Ariana nació como una pieza más dentro de un matrimonio arreglado, criada para obedecer y sacrificarse por una familia que nunca la vio como hija, sino como herramienta. Tras una vida entera de abandono y explotación, murió trágicamente el día de su vigésimo octavo cumpleaños… con un único deseo en el corazón: ser amada, aunque fuera una sola vez.
Pero el destino —o quizá algo más— le concedió una segunda oportunidad.
Despertó nuevamente a los dieciséis años, con los recuerdos intactos y un poder desconocido latiendo en su interior.
Esta vez no sería la misma.
Con la amarga memoria de su vida pasada, Ariana hizo un juramento inquebrantable:
**“No volveré a mendigar afecto. Jamás amaré… ni permitiré que me amen.”**
Ya no inclinará la cabeza ante nobles de tronos relucientes y corazones de piedra. En este nuevo comienzo, no vivirá para complacer a nadie.
Ahora, el mundo aprenderá a temer a la mujer que una vez ignoró.










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