¿Y acaso importa?
A Maximilian Croyso probablemente no le importaba en lo más mínimo su paradero o con quién decidiera entretenerse. Esta preocupación era únicamente el producto de su ego inflado. De todos modos, sus pies continuaron llevándolo de regreso al banquete. Se echó el cabello hacia atrás con irritación. Odiaba cómo se estaba comportando, como un semental agitado que hubiera captado el olor de una yegua en celo.
Justo cuando estaba a punto de salir del pasillo oscuro, una voz masculina murmuró:
—¿Creen que sea verdad? Eso de que el duque busca esposo para su hija entre los caballeros.
Riftan asomó la mirada hacia el salón en dirección a los nobles que chismeaban. Un bardo cantaba una epopeya heroica acompañado de su laúd, mientras los asistentes al banquete bailaban bajo la parpadeante luz de las velas. Los aristócratas parecían estar aprovechando todo el bullicio para entablar una discusión secreta. Los oídos de Riftan se aguzaron al escuchar la voz pausada y ebria que habló a continuación.
—¿Acaso ya tiene la edad?
—Puede que no lo parezca, pero cumplirá diecisiete en unos meses. Una edad perfecta para el matrimonio.
El hombre inmaculadamente vestido se llevó una copa a los labios con una sonrisa burlona.
—Y ha habido rumores de que sus recientes y frecuentes apariciones son para atraer pretendientes.
—¡Ja! Hoy sí se quedó un poco más de tiempo, pero casi no ha mostrado la cara en toda esta celebración. Todas las demás noches se largaba después de un minuto.
—Créeme, ella nunca antes había hecho tantas apariciones. ¿Sabes lo protector que es Su Gracia con su primogénita? Incluso algunos de sus propios caballeros jamás la han visto, y los sirvientes se niegan a revelar cualquier cosa. Es un misterio oculto tras un velo.
—Escuché que tiene mala salud.
Otro hombre intervino.
—Su Gracia es un padre tan devoto que mandó construir una gran capilla dentro del castillo y asignó a cuatro jerarcas allí.
—Al parecer siempre ha tenido una constitución frágil.
Dijo el hombre relativamente mayor, con la voz llena de simpatía.
—Desde que era pequeña. Eso solo ha hecho que el duque sea más protector.
Riftan se puso rígido mientras observaba a Maximilian Croyso. Todavía sentada al lado de su padre, se veía cansada y nerviosa mientras miraba el baile.
"¿Era la mala salud la razón de su expresión sombría?"
La idea de que pudiera estar gravemente enferma fue suficiente para hacer que Riftan se sintiera como si le hubieran clavado una daga en el corazón. Se quedó congelado mientras escuchaba una vez más las voces bajas.
—Supuestamente, el duque busca a un caballero porque no tiene intención de enviarla a la corte. Después de todo, con las frecuentes disputas del ducado con Dristan, sería útil tener a un yerno caballero para liderar un ejército.
Un caballero que había estado bebiendo vino en silencio resopló y rompió su mutismo.
—Subestiman las ambiciones del duque. No importa cuánto adore a su hija, el prestigio y el poder de su familia siempre van primero. ¿Acaso no es de conocimiento público que desea unir su casa con la familia real?
—Podría confiarle eso a su segunda hija. Puede que ahora sea una niña, pero ya hay rumores que predicen su futuro como una belleza consumada.
—Supongo que casar a la mayor con la familia real sería difícil considerando su condición. Necesitaría engendrar hijos sanos.
Riftan apretó el puño mientras observaba a los hombres evaluar a Maximilian como si fuera una yegua de cría.
El hombre mayor, que parecía pasar de los treinta años, sonrió con malicia y dijo:
—De hecho es un gran defecto, pero sigue siendo la hija del duque de Croyso. Es decir, material digno para esposa. No hay duda de que el consentimiento de Su Gracia garantizará que venga con una dote sustancial.
—¿De qué sirve una dote si no puede dar un heredero? Si no tienes un sucesor, tu fortuna y tus propiedades volverán a la corona.
—Ponte al día, mi buen amigo. Si realmente es tan enfermiza como dicen, no sobrevivirá por mucho tiempo. Simplemente podrías buscarte una nueva esposa una vez que surja la oportunidad.
Un deseo abrumador de matar a los nobles surgió en el pecho de Riftan. Los miró con furia, ansioso por arrastrar a esa escoria a un rincón y cortarles el cuello. Eso aseguraría que nunca más pudieran mover sus sucias lenguas. Ya había sido bastante difícil mantener su ira bajo control mientras la evaluaban como a un animal, pero ahora habían cruzado la línea. El simple pensamiento de que ella fuera el objeto de los deseos de estos bastardos lo llenó de rabia y de un feroz instinto de protección.
Odiaba sentirse de esta manera. ¿Qué sentido tenían estas emociones cuando ella ni siquiera era suya? ¿Por qué necesitaría a alguien tan insignificante para defenderla cuando el noble más poderoso del este estaba de su lado?
Riftan dirigió su mirada hacia el duque, que estaba sentado a su lado como un carcelero. Aunque el hombre era pomposo hasta la médula, sin duda sería su mayor protector. Era una decisión sabia por parte del duque mantener a su hija a salvo dentro del castillo, donde escoria como esos nobles no pudiera acercarse a ella.
Tomando una respiración profunda, Riftan se dio la vuelta. Tenía el presentimiento de que causaría un alboroto si entraba al salón en su estado actual. Su puño cerrado temblaba de furia. Era difícil pensar en una mejor manera de liberar su rabia que grabar sus rostros en su memoria y romperles unos cuantos dientes antes de irse.
Sin embargo, sabía que ellos no serian los únicos con sus sórdidas intenciones por mucho tiempo. Una vez que se corriera la voz sobre las intenciones del duque, cada caballero ambicioso en Wedon acudiría en masa al ducado para competir por su mano. Lo que más asqueaba a Riftan era el hecho de que él mismo compartía ese deseo.
Se sentó en los escalones del jardín y hundió el rostro en las manos. ¿Qué demonios le pasaba? El torbellino y el anhelo causaban estragos en su interior. Sin embargo, ahora que sabía que el banquete era esencialmente un nido de pretendientes potenciales, se encontró incapaz de irse o de regresar.
"Incluso si volviera, nunca entraría en la lista de pretendientes."
Estaba seguro de ello. Ella estaba aterrorizada de él y el duque lo trataba con desprecio. A pesar de esto, se giró hacia el salón. Regresar a su habitación ahora significaría una noche de insomnio preocupándose de que el duque eligiera a uno de los nobles buenos para nada de antes. Sería mejor para su cordura saber exactamente qué estaba sucediendo dentro del salón.
Con la esperanza de que los vulgares chismosos de antes hubieran concluido su conversación, Riftan se dispuso a regresar al banquete una vez más. Estaba a solo unos pasos cuando se detuvo en seco. Maximilian Croyso, rodeada por sus sirvientas, casi se estrella contra él al salir del salón.
¿Acaso su ira había entorpecido su capacidad para sentir su presencia? Riftan se quedó parpadeando como un idiota, mirando hacia abajo a la mujer que estaba ante él. Mientras tanto, Maximilian parecía estar cien veces más desconcertada. Estaba acostumbrado a que su mirada se desviara cada vez que sus ojos se encontraban, pero ahora ella se había quedado contemplándolo con los ojos muy abiertos.
Estar así de cerca le permitió a Riftan estudiar sus exuberantes pestañas castañas y sus ojos grises plateados. La luz del candelabro se reflejaba como oro en sus pupilas. Le recordaba a un lago invernal. Sus mejillas pálidas comenzaron a ponerse rojas, una vista sorprendentemente cautivadora, y pronto todo su rostro ardió con tanta intensidad como su cabello.
Riftan luchó por abrir la boca.
—¿Hay algún problema?
Sonó cortante incluso para sus propios oídos. Maldijo en silencio. Después de intentar durante semanas hablar con ella, ¿era eso lo mejor que podía lograr?
Maximilian se sobresaltó y bajó la cabeza apresuradamente. Luego, como si huyera, salió corriendo antes de que él pudiera decir algo más. Sus sirvientas soltaron risitas mientras se apresuraban detrás de ella.
Sintiéndose abatido, Riftan la vio desaparecer. No podía entender por qué había reaccionado de esa manera. Preguntándose si algo habrá ocurrido en el banquete, se abrió paso a través del bullicio para unirse a sus camaradas.
—¿Pasó algo mientras no estaba?
El grupo de caballeros que festejaban giró la cabeza hacia él. Riftan frunció el ceño ante el extraño silencio. Hebaron, que lo había estado mirando con los ojos muy abiertos, esbozó una sonrisa pícara.
—Creo que nosotros deberíamos preguntarte eso a ti.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Hay espejos en cada habitación de este castillo. ¿No revisaste tu reflejo antes de salir?
Riftan se pasó una mano por el cabello, preguntándose si estaba demasiado desarreglado.
—Ahh, la viva imagen de la seducción.
Dijo Hebaron con un silbido bajo.
—¿Estás decidido a cautivar a cada mujer noble del este esta noche?
Incapaz de comprender el significado detrás de las burlas del caballero, Riftan frunció el ceño.
—De qué sarta de tonterías estás—
—Hay una mancha de pintura para labios cerca de tu boca.
Intervino Ursuline, bajando su copa.
Riftan se sobresaltó. Se limpió la boca con el dorso de la mano y retiró una sustancia roja y pegajosa.
Al ver su desconcierto, Ursuline suspiró.
—Es un cosmético que usan las mujeres nobles para pintarse los labios.
Después de un momento de quedarse parpadeando hacia el caballero, Riftan salió a grandes zancadas del salón y entró en la habitación más cercana. Un gemido escapó de sus labios tan pronto como captó su reflejo.
Faltaban los dos botones superiores de su camisa, presumiblemente debido a que la mujer había tirado de su ropa. Su cabello era un nido de urraca y había manchas rojas en sus labios, barbilla y mejilla. Cualquiera que lo viera pensaría que era un libertino desvergonzado.
"Maldita sea…"
Con eso, toda esperanza de dejar una buena impresión en Maximilian se evaporó. Los hombros de Riftan cayeron con desolación.
***
Los Caballeros de la Remdragon partieron hacia Drachium a la mañana siguiente. Riftan contempló con alivio cómo el Castillo de Croyso se alejaba gradualmente. Finalmente sería capaz de volver a ser el de antes.
Estaba decidido a dejar atrás todas las sombras de su pasado. Las ilusiones de su infancia, los golpes de culpa, los espantosos sueños sobre su madre con los que ocasionalmente se despertaba empapado en sudor frío; tenía la intención de borrarlo todo y seguir viviendo como Sir Riftan Calypse.
Sin embargo, la forma en que la joven venía constantemente a su mente sacudía su determinación como juncos al viento. Maximilian Croyso realmente se había convertido en una mujer joven malditamente encantadora. Ella atormentaba sus sueños cada noche, llevándolo al borde de la locura.
Como nunca se había interesado por ninguna otra mujer, no tenía con quién compararla. A pesar de esto, sabía con absoluta certeza que su figura menuda, sus rasgos pequeños, sus ojos que ocultaban mil emociones y su exuberante cabello rojo eran exquisitamente cautivadores. Era este conocimiento lo que constantemente pinchaba sus nervios como una aguja.

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