Huyendo del caos asfixiante de Seúl, Seyeon busca refugio en los campos de cerezos de una vieja amiga de la familia. Su plan era simple: silencio, aire puro y sanar el agotamiento. Pero la paz se rompe en el instante en que sus ojos se cruzan con los de Jeong-uk. El niño que solía seguirla a todas partes ha desaparecido; en su lugar hay un hombre de pocas palabras, con una presencia imponente y una mirada cargada de un resentimiento que ella no logra comprender.
La tensión entre ambos es tan densa como la humedad de julio. Mientras trabajan bajo el sol abrasador, Se-yeon no puede ignorar la transformación física de su antiguo amigo, ni la extraña frialdad con la que él marca su territorio. Sin embargo, un descubrimiento accidental durante una tormenta de verano despoja a ambos de sus máscaras, revelando deseos que llevaban años madurando en secreto.
Jungwook, el hombre que parecía odiarla, decide que ya no hay espacio para la distancia. Con una audacia que quema más que el sol de mediodía, comienza a cercarla, reclamando un lugar en su vida que ella no sabía que estaba vacío. En la penumbra de un huerto que guarda demasiados secretos, Se-yeon tendrá que decidir si está lista para quemarse con el fuego de un amor que nunca llegó a enfriarse.
















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