y es de Lakazim, como la moneda de plata más pequeña. Un soldem pesa tanto como doce denar, lo mismo que el valor de liram a derham.
—¿P-Por q-qué p-producen m-monedas t-tan p-pequeñas e-en e-el C-Continente S-Sur?
—El comercio en el Continente Sur está mucho más desarrollado que el nuestro. Si las monedas tuvieran demasiado valor, el comercio a pequeña escala entre individuos no sería posible.
Arrugó la nariz con fastidio por tener que dar explicaciones tan detalladas. Maxi no estaba del todo segura de haberlo entendido, pero decidió no preguntar más. Ruth dejó las monedas y continuó su lección.
—El oro es veinte veces más valioso que la plata. Un soldem se puede cambiar por veinte liram, y un denar por veinte derham.

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