BloomScans

Bajo el roble – Capítulo 155

All chapters are in Bajo el roble
BloomScans ├ö├çÔòæ Bajo el roble ├ö├çÔòæ Bajo el roble – Capítulo 155
A+ A-

Capítulo 155

Capítulo 155: Capítulo 1

Las palabras de Ulyseon dejaron a Maxi desanimada. ¿Sería posible que Riftan estuviera utilizando la reunión como excusa para evitarla? Al fin y al cabo, siempre se le había dado muy bien esquivarla cuando estaba enfadado. Ella picoteaba nerviosamente la comida e intentaba descansar.

Como Riftan no regresaba ni siquiera a altas horas de la noche, Maxi dedujo que sus sospechas habían sido acertadas. Se quedó tumbada en el catre a la espera hasta que el cansancio finalmente la sumió en el sueño.

Como era de esperar, se despertó y vio que la cama estaba vacía. Se preparó a toda prisa para empezar el día. Justo cuando estaba a punto de salir corriendo, Ulyseon entró en la tienda.

—¡Buenos días, mi señora!

El joven caballero le dedicó una sonrisa radiante y dejó su desayuno sobre la mesa.

Maxi intentó ocultar su inquietud tras una expresión serena mientras preguntaba:

—Riftan… no regresó anoche. ¿Acaso la reunión duró toda la noche?

—La reunión terminó a primera hora de la mañana, mi señora. Yo estaba haciendo guardia frente a la tienda y no volví al cuartel hasta que regresó Sir Riftan». Ulyseon ladeó la cabeza.

—Probablemente no te despertó porque pensó que estarías cansada.

Maxi estaba dispuesta a apostar todo el maná que había acumulado a que Riftan había entrado y salido de la tienda en silencio para evitarla.

Frunció el ceño, molesta.

—¿Me puedes decir… dónde está ahora?

—Debería estar fuera de las puertas inspeccionando nuestras defensas. ¿Hay algún asunto urgente que tratar con él, mi señora?

Mientras abría y cerraba la boca, Maxi negó con la cabeza sin fuerzas. La verdad era que no sabía qué más decirle. Todo lo que había que decir ya se había dicho. Lo único que podía hacer ahora era esperar a que se le pasara el enfado, tal y como le había aconsejado la princesa. Maxi dejó escapar un suspiro de resignación.

Cuatro días después, al no haber tenido aún noticias de Riftan, su enfado fue creciendo poco a poco. Como un cobarde, se colaba dentro y fuera de la tienda mientras ella dormía. Era exasperante.

Aunque intentaba mantenerse despierta, el cansancio siempre acababa ganándole. Por su parte, Riftan era un hombre que no sabía lo que era el cansancio. Sin duda, habría sido capaz de esperar toda la noche a que ella se quedara dormida.

Con aire irritado, Maxi se apartó de la cara los mechones de pelo que se le pegaban y, tras desmenuzar la hierba que tenía entre las manos, la echó al caldero hirviendo. Estaba mirando fijamente la mezcla burbujeante, furiosa, cuando Idsilla regresó con los brazos cargados de leña.

Idsilla ladeó la cabeza mirando a Maxi.

—¿Qué pasa? ¿Le pasa algo al remedio?

Maxi intentó rápidamente relajar el rostro.

—N-No. Solo estaba… pensando en algo.

—Tu marido va a volver al frente. Debes de estar preocupada.

Maxi no confirmó ni desmintió la suposición de la chica y se limitó a lanzarle una mirada ambigua. Idsilla miró a Maxi con complicidad, como si lo entendiera todo.

—Dicen que no habrá una batalla campal en un futuro próximo, así que no te preocupes demasiado.
Dijo ella, en tono tranquilizador.

—Lo siento
Respondió Maxi tras una pausa

—Debes de estar… más nervioso que yo…

—Los dos estamos preocupados por nuestras familias. No sería justo decir que uno está más inquieto que el otro. Por ahora, me basta con saber que él está bien.
Dijo Idsilla con optimismo.

Maxi se había enterado por Elliot de que el hermano de Idsilla, Elbarto Calima, estaba a salvo. El rostro de la chica se había iluminado visiblemente cuando Maxi le había dado la noticia.

—La división… que está defendiendo el frente debería regresar pronto… Estoy seguro de que entonces verás a tu hermano.

—No quiero que sepa que estoy aquí.

Idsilla negó rotundamente con la cabeza mientras echaba ramitas secas al fuego.

—Puede que Elba sea un caballero excepcional, pero no es invencible como tu marido. No me cabe duda de que ya se está exigiendo al máximo a pesar de su brazo lesionado. No quiero sumarle más preocupaciones. Iré a verlo cuando termine la guerra.

Maxi sintió cómo un rubor le subía por las mejillas ante la sensatez de la chica. Se avergonzó de haberse estado obsesionando por no ver a su marido durante unos días. Al mismo tiempo, empezó a preocuparle que su presencia pudiera convertirse en una carga para Riftan. ¿No le había dado acaso una preocupación más, cuando la guerra ya le agobiaba?

—Ahí está usted, señora.

Aquella voz inesperada sacó a Maxi de sus pensamientos. Se giró y vio a Ruth saliendo con dificultad del espeso bosque.

—Ruth… ¿qué te trae por aquí?

—La runa que pasé toda una noche elaborando para la herida de Sir Hebaron no ha surtido efecto. Parece que le duele mucho, así que he venido a buscar un remedio que le ayude a aliviar el dolor.

Ruth se frotó la nuca, dio un bostezo poco digno y se dejó caer sobre un tocón. El rostro de Maxi se ensombreció por la preocupación.

—¿Su estado no es grave, verdad?

—Su vida no corre peligro
Dijo Ruth con tono seco. A continuación, añadió con un suspiro

—: Pero la herida se está agravando por la infección y parece que el dolor no hace más que aumentar.

—Entonces… ¿no deberíamos tratar la herida como es debido… en lugar de confiar solo en la magia?

—Me he estado poniendo pomada con regularidad, pero no sirve de mucho
Dijo Ruth, pasándole la mano por el pelo con brusquedad

—El mayor problema es que la maldición está minando la moral de las fuerzas aliadas. Todos temen acabar como Sir Hebaron. El duque Aren también ha propuesto posponer una guerra a gran escala hasta que encontremos la forma de romper la maldición.

—Yo… estoy de acuerdo con él… en eso. Si… los monstruos son capaces de lanzar una maldición así a su antojo, ni siquiera los Caballeros Remdragon… estarán a salvo.

—Entiendo tu preocupación, pero alargar esta guerra solo nos pondría en desventaja
Dijo Ruth con tono grave

—Nuestro enemigo es capaz de regenerarse sin límites, mientras que nosotros no. Por no hablar de la brecha que se está abriendo dentro del ejército de la coalición. Lo mejor para nosotros sería atacar primero, antes de que la solidaridad de las fuerzas se debilite aún más.

Suspiró y se encogió de hombros.

—Pero no hay por qué preocuparse, ya que mi opinión está siendo totalmente ignorada. Es probable que las pequeñas escaramuzas continúen en un futuro próximo. Me temo que, a este paso, tendremos que pasar el invierno aquí.

La cara de Maxi no fue la única que se ensombreció al oír las palabras de Ruth. Idsilla, que había estado sentada en silencio en un rincón, también parecía preocupada. Al percibir la tensión en el ambiente, Ruth cambió rápidamente de tema.

—Me temo que me he quedado demasiado tiempo. Sir Hebaron me arrancará todo el pelo de la cabeza si no me doy prisa en volver con el remedio. He oído que tienes un brebaje muy eficaz. ¿Podrías prestarme un poco?

—Por supuesto. Pero antes… ¿te importaría si echo también un vistazo a la herida del señor Hebaron?

—¿Usted, mi señora?

La miró con una expresión de sorpresa que a Maxi le resultó un poco molesta.

—¡He estudiado mucho mientras no estabas, ¿sabes?! Cosas que ni siquiera tú sabrías, con un mago novato que se aloja en Anatol. Quién sabe, quizá mi remedio funcione mejor que la magia…

—Bueno, intentarlo nunca está de más.
Respondió Ruth con tono seco, encogiéndose de hombros.

Tras fruncir el ceño ante su respuesta indiferente, Maxi le pidió a Idsilla que se encargara de vigilar el caldero y se fue a buscar sus remedios y herramientas. Justo cuando salía del campamento, Ulyseon se levantó de un salto de la pequeña talla de madera en la que estaba trabajando.

—¡Señora! ¿Adónde va?

—Voy… a llevarle mis remedios a Sir Hebaron.

Al oír su respuesta, Ulyseon dirigió la mirada hacia Ruth.

—¿Aún no se ha roto la maldición?

Ruth negó con la cabeza mientras seguían avanzando con dificultad. Con Ruth y Ulyseon a su lado, ninguno de los soldados intentó acercarse a ella, aunque notaba algunas miradas que se dirigían hacia ellos.

Con aire relajado, Maxi siguió de cerca a Ruth. Se abrieron paso entre el grupo de tiendas apretujadas antes de detenerse frente al cuartel de los Caballeros Remdragon. Ruth fue el primero en entrar. En cuanto puso un pie en la tienda, Maxi oyó una voz ronca que resonaba desde el interior.

—¡Mira quién ha vuelto por fin! ¡Pensaba que estabas esperando a que me muriera!

Maxi abrió mucho los ojos al entrar en la tienda tras Ruth. Hebaron yacía en un catre con su fornido torso envuelto en vendajes, echándole una mirada fulminante al hechicero. Sorprendida al verlo tan animado, Maxi se quedó allí parpadeando cuando el caballero la vio. Su expresión de enfado se transformó en una sonrisa alegre.

—¿Y quién es esta? Había oído que estabas aquí, mi señora, pero debo decir que aún así me sorprende verte. Tu valentía nunca deja de asombrarme.

—He oído que te has hecho daño. ¿Cómo… tienes la herida?

Maxi se acercó a la cama, y Hebaron frunció sus pobladas cejas.

—¡Parece que a nadie aquí le importa un comino mi honor! ¿De verdad tenías que decirle a su señoría que el invencible Sir Hebaron se había lesionado?

—Me temo que tu honor ya está completamente mancillado
Replicó Ruth

—Los hombres ya te llaman

—el caballero de la maldición del monstruo». Te aseguro que en Eth Lene todo el mundo conoce ya tu situación.

—¡Maldita sea!

La ira en su voz hizo que Maxi se echara hacia atrás. Hebaron se tiró con furia de sus rizos anaranjados, como para expresar la intensidad de su enfado.

—¡No puede haber mayor humillación!

—Si quieres salvar tu reputación, te sugiero que cooperes y mantengas la boca cerrada durante el tratamiento. Me cuesta concentrarme contigo gritando todo el rato.
Dijo Ruth apretando los dientes.

Hebaron miró a Ruth con ira antes de darles la espalda, como si las palabras del hechicero le hubieran molestado de verdad. Maxi sintió que debía andar con cuidado, y miró de uno a otro antes de dejar sobre la mesa las hierbas y los utensilios que había traído consigo.

—Me gustaría echarle un vistazo a la herida. ¿Me dejarías… quitarte el vendaje?

Ruth y Ulyseon ayudaron a Hebaron a incorporarse y le quitaron las vendas. Maxi contuvo un gemido al ver la herida.

La lesión, que se extendía desde el hombro hasta el pecho, parecía un ciempiés carmesí que se arrastraba por su piel. La carne inflamada rodeaba la herida, y unas venas de color azul oscuro se extendían desde ella como las patas de un insecto.

—¿C-Cómo…?

—Era un látigo
Dijo Hebaron con tono malhumorado

—, y se lo debo a un hombre lagarto de escamas negras. Una criatura peculiar.

—Los hombres lagarto son los más inteligentes de todas las subespecies de dragones. No es raro que utilicen magia avanzada. Supongo que el monstruo que atacó a Sir Hebaron es un ejemplar superior incluso dentro de su propia especie.

—Vaya, qué deprimente.

Maxi no supo por un momento cómo tratar aquella horrible herida. Al final, aplicó con cuidado el ungüento que había traído sobre la lesión. De todos los remedios que Melric le había enseñado, era el más eficaz para aliviar la inflamación y el dolor. Debió de resultar eficaz, pues el rostro de Hebaron pronto se iluminó notablemente.

—¡Dios mío, ha funcionado de maravilla! Creo que podría pelear ahora mismo si me llamaran.

—Solo te he aliviado el dolor… La herida aún no se ha curado. No debes esforzarte demasiado… solo porque no lo notes.

Maxi le advirtió con toda la severidad que pudo y, a continuación, le vendó la herida con vendas limpias. Pidió que encendieran un fuego y utilizó las llamas para recoger cenizas de hierbas en una bolsita de lino.

—Úsalo como una compresa caliente… sobre la herida durante unos veinte minutos. La zona está entumecida, así que ten cuidado de no quemarlo.

Maxi esperó pacientemente a que la bolsa alcanzara la temperatura adecuada antes de dársela a Ruth. La miró con expresión escéptica antes de colocarla con cuidado sobre el hombro de Hebaron.

Hebaron frunció el ceño, como si el calor le resultara incómodo, pero pronto se quedó dormido. Ruth explicó en voz baja que el agotamiento del caballero debía de ser enorme tras semanas de noches dolorosas y sin dormir.

—Gracias por su ayuda, señora. Creo que podremos disfrutar de un poco de tranquilidad hasta que consiga romper la maldición.

—Solo le alivia el dolor y la inflamación de forma temporal.

—Con eso basta. Por favor, déjame el resto a mí. Solo es la maldición de un monstruo; no debería costarme mucho encontrar la forma de deshacerla.
Dijo Ruth, con una determinación poco habitual en ella.

Tras dedicarle una sonrisa de ánimo, Maxi recogió sus cosas en silencio y salió.

Llevaban ya un buen rato en la tienda y el cielo se había teñido de lila. Maxi aceleró el paso. Quería ir a ver cómo estaban los heridos en la enfermería una vez más antes de retirarse a descansar.

Ya casi había salido del cuartel cuando alguien le cortó el paso. Sobresaltada, Maxi dio un paso atrás. Un hombre alto de mirada feroz la miraba desde arriba.

—No te había visto por aquí antes. ¿Qué haces merodeando por los barracones?

—¡Atrás!

Ulyseon se apresuró a esconder a Maxi detrás de él y agarró la empuñadura de su espada.

—Su Señoría no es alguien a quien alguien como tú pueda dirigirse con tanta ligereza.

—¿Y qué tenemos aquí?». Sin inmutarse lo más mínimo, el hombre esbozó una sonrisa burlona y miró a Ulyseon de arriba abajo.

—¿No eres tú el perrito del lagarto blanco? Qué pena. Y yo que pensaba que dos chicas guapas necesitaban un chulo.

El rostro de Ulyseon se sonrojó. En un abrir y cerrar de ojos, ya había desenvainado la espada y la apuntaba a la garganta del hombre. Se movió con tal rapidez que Maxi no daba crédito a lo que veían sus ojos.

El hombre también pareció sorprenderse. Dio un paso atrás, pero Ulyseon acortó rápidamente la distancia que los separaba.

—Supongo que vosotros, cerdos del norte, no sabéis nada de decencia

—gruñó Ulyseon con tono amenazante, sin parecerse en nada al joven ingenuo que Maxi conocía

—Si Sir Riftan no nos hubiera ordenado evitar problemas, te habría cortado la cabeza por contaminar los oídos de su señoría con tus repugnantes resoplidos.

La réplica del escudero provocó una oleada de risitas. Acurrucada detrás de Ulyseon, Maxi se estremeció y giró la cabeza hacia donde provenía el sonido.

No muy lejos de ellos, un grupo de hombres fornidos estaba sentado jugando a los dados.

Uno de ellos se echó a reír a carcajadas y gritó:

—¡Eh, Devron! ¿No te advertí que no te metieras con ese chico? A más de uno le ha dejado sin nariz porque se han dejado engañar por su cara bonita. Piensa en lo mal genio que debe de tener para que la gente lo llame.

—el engendro del diablo» cuando todavía no es más que un escudero.

La expresión de Ulyseon se endureció, y Maxi observó con recelo el rostro de quien hablaba. Era un joven de cabello rubio ceniza, casi blanco. Parecía tener un porte feroz. Tras lanzar los dados sobre la mesa, le dedicó a Maxi una sonrisa forzada.

—Maldita sea, otro dos-tres. Hoy tengo una suerte de mierda, señorita. ¿Por qué no te acercas y te haces mi diosa de la fortuna?

—¡Ya basta! ¡No voy a tolerar ninguna falta de respeto hacia su señoría, aunque seas el vicecomandante de los Caballeros de Phil Aaron!
Exclamó Ulyseon.

Maxi abrió mucho los ojos. Quién iba a decir que un hombre tan grosero fuera el comandante de Balto. Le costaba creer que ocupara un cargo tan alto.

—¿Su señoría? Escucha bien, engendro del diablo. Aquí no hay noblizas. Ni siquiera una princesa se considera como tal en el campo de batalla. Aun así, con todo el alboroto que estás armando, me da por preguntarme quién será ella.

Tras dar un trago de vino directamente de la botella, el hombre recorrió a Maxi con la mirada fría de una serpiente.

—He oído que Calypse se llevó a una mujer a su tienda. Supongo que eras tú.

Tags: read novel Bajo el roble – Capítulo 155, novel Bajo el roble – Capítulo 155, read Bajo el roble – Capítulo 155 online, Bajo el roble – Capítulo 155 chapter, Bajo el roble – Capítulo 155 high quality, Bajo el roble – Capítulo 155 light novel,

Comment

Chapter 155
Tus opciones de privacidad