BloomScans

Bajo el roble – Capítulo 218

All chapters are in Bajo el roble
BloomScans ├ö├çÔòæ Bajo el roble ├ö├çÔòæ Bajo el roble – Capítulo 218
A+ A-

Capítulo 218 – Historia Secundaria 24

A Riftan lo mortificó lo fuerte que resonó en sus oídos el sonido de su propia saliva al tragar. Limpiándose las palmas sudorosas en los pantalones, se obligó a dejar de mirarla. Sin embargo, como el acero ante un imán, sintió que su mirada era arrastrada hacia ella.

Se fijó en su moño intrincadamente trenzado, en su cuello delicado y en sus hombros esbeltos. Tenía una cintura tan diminuta que estaba seguro de que podría rodearla con una sola mano. Finalmente, sus ojos se detuvieron en el dobladillo de su vestido de seda que caía en cascada.

La niña de sus recuerdos siempre tenía el cabello desarreglado. Solía enredárselo a menudo en las ramas de los árboles, lo que arruinaba sus trenzas hasta que se esponjaban como nubes. Su inclinación por deambular por los jardines también significaba que sus vestidos siempre estaban cubiertos de tierra. ¿Era esta mujer de porte regio realmente la niña que solía juntar piedras en la gastada bolsa que llevaba a todas partes?

Se quedó en una especie de trance hasta que la voz caballerosa de Triton lo interrumpió.

—¿Puedo preguntar por la dama que está detrás de usted?

—Veo que aún no he presentado a mi de mi hija.

El duque respondió mientras empujaba a la joven hacia el frente.

—Esta es Maximilian, mi primogénita.

La mujer que estaba ante él era la misma y a la vez otra diferente a la de su ilusión. Aunque quedaban rastros de la niña en su frente redonda, en sus mejillas y en su barbilla pequeña, ahora unas pecas doradas salpicaban su nariz respingona y sus pómulos, y sus grandes ojos grises se veían melancólicos.

Riftan frunció el ceño, preguntándose por qué tenía una expresión tan sombría. Observó cómo su rostro desconcertado se transformaba en puro terror. Se puso rígido por la sorpresa. Jamás se habría imaginado que ella le tendría miedo. ¿Era esta la misma niña que arremetía sin temor contra un monstruo tan grande como ella?

Los hombros de la joven se encogieron de miedo. Sus ojos aterrorizados lo miraban como si fuera un monstruo espantoso.

—Es un honor conocerla, Lady Maximilian. Soy Evan Triton.

El comandante le dedicó una sonrisa amable mientras le tendía la mano, haciendo que el gesto resultara reconfortante. Maximilian puso vacilante su mano sobre la de él. Triton se la besó antes de presentar a Riftan, quien se había quedado congelado a su lado.

—Y este joven es el vicecomandante de los Caballeros de la Remdragon, Riftan Calypse.

—Es un placer conocerla.

Riftan pronunció las palabras con tono grave.

Maximilian bajó la mirada.

—E-El placer es mío.

Dijo con una voz temblorosa que apenas resultaba audible.

Una profunda sensación de desánimo inundó a Riftan. La fantasía que había atesorado durante la última década se derrumbó como un castillo de arena ante él. El recuerdo de haberla rescatado era lo que lo había mantenido en pie, pero ahora la niña a la que había salvado se negaba incluso a mirarlo. Se sintió como el tonto más grande del mundo.

"Lo sabía. Habría sido mejor no volver a verla nunca más."

La ilusión debió quedarse como una ilusión, el recuerdo como un recuerdo. Una sensación de desolación lo oprimió.

—Hija mía.

El duque habló de repente.

—Te ves pálida. ¿Todavía te sientes mal?

La joven se sobresaltó y luego asintió con la cabeza. El duque soltó un leve suspiro.

—Ya has saludado a todos nuestros invitados. ¿Por qué no te vas a descansar a tus aposentos?

Después de mirar de reojo a Riftan y a Triton, Maximilian volvió a asentir y se dio la vuelta. El duque observó a su hija marcharse con una mirada de preocupación antes de dirigirle una sonrisa tibia a Triton.

—Disculpe sus malos modales. Es una niña tan tímida que estas reuniones le resultan abrumadoras.

—¿No tiene edad suficiente para estar en la corte?

—No me atrevo a enviarla a la capital cuando ella se opone con tanta vehemencia.

El duque juntó las manos detrás de la espalda y sacudió la cabeza, adoptando la viva imagen de un padre benévolo.

—Aunque me aseguro de que socialice cuando tenemos visitas, me preocupa enormemente que evite conocer gente. Por desgracia, yo tengo la culpa de haberla malcriado después de que perdió a su madre a una edad muy temprana.

Acariciándose la barba, el duque chasqueó la lengua.

—Ya no es una niña. Sé que debería ser más firme, pero no parezco ser capaz de dejar de consentirla.

—Su preocupación por su hija es comprensible.

—Solo tengo dos niñas, como ya sabe. Estoy decidido a que lleven sus vidas de la manera que deseen.

Riftan apenas prestaba atención a la conversación mientras veía a Maximilian alejarse. Incluso mientras se repetía a sí mismo que todo había sido una ilusión, sintió como si le hubieran robado algo precioso.

Luchando contra oleadas de amargura, Riftan se obligó a apartar la mirada. Poco después, el duque se retiró para conversar con los demás invitados. Tras varios intercambios superficiales más con los nobles orientales, Riftan se retiró a un rincón y vació una copa de vino. Sin embargo, en lugar de embriagarse, su mente pareció aclararse.

Se despreciaba a sí mismo por sentirse decepcionado, porque eso significaba que había albergado ciertas expectativas. ¿Acaso quería que ella lo recordara y le ofreciera una sonrisa amistosa? ¿O que se sonrojara por su buena apariencia, como su comandante había estado parloteando poco antes?

Se burló de sí mismo. Ya era hora de que superara ese sueño infantil. Podría ser un caballero, pero seguía siendo un bastardo de baja cuna y un mestizo, mientras que ella era la hija de una distinguida familia noble.

Después de tragar copa tras copa de vino, regresó a su habitación, se desplomó en la cama y se quedó dormido. Un dolor de cabeza punzante lo asaltó tan pronto como abrió los ojos a la mañana siguiente.

Se llevó las manos a la cabeza mientras murmuraba obscenidades. Entregarse a la bebida era algo que rara vez hacía. Quejándose por el dolor desconocido, se sirvió una taza de agua fría y se la tomó de un trago. No sirvió de nada para aliviar el malestar. De hecho, solo pareció añadir un palpitar sordo desde los ojos hasta las sienes.

"Maldita sea…"

Se sentía patético. Chasqueando la lengua con enfado, se lavó la cara y se cambió de ropa. La mañana radiantemente soleada no parecía tener ninguna consideración por cómo se sentía él. Tras lanzar una mirada furiosa al cielo despejado, caminó con paso pesado por el jardín laberíntico.

Al dejar atrás los terrenos del castillo, cruzó la extensa colina. La cabaña pronto apareció ante su vista cuando llegó a la parte inferior. Sintió como si una espina se le hubiera clavado en la garganta. Había una alta probabilidad de que encontrara la cabaña abandonada. Sin embargo, al estar frente a ella ahora, vio que estaba relativamente bien cuidada en comparación con el edificio derruido que había estado esperando.

Se asomó a la penumbra de la habitación a través de la ventana antes de revisar los alrededores. Detrás de la cabaña, un gallinero con unas cuantas gallinas ocupaba el pequeño jardín.

"¿Podría ser? ¿Mi padrastro todavía vive aquí? O, lo que es más probable, ¿se habrá mudado alguien más?"

No había forma de confirmarlo en ese momento. Después de escudriñar el interior de la cabaña vacía, se dio la vuelta con rapidez cuando algo vino volando hacia su cabeza. Por reflejo, lo atrapó en el aire.

Un niño escuálido lo miraba con furia, aferrando el otro extremo de una azada que Riftan ahora sujetaba con un agarre de acero.

—¿Qué viniste a robar?

El niño rabiaba de indignación.

Riftan devolvió una mirada de desconcierto al pequeño que había aparecido de la nada.

El niño no parecía tener miedo. Su rostro se puso rojo mientras decía:

—Querías robarte las gallinas de mi papá, ¿verdad? ¡Admítelo!

—¿Vives aquí?

El niño gruñó por el esfuerzo de intentar soltar la azada. Levantó su pequeña barbilla.

—¡Así es! Esta es la casa de mi familia, ¡así que no puedes llevarte nada!

—No vine a robarles.

Riftan murmuró las palabras mientras examinaba el rostro mugriento del niño. Había algo en sus grandes ojos de color marrón oscuro que le resultaba familiar.

—¿Cómo se llama tu padre?

Riftan preguntó.

—¿Por qué quieres saber?

Riftan entrecerró los ojos y se agachó. Asustado por su repentina cercanía, el niño se sobresaltó y retrocedió.

—Le debo un favor al hombre que solía vivir aquí.

Riftan habló con la mayor calma posible.

—Vine a pagárselo.

—Esta es la casa de mi familia. Ha sido de mi familia desde antes de que yo naciera.

—¿Cómo se llama tu padre?

—Novan.

El niño dijo con vacilación. Era el nombre de su padrastro.

—¿Cuántos años tienes?

Riftan preguntó con voz sombría. Como si percibiera las tumultuosas emociones de Riftan, la respuesta del niño salió como un murmullo.

—Ocho.

Riftan se enderezó lentamente y contempló la cabaña que había abandonado. ¿En qué estado mental se habría encontrado mi padrastro cuando comenzó una nueva familia en este lugar lleno de amargos recuerdos? No alcanzaba a comprenderlo. Él mismo había huido tras no poder soportar ni una sola noche más.

—¿Tiene buena salud?

El niño pareció bajar la guardia y se puso a parlotear.

—Se queja de la espalda todos los días, pero aparte de eso, está sano. La que está enferma es mi mamá.

Riftan frunció el ceño.

—¿Tu madre está enferma?

—Está enferma desde que nació mi hermanita, pero de todos modos va a trabajar a los campos con mi hermana cargada en la espalda.

El niño bajó la azada y miró a Riftan de arriba abajo.

—¿Eres amigo de mi papá?

Al no saber qué responder, Riftan mantuvo la boca cerrada. Aunque una parte de él se sentía aliviada de que la vida de su padrastro no fuera miserable, también sentía amargura. Eso, a su vez, hizo que se sintiera disgustado consigo mismo.

Aquel hombre finalmente había logrado formar una familia propia después de desperdiciar doce años de su vida con él y con su madre. Lo correcto era que Riftan se alegrara por él.

Se desató del cinturón una bolsa que contenía al menos cuarenta monedas de oro.

—Como te dije, le debo un gran favor a tu padre. Entrégale esto.

Al tomar la bolsa, el niño se asomó al interior.

—¿Cuánto te prestó mi papá si él no tiene dinero?

Cuando el niño intentó sacar una de las monedas, Riftan dijo con firmeza:

—Es suficiente para que tu madre y tal vez incluso tu hermana vivan cómodamente el resto de sus vidas. No se lo muestres a nadie o podrían intentar quitártelo.

El niño pareció asustarse y estrechó la pesada bolsa contra su pecho.

—Escóndela adentro y asegúrate de decírselo solo a tu padre cuando llegue a casa. ¿Puedes hacer eso?

—S-Sí.

El niño asintió con gravedad y se metió corriendo a la cabaña. Riftan lo vio marcharse antes de darse la vuelta lentamente. Estaba a punto de alejarse cuando el niño asomó la cabeza por la puerta.

—¿Cómo te llamas, señor? ¿Qué le digo a mi papá?

Riftan hizo una pausa por un momento antes de decir:

—Dile que vino Riftan. Él lo sabrá.

—¿Te vas a ir sin verlo?

Riftan asintió con la cabeza y se alejó a grandes zancadas. Quería regresar directo al castillo, pero la inquietud de dejar una suma tan exorbitante de dinero con un niño pudo más que él. Ocultándose en el bosque, se acomodó para vigilar la cabaña desde la distancia.

Con el tiempo, un hombre con la espalda encorvada subió con paso pesado por la colina cargando un montón de herramientas de labranza. Riftan observó a su padrastro de cabello canoso, notando su rostro profundamente bronceado. El niño pequeño salió disparado de la cabaña como una flecha. Sin duda había estado esperando ansiosamente junto a la ventana a que su padre regresara a casa.

Riftan dio media vuelta y se apresuró a regresar al castillo. Por razones que no alcanzaba a comprender, sentía el corazón vacío. A pesar de que él había sido quien abandonó el hogar de su infancia, tal vez una parte de su ser había pensado que algún día regresaría. ¿Había sido por eso que evitaba este lugar? ¿Porque le aterrorizaba encontrarlo vacío? Una risa de incredulidad escapó de sus labios.

Tags: read novel Bajo el roble – Capítulo 218, novel Bajo el roble – Capítulo 218, read Bajo el roble – Capítulo 218 online, Bajo el roble – Capítulo 218 chapter, Bajo el roble – Capítulo 218 high quality, Bajo el roble – Capítulo 218 light novel,

Comment

Chapter 218
Tus opciones de privacidad